Friday Night Bites / Capítulo 14

CAPITULO CATORCE: EL CENTRO NO RESISTIRÁ

Me desperté feliz, al menos hasta que recordé lo que la noche me tenía guardado. Me quejé y agarré la invitación a la fiesta en la casa de mis padres. Ésta era una gala para un programa de tutoría de adolescentes. No era que la causa no fuere legítima, pero siempre me pregunté por las motivaciones de mi padre. Su interés en establecer conexiones, en los apretones de manos, era al menos tan grande como cualquier interés que él tenía en realmente ayudar a la organización.
Las mareas crecientes levantan todos los botes, pensé, y puse la invitación sobre la cama. Me senté y saqué el cabello de mis ojos, luego enderecé mis piernas y toqué el piso. No me molesté en ducharme, sabiendo que sólo acabaría sudorosa nuevamente durante mi sesión de entrenamiento, pero me cambié a mi conjunto aprobado por Catcher – sujetador tipo bandó y unos apenas existentes shorts, lanzando una chaqueta deportiva sobre la parte superior como para estar decente durante el viaje.
Ni bien subí la cremallera de la chaqueta, hubo un golpecito en mi puerta. La abrí en hallé a Helen en el pasillo en un prolijo traje de lana.
“Hola querida,” dijo ella, sosteniendo una bolsa de traje en azul Real que llevaba el logotipo de una tienda muy elegante en la zona de El Bucle. “Estaba simplemente trayendo tu vestido.”
Tomé la bolsa de sus manos, no tan pesada como había esperado dado el tamaño de la bolsa. Con sus manos libres, sacó un pequeño anotador rosado del bolsillo de su texturada chaqueta rosa de traje. Asintiendo, la leyó.
“Esta noche es un evento de etiqueta negra. El color del tema es blanco y negro,” ella leyó y levantó su mirada hacia la mía. “Eso ayudó en mi proceso de selección, por supuesto, pero tomó más que un poquito de artimañas para obtener un vestido de fiesta con esta rapidez. Fue entregado hace unos momentos.”
Me molestó, más de lo que debiera, que ella haya escogido el vestido. Que Ethan no haya escogido el vestido.
Que me molestara estaba simplemente mal en tantas formas.
“Gracias,” le dije. “Aprecio el esfuerzo.” Es una lástima que no pudiera tomar mi lugar.
“Por supuesto,” Helen dijo. “Necesito regresar abajo. Mucho trabajo por hacer. Disfruta de la fiesta.” Ella sonrió y metió el anotador de regreso en su bolsillo. “Y ten cuidado con el vestido. Fue más bien una inversión.”
Fruncí el ceño hacia abajo en dirección a la bolsa del atuendo. “Define ‘inversión.’ ”
“Cerca de doce, en realidad.”
“Doce? Mil doscientos dólares??” me quedé mirando fijamente a la bolsa del vestido, horrorizada ante el pensamiento de que iba a ser responsable por cuatro cifras de inversión de Cadogan.
Helen soltó unas risitas. “Doce mil dólares, querida.” Tiró esa bomba, luego se dirigió de regreso por el pasillo, perdiéndose por completo mi cara de rastrero horror.
Nunca con tanto cuidado, como si portara la Biblia de Gutemberg, posé la bolsa del vestido sobre la cama.
“Lleva dos,” murmuré, y abrí la cremallera de la bolsa.
Un suave sonido escapó de mí.
Era seda negra, una tela tan delicada que apenas podía sentirla entre mis dedos. Y era, de hecho, un vestido de gala. Un corsé de escote recto que caía en un desparramo de deliciosa entintada seda.
Me limpié las manos sobre los shorts, retiré el vestido de la bolsa y lo mantuve en alto contra mi pecho, girando lo justo como para ver la falda moverse. Y vaya movimiento que hacía. La seda fluía como agua negra, la tela de la tonalidad más oscura de negro que haya visto alguna vez. No era la clase de negro que confundes con azul marino en el vestidor. Era negro. Un negro de medianoche sin luna. Era impresionante.
Mi celular sonó y abracé el vestido contra mi cuerpo, con mi mano libre revisé el identificador de llamadas, y lo abrí.
“Oh, mi Dios, deberías ver este vestido que voy a usar esta noche.”
“Acaso acabas de decir algún cumplido acerca de un vestido? Dónde está mi Merit? Qué has hecho con ella?”
“Hablo en serio Mallory. Es impresionante. Esta cosa de fiesta, en seda negra.” Me quedé parada frente al espejo, medio volteada. “Es hermoso.”
“En verdad, estoy totalmente pasmada por la naturaleza femenina de esta conversación. Y aún así, es un poco como si estuvieras madurando. Crees que Judy Blume haya hecho un libro sobre vampiros adolescentes? ‘Estás allí Dios, soy yo, Merit?’ ” Mallory resopló, obviamente satisfecha consigo misma.
“Ja, ja, ja,” dije, ubicando el vestido cuidadosamente arriba de su bolsa. “Tengo una invitación a un evento en lo de mis padres, así que nos estaremos dirigiendo de regreso para Oak Park en un rato.”
“Oh, eso es típico, vampiro. Olvídate de tus viejos amigos ahora que estás de lleno en la alta sociedad.”
“Estoy en conflicto entre dos respuestas. Primero, la obvia: acabo de verte anoche. También aceptable: éramos amigas? Pensé que te estaba utilizando para la renta y marcas gratuitas.”
“Mi turno de reírme,” dijo ella, en lugar de en verdad reírse. “En serio, estoy en la ruta, conduciendo hacia Schaumburg, y quería ver cómo estabas. Presumo que tú y Darth Sullivan regresaron a Cadogan bien?”
“No fuimos perseguidos por rabiosos vampiros, así que lo llamaría un exitoso viaje de retorno.”
“Estaba bien Morgan con eso de tener que irse anoche?”
Con el teléfono apretado entre el hombro y la oreja, ajusté mi coleta de caballo. “Él probablemente no estuviera emocionada de ser reemplazado por Ethan, pero no he tenido la oportunidad de hablar con él.”
“A qué te refieres con que no has hablado con él? Él es prácticamente tu novio.”
Fruncí el ceño ante la desaprobación en su tono de voz. “Él no es mi novio. Nosotros estamos aún sólo….. saliendo. O algo así.”
“Bien, semántica, como sea, pero no crees que deberías haberle llamado?”
No estoy segura de si fue porque pensé que estaba siendo demasiado metiche o porque, en alguna parte, concordaba con ella, pero la dirección de la conversación me molestó. Traté de salir riendo. “Me estás aleccionando acerca de mis elecciones en cuanto a novios?”
“Yo sólo….él es un gran muchacho, Merit, y ustedes parecen pasarla grandioso juntos. Simplemente no quiero que pases de eso por….”
“Por?” No necesitaba instigarla, no necesitaba preguntarlo. Sabía exactamente a qué se refería, exactamente a quién se estaba refiriendo. Y mientras sabía que ella se preocupaba por mí tanto como nadie lo hacía, el comentario me punzó. Mucho.
“Merit,” dijo, mi nombre aparentemente entrando en el lugar del que no quería decir en voz alta.
“Mallory, realmente no estoy de humor para esto en este instante.”
“Porque tienes que salir corriendo y jugar con Ethan?”
Estábamos haciendo esto, me dije a mí misma. Mi mejor amiga y yo realmente íbamos a tener esta discusión.
“Estoy haciendo lo que tengo que hacer.”
“Te está manipulando para que pases tiempo con él.”
“Eso no es verdad, Mallory. Apenas siquiera le gusto. Sólo estamos tratando ahora de lidiar con este problema de las fiestas.”
“No metas excusas por él.”
La ira elevándose, el vampiro elevándose, cerré la puerta de mi armario de una patada con (cortado)
“Bien. Lidia con Ethan bajo tus propios términos. Pero al menos sé honesta acerca de Morgan.”
“Qué se supone que eso signifique?”
“Merit, si no te gusta Morgan, entonces bien, córtalo. No lo alientes. No es justo. Es un buen chico, y se merece más que eso.”
Hice un sonido que fue en partes iguales de conmoción y dolor. “Yo lo estoy alentando? Eso es realmente algo muy feo de decir Mallory.”
“Necesitas decidirte.”
“Y tú necesitas meterte en tus propios asuntos.”
Escuché la aguda inhalación de aire, sabía que la había herido. De inmediato lo lamenté, pero estaba demasiado enojada, demasiado cansada de no tener control sobre mi cuerpo, mi vida, mi tiempo, como para disculparme. Ella me había herido, y yo le devolví el golpe.
“Necesitamos terminar esta conversación antes que digamos algo que vayamos a lamentar,” dije calmadamente. “Tengo suficiente con lo que lidiar, sin mencionar el hecho de que tengo que estar en lo de mis padres en un par de horas.”
“Sabes qué, Merit, si tu vida amorosa no es mi problema, entonces los asuntos con tu papito, tampoco lo son.”
No podía hablar, no podía comprender cómo responder a eso. E incluso si quisiera hacerlo, la emoción estranguló mi garganta.
“Tal vez es la genética,” ella continuó, aparentemente no dispuesta a abandonar la discusión. “Tal vez es la persona que él te está pidiendo que seas. Ambas tenemos vidas diferentes ahora, vidas más grandes de las que teníamos unos pocos meses atrás. Pero la Merit que yo conocía no alejaría a este chico. No a este chico. Piensa en ello.”
El teléfono quedó muerto.

* * *

El limpiaparabrisas golpeaba contra el vidrio mientras conducía, la noche de verano mojada y húmeda, con nubes moviéndose rápidamente azotando el cielo bajo una oscura, siniestra masa que pulsaba con las amenazadoras ramificaciones de relámpagos. Estacioné directamente frente a la austera arquitectura del edificio que contenía el gimnasio donde entrenaba con Catcher, y corrí dentro para evitar a la lluvia que caía.
Catcher ya estaba allí. Estaba en pie en medio de las colchonetas azules que llenaban el cuarto de entrenamiento, vistiendo una camiseta y pantalones térmicos. Tenía la cabeza gacha, sus ojos cerrados, manos presionadas juntas como rezando.
“Toma asiento,” dijo, sin abrir sus ojos.
“Buenas noches para ti también, sensei.”
Abrió un solo ojo, y la mirada que me dio no dejó dudas de cuán poco chistosa encontró mi réplica. “Toma asiento, Merit.” Esta vez sus palabras mordían.
Le arqueé una ceja en respuesta, pero me despojé de mi chaqueta y tomé asiento en una de las anaranjadas sillas plásticas próximas a la puerta.
Catcher permaneció en su pose de silenciosa concentración por unos minutos, finalmente girando sus hombros y abriendo sus ojos.
“Terminaste con la meditación?” pregunté a la ligera.
No respondió, pero se dirigió con fuerza hacia mí, suficiente maldad en sus ojos como para acelerar mi corazón.
“Hay algún problema?” le pregunté.
“Cállate.”
“Perdón?”
“Cá-lla-te.” Catcher dio un paso adelante mío, puso una mano contra su quijada, luego las puso sobre los apoyabrazos de la silla. Se inclinó hacia delante. Su torso arqueado contra el mío, me encorvé en la silla.
“Ella es mi principal prioridad.”
No necesitaba preguntar quién era ‘ella’. Evidentemente, Mal había llamado a Catcher.
“Ella no está feliz.” Se pausó, pálidos ojos verdes siguiendo de arriba abajo mi rostro. “Ella está pasando por un momento difícil. Y entiendo que estés pasando por un momento difícil, Merit. Dios sabe, todos lo captamos. Tuviste problemas adaptándote a la transición de humano a vampiro, y ahora parece que tienes dificultades recordando tu humanidad.”
Se inclinó cada vez más hacia delante. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, el calor fluyendo a través de mi cuerpo al tiempo que la ansiedad y la adrenalina tiraba del durmiente vampiro, empujándola cerca de la superficie.
No ahora, le rogué. No ahora. Él vería, sabría y me habría de manejar. Nada bueno podría salir de ello. Por un centésima de segundo, pensé que lo sabía, sus cejas juntándose mientras se acercaba más. Cerré mis ojos, hice la cuenta regresiva, intenté impulsarla para dentro incluso mientras lo sentía sobre mí, la mayor parte de su cuerpo encaramado sobre mi silla, el leve chisporroteo de la magia latente electrificando el aire.
Poco a poco, una gota por vez, la sentí retroceder.
“Ella está teniendo problemas adaptándose, Merit, igual que tú tuviste. Y ella estuvo allí para ti. Es tiempo que tú estés allí para ella. Aflójale un poco. Sé que dijo algunas cosas….lamentables. Y créeme, lo sabe.”
Abrí mis ojos, mantuve mi vista en su camiseta, y asentí, un poquito.
Con un crujido del plástico, se enderezó, dio un paso hacia atrás, y miró hacia abajo en mi dirección, brazos cruzados. Esta vez su expresión portaba una pizca de simpatía. También, su voz era más suave. “Sé que estás tratando de ayudar a Ethan. Tratando de conseguirle acceso, tratando de hacer tu trabajo. Entiendo eso. Y tal vez ése es el problema aquí, tal vez no lo es. Francamente, esos son asuntos tuyos, no míos. Pero antes de que alienes a todos los que se preocupan por ti, Mallory o Morgan, o quien sea, recuerda quien eras antes de que esto sucediera, antes de que cambiaras. Intenta hallar algo de balance. Intenta encontrar un lugar en tu vida para las cosas que importan antes que él (cortado)
Sacudí mi cabeza, irritada de que él asumiera que fuera una falta de esfuerzo, o intentos, lo que me impedía ser la luchadora que él quería cuando, de hecho, era lo opuesto. “Tú no lo captas,” le dije.
Sus cejas elevadas, la sorpresa evidente sobre su cara. “Entonces ilumíname.”
Lo miré, y por un prolongado, silencioso momento, casi sí le digo. Casi confío en él, confío en mí misma lo suficiente como para preguntarle acerca de ello, para decirle que estaba defectuosa – que mi vampiro estaba defectuoso. Separado, de alguna forma. Pero no me pude llevar a hacerlo. Traté de abordar el tema una vez; él había descartado mi preocupación. De modo que sacudí mi cabeza, la bajé.
“No sé lo que sabes,” dijo, “o lo que has visto, o lo que piensas que has hecho. Pero te aconsejo que encuentres a alguien en quien puedas confiar, y sueltes esa carga. Capiche?”
En silencio, asentí.
“Entonces, pongámonos a trabajar.”
Lo hicimos. No me permitiría combatir, habida cuenta de lo que él había considerado mi mediocre esfuerzo dos días atrás. Era un castigo en sus ojos, pero una victoria moral para mí, permitiéndome poner mis esfuerzos en el movimiento y la velocidad en lugar de en contener el instinto predador que amenazaba con sobrecogerme. Y además - dado que no habíamos estado combatiendo, y por ende no arriesgándose a dañar los filos, me dejó practicar con mi katana.
Trabajamos a través de las primeras sietes Katas por casi una hora. Mientras el movimiento de cada Kata duraba sólo unos segundos, Catcher me hacía repetir los pasos – una y otra y otra vez – hasta que estaba satisfecho con mi rendimiento. Hasta que los movimientos se tornaban mecánicamente precisos, hasta que me pudiera mover tan rápido a través de ellos que la (cortado)
Luego de que me enseñara los movimientos básicos de una segunda serie de Kartas, estas utilizando sólo una mano sobre la espada, me liberó.
“Estoy viendo algunas mejoras,” dijo, cuando nos ubicamos en la colchoneta azul, con un desparramo de utensilios de limpieza para la katana ante nosotros.
“Gracias,” le dije, deslizando un pedazo de papel de arroz a lo largo del borde afilado de la espada.
“La pregunta interesante es, por qué no veo la misma clase de esfuerzo cuando estás luchando?”
Miré de reojo hacia él, vi que su mirada estaba fija sobre su espada. Él claramente no comprendía que había estado trabajando el doble para ayudarlo. Y ya había decidido no contarle de modo que no respondí la pregunta. Estuvimos en silencio por un momento, ambos limpiando nuestras hojas, yo negándome a contestar.
“Ninguna respuesta?” finalmente preguntó.
Sacudí mi cabeza.
“Eres tan terca como ella, lo juro por Dios.”
Sin comentarios, aunque coincidía con él, deslicé mi espada dentro de su funda.

Traducido por Chloe♥

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Friday Night Bites / Capítulo 13

CAPÍTULO TRECE

ELLOS TE COMERÁN VIVA

Ethan en pantalones negros y una apretada camisa negra de manga larga, estaba de pie en el umbral de la cocina de Mallory, con las manos en sus bolsillos. Su cabello recogido, la informalidad del conjunto indicando que tenía planes que no involucraban negociaciones o diplomacia. Mallory y Catcher estaba justo detrás de él.

Los ojos de Morgan se abrieron de golpe, la emoción tensando su rasgos y por una fracción de segundo, plateando sus ojos.

Era simplemente algún tipo de estupefacción. Por qué estaba Ethan aquí?

“Si quieres que la cortejee apropiadamente, Sullivan, necesitarás darnos algún tiempo a solas.” Las palabras y tono eran para Ethan, pero su mirada estaba en la mía.

“Mis disculpas por la. . . interrupción,” dijo, pero no pudo haber sonado más sarcástico, de hecho, sonó plenamente feliz por interrumpir.

Fue un largo, silencioso, e incómodo momento antes de que Morgan finalmente lo mirara. Intercambiaron asentimientos con la cabeza varoniles, estos dos Maestros, los dos hombres quienes controlaban el destino de dos tercios de los vampiros en Chicago. Dos hombres que reclamaban un poco demasiada autoridad sobre mi tiempo.

“Lamento robártela,” Ethan dijo, “pero tenemos negocios de la Casa Cadogan.”

“Por supuesto.” Morgan volteó hacia mí, y en plena vista de Dios y de los invitados, me besó suavemente. “Al menos tuvimos la cena.”

Lo miré con ojos funestos. “Lo siento.”

“Seguro.”

Un incómodo silencio cayó hasta que Morgan ofreció, “supongo que debería seguir mi camino y dejarlos a ustedes dos con sus . . . negocios.” Su tono era petulante, como si no estuviera enteramente convencido de que Ethan estaba aquí por razones relacionadas a Cadogan. Solamente Dios sabía por qué Ethan había decidido oscurecer la puerta de Mallory. Si me necesitaba, por qué no simplemente me mandaba un mensaje por el beeper?

“Te acompañaré fuera,” dije.

Ethan, Catcher y Mallory se apartaron en el pasillo, permitiéndonos salir de la cocina. Morgan caminó fuera, yo detrás, ambos ignorando a Ethan mientras pasábamos a su lado.

Lo acompañé hasta la puerta, y volví a mi anterior posición en el porche.

“No es tu culpa,” Morgan dijo, sus ojos en la casa. No había duda de eso-no era como si yo hubiera invitado a Ethan a que pasara por aquí-pero me pregunté si él realmente creía que yo estaba libre de culpa. Estaba segura de que culpaba mayormente a Ethan, pero Morgan había levantado preguntas antes sobre mi relación con mi Maestro. Esto probablemente no estaba ayudando.

Fueran cuales fueran sus pensamientos, se sacudió el pesimismo y me dio una sonrisa alegre, luego inclinó su cabeza hacia la casa de piedra caliza. “Supongo que ser un Maestro omnipotente tiene sus ventajas: tener a las personas a tu entera disposición.”

“No tienes gente a tu entera disposición?” Le pregunté, recordándole que era uno de esos Maestros de los que se estaba refiriendo.

“Bueno, la tengo, pero no creo que los tenga oficialmente a mis órdenes(cortado)

“No estoy segura sobre esta caliente mierda, pero la parte de la Centinela es verdad suficiente.” Lancé mi propia oscura mirada a la puerta; Ethan y Catcher unidos en el pasillo. “Aunque no tengo idea de que se trata esto.”

“Me gustaría saber.”

Miré atrás hacia él, con la esperanza de que no me pidiera información. La preocupación se debía haber reflejado en mi cara; sacudió su cabeza. “No voy a preguntar, solamente me gustaría saber.” Luego su tono fue frío-frío como el de Maestro vampiro. Debe haber estado practicando. “Espero que si es algo que nos afecte a todos, seamos informados.”

No apuestes a eso, pensé.

Después de despedirnos, cerré la puerta detrás de mí y encontré a todo el mundo de pie en el vestíbulo. Catcher y Ethan estaban en poses idénticas-pecho fuera, brazos cruzados, mentón caído. Guerreros en concentración. Esto era serio, entonces, y no solo una manera para que Ethan me irritara más.

Cuando me les uní, expandieron su semicírculo para dejarme entrar.

“Me he enterado,” Ethan comenzó, “que una rave se llevó a cabo más temprano en la noche. Necesitamos chequearlo. También necesitamos esperar que hayamos sido los únicos que oímos sobre ella.”

Cómo Ethan se había enterado sobre la rave, dada que su usual fuente para tales cosas estaba de pie a su lado, era una interesante pregunta.

Catcher y yo aparentemente estábamos en la misma longitud de onda. “Cómo lo supiste?” preguntó.

“Peter,” Ethan dijo. “Recibió un aviso.” Eso tenía sentido, pensé, ya que Peter era conocido por sus contactos. “Un amigo suyo, un barman de un club en Naperville, oyó a dos vampiros discutiendo (cortado)

“El alcohol afloja los labios de los colmilludos?” Catcher preguntó sardónicamente.

“Aparentemente es así,” Ethan estuvo de acuerdo. “El barman no reconoció a los vampiros-eran aparentemente como Rogues vagabundos. Para el momento en que Peter escuchó a su fuente y contactó a Luc, la rave había comenzado hace mucho.”

“Entonces no podemos detenerla?” Pregunté.

Ethan sacudió su cabeza. “Pero tenemos una oportunidad de investigar con menos maniobras políticas que serían necesarias si estuviéramos deteniendo la fiesta.” Ethan miró a Catcher. “Y hablando de maniobras políticas, puedes unírtenos?”

Catcher dio solamente un asentimiento de cabeza, luego me miró. “Está tu espada en el auto?”

Asentí. “La necesitaré?”

“Lo sabremos cuando lleguemos allí. Tengo algún equipo escondido aquí, linternas y otras cosas.” Miró hacia Ethan. “Trajiste tu espada?”

“No,” dijo. “Estaba fuera.”

Todos nos quedamos silenciosos, esperando a que Ethan diera detalles, pero no obtuvimos nada.

“Entonces supongo que armaré el equipo de vampiro. Y necesito llamar a Chuck,” dijo, luego sacó su celular de un bolsillo y lo abrió. “Se supone que debemos ser un grupo diplomático,” murmuró, “no los Chicos Duros. Y puedes ver cuán bien nos está funcionando eso.”

Mallory rodó sus ojos por el mini-discurso. Supuse que no era la primera vez que lo oía. “Yo limpiaré la cena,” ofreció.

“Whoa, whoa, whoa,” Catcher dijo, deteniendo su escape con una mano en su brazo. “Perdón, niña, pero tu vienes con nosotros.”

“Con nosotros?” Repetí, Mallory y yo compartiendo la misma mirada de cervatillo asustado por los faros de luz. Sabía que él quería fomentar su aprendizaje, pero no estaba segura si este era el momento para eso.

“Necesita la experiencia,” Catcher contestó, sus ojos en Mallory.
“Y te quiero ahí conmigo. Eres mi compañera, mi valor. Tu lo puedes hacer.”

Había tensión alrededor de sus ojos pero asintió.

“Esa es mi chica,” murmuró él, y presionó sus labios contra la sien de ella.
Luego la liberó, puso el celular en su oído, y trotó por el vestíbulo hasta la parte trasera de la casa. “Sullivan,” gritó, “me debes un gran maldito favor. Y Merit, querrías cambiarte tus zapatos.”

“Hecho,” Ethan respondió. “En ambos casos.”

Mallory y yo bajamos la vista a mis lindas zapatillas de ballet. Rojas o no, probablemente no las quería usar para investigar una flebotomía.

“Agarraré un par de botas o algo,” ella dijo. “Sé que dejaste algunas aquí.” Aunque indudablemente yo tenía mejor idea donde estaban el resto de mis ropas, Mal se alejó, dejándome como niñera de Ethan. No es que pudiera culparla por tomar la salida.

Nos quedamos de pie silenciosos por un momento, ambos haciendo el mejor esfuerzo de evitar la mirada del otro. La mirada de Ethan estaba en las fotografías a lo largo de la pared del vestíbulo, la misma pared en la cual había sido aprisionada un par de horas atrás.

“Por qué yo?” Le pregunté.

Se volteó hacia mí con las cejas arqueadas. “Disculpa?” Su voz era glacial.
Aparentemente, estaba en el modo completo de Maestro y Comandante. Que suerte la mía.

“Por qué estás aquí? Sabías que tenía planes esta noche; me viste irme. Luc estaba en la Casa cuando me fui, como también el resto de los guardias. Ellos tienen todos más experiencia que yo. Podrías haber llamado a uno de ellos. Pedirles ayuda.” Y dándome un respiro, silenciosamente agregué. Darme la chance de superar el (cortado)

“Luc está ocupado protegiendo a nuestros vampiros.”

“Luc es tu guardaespaldas. Hizo un juramento para protegerte.”

Sacudió su cabeza irritado. “Ya estás en esto.”

“Luc estaba allí cuando explicaste las raves, ayudó en tu plan para mi involucración, y estoy segura que lo informaste enseguida sobre las cosas que hemos averiguado hasta ahora. Él sabe todo lo que yo sé.”

“Luc estaba ocupado.”

“Yo estaba ocupada.”

“Luc no es vos.”

Las palabras fueron rápidas, cortadas, y completamente aturdidoras. Esta era la segunda vez que me sorprendía en el lapso de unos pocos minutos.

Catcher estaba nuevamente caminando por el pasillo antes de que pudiera responder, la correa de una bolsa de lona negra en una mano, la funda de laca negra de su katana en la otra. “Tu abuelo está enterado ahora,” dijo mientras se nos acercaba, luego miró a Ethan.
“Si voy eso significa que estamos haciendo de esto algo oficial. Me estoy involucrando en beneficio de la oficina del Ombud, por lo tanto, en beneficio de la ciudad.”

“Entonces no habrá necesidad de contactar autoridades adicionales,” Ethan concluyó, y ellos compartieron un asentimiento de complicidad.

Oí las pisadas de Mallory en las escaleras. Apareció con un viejo par de botas de cuero de caña alta en sus manos.

“En caso de que hayan, tu sabes, fluidos,” dijo, entregándome los zapatos. “Supuse que cuanto más altas mejor.”

“Buena idea.”

Con mis zapatos en mano, observé a Mallory, quien se había volteado a mirar a Catcher con las cejas levantadas. Había terquedad en la posición de su mandíbula, claramente ella no iba a rendirse tan fácilmente como él hubiera deseado.

“Será una buena práctica,” él le dijo.

“Tendré semanas de prácticas que realizar, Catcher. Soy una ejecutiva-o era en todo caso. No tengo nada que hacer alrededor de Chicago en el medio de la noche”-agitó nerviosamente un brazo en el aire-“limpiando después de los vampiros. Sin ofender, Merit.” Dijo, con una mirada rápida de disculpa. Me encogí de hombros, sabiendo mucho para discutir.

Catcher frotó sus labios entre ellos, la irritación obviamente elevándose. Esa irritación era evidente en la contracción de la mandíbula, y el cosquilleo de magia empezando a aumentar, invisible pero tangible, en el aire. “Necesito un compañero,” dijo. “Una segunda opinión.”

“Llama a Jeff.”

En los años que conocía a Mallory, no estaba segura de nunca haber visto en ella esta terquedad. O no estaba ansiosa de visitar el lugar de la rave, o no estaba emocionada por la idea de probar los poderes que Catcher esperaba que practicara. En ambos casos podía entenderla.

Catcher siguió frotando sus labios, luego soltó la bolsa en el suelo. “Nos dan un minuto?”

Asentí. “Vamos,” le dije a Ethan, tomando su mano e ignorando la pequeña chispa al contacto que estremeció mi palma mientras lo arrastraba hacia la puerta frontal.

Me siguió sin ningún comentario y mantuvo su mano en la mía hasta que llegamos a la puerta, hasta que desenlacé nuestros dedos para agarrar mis llaves de la mesa.

La noche estaba fresca cuando salimos, el aire fresco un alivio.
Me senté en el escalón superior del porche y cambié los zapatos de la cita para los zapatos de trabajo, luego caminé hasta el auto, agarré mi espada, y metí dentro las zapatillas. Cuando me giré nuevamente, Mallory y Catcher estaban en el porche, cerrando la puerta detrás de ellos. Ella vino primero hasta la acera y se detuvo cuando me alcanzó.

“Están bien?” Le pregunté.

Cuando rodó sus ojos irritada, supe que estaría bien. “Lo amo, Merit, juro por Dios que lo hago, pero él es seriamente, seriamente, un idiota.”

Miré alrededor y a Catcher, quien me dio una sonrisa a escondidas. Podría ser un idiota, pero sabía como tranquilizar a nuestra chica sobre su miedo.

“Tiene sus momentos,” Le recordé.

El auto de Ethan era demasiado pequeño para los cuatro. El mío, siendo demasiado naranja brillante, no era exactamente apropiado para este trabajo, por lo que nos acomodamos en el sedán de Catcher, chicos adelante, chicas atrás, las katanas sobre el regazo de Mallory y el mío. Catcher condujo hacia el sureste, y el auto estuvo en silencio hasta que hablé.

“Entonces, que deberíamos esperar?”

“Sangre,” Catcher y Ethan contestaron simultáneamente. “En el peor de los casos,” Catcher agregó, “los cuerpos que la acompañan.” Miró a Ethan. “Si las cosas son así de malas, sabes que deberé llamar a alguien,” Catcher dijo. “Podemos desdibujar los límites jurisdiccionales, pero estaré obligado a reportar eso.”

“Comprendido,” Ethan dijo en voz baja, probablemente imaginando el escenario del peor de los casos.

“Encantador,” Mallory murmuró, frotando una mano nerviosamente por su frente. “Eso es encantador.”

“Nadie debería estar allí,” Ethan dijo, suavidad en su voz. “Y dado que los vampiros raramente beben de los humanos hasta la muerte-”

“Compañía presente excluida,” Murmuré, levantando una mano hasta mi cuello.

“-es improbable que encontremos cuerpos.”

“Improbable,” Catcher dijo, “pero no imposible. No es como si esos vampiros en particular fueran grandes seguidores de las reglas. Solo estemos preparados para lo peor, esperando lo mejor.”

“Y en que soy realmente capaz de contribuir a esta misión?”

Seguí la mirada de ella. un círculo brillante de luz amarilla flotando justo por encima de su mano, una suave, casi-mate bola de luz que iluminaba el asiento trasero del auto.

“Bien hecho,” Catcher dijo, sus ojos observándonos por el espejo retrovisor. Ethan medio giró en su asiento, sus propios ojos ensanchándose al ver la bola en su mano.

“Qué es esto?” Le susurré, como si un volumen más alto pudiera disipar el brillo.

“Es. . . “ Su mano se sacudió, y la esfera vaciló. “Es una condensación de magia. La Primer Llave. Poder.” Sus dedos se contrajeron, y la bola se acható hasta llegar a un plano de luz para desaparecer. Con su mano todavía extendida, me miró, esta chica quien podía por si sola canalizar la magia a luz, y entendí perfectamente la expresión de su rostro: Quién soy?

“Eso no es todo lo que sos,” Catcher dijo tranquilamente, como si leyera sus pensamientos. “Y no es por eso que te traje. Sabes muy bien eso. Y la Primer Llave no es todo sobre canalizar el poder a luz. Sabés eso, también.”

Ella se encogió de hombros y miró fuera por la ventana lateral.

Era gracioso, pensé, que habíamos tenido conversaciones similares con nuestros respectivos jefes mientras nos acostumbrábamos a nuestros poderes. No estaba segura de si ella era afortunada o no de estar durmiendo con el hombre que la criticaba.

“Hombres,” Murmuré.

Levantó la vista hacia mí, total acuerdo en sus ojos.

Condujimos a través de los barrios residenciales, pasando un palmo de casas, casas de varios pisos o casas siendo remodeladas una después de la otra. Como era común en Chicago, el tenor de la calle cambiaba cada pocas cuadras, desde perfectos apartamentos con ordenadas (cortado)

Nos detuvimos en un barrio industrial cerca del Lago frente a una casa-el único edificio residencial restante de la cuadra-que había visto definitivamente mejores días.

Era el resto final de lo que probablemente había sido una vez un barrio próspero, un resto ahora rodeado por lotes llenos de basura, maleza y ruinas industriales. La casa estilo la de la Reina Anne, iluminada por un solo farol de la calle, probablemente había sido una princesa en su tiempo-una vez antes, un porche invitador flanqueado por columnas estriadas; un balcón en el segundo piso; soportes ahora pudriéndose y colgando de sus esquinas. La pintura cayéndose en tiras anchas de las tablillas de madera y brotes de hierba empujados por la vida en un patio delantero enredados con plástico desechado.

La bolsa de lona de Catcher descansaba en el asiento entre Mallory y yo, se la entregué a través del espacio frente a los asientos. La abrió y sacó cuatro linternas, luego la volvió a cerrar y la colocó entre él y Ethan. Nos pasó al resto de nosotros las sobrantes linternas. “Vamos.”

Con la katana en mano, abrí mi puerta.

La esencia me golpeó cuando me puse de pie fuera del auto, linterna y katana en mano. Sangre-el olor a hierro de ella. tomé una repentina respiración, la urgencia de beber la esencia casi irresistible. E incluso más problemático, ya que ella se removió. Ethan se detuvo y volteó hacia mí, una ceja levantada en pregunta.

Me tragué el ansia y empujé abajo a la vampiro, agradecida de haber bebido sangre antes. Asentí hacia él. “Estoy bien.” El olor a abandono y a decadencia ayudó a contener la necesidad. “Estoy bien.”

“Qué está mal?” Preguntó Mallory.

“Sangre,” Ethan dijo sombrío, ojos en la casa. “El olor restante.”

Mallory le entregó la espada enfundada de Catcher a Ethan, y ambos colocamos nuestras katanas alrededor de la cintura.

El barrio estaba silencioso a excepción del crujido de una bolsa de plástico por el soplo de la brisa y el tronar lejano de un tren de carga. Sin comentarios, Catcher tomó el liderazgo. Encendió la linterna, el círculo de luz moviéndose delante de él mientras cruzaba la calle y caminaba hacia la casa. Ethan lo siguió, luego Mallory, luego yo.

Nos quedamos de pie en el bordillo, los cuatro en línea. En posición.

“Hay alguien todavía allí?” Preguntó Mallory, miedo en su voz.

“No,” Ethan y yo contestamos simultáneamente. La falta de sonido-y gracias a Dios por el mejoramiento en la audición-dejaban eso claro.

Catcher dio otro paso hacia adelante, puños apretados en su cintura, y recorrió la casa con la vista. “Yo voy primero,” dijo, ejerciendo su autoridad de Ombud, “luego Ethan, Mallory, Merit. Estén preparados para correr.” Miró a Mallory. “No te alejes demasiado. Solo mantén tu mente abierta como hemos hablado.”

Mal asintió, pareciendo reafirmar su coraje. Hubiera apretado su mano si tuviera algún coraje que ofrecer. Como era, tenía la mano derecha sudando alrededor de la linterna, los dedos de mi izquierda golpeando nerviosamente el mango de mi espada.

Catcher comenzó a adelantarse, y lo seguimos como había ordenado, Ethan y yo con las katanas a nuestro lado. Esta vez el sonido de la voz de Ethan en mi cabeza no me sorprendió.

Puedes controlar el ansia?

Le aseguré que podía, y pregunté. Qué estoy buscando?

Evidencia. Una prueba de la involucración de una Casa. Cuántos eran? Hubo una lucha?

Nuestra línea de investigadores amateurs tomó su camino por la acera en el concreto roto, vidrio marrón, y botellas de plástico de soda. el pequeño porche en la parte delantera de la casa crujió ominosamente (cortado)
Catcher abrió la antigua puerta. El olor a humedad, decadencia y sangre derramada llegaba hasta la acera. Respiré por la boca para evitar la tentación, aunque sea mínima, por la sangre.

Entramos a lo que había sido una vez un vestíbulo, y giramos nuestras linternas alrededor. Había caoba podrida debajo de nuestros pies y estábamos rodeados por un montón de terciopelo como tapiz de pared, marcado por rasgaduras, manchas de agua, y chorros de agua escurriéndose. En la otra punta del salón, una gigantesca escalera se elevaba hasta el segundo suelo. Montones de madera y latas de pintura seca estaban agrupadas en una esquina, las habitaciones salpicadas aquí ya allá con piezas gastadas de muebles pesados. El edificio había sido despojado de acumulaciones de moho, las lámparas habían desaparecido, probablemente para ser vendidas. No veía sangre, aunque el olor colgaba en el aire.

“Elijan su aventura, vampiros,” Catcher avisó en un susurro. “Este u oeste?”

Ethan miró hacia las habitaciones del lado este de la casa, luego a la escalera frente a nosotros. Su cabeza se movía mientras su mirada seguía la creciente escalera hasta el segundo piso.

“Arriba,” decidió. “Merit, conmigo. Catcher, primer piso.”

“Hecho,” Catcher respondió. Se volteó hacia Mallory y golpeó un dedo contra su sien derecha, luego a su pecho, luego a su sien otra vez.

Mallory asintió. Debía ser algún tipo de código secreto de hechiceros. Ella apretó mi mano, luego lo siguió hacia la izquierda.

Solos los dos en el vestíbulo, Ethan me lanzó una mirada. “Centinela, qué es lo que sabes?”

Deslicé mi propia mirada a la escalera y cerré los ojos. Sin visión, dejé que los sonidos y las esencias me rodearan.

Había sentido el movimiento de magia antes-cuando Celina me había comprobado, cuando Mallory y Catcher pelearon y en mi Comendación, cuando me deleitaba en el flujo de la misma, el aire se espesaba con el centelleo de la magia de docena de vampiros.

Aquí, no habían corrientes. Si algo de magia quedaba en la casa, era mínima. Tal vez un cosquilleo aquí y allá, pero nada lo suficientemente fuerte para mí como para separar, identificar.

La casa estaba igualmente silenciosa de cosas vivientes, sin incluir los movimientos del piso inferior de Mallory y Catcher, el regular sonido de los latidos de Ethan, y el inquietante escabullido de pequeñas cosas deslizándose bajo nuestros pies y sobre las paredes.

Me estremecí, apretando mis ojos cerrados y forzándome a ignorar los sonidos del ambiente.

Me enfoqué en la esencia, me imaginé a un depredador, preparado para la caza (aunque un pensamiento de una caza de salmón y espárragos). El sabor a sangre era evidente, en tal cantidad que flotaba como una nube de humo invisible, que fluía por las escaleras y a través de la sala, que cubría el olor a mojo y agua estancada. Me quedé en silencio por un momento, asegurándome que tenía el control de mi misma para continuar investigando, asegurándome que ella estaba lo suficientemente bloqueada para impedir su loca carrera hasta el segundo piso, hasta la sangre.

En silencio, en tranquilidad, capté algo más. Algo sobre la humedad, el polvo y la sangre.

Algo animal.

Incliné la cabeza, instintos agudizados. Era una presa? Predador?

Era tenue, pero estaba ahí-un resto de piel y almizcle. Abrí los ojos, y encontré a Ethan mirándome curioso. “Animales?”

Asintió. “Tal vez animales. Tal vez cambiaformas quienes no tienen la capacidad de enmascarar sus formas. Buena atrapada.”

Me hizo señas con una mano y se dirigió a las escaleras. Miedo (cortado)

Típico de una casa vieja, el piso superior contenía un laberinto de pequeñas habitaciones. El olor a sangre se hizo más fuerte cuando pasamos por las habitaciones del lado derecho, el piso de madera crujiendo a medida que avanzábamos, el haz de nuestras linternas iluminando de vez en cuando una abandonada pieza de mueble o un charco de líquido sucio alimentado por una mancha cobriza del techo.

El olor a animal permaneció, pero estaba por debajo de otras esencias en la habitación. Si un cambiaformas había estado aquí, era de paso. Él o ella, no había sido un jugador clave.

Seguimos moviéndonos a través de las pequeñas habitaciones en la parte posterior de la casa hasta que llegamos a la habitación del final de la línea. Me detuve antes de entrar, el olor a sangre repentinamente cerniéndose sobre el pasillo.
La adrenalina bombeando, bloqueé mi vampiro y pasé el haz de luz alrededor de la habitación. Luego me congelé.

“Ethan.”

“Lo sé,” dijo, deteniéndose a mi lado. “Lo veo.”

Allí era donde se habían congregado. El suelo estaba lleno de basura al azar, latas de soda, y envoltorios de dulces. Una cómoda reflejada ubicada a lo largo de una pared, nuestra reflexión distorsionada por el efecto del tiempo en la parte trasera de plata del espejo.

Más importante, tres sucios, manchados colchones yacían en varios lugares alrededor de la habitación. Los cobertores azul y blancos que los cubrían tenían obvias manchas de sangre. Grandes manchas de sangre.

Ethan me rodeó y entro, utilizando el haz de la linterna para inspeccionar la habitación, de pared a pared, de esquina a esquina. “Probablemente tres humanos,” concluyó, “uno para cada colchón, uno por cada mancha de sangre. Quizá seis vampiros, dos por persona, uno en la muñeca, el otro en el cuello. Ningún cuerpo, y no hay signos de lucha. Sangre sí, pero no cantidades obscenas. Parece que se han detenido por si solos.” Había alivio en su voz. “No hubo asesinatos, pero los humanos tampoco recibieron los beneficios que se imaginaron que obtendrían.” Su voz se había vuelto seca al final, claramente no siendo un gran fan de los aspirantes a colmilludos.

“Beneficios,” repetí, moviendo la luz hasta donde estaba Ethan de pie, con su mano libre en la cadera, mirada yendo entre los dos colchones que estaban más cerca juntos. “Cuando estábamos en tu oficina, mencionaste algo sobre convertirse en un Renfield?”

“Un sirviente humano,” dijo. “Ofreciéndole protección a un vampiro durante las horas de luz, tal vez interactuando con humanos en beneficio del vampiro. Pero no hemos tenido Renfields en siglos. Un humano podría imaginar que se le dará el regalo de la inmortalidad. Pero si un vampiro quiere hacer otro”-se detuvo para arrodillarse e inspeccionar el colchón central-“esta no es la manera en la cual el acto ocurriría.”


Inspeccioné el otro colchón, el círculo de sangre en él. “Ethan?”

“Sí, Merit?”

“Si beber es tan problemático, tan peligroso para los humanos, por qué permitirlo? Por qué no eliminar el riesgo y beber fuera de la ley por completo? Hacer que todos usen la cosa de las bolsas? Entonces no habrían políticas que permitieran las raves. Podrían absolutamente prohibirlas.·

Ethan estuvo en silencio por tanto tiempo que me giré hacia él, y lo encontré mirándome fijamente con ojos puramente de plata fundida.

Mis labios entreabiertos, la respiración saliendo entrecortada.

“Porque, cualquiera que sean las políticas, nosotros somos vampiros.” Ethan abrió sus labios, mostrándome las puntas afiladas como agujas de sus colmillos.


Estaba completamente shockeada por que me dejara verlo completamente hambriento, sorprendida y excitada por ello, y cuando inclinó su cabeza, con sus ojos plateados clavados en mí, tragué el aumento de lujuria tan densa y rápida que mi corazón galopeó.

El sonido de mis latidos, el golpe hueco de mi corazón, retumbó en mis oídos.

Ethan extendió una mano, palma hacia arriba, una invitación.

Ofrécete a ti misma, susurró, su voz en mi mente.

Apreté el mango de mi katana. Supe lo que quería hacer-caminar hacia delante, arquear mi cuello, y ofrecerle acceso.

Por un segundo, tal vez dos, lo consideré. Me dejé preguntar como sería dejarlo morder. Pero mi control, ya debilitado por el olor de la sangre, estaba amenazado a punta. Si dejaba descender mis colmillos, si la dejaba tomar el control, había una buena probabilidad de que terminara hundiéndolos en la larga línea de su cuello, o que terminara dejándolo hacerme lo mismo.

Y mientras no era lo suficientemente ingenua para negar que estaba curiosa, intrigada por la posibilidad, este no era ni el momento ni el lugar. No quería que mi primera experiencia real en compartir sangre sea aquí en medio de la miseria industrial, en una casa donde la confianza de los humanos había sido tan recientemente violada.

Así que peleé por el control, sacudiendo mi cabeza para aclararla. “Punto hecho,” Le dije.

Ethan arqueó una ceja mientras retiraba la mano, cerrando su puño y recuperando su propio control. Retractó sus colmillos, y sus ojos se aclararon, cambiando de plateado a verde esmeralda. Cuando me miró nuevamente, su expresión era clínica.

Mis mejillas se ruborizaron por la vergüenza.

Entonces, todo había sido un punto para enseñarme. No se trataba de deseo o lujuria de sangre, sino una oportunidad de Ethan para demostrar su moderación. Me sentí ridículamente ingenua.

“Nuestra reacción a la sangre,” Ethan cuestión-de-hechos comenzó, “es predatoria. Instintiva. Mientras es posible que tengamos que recluir nuestros hábitos (cortado)

Miré alrededor de la habitación, pintura descascarada, periódicos en forma de bolas, colchones dispersos, y puntos rojos sobre el suelo de madera astilladas.

“La supresión conlleva a esto,” dije.

“Sí, Centinela.”

Era Centinela otra vez. Las cosas volvían a la normalidad.

Inspeccionamos la habitación pero no encontramos ningún indicio de las Casas o algo más que podría identificar a los vampiros bebedores. Habían evitado dejar obvia evidencia detrás, lo cual no era del todo sorprendente para supernaturales quienes viajaban hasta casas desiertas a cambio de unos pocos sorbos ilícitos.

“Sabemos que los humanos estuvieron aquí,” Ethan dijo, “que sangre fue tomada. Pero eso es todo. Incluso si hubiéramos llamado a alguien, sin más pruebas de lo que pasó, la única cosa que hubiéramos conseguido de una investigación sería mala prensa para nosotros.”


Supuse que Ethan quería decir que no estaba dispuesto a involucrar al CPD en la investigación de las raves. No estaba en desacuerdo con él, especialmente desde que Catcher estaba aquí en beneficio a la oficina del Ombud. Por otra parte, si Ethan estaba realmente cómodo ocultando información, probablemente no se hubiera molestado en justificármelo a mí.

“Supongo que eso tiene sentido,” dije.

“El lugar,” dijo Ethan repentinamente, y fruncí el ceño por la confusión, pensando que me había perdido algo. Pero no me estaba hablando a mí-Catcher y Mallory estaban de pie en el umbral detrás de nosotros. Ambos lucían bien, ninguno mostrando signos de haber sido acosados por un raver remilgado. La expresión de Catcher era nuevamente la normal-ligeramente aburrido. Mallory lanzaba miradas incómodas a los colchones en el suelo.

“Sí,” Catcher estuvo de acuerdo, “luce como si la acción hubiera ocurrido (cortado)

“Tres humanos?” Preguntó finalmente.

“Eso es lo que parece,” Ethan confirmó. “Posiblemente seis vampiros, y quien sabe si hubieron observadores. No encontramos evidencias de las Casas.”

“Incluso si las Casas de vampiros estuvieran involucradas,” Catcher dijo, encontrando a Ethan en frente al colchón central, “es poco probable que hubieran dejado alguna evidencia notoria detrás, especialmente ya que la Casas no sancionan este tipo de conducta. Mucho menos beber, para la mayoría de ellas.”

Ethan hizo un sonido de acuerdo.

El silencio cayó mientras los hombres revisaban las sucias camas ante ellos. Se consultaban en voz baja mientras caminaba alrededor, antes de que se agacharan y señalaran los colchones. Miré a Mallory, quien se encogió de hombros en respuesta, ninguna de nosotras al corriente de sus conversaciones.

Catcher finalmente se puso de pie nuevamente, luego miró a Mallory. “Estás lista?” Su voz era suave, cuidadosa.

Ella tragó, luego asintió.

No estaba segura sobre que iba a hacer, pero lo sentía por ella, asumiendo que Mal estaba a punto de tirarse de cabeza por primera vez a la piscina supernatural. Habiendo tomado ese salto también, sabía que el primer paso por el tablón era un poco desalentador.

Extendió su mano derecha, palma hacia arriba, y la miró fijamente.

“Mira a través de ella,” Catre susurró, pero Mallory no vaciló.

El aire en la habitación pareció templarse, hacerse más grueso, un efecto secundario de la magia que Mallory estaba canalizando, de la magia que estaba comenzando a palparse en el aire sobre su mano.

“Respira a través de ella,” Catcher dijo. Deslicé mi mirada de la mano de Mallory a los ojos de él, y vi allí sensualidad. Los vampiros podían sentir la magia; podíamos sentir su presencia. Pero los hechiceros (cortado)

La lengua de Mal salió fuera para mojar sus labios, pero sus ojos azules seguían enfocados en el brillo sobre su mano.

“Sangre roja,” dijo repentinamente, su voz apenas audible, extrañamente ronca, “al salir la luna. Y como la luna, ellos se elevarán y caerán, estos reyes de la Ciudad Blanca, y ella triunfará. Ella triunfará, hasta que él llegue. Hasta que él llegue”

Silencio. Era una profecía de algún tipo, la misma habilidad que había visto realizar a Catcher una vez en la Casa Cadogan.

Ethan levantó la vista hasta Catcher. “Eso tiene algún sentido para ti?”

Catcher sacudió la cabeza tristemente. “Supongo que no deberíamos burlarnos del regalo, pero Nostradamus era más fácil de entender.”

Lancé una mirada a Mallory. Sus ojos estaban todavía cerrados, sudor humedeciendo su frente, su brazo extendido temblando por el esfuerzo.

“Chicos,” dije, “Creo que está por colapsar.”

Ellos la miraron.

“Mallory.” Catcher dijo suavemente.

No respondió.

Sus ojos se abrieron Repentinamente, sus bíceps temblando.

“Vayámonos, ” dijo él.

Asintió, mojó sus labios, bajó la mirada hasta su mano, y separó sus dedos. El brillo en el aire desapareció. Después de un segundo, Mal limpió su frente con la parte trasera de su muñeca.

“Estás bien?”

Me miró, asintió con naturalidad. “Simplemente un duro trabajo. Dije algo útil?”

Me encogí de hombros. “No tan útil como super-espeluznante.”

“Creo que hemos obtenido todo lo que pudimos,” Ethan dijo, “al menos que tengan otras ideas?”

“No muchas,” Catcher contestó. “Vago sentido del miedo, la sugerencia de una animal.” Miró entre nosotros. “Asumo que obtuvieron eso?”

Ambos asentimos.

“Nada más que eso. Nada más reconocible en ese sentido, y no estoy seguro si el cambiaformas estuvo aquí cuando esto pasó. Tal vez después. De todos modos, no tiene sentido que los medios descubran este lugar, al menos no todavía.” Catcher miró alrededor de la habitación, manos en sus caderas. “Hablando de eso, debería llamar a un equipo? Hacer que despojen el lugar y lo limpien?”

No se me había ocurrido que la oficina del Ombud tuviera la autoridad o la mano de obra para borrar la evidencia. Ellos se referían a si mismos como enlaces, intermediarios. Supuse que eran un poco más activos que eso.

“Pueden hacer eso?” Pregunté.

Catcher me dio una mirada sardónica. “Realmente no hablas muy seguido con tu abuelo.”

“Hablo muchísimo con mi abuelo.”

Catcher bufó y volteó, nos dirigió fuera de la habitación. “No sobre las buenas cosas. La ciudad de Chicago ha mantenido la existencia de los supernaturales en secreto antes del fuego, Merit. Y eso no es porque los incidentes no ocurrieran. Es porque nos encargamos de los incidentes.”

“Y la ciudad no se entera?”

Asintió. “Ese es el modo en que funciona. Las personas no estaban preparadas para saber. Todavía no lo están, para meterse en algunos chanchullos de los vampiros.”

Nos dirigimos a las escaleras en el mismo orden en el que entramos a la casa.

“Si estuvieran preparados para saber,” Mallory dijo, “no estaríamos aquí. Quiero decir, sé que tienen banderines y pegatinas y todo eso, pero beber en una oscura y destartalada casa no es exactamente un grito de integración. Y ahora está ese asunto con Tate.”

Eso nos detuvo a Ethan y a mí en el medio de las escaleras.
“Qué negocio con Tate?” Preguntó.

Mallory le dio a Catcher una mirada acusadora. “No les dijiste?”

“Otros negocios que atender,” Catcher respondió, apuntando el pulgar hacia el segundo piso encima de nosotros. “Una crisis a la vez.”

Catcher continuó su camino por las escaleras. Sin ninguna otra opción, lo seguimos, el silencio espesando lo suficiente para cortar el aire. Ethan prácticamente trotó por las escaleras. Cuando alcanzamos la puerta principal, luego el porche, luego la acera, Ethan se detuvo, manos en sus caderas.

Mallory hizo un silbido de advertencia. Me había preparado para el estallido de Ethan, predicho silenciosamente, “Y la mierda golpeará el ventilador en cuatro . . . tres . . . dos . . .”

“Qué negocio con Tate?” Ethan repitió, un borde de rabia en su voz.

Reprimí una sonrisa, agradecida que fuera Catcher al que Ethan estaba a punto de atacar. Eso era un buen cambio.

Catcher se detuvo y giró hacia Ethan. “El personal de Tate ha estado llamando a la oficina.” Dijo. “Ha estado haciendo preguntas sobre el liderazgo vampírico, sobre las Casas, sobre la Centinela.”

Desde que yo era la única Centinela en el pueblo, me animé. “Sobre mí?”

Catcher asintió. “La Asamblea General acordó renunciar a la legislación de gestión vampírica este año a cambio de investigar, para asegurarse que nada demasiado perjudicial ocurría. Pero eso no fue muy difícil de elegir, ya que una mayor Illinois no debe lidiar con vampiros en medio-todas las Casas están Chicago. Aunque la Ciudad del Cónsul se está poniendo ansiosa. Sé que vos y Grey hablaron con sus concejales”-Ethan asintió a esto-“pero el resto del consejo tiene sus preocupaciones. Se está hablando de la zonificación, de los toques de queda, de las regulaciones.”

“Y cuál es la posición de Tate en esta cosa?” Pregunté.

Catcher se encogió de hombros. “Quién demonios sabe lo que piensa Tate?”

“Y todavía no ha venido a ninguno de nosotros,” Ethan murmuró, ojos en el suelo, ceño fruncido. “No ha hablado con Scott o Morgan o mí.”

“Probablemente no esté listo de hablarte en persona,” Catcher dijo. “Tal vez esté haciendo su trabajo preliminar antes de establecer una reunión?”

“O está manteniendo la distancia a propósito,” Ethan murmuró. Sacudió su cabeza con reprobación, luego me miró. “Qué quiere saber sobre Merit?”

“Gustos, lo que no le gusta, flores favoritas,” Mallory aportó.

“Eso no está ayudando,” Susurré.

“No estoy bromeando. Creo que está totalmente colado por vos.”

Bufé incrédula. “Claro. El alcalde de Chicago está colado por mí. Eso es probable.”
Diferente a Ethan, yo había conocido a Tate, y pensé que había sido lo suficientemente agradable, no había modo de que estuviera colado por mí.
“Simplemente quiere información,” Catcher dijo. “Creo que sobre este punto es simple curiosidad. Y francamente, sus intereses pueden estar relacionados con su familia, en lugar de su afiliación.”

Ethan se inclinó hacia mí. “Al menos se que no estás alimentando la información de Tate, o seguro hubiera descubierto eso.”

Apreté mi mandíbula por la insinuación que había hecho antes, que era algún tipo de colador de información entre la Casa y la oficina de Tate. Decidí que había estado en el lado receptor de demasiados discursos y comentarios sarcásticos hoy. Miré a Catcher y le pedí el mismo favor que nos había pedido antes a nosotros. “Nos darían un minuto?”


Catcher miró entre nosotros, sonrió pícaramente. “Desquítate niña. Estaremos en el auto.”


Esperé hasta que las puertas del auto se cerraran. Caminé hacia delante, me detuve a unas pocas pulgadas del cuerpo de Ethan. “Mira. Sé (cortado fuck)

No esperé a que respondiera, giré sobre mis talones y me dirigí al auto. Abrí la puerta trasera, salté dentro, y golpeé la puerta detrás de mí.

Catcher captó mi mirada en el espejo retrovisor. “Te sentís mejor?”

“Está todavía de pie allí con ese expresión estupefacta en su cara?”

Hubo una pausa mientras él chequeaba, luego una risa. “Sí, lo está.·

“Entonces, sí, me siento mejor.”


El auto estuvo silencioso en el viaje al norte del Wicker Park, Ethan molesto con Catcher por no compartir la información sobre Tate dentro de su marco de tiempo preferido (es decir, inmediatamente), Mallory echándose una siesta en el asiento trasero, aparentemente exhausta por sus esfuerzos mágicos, y Catcher tarareando una maratón de ABBA que encontró en una estación de radio a.m.


Llegamos a la casa de piedra rojiza y nos despedimos. Catcher me recordó que estaba previsto practicar con él antes que nada mañana por la noche, Mallory y yo lloramos por su traslado al Aprendizaje de Hechiceros, y por el hecho que mi tiempo con ella por las próximas seis semanas sería seriamente limitado a llamadas telefónicas. Pero (cortado)

Ya que habíamos llegado separado, Ethan y yo condujimos en nuestros respectivos autos devuelta a la Casa Cadogan-él en su elegante Mercedes, yo en mi Volvo cuadrado. Aparqué el Volvo en la calle, agradecida de haber completado mi ronda de obligaciones por la noche así podría al menos tener unas pocas horas para mí misma. Pero me esperó en el vestíbulo, con un sobre crema en su mano. Ajusté las cosas en mis brazos-correo, zapatos, espada-y se lo quité.

“Esto fue entregado para ti.” Dijo.

Lo abrí. Dentro había una invitación a una gala en la casa de mis padres la próxima noche. Hice una mueca. Esta noche había sido lo suficientemente larga; no lucía como si la de mañana brindaría mucho alivio.

“Encantador,” dije, luego le mostré la invitación.

La leyó por arriba, luego asintió. “Me encargaré del vestido. Tienes entrenamiento de katana con Catcher mañana?” A mi afirmación, asintió en respuesta. “Entonces nos iremos poco después.”

“Qué hay en la agenda?”

Ethan se volteó y comenzó a caminar hacia su oficina. Lo seguí, al menos tan lejos como las escaleras.

“La agenda,” dijo cuando se detuvo, “es continuar nuestras investigaciones. Tu padre es consciente de que estamos interesados en una amenaza que involucra a los Breckenridges. Dado lo que sé de él, es probable que haya hecho su propia investigación.”

“Lo planeaste,” dije, pensando en la semilla que había plantado con mi padre. “Decirle lo suficiente sobre los Breckenridges, sobre el peligro que representan, para hacer que quiera realizar preguntas.” Aunque no estaba emocionada por la idea de ir a casa, podría apreciar una buena estrategia cuando la oía. “Eso no está mal, Sullivan.”

Me dio una mirada seca antes de girar hacia su oficina. “Yo (cortado)

Una vez en mi habitación, me deshice de mi espada, y de mi pila de correo, luego me quité los zapatos. Había dejado mi celular en la habitación, desde que había planeado pasar la noche con la única gente que sería probable que me llamara, pero encontré un correo de voz en espera.

Era de Morgan. Dijo que era para comprobar, asegurarse de que había llegado a casa sana. Pero podría oír las preguntas en su voz-dónde había estado, qué había estado haciendo, qué había sido lo suficientemente importante para motivar a Ethan a sacar a un Centinela de unos pocos meses de edad al deber. Todavía no estaba segura de tener la respuesta para esa última.

Comprobé el reloj; eran casi las cuatro de la mañana. Supuse que Morgan todavía estaría despierto, pero después de un momento de duda, opté por no regresar la llamada. No quería bailar en torno a temas, y no estaba de humor para lidiar con su menos-que-cubierta animosidad hacia Ethan. La noche había sido lo suficientemente larga, lo bastante polémica, sin esto.

Con el amanecer amenazando, me despojé de mi ropa de cita y me metí en el pijama, luego lavé mi rostro, agarré un diario Moleskine y una pluma, luego salté dentro de la cama. Escribí notas al azar mientras el sol se elevaba-sobre vampiros, las Casas, la filosofía de beber-y caí dormida, con la pluma en mano.

Traducido por mi

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Friday Night Bites / Capítulo 12

CAPITULO DOCE: EL PROFUNDO, OSCURO (72% COCOA) SECRETO DE MERIT

Era casi la medianoche cuando llegué a Wicker Park, pero tuve suerte de encontrar una tienda en la esquina con su cartel de neón de ABIERTO aún resplandeciendo en la ventana. Tomé una botella de vino y una torta de chocolate, mi contribución repleta de calorías para la fiesta de ‘no-yéndose-tan-lejos’ de Mallory.
En mi camino hacia el norte, intenté quitarme de encima la tensión del trabajo. No es que fuese la primer chica en tener problemas con el jefe, pero cuántos jefes eran vampiros de cuatrocientos años o hechiceros que saben blandir una espada? No ayudaba que el mismísimo hechicero esgrimista de espadas fuese uno de los cuatro en la fiesta de Mal.
Una vez en el barrio, opté por dejar mi espada en el auto. Dado que estaba fuera de servicio y fuera del terreno de la Casa Cadogan, era poco probable que la necesitara y, más importante aún, el acto se sentía como una pequeña rebelión. Una rebelión que necesitaba.
Mal abrió la puerta tan pronto subí los escalones. “Hola cariño,” dijo. “Mal día en la oficina?”
Puse en alto el licor y el chocolate.
“Tomaré eso como un sí,” dijo, manteniendo abierta la puerta para mí. (cortado)
“Chocolate y alcohol,” ella dijo. “Sí que sabes cómo enamorar a una chica. Por cierto, tienes correo.” Movió la cabeza hacia la mesada, luego se dirigió a la cocina.
“Gracias,” murmuré tras ella, recogiendo la pila. Aparentemente la oficina postal no se había puesto al día con mi cambio de dirección. Puse a un lado las revistas, catálogos interesantes y las cuentas, y deseché las ofertas de tarjetas de crédito dirigidas a ‘Merit, Vampiro’ en el montón para triturar. Había también una invitación a una boda proveniente de un primo y, al final de la pila, un pequeño sobre carmesí.
Lo dí vuelta. El sobre estaba en blanco excepto por mi nombre y mi dirección, ambos escritos en una elegante caligrafía blanca. Deslicé los dedos por debajo de la solapa y hallé una gruesa tarjeta color crema metida dentro. La saqué. Contenía una única frase en la misma caligrafía, esta ves, en tinta color rojo sangre.

USTED ESTÁ INVITADA.

Eso era todo. Ningún evento, ni fecha, ni hora, y el reverso estaba completamente en blanco. La tarjeta no contenía nada más que la frase, a medio invitar, como si el escritor se hubiese olvidado, exactamente, a qué fiesta ella me estaba invitando.
“Raro,” murmuré. Pero la gente con la que mis padres solían juntarse podían ser algo frívolas; tal vez quien imprimía estaba apurado, y no pudo terminar la pila. Cual fuere la razón, metí la invitación a medio acabar de regreso en el montón, dejé caer la pila de regreso sobre la mesa, y me dirigí hacia la cocina.
“Así que, mi jefe,” dije, “es medio como un cretino.”
“A cual jefe te refieres?,” Catcher estaba parado frente al horno, revolviendo algo en una cacerola. Miró hacia atrás hacia mí. “El vampiro cretino, o el hechicero cretino?”
“Oh, creo que el mote aplica bastante bien a cualquiera de los dos.” Tomé asiento en la isla de la cocina.
“No te tomes a Darth Sullivan personalmente,” Mallory dijo, retorciendo un sacacorchos en el vino como una avezada experta. “Y realmente no te tomes a Catcher personalmente. Él está lleno de pavadas.”
“Eso es encantador, Mallory,” dijo él.
Mallory me guiñó un ojo y llenó tres copas de vino. Brindamos, y tomé un sorbo. Nada mal para un hallazgo en una parada rápida de último minuto. “Qué hay en el menú para cenar?”
“Arroz, espárragos, salmón,” dijo Catcher, “y probablemente demasiada charla acerca de porquerías femeninas y vampiros.”
Apreciaba el humor relajado. Si él podía dejar nuestros asuntos en el Cuarto de Lucha de la Casa Cadogan, también podría yo. “Estás conciente de que estás saliendo con una chica femenina, verdad?” pregunté. Puede que Mal amara el fútbol y el ocultismo, pero era completamente una chica súper femenina, desde el cabello azul hasta sus patentes cueros.
Mal rodó sus ojos. “Nuestro Sr. Bell está en negación acerca de ciertos asuntos.”
“Es loción, Mallory, por el amor de Dios.” Catcher utilizó una larga espátula plana y la punta de sus dedos para voltear el salmón en su sartén.
“Loción?” pregunté, cruzándome de piernas en el taburete de la isla de la cocina y preparándome para un poco de buen drama. Siempre podía apreciar ser la audiencia de una disputa doméstica que no tenía nada que ver conmigo.. y Dios sabe que Mal y Catcher eran una fuente constante – había sido capaz de renunciar a TMZ por completo, mi necesidad de chismes saciada por las disputas Carmichael-Bell.
“Ella tiene, como, catorce tipos de lociones.” Tuvo problemas para soltar las palabras, su asombro y disgusto al montón de humectantes de Mallory, aparentemente, así de intensa.
Mallory agitó su copa hacia mí. “Dile.”
“Humectantes femeninos,” le recordé. “Diferentes lociones para diferentes partes del cuerpo, diferentes esencias para diferentes ocasiones.”
“Consistencia diferencial para distintas estaciones,” Mallory añadió. “Es bastante complicado en realidad.”
Catcher tiró una tablilla de espárragos prolijamente cortados dentro de una olla a presión. “Es loción. Estoy bastante seguro que la ciencia ha avanzado hasta el punto de que puedas comprar una sola botella que se encargue de todo eso.”
“Te estás perdiendo el punto,” dije.
“Él se está perdiendo el punto,” Mallory repitió. “Estás completamente perdiendo el punto.”
Catcher resopló y se volvió para enfrentarnos, sus brazos cruzados sobre una camiseta de Marquette. “Ustedes dos estarían de acuerdo en que el mundo es plano si eso significara que podrían conspirar en mi contra.”
Mallory movió su cabeza. “Cierto. Eso es verdad.”
Asentí y le sonreí a Catcher. “Eso es lo que nos hace asombrosas. Una fuerza de la naturaleza.”
“Qué está mal con esta conversación?,” Catcher dijo, apuntando a Mallory al tiempo que caminaba hacia ella, y luego moviendo sus dedos entre sus cuerpos, “es que nosotros estamos saliendo. Se supone que estás de mi lado.”
Mallory se echó a reír, justo a tiempo para que Catcher la alcanzara y atrapara su copa de vino antes de que el Cabernet se derramara sobre el borde. “Catch, eres un chico. Te he conocido por como una semana.” Dos meses en realidad, pero quién lleva la cuenta? “Conozco a Merit hace años. Quiero decir, el sexo es fantástico y todo, pero ella es mi mejor amiga.”
Por primera vez desde que conozco a Catcher, él quedó sin habla. Oh, farfulló un poquito, tratando de sacar algo, pero el pronunciamiento de Mallory lo detuvo en seco. Me miró en busca de ayuda. Si no me hubiera hecho gracia, la desesperación en su mirada me hubiese conmovido.
“Tú eres el que se ha mudado a vivir aquí, Campeón,” dije encogiendo los hombros. “Ella tiene razón. Tal vez, la próxima debas hacer un poquito de ese famoso trabajo de investigación Bell antes de anotarte para el viaje completo.”
“Ustedes dos son imposibles,” dijo, pero enrolló su brazo libre alrededor de la cintura de Mallory y presionó sus labios contra su frente. Justo mientras era visitada por una punzada de celos que tensaba mi estómago, oí la puerta de un coche cerrarse afuera.
“Morgan está aquí,” dije, descruzando mis piernas y saltando fuera de mi banqueta. Miré de regreso a aquellos dos y junté mis manos. “Por favor, por el amor de Dios, tengan la ropa puesta cuando regrese.”
Alisé mi cabello mientras caminaba por el pasillo, luego abrí la puerta del frente. Él había estacionado una SUV frente a la casa de piedra caliza.
Corrección, pensé mientras Morgan salía del lado del pasajero – el chofer de Morgan aparcó la SUV. Supongo que Morgan prefería ser traído por estos días.
Di un paso afuera, manos sobre mis caderas mientras esperaba por él en el pórtico. Se dirigió hacia la casa, vestido en jeans y un par de camisetas superpuestas, una sonrisa descaradamente feliz en su rostro, una funda de papel con flores en su mano.
“Hola, Maestro más reciente de Chicago.”
Morgan sacudió su cabeza, sonriendo. “Vengo en paz,” dijo, y subió las escaleras. Se quedó en pie sobre el escalón debajo del mío, lo cual nos puso casi al mismo nivel. “Hola, hermosa.”
Le sonreí.
“En aras de la distensión entre nuestras Casas,” él dijo, inclinándose y bajando su voz hasta un susurro, “y para celebrar este histórico encuentro de vampiros, voy a besarte.”
“Es justo.”
Lo hizo. Sus labios suaves y frescos contra los míos, la longitud de su cuerpo caliente mientras se presionaba contra mí. El beso era dulce y muy, muy hambriento. Él daba pequeños mordiscos a mis labios, susurrando mi nombre mientras lo hacía, insinuando la profundidad de su deseo. Pero antes de que fuéramos más allá de lo que el decoro habría permitido, dado que estábamos en pie sobre el pórtico a plena vista en la calle, se retiró.
“Te ves,” sacudió su cabeza como en sobrecogimiento, “excepcional.”
“Gracias. Tú no te ves nada mal tampoco. Quiero decir, eres un vampiro, pero eso no es realmente tu culpa.”
Morgan chasqueó su lengua y se inclinó alrededor mío, mirando a través de la puerta abierta. “Deberías haberme concedido el Condescendiente Agradecimiento que me merezco. Es eso salmón?”
Me gustaba que el amor por la comida del chico fuera casi tan grande como el mío. “Eso es lo que escuché.”
“Genial. Entremos.”



Lo más lejos que llegamos fue el pasillo antes que él me detuviera, antes que me que me pusiera contra una de las pocas partes de la pared que no estaba cubierta en fotos de la familia Carmichael. Luego metió su dedo índice dentro del cinturón de mis pantalones y tiró de mí más cerca.
Se inclinó, con aroma a una resplandeciente colonia de hierbas. Era medio como un aroma extraño sobre un morador de las noches, un vampiro.
“En verdad no tuve oportunidad de decir hola y buenas noches apropiadamente,” murmuró.
“Creo que estabas alistándote para el salmón.”
Su voz era apenas audible, un sensual susurro de sonido. “Exacto. Me distraje, y realmente no creo que haya dado lo mejor de mí.”
“En ese caso….” Fue todo lo que salió antes que sus labios hallaran los míos. Este beso era tan fervoroso como el último había sido, su boca hambrienta y urgente, su lengua tentadora y demandante. Sus manos se deslizaron alrededor de mi espalda, envolviéndome en sus brazos y en su primaveral esencia. Suspiró al contacto.
“Hey, acaso alguna vez Morgan – Oh, Dios mío.”
La cabeza de Morgan se elevó, y ambos miramos para encontrar a Mallory justo fuera de la puerta de la cocina, una mano sobre sus ojos. Ella saludó.
“Eh, hola, Morgan. Hola. Oh, Dios, lo siento,” ella farfulló, y (cortado)
Sonreí felizmente. “Y ahora ella sabe cómo se siente.”
“Excepto que nosotros estábamos en realidad vestidos,” Morgan señaló, luego me miró nuevamente con una sonrisa cómplice. “Pero podríamos remediar eso muy sencillamente.”
“Seeh, desnudarnos para enseñarle a Mallory una lección no está realmente alto en mi lista de prioridades.”
Soltó una estruendosa carcajada, inclinándose hacia atrás con la fuerza de la misma, nuestros cuerpos aún presionados juntos en las caderas, luego me sonrió, con ojos relucientes y una amplia sonrisa. “Te extrañé, Mer.”
No pude evitarlo - mi sonrisa vaciló, y me odié a mí misma por ello. Odiaba que no pudiese retornar esa descuidada, jocosa sonrisa. Odiaba que no pudiese – o tal vez no pudiese aún? – sentir esa misma chispa que encendía los ojos de Morgan. Me pregunté si podría crecer, con el tiempo y la cercanía. Me preguntaba si estaba siendo demasiado dura conmigo misma, esperando demasiado que pudiese enamorarme de alguien luego de unas pocas semanas. Tal vez necesitaba más tiempo. Tal vez estaba lo estaba sobre-analizando mucho.
La sonrisa de Morgan decayó un poco sobre los bordes. “Todo bien?”
“Seeh, yo sólo….ha sido una noche realmente larga.” Eso era completamente cierto, así que sólo era una mentira por omisión.
“Si?” Colocó un mechón de cabello detrás de mi oreja. “Quieres hablar de ello?”
“Nah, vayamos por algo de comida y a burlarnos de Mallory y Catcher.”
Cerró sus ojos, una tensión en sus extremos. Lo había herido, al no contarle acerca de mi noche, al no compartir más de mí con él, y me abofeteé mentalmente a mí misma por eso. Pero cuando él abrió sus ojos, su expresión era de perdón, una esquina de su boca elevada en una sonrisa. “Vas a tener que ayudarme aquí, Merit. No puedo ser el único haciendo esto.”
Le di puntos por su honestidad, y por no decir que se lo debía a él el intentarlo, dado que Ethan no había hecho más que ordenar nuestro cortejo. Medio le sonreí en respuesta, simultáneamente sintiendo una sensación de alivio, de que al menos el pusiera el asunto de la relación allí, y una corazonada, que yo iba a ser quien llevara la relación al tacho entre nosotros.
“Lo sé,” dije. “Lo sé. Realmente soy tan buena en las relaciones como siendo un vampiro. Soy una chica algo lista pero sorprendentemente inepta.” Esa fue toda la verdad.
Morgan rió completamente, luego colocó un beso sobre mi frente. “Vamos, genio. Vayamos a comer.”



La cena estaba lista para el momento que entramos en la cocina, nuestros dedos entrelazados mientras caminábamos. Morgan deslizó su mano fuera y presentó su paquete de tulipanes blancos de puntas coloradas a Mallory. “Gracias por recibirme.”
“Oh, estas son hermosas.” Ella lo envolvió en un abrazo que él parecía no haber esperado, pero satisfecho de haberlo recibido. “Y eres bienvenido. Estamos contentos de que pudieras venir.”
Mallory le dio una resplandeciente sonrisa, y me dio una aprobación encubierta, luego se puso a buscar un recipiente para las flores mientras Morgan y Catcher decían sus varoniles ‘holas’ – consistentes en un simbólico movimiento de cabeza de Catcher (del tipo ‘estás en mi guarida ahora’) y un asentimiento con la cabeza en respuesta de Morgan (de la variedad ‘tú eres claramente el rey de este castillo’).
Con un recipiente en una mano, y las flores en la otra, Mallory se detuvo en el umbral de la cocina. “Merit, necesitas sangre?”
Ni siquiera necesitaba pensar en ello. A pesar de que no había tenido una racha de abrumadora sed de sangre desde mi primera semana como vampiro – el Primer Apetito que me había llevado a casi plantar mis colmillos en el cuello de Ethan, y una segunda racha de bebida despertada por una desagradable discusión con mi padre – no iba por la pinta recomendada por el Cannon cualquier otro día. Los vampiros éramos difícilmente los monstruos que nos habían hecho en los cuentos de hada y programas de televisión. Apenas éramos diferentes de los humanos, excepto pero por una mutación genética, los colmillos, el plateado de los ojos, y una periódica inclinación hacia la sangre.
Qué? Dije apenas diferentes.
“Sí, necesito sangre,” le dije, malhumorada como a una adolescente a la cual se le recuerda que tome sus vitaminas, y arrebaté una bolsa de Blood4You (SangreParaTi) grupo A, del refrigerador. Pese a que Mallory, como actual ex – ejecutiva de comerciales, encuentra el nombre vergonzosamente inmaduro, aprecia el no ser mi almuerzo.
Miré hacia atrás a Morgan, agité la bolsa hacia él. “Tienes hambre?”
Él se movió más cerca de mí, su mirada sorpresivamente posesiva, brazos cruzados sobre su pecho, y se inclinó. “Te das cuenta de que estaríamos compartiendo sangre?”
“Es eso un problema?”
Frunció sus cejas en confusión. “No, no, es sólo que…..”
Se detuvo, y parpadeé. Me había perdido de algo? Traté de retroceder mentalmente a través del capítulo tres del Cannon (‘Bébeme’), el cual discutía algunas de las reglas de etiqueta de la bebida en vampiros. Los vampiros podían beber directamente de humanos u otros vampiros, y yo había atestiguado de primera mano la sensualidad de ello cuando Amber había sido el brebaje de elección de Ethan. Pero la intimidad de beber sangre preenvasada frente a una audiencia escapaba de mí. Había visto a Ethan hacerlo justo el otro día.
Por otro lado, Morgan era un vampiro de Navarro, prohibido de beber sangre directamente de humanos. El Cannon no abarcaba las emociones de ello, pero tal vez incluso el beber de plástico asumía una importancia mayor cuando era la única forma en la que podías compartir el acto.
“Es eso un problema?” le pregunté.
Debe de haber reconocido mi ignorancia, ya que finalmente sonrió (cortado)
Había una bolsa de B en el refrigerador, y concluí que su paladar era más sensible que el mío si él podía saborear la diferencia en las cualidades de los coagulantes de una bolsa de sangre. Estaba por alcanzar los dos vasos cuando me dí cuenta que, además de las aparentes diferencias filosóficas, puede que él también la ingiriera en forma diferente.
Con mi mano sobre la puerta abierta del armario, me volteé hacia él. “Cómo la tomas?”
“Simplemente viértela en un vaso.” Frunció el ceño, y se rascó de manera ausente la frente. “Sabes, tal vez necesitemos tener alguna clase de fiesta. Conseguir tener a los vampiros de Cadogan y Navarro juntos, hacer que hablen. Parece que hay mucho que no conocemos el uno del otro.”
“Justamente estaba pensando eso el otro día, en verdad,” dije, pensando que Ethan estaría encantado ante la oportunidad de construir una relación, y una potencial alianza, con la gente de Navarro.
Bajé los vasos con panqueques estampados del armario y abrí las válvulas de plástico en el extremo de las bolsas, llenando un vaso para cada uno. Le entregué uno a Morgan, y tomé un sorbo del mío.
Morgan bebió de su vaso, sus ojos sobre mí mientras tomaba. Sus ojos no se platearon, pero su seductora mirada predadora dejaba muy poca duda acerca de su línea de pensamiento. Drenó el vaso sin siquiera tomar un respiro, su pecho jadeando cuando finalmente lo terminó.
Y entonces, con la punta de su lengua, tomó una única gota que había quedado sobre su labio superior.
“Gané,” dijo muy suavemente.
Requirió de la voz de Mallory para quitar mi mirada de su boca. “Muy bien, chicos,” dijo desde el comedor, “creo que estamos listos.”
Tomé el trago final de mi vaso, puse nuestros vasos dentro del fregadero, y acompañé a Morgan al comedor. Su (cortado)
Catcher y Mallory ya estaban sentados a los lados de la mesa. Tomamos las dos sillas restantes, luego Morgan cogió su copa de vino y la levantó hacia ellos. “Por los buenos amigos,” dijo.
“Por los vampiros,” Mallory dijo, chocando su copa contra la mía.
“No,” dijo Catcher. “Por Chicago.”



La cena estuvo fantástica. Buena comida, buena charla, buena compañía. Catcher y Mallory eran entretenidos, como siempre, y Morgan encantador, escuchando atentamente las historias de Mallory acerca de mis travesuras.
Por supuesto, dado que había sido una estudiante graduada durante todo el tiempo que la conocí, no había tantas travesuras que reportar. Había, sin embargo, numerosas historias acerca de mí como una nerd, incluyendo la historia que ella denominó mi etapa ‘Julliard ’.
“Ella había estado en medio de alguna clase de obsesión musical,” Mallory comenzó, me sonrió. Retiró su plato y se cruzó de piernas sobre su silla, claramente preparándose para un largo cuento. Pre-corté lo último de mi salmón en pequeños trocitos, lista para intervenir si las cosas se tornaban peligrosas.
“Ella había rentado, casi, cada musical en DVD que encontraba, desde ‘Chicago’ hasta ‘Oklahoma’. La chica nunca se cansaba del canto y el baile.”
Morgan se inclinó hacia delante. “Acaso ella vio ‘Newsies ’? Dime que miró Newsies.”
Mallory frunció sus labios para reprimir una risa, luego mantuvo en alto dos dedos. “Dos veces.”
“Continúa,” dijo Morgan mirándome de reojo. “Estoy fascinado.”
Bueno, Mallory dijo, levantando una mano para meter su cabello azul tras la oreja, “sabes que Merit solía bailar – ballet – pero eventualmente entró en razón. Y por cierto, no sé en qué tipo de porquerías extrañas estén metidos los vampiros, pero si es posible en lo absoluto, mantente alejado de sus pies.”
“Mallory Carmichael!” mis mejillas se calentaron con el rubor que estoy segura era de un rojo carmesí.
“Qué?” preguntó ella con un indiferente encogimiento de hombros. “Bailaste en zapatillas de punta. Suele suceder.”
Puse un codo sobre la mesa, la frente en mi mano. Esto, apuesto, es lo que hubiera sido mi vida si hubiera tenido a mi hermana Charlotte y hubiésemos sido cercanas – la clase de humillación íntima que sólo los parientes podían proveer. Para bien o para mal y, a voluntad divina, en la salud y en la enfermedad, Mallory era una hermana.
Una mano acarició mi espalda. Morgan se inclinó, y susurró en mi oído, “está bien, nena. Aún me gustas.”
Le dí una mirada irónica. “Ese sentimiento no es mutuo en este instante.”
“Mmm-hmmm,” dijo, luego se giró de nuevo a Mallory. “Así que nuestra ex bailarina estaba enganchada con los musicales.”
“No tanto con los musicales, sino con el estilo.” Mallory me miró, me hizo una cara de disculpa.
La descarté con la mano. “simplemente sácalo.”
“Ten en cuenta, ella fue a la Universidad de NY, luego a Stanford, luego aterriza nuevamente en Chicago. Y nuestra Merit ama la Gran Manzana. La Ciudad de Los Vientos es un poco más similar al modo de vida de NY que California, pero estás lejos de tener una barranca en la Villa. Pero Mer decide compensarlo. Con ropa. De modo que aquel invierno, ella comienza vistiendo leggings, grandes suéteres abultados, y siempre una pañoleta. Ella nunca deja la casa sin algún tipo de pañoleta” – Mallory revolea sus brazos en el aire – “envuelta toda a su alrededor. Ella tenía (cortado)
“Había una boina.”
Ambos soltaron un quejido, se sentaron nuevamente. “Cómo pudiste?” Morgan preguntó con una mueca de horror que fue desmentida por la risa que amenazaba con escapar de él. “Una boina, Merit? En serio?”
“Nunca más me joderás de nuevo,” dijo Catcher. “Me perteneces ahora. Tu trasero me pertenece.”
Arranqué un bocado de salmón, mascándolo con cuidadosa deliberación, luego agité el tenedor hacia ellos. “Todos ustedes están en mi lista para ser jodidos. Todos ustedes.”
Morgan suspiró feliz, vaciando lo último de su copa de vino. “Esto es bueno,” dijo. “Esto es realmente útil. Qué mas necesito saber?”
“Oh. Ella tiene toneladas de secretos,” Mallory le confió con una sonrisa hacia mí. “Y yo los conozco todos.”
Morgan, con un brazo colgando del respaldo del asiento, hizo señas con su mano libre. “Vamos. Déjalos seguir saliendo.”
“Mallory,” le advertí, pero ella sólo rió.
“Bueno, veamos. Apuesto que no le contaste acerca de tu cajón secreto en la cocina. Deberías limpiar eso mientras estás aquí.”
Morgan se sentó derecho y echó un vistazo tras él a la puerta de la cocina. “Cajón secreto de la cocina?” luego me miró de regreso, me movió sus cejas.
Mi respuesta fue rápida y enérgica. “No.”
Deslizó para atrás su silla.
“Morgan, no.”
Él estaba a mitad de camino hacia la cocina cuando me salí de mi silla, (cortado)
Para el momento que llegué a la cocina, él estaba abriendo los cajones a la derecha y a la izquierda. Salté sobre su espalda, y envolví mis brazos alrededor de sus hombros. “Ella estaba bromeando, lo juro!”
Esperé que él me tirara, pero se rió, tiró de mis piernas alrededor de su cintura, y siguió buscando.
“Merit, Merit, Merit. Eres muy callada. Tantos secretos...”
“Ella estaba bromeando, Morgan.” En un intento desesperado por mantener mi cajón secreto, bueno, en secreto, besé la curva superior de su oreja. Hizo una pausa y ladeó su cabeza para brindarme un mejor acceso. Pero luego de que pusiera mi barbilla en la parte superior de su cabeza y dijera, “gracias,” comenzó a buscar nuevamente.
“Hey!, pensé que ibas a detenerte!”
“Entonces, eres ingenua.” Abrió otro cajón, se congeló. “Santa Mierda!”
Suspiré y me deslicé fuera de su espalda. “Puedo explicar esto.”
Sacó el cajón – un largo, plano, compartimento, destinado a guardar la platería – tanto como lo permitía, y se quedó mirando fijamente dentro del mismo. Se quedó sin aliento, boquiabierto ante el contenido frete a él antes de girar su cabeza para mirarme. “Algo que quieras decir?”
Me mordí el labio. “Mis padres no me dejaban comer dulces?”
Morgan metió la mano y agarró un manojo del contenido del cajón – barritas de chocolate Sudamericano, bolsas de cerezas secas recubiertas de chocolate, pastillas de chocolate, botones de chocolate, estrellas de chocolate, chupetines de chocolate, conchas de chocolate, galletas en forma de árboles navideños de jengibre cubiertas de chocolate, Twinkies recubiertos de chocolate blanco, caramelos de chocolate, cacao proveniente de un pequeño chocolatero y una barra de Toblerone de un pie de largo. Él me miró, trató de no reírse, y, por todo ese esfuerzo, hizo un estrangulado sonido a modo de hipo. “Y entonces estás compensando por ello?”
Me crucé de brazos. “Tienes algún problema con mi reserva secreta?”
Hizo ese sonido nuevamente. “No?”
“Deja de reírte de mí,” le ordené, pero estaba sonriendo cuando lo dije. Morgan redepositó su manojo de chocolate, cerró el cajón, tomó mis caderas, y acomodó mi cuerpo entre el suyo y la isla de la cocina.
Miró hacia abajo, hacia mí, con una expresión de fingida seriedad. “No me estoy riendo de ti, Mer. Divirtiéndome, tal vez, pero no riendo.”
“Ja!” le dí una mirada venenosa que hasta yo sabía era poco convincente.
“Em, no para ponernos personales, pero ví ese postre que trajiste. Estabas planeando en compartir eso, o era sólo tu porción?”
“JA!,” repetí.
“Es algo bueno que no seas una obsesiva. Oh, espera,” dijo secamente, “Sí lo eres.”
“A algunas personas les agrada el vino. A algunos, los autos. A algunos,” dije, tirando del dobladillo de su indudable camiseta de diseñador, “les gusta la ropa increíblemente costosa. A mí me gusta el chocolate.”
“Seeh, Mer. Puedo ver eso. Pero la verdadera pregunta es, aplicas esa pasión a otras áreas de tu vida?”
“No tengo idea de qué me estás hablando.”
“Mentirosa,” dijo, cerrando sus ojos y bajando sus labios a los míos. Nuestros labios apenas se habían tocado cuando el silencio se rompió.
“Podrías por favor dejar de manosear a mi Centinela?”



Traducido por Chloe♥

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