Twice Bitten- Capítulo 4



CAPÍTULO CUATRO

LO QUE PASA EN CHICAGO. . . SE QUEDA EN CHICAGO


Me desperté de pronto, incorporándome hacia arriba en mi cama en la habitación de la Casa Cadogan en medio de un montón de libros sobre cambia formas americanos. Me quité el flequillo largo de la cara, dándome cuenta de que me había dormido de nuevo en medio de mi sesión de estudio. Eso era lo difícil de vivir durante la caída y la salida del sol--se trataba de un profundo, vertiginoso descenso en la inconsciencia cuando el sol comenzaba a salir, y un disparo cuando el crepúsculo caía de nuevo.

"Bienvenida a la vida de los vampiros", murmuré en voz alta, un saludo que un ex amigo- un ex novio- me había dicho una vez. Organicé los libros en pilas
en mi cama, me puse de pie y me estiré. Por lo menos había pensado en cambiarme en pijamas antes de hundirme en la inconsciencia, mi blusa de “LICENCIA PARA HERIR” se levantó cuando levanté mis brazos sobre mi cabeza mientras me desperezaba. La blusa naranja no combinaba exactamente con los bóxers azules que me puse, pero ¿quién iba a verlo? En lo que a mi respecta, dormir en feos, cómodos trapos era una de las principales ventajas de estar soltera.

Y yo estaba definitivamente soltera.

Había estado realmente sola por un tiempo, si no contabas las pocas semanas que pasé casi saliendo con Morgan. Se había "ganado" el derecho a salir conmigo al desafiar a Ethan delante de la mitad de la Casa Cadogan, Noah, y Scott Grey. Habíamos tenido una serie de medias citas luego. Por desgracia, mientras que el "medio" era de mi parte final, Morgan parecía ser el “todo adentro” desde el primer momento. No sentía lo mismo, y el estaba convencido de que mi reticencia tenía algo que ver con mi relación, física y de lo contrario, con Ethan. Podía admitir que Ethan estaba en mi mente más de lo que me hacía sentir cómoda, pero llamar a nuestras interacciones una "relación" era como llamar a un equipo de softball de oficina los Cubs. Los bates se balanceaban de igual modo, pero simplemente no era lo mismo.

Habiéndome estirado, miré hacia el reloj de alarma. Estábamos a mediados de Junio, por lo que los días eran cada vez más largos, mis horas de conciencia disminuían un poco cada día hasta que el solsticio de verano le haría clic al reloj hacia la otra dirección. Calculando que podría retrasar mi inevitable sesión de entrenamiento con Ethan sólo por un tiempo, coloqué las pilas de libros en el suelo, y las siguieron mis pies.

No me molesté en ducharme ya que iba a estar entrenando con Ethan, pero si me cambie por mi sostén deportivo y pantalones de yoga, y luego me puse una camiseta ajustada de Cadogan. Tenía hambre así que me dirigí a desayunar antes del entrenamiento porque no quería aparecer en mi mínima capacidad para el entrenamiento.
Cuando estuve vestida y calzada, con mi katana en mano, tomé las escaleras a la habitación de Lindsey en el tercer piso. Se había convertido en mi compañera de comida. Su habitación también era donde“pasaba el tiempo después del trabajo”. El valor de la mala televisión después de una noche de drama sobrenatural no debería subestimarse. Lo "abrumador" tenía su papel en la vida de un vampiro.

Lindsey estaba parada frente a su puerta abierta y con el celular en la mano cuando llegué. Desde que era la residente psíquica del cuerpo de guardia, supuse que había adivinado que me dirigiía hacia ella. A diferencia de mí, estaba vestida con su traje negro Cadogan, con el pelo largo y rubio atado en una cola de caballo elegante y baja en la base de su cuello. Dobló un dedo hacia mí, luego se dirigió hacia adentro nuevamente.

“Bebé, me tengo que ir. Mi cita de desayuno está aquí. Hablamos más tarde. Y no te olvides de esos pantalones que me encantan. No, los de látex. Ok. Abrazos. Adiós.” Cerró el celular, y luego me miró, sonriendo a lo que estoy segura que era la expresión de horror en mi cara.

Realmente no podía pensar una sola cosa para decir. Pero me había mudado al parecer, fuera de la choza de amor Carmichael-Bell hacia la Casa de látex. Quiero decir, yo sabía que Lindsey había estado coqueteando con Connor. Era, ai igual que yo, un vampiro novato en Cadogan.

Pero "látex" no era una palabra que necesitaba oír tan temprano
por la noche.

"No puedo creer que no me estés apoyando", dijo ella, con sus ojos en blanco. Se puso sus tacones negros mientras deslizaba su teléfono en el bolsillo de su chaqueta.

"Yo—te apoyo. Yay, Lindsey." Mi tono era plano, pero le di un medio puño de onda.

Una vez que estuvo calzada, puso sus manos en las caderas, una ceja arqueada. "He encontrado el amor de mi muy larga y muy inmortal vida, y todo lo que consigo es ‘¿yay Lindsey?’ Que amiga que eres."

"¿El amor de tu vida? Connor? ¿Estás segura?" Esa vez, mi voz realmente chirrió.

Mordisqueó el borde de su labio como una adolescente enamorada, y luego puso una mano sobre su corazón. "Estoy muy segura."

Nos quedamos en silencio durante un minuto. "Yay, Lindsey," dije una vez más, cuando las palabras me fallaron.

Ella suspiró y puso sus ojos en blanco. "Bien, bien. No voy a tener un lujurioso, enredo amoroso con un caliente, núbil novato. Esa era mi tintorería en el teléfono. “

Me resistí a la tentación de preguntarle cómo iba a explicar "látex" la próxima vez que hablara con su tintorería. . . . Por otra parte, en realidad eso funcionaría.

"Gracias a Dios” le dije-. "Estaba teniendo un retroceso al pasado sobre Mallory y Catcher".

Me empujó hacia la puerta, luego la cerró detrás de nosotras. Comenzamos la caminata hacia el primer piso y al buffet de Cadogan. "¿Es realmente tan malo? Quiero decir, Bell es caliente. K-L-I-E-N-T caliente.”

"¿Tan caliente que perdiste tu valoración por el deletreo?"

"Yeap. Caliente como la superficie del sol".

"¿Sabes quién más está caliente?" Le pregunté.

"No me digas ‘Luc’ ".

"Oh. Mi. Dios," le dije, poniendo mi mano contra el pecho con fingida sorpresa. "Eres psíquica.”

Refunfuñó, como solía hacer cada vez que decía el nombre del chico que debería haber estado persiguiendo. No es que yo fuera entrometida. . . pero se verían muy bien juntos.

Y luego sacó la artillería pesada.

"Estaré lista para discutir sobre Luc contigo," dijo mientras trotaba por dos tramos de escaleras hasta la planta principal, "cuando estés lista para hablar de tu plan para atrapar al segundo vampiro rubio más bonito en la Casa.”

"¿Luc es el primero en tu cálculo?"

Lindsey resopló, y luego tiró de su propia cola de caballo. "¿Hola?"

“Bueno, no importa cómo lo calcules, no tengo planes para atrapar a nadie." Tomamos el largo, principal pasillo hasta la parte posterior de la Casa, donde la vieja cafetería-escuela estaba ubicada. Mesas de madera y sillas con respaldo de cuero estaban colocadas delante de un buffet de acero inoxidable donde los vampiros pueden servirse por sí mismos. No había un trozo de queso fundido o un pastel envuelto en celofán a la vista.

"Uh-huh", dijo Lindsey, liderando el camino hacia el buffet. Se puso en fila detrás de una docena de vampiros de Cadogan -todos vestidos en negro. La sala estaba llena de ellos, vampiros preparándos para una noche de trabajo en la Casa o una noche en la Ciudad del Viento. La Casa Cadogan se asemeja a una compañía de ciudad, por lo que algunos de los vampiros eran empleados de la Casa-como los guardias, mientras que otros trabajaban en el área metropolitana de Chicago y contribuían con una parte de sus ingresos a la Casa. (Los vampiros de la Casa Cadogan obtenían una remuneración por ser miembros de la Casa, por lo que el trabajo no era técnicamente necesario, pero a los vampiros les gusta ser productivos.)

De trescientos dieciocho vampiros de la Casa (habiendo perdido a Peter y a Amber), sólo alrededor de un tercio de ellos realmente viven en la Casa. El resto vive en otras partes, pero mantienen su afiliación, habiendo jurado sus juramentos a Ethan y a su fraternidad colmilluda.

Lindsey y yo nos movimos lentamente a través de la fila, empujando las bandejas de plástico a lo largo del bastidor de acero y obteniendo comida y bebida mientras pasábamos. Como ya había luchado ayer, y estaría luchando de nuevo en unos minutos, no quería exagerar, pero había algunos elementos esenciales que necesitaba: una pinta de sangre tipo O, y proteína (satisfecha por salchichas y hamburguesas) y una dosis de hidratos de carbono sólido. Tomé un par de galletas de una cacerola caliente y las coloqué en mi bandeja antes de agarrar una servilleta y cubiertos y siguiendo a Lindsey a una mesa.

Tomó asiento junto a Katherine y Margot, dos vampiras que había conocido por primera vez en la habitación de Lindsey, en una noche de pizza y reality TV. Sonrieron a medida que nos acercábamos, y ajustaron sus bandejas para asegurarse de que teníamos espacio para sentarnos.

"Centinela", dijo Margot, empujando un mechón de su brillante, pelo corto detrás de su oreja. Ella era absolutamente preciosa, con pelo castaño oscuro que se curvaba en un punto sobre su frente, y largos, ojos cálidos, color whisky que hubieran sido igualmente adecuados en un tigre seductor. "¿Entrenando esta noche?"

“Efectivamente” -dije-, deslizándome en una silla y haciendo estallar un pedazo de galleta en mi boca. "Después de todo, ¿que sería un día en la Casa Cadogan si Sullivan no pudiera humillarme?”

Lindsey asintió con la cabeza. "Últimamente, eso sería muy inusual".

"Triste pero cierto," estuve de acuerdo.

"¿Hablabas en serio sobre la barbacoa?" Katherine preguntó, su pelo largo y castaño cayendo sobre sus hombros, un mechón en la parte superior hacia atrás con un pasador pequeño. Kat es bonita en una antigua manera-con sus grandes ojos y la cara fresca de una muchacha de algún otro tiempo. Ella había nacido en Kansas City, cuando la ciudad estaba llena con corrales y ganado. Su hermano, Thomas, también era un miembro de la Casa.

"Mortalmente en serio. La gente ha estado pidiendo una mezcla," dije, empujando a Lindsey con un codo.
Ella soltó un bufido, y luego tomó un sorbo de jugo de naranja de la copa. "No estoy segura si eres consciente," dijo ella-, “pero no estoy buscando ninguna mezcla."

Todas nos detuvimos y la miramos. Margot ladeó la cabeza. "¿Eso es porque te deshiciste de Connor, o porque son un asunto oficial?"

“Por favor di ‘deshiciste’", murmuré. "Di 'deshiciste'".

Esta vez, ella me dio un codazo. "Ya no somos un asunto. Solo que él es muy. . ."

"¿Joven?" Las tres preguntaron al mismo tiempo.

“A veces” dijo, “me pregunto cómo sería la vida como vampiro sin todos esos vampiros alrededor. "

Margot le sacó la lengua a Lindsey.

"Nos extrañarías mucho", le recordé. "Y extrañarías a Luc."

Quedó en silencio.

"No voy a responder a eso", dijo finalmente.

Margot, Katherine, y yo nos sonreímos mutuamente, pensando que esa era una respuesta suficiente.

Ethan ya estaba en la habitación de combate, ya en sus pantalones gi y una chaqueta blanca con cinturón con una faja de color púrpura. Estaba descalzo en medio del tatami, y con la katana desenvainada en su mano, combatiendo con un oponente invisible. Llevó la espada detrás de él, se volvió y tiró de la espada hacia atrás, la llevó hacia arriba, y la hizo girar alrededor de su cabeza. Cuando la espada estuvo hacia abajo otra vez, ejecutó un saque de mariposa, piernas volando paralelas al suelo, la punta de la espada siguiendo una mortal puntuación del movimiento. Fue lo suficientemente rápido que la velocidad de sus movimientos eran borrosos, haciendo de él una neblina de color blanco y brillante en medio de las armas de acero y antigüedades de madera de la habitación.

Era una cosa para contemplar, era Ethan Sullivan.

Luchó solo durante dos o tres minutos más, luego se detuvo en sus rodillas, con la espada planteada ante él.

Me saqué mi camisa Cadogan, y luego me situé en el borde de la colchoneta.

Levantó su mirada hacia mí, y nos quedamos por un momento sólo viéndonos el uno al otro.

Ethan sacudió la cabeza. Se puso de pie y luego se trasladó hacia mí. "Tienes audiencia, Centinela", dijo a modo de advertencia, como si hubiera habido riesgo de que lo tomara justo aquí en el suelo del Salón de Combate. Refunfuñé. Ya le había dicho que ‘no’ antes. Podría hacerlo de nuevo.

Pero eso no significaba que estuviera emocionada de estar expuesta de nuevo. Alcé la mirada hacia el balcón. No era tan malo como una "audiencia", sólo una docena de vampiros en los asientos, pero eso era una docena más de lo necesario. "Maravilloso", murmuré. Empecé a deslizar la espada de su vaina, pero él negó con la cabeza.

"No hay necesidad de desenvainar. No necesitarás tu espada”.

Lo deslicé devuelta, y lo miré con confusión. Se suponía que íbamos a estar donde Catcher y yo nos habíamos quedado. Desde que claramente necesitaba trabajar en mi técnica con la espada, había asumido que era donde teníamos que comenzar. Ahora estaba simplemente confundida.
Ethan volvió a envainar su espada y la colocó sobre la estera, y luego extendió su mano. Cuando le entregué mi vaina, hizo lo mismo con ella. Luego se paró de nuevo y ladeó la cabeza, señalando a alguien detrás de mí. "Luc, por favor."
No me había dado cuenta de Luc estaba en la habitación, así que me di la vuelta para saludar. Pero antes de que pudiera encontrarlo, las luces se apagaron, literalmente. La habitación estaba pronto a oscuras.

"Ethan?”

"Estamos trabajando en una habilidad diferente hoy," dijo, su voz alejándose.

Apreté los ojos cerrados, esperando a que eso me ayudara a adaptarme a la oscuridad, los volví a abrir cuando oí sus pasos acercarse. Debido a que era un
depredador, mi visión era mejor de lo que normalmente podría haber sido en la oscuridad, pero yo todavía no podía ver mucho.

Así fue como me sorprendió con un tiro bajo que me envió a través de la extensa colchoneta.

"Sullivan! ¿Qué demonios?" Desde mi punto nuevo en el suelo, quité la cola de caballo de mi cara y me impulsé de pie con las manos. Me puse de pie, manteniendo mi cuerpo inclinado, mis manos delante de mí, mis rodillas flexionadas, en caso de que se abalanzara de nuevo.

"Debes aprender, Centinela, a anticipar."

Puse mis ojos en blanco. La primera vez que lo había enfrentado, él había empleado todos los movimientos de Matrix. Ahora estaba usando Star Wars para las técnicas. Él realmente no tenía algún método original en su cabeza.

"¿Y cómo puedo anticipar?" Le pregunté.

"Hemos discutido el mejoramiento de tus sentidos después de haber completado el cambio."

No le respondí. No sabía lo bien que su visión era, pero no iba a delatar mi posición y darle otro blanco fácil. Sin embargo, podía oírlo moverse a mí alrededor, escabulléndose en círculo como un gato grande preparando para atacar.

"Has estado trabajando durante la semana pasada en aislar el ruido del ambiente. Para manejar el aumento de la sensibilidad en tu audición, visión, y olfato. Ciertamente, tanto conocimiento puede ser una gran distracción. Pero eres un vampiro. Debes aprender a utilizar todos tus sentidos, para usar ese ruido, esa información, a tu favor."

Oí el látigo de su pantalón al patear. Me agaché cuando el algodón silbaba por encima de mi cabeza.

Entonces oí el suave golpe de sus pies cuando tocó aterrizó.

“Bien,” dijo. "Pero no sólo te defiendas. Ataca”.

Lo oí alejarse. Me levanté de nuevo y asumí la posición defensiva básica de nuevo. Si me convertía en miembro de la Guardia Roja, ¿sería así cómo Ethan y yo nos encontraríamos a nosotros mismos? ¿Batallando al amparo de la oscuridad? ¿No del todo enemigos, pero no del todo amigos? Había estado posponiendo mi decisión sobre la Guardia Roja. Era probablemente tiempo de darme un momento para pensarlo. . . .

Pero no antes de haber aprovechado esta oportunidad para patearle el trasero.

Le oí caminar alrededor mío, girando de nuevo, esperando su momento para atacar. ¿Podía oír tan bien como yo podía? ¿Las luces estaban encendidas para él, metafóricamente, por eso podía detectar mis movimientos?

Bueno, si podía, o no. No importaba, era mi turno. Dio la vuelta a la izquierda, dos o tres pies detrás de mí. Esperé hasta que estuviera a las seis en punto, desvié mi peso, levanté la rodilla izquierda, y di una patada de revés feroz.
Podría haberle golpeado si no hubiera anticipado mi movimiento por completo y se hubiera dejado caer por debajo de mi patada. En el momento en que di la vuelta y llevé mi patada hacia abajo, se giró hacia arriba y afuera con una patada baja. No tuve tiempo para reaccionar, y así como él había hecho la primera vez que lo desafié, tiró mis pies por debajo de mí. Golpeé la estera de nuevo.

"Otra vez", dijo en la oscuridad.

Silenciosamente murmuré una maldición, pero me levanté de nuevo. Esta vez, sin esperar a que se prepare. Cuando lo oí delante de mí, gire mis caderas y lancé una patada circular a su cabeza. Fallé, pero lo oí tambaleándose hacia atrás, sus pies tropezando a través de la alfombra mientras esquivaba el movimiento.

"Tan cerca", murmuré.

"Demasiado cerca", dijo. "Pero así es mejor. Estás escuchando los movimientos, lo cual es bueno. Pero eso no es todo lo que puedes hacer. Luc ", dijo de nuevo, mi corazón latiendo más fuerte, preguntándome qué más tenía reservado. ¿Amarrar mis manos? ¿Llenar la habitación con agua?

Luc contestó un segundo más tarde, esta vez con sonido. Una cacofonía de ruido-ladridos, gente hablando, gritando, pitando, cosas sonando, chirriando--comenzó a verter en la habitación. Era completamente ensordecedor, el bajo era lo suficientemente fuerte que sentía la vibración en los huesos, haciendo eco en mis latidos.

Ethan ni siquiera me dio un momento para ajustarme. Él golpeo, pero había desestimado mi ubicación, y su puño rebotó en mi hombro. Por supuesto, él seguía siendo un Vampiro Maestro, y el golpe todavía. Si hubiera estado más cerca de él, hubiera roto un hueso. Me preguntaba si el sonido era una distracción para él, también.

Un segundo después, estaba en mi cabeza.

No puedes confiar sólo en el sonido, dijo. Debes silenciar los ruidos, ser capaz de sentir a un enemigo a tu lado, ser capaz de combatir, incluso en la más absoluta oscuridad.

¿Cómo se supone que aprenda eso? Le pregunté en respuesta, cambiando mi peso de adelante hacia atrás mientras esperaba que atacara de nuevo.

Eres es una depredadora nocturna, dijo. No necesitas aprender a hacerlo. Sólo necesitas aprender a confiar en ti misma.

Estaba en ese camino, esperé.

Tomé un momento y cerré los ojos. Técnicamente, eso no tenía sentido, dada la profundidad de la oscuridad en la habitación, pero ayudaba psicológicamente, como si estuviera trabajando activamente para dejar fuera el ruido. Mis ojos cerrados, me centré en el ruido y trabajé para construir mi bloqueo mental.

Pero no tenía tiempo para hacerlo. Él estaba en mí otra vez. Esta vez, pegó pero con el objetivo de no hacerme daño, era una burla. Su puño golpeó mi hombro izquierdo, pero antes de que pudiera sacudirme, se había ido. Luego, su talón pegó mi espalda, no con la fuerza suficiente para derribarme, pero con la fuerza suficiente para empujar. Me tropecé hacia adelante, agitando los brazos mientras trataba de no tropezar con mis propios pies.

Gracias a Dios, las luces estaban apagadas. El Maestro vampiro burlándose del Novato habría sido un bonito espectáculo cómico.

No te estás concentrando, dijo en silencio, su voz timbrando sobre la bocina de un camión. Mi piel estaba empezando a picar con irritación. El sonido era muy fuerte, y estaba oscuro, y estaba siendo empujada por un Vampiro Maestro que se basaba en películas de acción para enseñarme a luchar.

Estoy haciendo lo mejor que puedo, le aseguré.

Pateó otra vez, la parte posterior de su pie golpeando mi lado. Paré su pierna con mi antebrazo, pero se había alejado sin contacto efectivo. Me había olvidado acerca de su velocidad. . . el hecho de que pudiera moverse con eficacia sobrenatural. Era rápida en Katas, por supuesto, pero esos eran movimientos practicados. Como obviamente sabíamos, combatir era completamente un tipo distinto de animal.

Te he visto hacerlo mejor, respondió.

Un cosquilleo de magia se levantó en el aire, tal vez relacionado con el tono burlón de sus palabras. Sentí el hormigueo- como una brisa en el aire-a través de mi rostro.

Estaba de pie delante de mí.

Me tomó un segundo darme cuenta de lo que había hecho-había determinado el lugar donde estaba parado ni con la audición, ni con la vista. . . sino con la magia. Debería de tomar ventaja.

Lancé un puñetazo, pero me bloqueó con su antebrazo. Antes de que pudiera protestar, se volvió, y tenía su espalda contra mía, su mano estaba en mi brazo y usó una palanca para tirarme al suelo.

Y allí estaba yo, plana sobre mi espalda de nuevo.

La caída no había sido especialmente dura, pero era lo suficientemente dura para sacar el aire fuera de mí. Cuando pude volver a respirar, ladré una maldición.

Apenas estás tratando, fue su respuesta. Esta vez, no había veneno en su voz.

Me levanté del suelo. No sé que quieres que haga.

Entonces él estaba delante de mí otra vez. Le pegué, pero me agarró del brazo y tiró de nuevo de mí más cerca. Lucha, maldita sea.

Muy enojada para considerar la posibilidad de que él me había derrotado, hice exactamente eso. Giré mis muñecas para tomar su mano y luego empujé su brazo por la altura del codo. Volteé y luego usé mi peso corporal para empujarlo fuera de balance y hacerlo caer. Terminé el movimiento, él en una rodilla.

Mejor, afirmó, en el suelo, pero no hubo mucho tiempo para la celebración.
Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, estaba de pie nuevamente, me tiró de una vuelta y terminé en el suelo sobre mi espalda.

Y después estaba de vuelta en su posición favorita-extendido encima de mí, con las manos sujetando mis muñecas al suelo.

Puse mis ojos en blanco en la oscuridad.

¿Lista para rendirte?, preguntó.

No hice caso a su ventaja física y respondí con acción, levantando la pierna izquierda en una patada de tijera y usando la inercia para invertir nuestras posiciones. Me las arreglé para conseguir estar encima de él, pero no se quedó allí por mucho tiempo. Me dio vuelta otra vez, y luego lo di vuelta nuevamente, y ahí estábamos, dos vampiros, rodando por el
suelo, como niños. Estuve agradecida de nuevo de que las luces estuvieran apagadas y estar fuera de la vista del resto de la Casa (O al menos eso supuse. Eran ellos mejores que yo en ver en la oscuridad? Si no, estaban obteniendo un espectáculo bastante malo.)
Finalmente logré sacudírmelo de encima, luego me puse de pie y sentí la ligera vibración en la estera cuando él se puso de pie. Nos rodeamos entre sí por un momento, pero cuando levanté la mano para bloquear un golpe que estaba segura de que se dirigía hacia mi cara, me agarró la muñeca, y luego me tiró hacia él hasta que mi cuerpo estaba ajustado contra la larga línea del suyo.

Mi corazón se disparó.

Nos quedamos en la oscuridad, mi mente absorbida por la sensación de su mano alrededor de mi muñeca y la otra apoyada en mi espalda.
Ethan era lo suficientemente alto que la parte superior de mi cabeza estaba por debajo de su barbilla. Mantuve mi mirada a la altura de su clavícula-con miedo de que si miraba para arriba, él utilizaría el movimiento como excusa para mirar hacia abajo. Nuestros labios se alinearían y sería el final para mí.

Lentamente- poco a poco-bajó la cabeza, sus labios contra mi pelo. Escalofríos subiendo por mis brazos, mis ojos cerrados; mi piel hormigueaba con una embriagadora combinación de lujuria y poder. Estábamos liberando magia otra vez, el nítido, brillante cosquilleo de ella llenando el espacio ocupado entre Ethan y yo.

Fue entonces cuando mis ojos se abrieron, al darme cuenta de lo que había estado tratando de enseñarme.
Dejó que liberara mis manos y apreté una palma contra su pecho para empujarlo hacia atrás unos cuantos pasos. Se movió de buena gana y me dio espacio para aprender.

No podía ver en la oscuridad, y desde luego no podía oír con el estruendo de ruido que nos rodeaba. . . pero justo como lo había hecho hacia un momento, pude sentir la magia en el aire.
Ese golpe no había sido un golpe de suerte. Detectar magia era una especie distinta de visión, pero era una visión de todos modos.

Allí, en la oscuridad, a unos pasos delante de él, levanté una mano y arrastré mis dedos sobre las corrientes eléctricas que nos rodeaban, sintiendo los golpes y las crestas de la magia que se filtraba de nuestros cuerpos. Podía sentir la mezcla de nuestra magia con nudos en el espacio entre nosotros, y el lento desaparecer de la sensación más hacía que estirara los dedos.

Dejé que mis dedos subieran y bajaran mientras la presión cambiaba, no muy diferente a sacar una mano fuera de la ventana de un automóvil en movimiento.

Lo más importante, la corriente cambiaba a medida que él se movía, creando un cosquilleo bajo mis dedos. Lo sentí moverse hacia mi derecha, su cuerpo recto mientras me miraba y entonces dirigía una patada hacia mi cara.

Era su jugada favorita, y lo había señalado a la perfección.

Me dejé caer, y cuando se acercó a mi, ofrecí mi propia patada circular, un tiro bajo que trajo a su otra pierna por debajo de él.

Golpeó el suelo.

Como por su orden silenciosa, la música se apagó, y las luces se encendieron.
Parpadeé en el vacío repentino del ruido y el brillo de las luces del techo.

La sala, el público, estaba completamente en silencio, probablemente absorbidos por la vista de la Centinela en sus pies -y su Maestro en el suelo.

Yo no lo llamaría una victoria. Después de todo, lo único que realmente hice fue dejarlo sin balance.
Pero eso era algo. No era todo, pero era un paso adelante.
Ethan puso sus manos detrás de él, levantó sus piernas, cambió su peso y saltó sobre sus pies. Me deslizó una mirada.

Tragué saliva, no del todo cómoda con haber puesto a mi Maestro en el suelo de nuevo, incluso aunque hubiera finalmente aprendido la lección que estaba tratando de enseñarme.

Luego su expresión se suavizó.

"Mejor", dijo.

Me incliné respetuosamente, la estudiante agradeciéndole al profesor por una lección bien enseñada. Esa lección hecha, ya era hora de pasar a la próxima crisis. "¿Cuándo nos vamos para la pre-reunión?"

"Dentro de una hora. Cámbiate y encuéntrame en el sótano. "

Asentí con la cabeza, luego me dirigí de nuevo al borde de la estera, agarre la camiseta, los zapatos, y, lo más importante, mi katana. Supuse que iba a necesitarla.


TRADUCIDO POR SOFIA


CORREGIDO POR LU

Read more...

Twice Bitten- Capítulo 3




CAPÍTULO TRES

LAS ESCONDIDAS


“Te he prestado a Gabriel,” añadió a modo de explicación.

Solo podía parpadear. “Lo siento, sonó como si dijeras que me has prestado a Gabriel?”

“Bueno, bueno,” dijo una voz en el umbral. “No estoy de suerte, por conseguir a una Centinela prestada?” Sin siquiera un sonido, Gabriel Keene, Cabeza de la Manada Central de Norteamérica de cambia formas, hizo su entrada a los departamentos de Ethan. Se quedó de pie en la puerta, manos todavía en las perillas, la luz del pasillo derramándose en la habitación.

Gabe caminó dentro, luego cerró las puertas detrás de él. “Tu segundo al mando me hizo pasar. Le dije que las introducciones no eran necesarias.”

“Gabriel,” dijo Ethan, extendiendo una mano y caminando hacia él. Gabriel la sacudió, sus pesadas botas negras crujiendo en los pisos de madera dura mientras se movía.

Ellos eran un interesante contraste: Ethan-rubio, alto y delgado, vestido con una impecable camisa y pantalones de traje; Gabriel-cabello castaño alborotado, hombros anchos, vestido con jeans y una camiseta negra. Ethan no se quedaba atrás, pero Gabriel era tan masculino, y toda esa energía cambia formas prácticamente sacaba el aire de la habitación. Consideré a su muy embarazada esposa, Tonya, una chica con mucha suerte.

Cuando él y Ethan hubieron terminado su varonil apretón de mano, Gabriel levantó la vista hacia mí. “Cuál es la tarifa habitual por un préstamo de Centinela en estos días?”

“Paciencia,” dijeron Luc y Ethan al mismo tiempo.

Un indicio de sonrisa apareció en el rostro de Gabriel. Rodé los ojos.

“Recuerdas a Luc, Capitán de mis Guardias?” Ethan dijo, señalando a Luc.

“Y a Merit, por supuesto?”

Gabriel asintió hacia cada uno de nosotros a su vez.

“Sírvete comida,” Ethan dijo, extendiendo un brazo hacia el carro.

Gabriel sacudió su cabeza, luego hizo un gesto hacia uno de los sofás a medida de Ethan. “ Puedo tomar asiento?”

Ethan asintió amablemente, luego se unió a Gabriel en el área de los asientos. Luc los siguió. Agarré una galleta e hice lo mismo, pero me senté en el suelo de piernas cruzadas.

“Recién terminamos de entrenar,” le dije a Gabriel con una sonrisa de disculpa, luego señalé la silla vacía de Luis XIV al lado de Luc. “Preferiría no tener un sermón sobre arruinar antigüedades.”

“Mi Centinela es actualmente elevada en una mezcla de queso y carbohidratos,” Ethan le dijo a Gabriel como compinches. “Respetuosamente, yo la ignoraría si fuera vos.”

“Te dejaré ese trabajo a ti. Quizás deberíamos ir al grano?”

“Siéntete libre.”

Gabriel frunció el ceño, cruzó el tobillo derecho por encima de su rodilla izquierda. “Sería mejor que comenzara por el principio. Los cambia formas son un grupo independiente. No quiero decir que vivimos una existencia solitaria-totalmente lo opuesto. Estamos organizados en Manadas, después de todo. Pero tendemos a vivir en los márgenes de la sociedad humana. Los vampiros suelen pensarnos como una tienda de campaña y la pandilla Jeep, un cerdo y la pandilla Harley, rock ‘n’ roll y la pandilla de Jack Daniel.”

A pesar de que había oído esa descripción, los únicos cambia formas que conocía además de Gabe-eran Jeff Christopher, un cambia forma/genio en computación y uno de los empleados de mi abuelo, y la familia Breckenridge de Chicago, quienes eran adinerados-eran exactamente lo opuesto. Por otra parte, los Brecks nos habían tratado de chantajear. . .

Gabriel se encogió de hombros, y su voz se suavizó un poco. “Esa descripción no es enteramente falsa. Y eso significa que desde el punto de vista del temperamento, los miembros de las Manadas están generalmente desinteresados en los humanos, en otros supernaturales. No están interesados en la estrategia.”

“Y en qué están interesados?” Luc preguntó.

“En la familia,” Gabriel dijo. “Sus familias, sus niños, en la unión de las Manadas. Son leales, y como uno, ellos seguirán las decisiones de la Manda. Pero esa actitud, los puede hacer, digamos, insulares.”

Ethan se humedeció los labios, como si se dispusiera a abordar un tema incómodo. “Ha habido rumores sobre la Manada regresando a casa a Aurora.”

Aurora era el hogar ancestral que Ethan había mencionado antes, un pueblo remoto en lo salvaje al norte de Alaska. Por lo que había entendido, era donde los cambia formas se congregaban cuando necesitaban escapar de las maquinaciones humanas. Era también un lugar para esconderse-para desaparecer cuando las cosas se complicaban. . . o cuando los vampiros se metían en problemas. Era su retirada colectiva cuando la vida supernatural se ponía demasiado pegajosa.

Llevaba siendo un vampiro por menos de tres meses. El drama era ocasionalmente abrumador, por lo que entendía las ganas de retirarse. Pero no estaba emocionada por la idea de ser dejada atrás.

Para su crédito, Gabriel consiguió no retorcerse bajo la mirada escrutadora de Ethan. Pero una baja ola de magia llenó la habitación, como un silencioso gruñido, desagradablemente áspero.

Luché contra el impulso de rodar mis hombros contra el incómodo hormigueo. También abrí la conexión telepática entre Ethan y yo para ofrecer una advertencia silenciosa.

Se está enojando. Avanza cuidadosamente.

Estoy deseando probar las aguas. Ethan contestó en respuesta. La respuesta era sorprendente-Ethan era generalmente estratégicamente conservativo.

Yo también solía pensar que sólo él podría desencadenar la conexión entre nosotros. Al parecer simplemente me estaba ignorando.

“Mi intención es convocar a las Manadas; la decisión final sobre eso será hecha por los líderes de la Manada. Pero asumiendo que nuestra conversación vaya bien, convocaremos, y decidiremos si permaneceremos entre los humanos, o regresaremos a los bosques. Y si la Manada decide que nos iremos,” Gabriel agregó con gravedad, “entonces nos iremos.”

“Por qué ahora?” Ethan preguntó.

“Sabemos que los hechiceros comenzaron a ver cosas, que las profecías están comenzando a aparecer. Profecías de guerra. De batallas venideras.”

Ethan asintió. Habíamos oído a Catcher ofrecer algo así como una profecía.

“Han oído hablar sobre los grupos subterráneos?”

Ethan se inclinó hacia delante. “Qué grupos subterráneos?”

Gabriel tomó la expresión de un hombre a punto de dar malas noticias. “grupos anti-colmillos. Humanos quienes creen que la aparición de los vampiros es la primera señal de un Apocalipsis. . .o de la segunda Guerra Civil Americana.

Ethan se quedó inmóvil.

“No lo sabíamos.” Luc ofreció. “No oímos rumores, ni charla.”

“Como dije, el movimiento es todavía subterráneo. Hemos oído sobre encuentros en el este de Tennessee, pero suena como si todavía fuera rural, transmitido de boca en boca, volantes escritos a mano, ese tipo de cosas. Pero tarde o temprano, será algo electrónico. Preferimos no estar aquí cuando eso suceda.”

Ethan se recostó en su silla, pero no antes de compartir una significativa mirada con Luc. Asumí que estaban hablando silenciosamente sobre alguna estrategia para obtener información sobre los grupos anti-colmillos.

“Entenderás mi preocupación,” Ethan dijo, “sobre su retirada. Si se llevan sus números, sus habilidades, su poder, si se funden de nuevo en la naturaleza, entonces nos dejan aquí.”

“Solos” era la palabra que Ethan no dijo-solos contra una marcha de opinión humana que estaba, si Gabriel tenía razón sobre los rumores subterráneos, comenzando ya a volverse contra nosotros.

Gabriel sacudió su cabeza. “Si nos quedamos, qué será de nosotros? Entiendo tu miedo-“

Ethan levantó una mano, deteniéndolo. “Con todo el debido respeto, Gabriel, tu no entiendes nuestro miedo.”

Eso causó otra chispa de adrenalina, esta vez emanando del lugar de Ethan. Las tensiones se estaban elevando, la carga colectiva de años de animosidad entre estos dos hombres y las personas que trataban de proteger.

Gabriel se puso de pie, luego paseó a una esquina de la habitación. Se recostó contra la pared más lejana, poniendo espacio entre él y el resto de nosotros, luego levantó su mirada hacia nosotros nuevamente.

“Tienen suerte, en cierto sentido, de que los humanos crean entender a los vampiros. Pueden creer que eran un mito, pero también creyeron entender su biología. Los humanos alternativamente han buscado unirse a ustedes o exterminarlos. Pero nosotros? Seríamos vistos como animales. Sujetos experimentales.”

Aunque Catcher una vez me dijo que Jeff podía arreglarse solo, tuve un repentino impulso feroz de encontrarlo y abrazarlo, de asegurarme que estaba a salvo de cualquier persona que tratara de hacerle daño.

“Si nos quedamos,” Gabriel dijo, su mirada en el suelo, “marginarnos, o ser marginados, es inevitable. Y nada placentero seguiría después.”

El peso de sus palabras colgó en el consiguiente silencio.

“Entonces quizás,” Ethan dijo después de un momento, “es tiempo de que nos entendamos uno a otro como somos, sin falsas expectativas entre nosotros.”

“No estoy seguro de que podamos borrar la pizarra,” Gabriel dijo. “Hay demasiada historia.”
Vi una rápida llama de decepción en los ojos de Ethan, y mi corazón se estrujó.

También vi mi oportunidad, así que la tomé. Me puse de pie, luego miré entre ellos, y usé un poco de esa técnica para dar discursos en la que Ethan era tan bueno.

“Tenemos una gran oportunidad,” les dije, luego miré a Ethan. “La mayoría de los humanos, al menos en el presente, piensan que los vampiros son geniales. La animosidad, debe ser generada nuevamente, pero por hoy, estamos a salvo.”

Luego me volteé hacia Gabriel. “Si esta convocación ocurre, será para hablar, cierto? Para decidir qué hacer? Con su asentimiento, continué. “Luego tendrán tiempo para tomar una decisión. Tienen el lujo de trazar un curso, en vez de solamente reaccionar ante una crisis, cuando alejarse para proteger a tu gente se siente como la única opción real.”

Me detuve por un momento, parpadeando mientras pensaba que decir a continuación. Cuando nada florido vino a mi mente, simplemente dije la verdad. “No envidio a ninguno de los dos la decisión de qué hacer a continuación. Y no he sido un vampiro por el tiempo suficiente para tener el mismo sentimiento de historia que ustedes tienen. Pero quizá es tiempo de tratar algo diferente?” Miré a Gabriel. “Convoca. Habla con tu gente sobre Aurora. Pero piensa sobre pedir algo más de ellos. Algo más de lo que han dado antes.”

Miré a Ethan, cuya cabeza estaba inclinada pensativamente-apreciativamente-mientras me miraba en respuesta. “Los vampiros están bien conectados,” Le recordé. “Si los cambia formas se quedan y son forzados a salir del closet, entonces que podemos hacer nosotros sobre eso? Cómo podemos ayudar? Si se sacrifican por nosotros, cómo podemos asegurarnos de que no lo harán solos?”

Abrí la boca para continuar pero, dándome cuenta que había dicho todo lo que necesitaba decir, la cerré nuevamente. Los siguientes pasos tendrían que ser suyos.

Hubo otro largo momento de silencio, roto cuando Gabriel finalmente asintió.

“Tal vez agarraré algo para comer,” dijo, luego caminó hacia el carro.

Con ese simple gesto, la tensión se evaporó.

No pude evitar compartir con Ethan la sonrisa victoriosa que se elevó en una esquina de mi boca. Rodó sus ojos pero se levantó de su silla y caminó hacia mí.

“Impresionante,” susurró cuando me alcanzó.

“Todo en una noche de trabajo.”

Asintió con su cabeza, hacia el Ápice actualmente ojeando la variedad de quesos, carnes y galletas. “Es un hombre hecho de tu corazón.”

“Él no es el único que aprecia mi amor por la comida. Quiero decir, podrías considerar que bien te he entrenado.”

Arqueó una ceja dudoso, y su voz apenas podría haber sonado más sarcástica. “Disculpa?”

Luc soltó una risilla desde su silla, con la barbilla en la mano, mientras nos observaba con obvia diversión.

“Oh, capté esta, Centinela. Liege, con todo respeto, usted ha hecho abastecer esta reunión con comida y bebida.”

La expresión de Ethan empalideció un poco.

Consideré eso otra victoria.

Para el momento en que nos volvimos a juntar, Gabriel y yo habíamos comido hasta llenarnos de los snacks de Cadogan. Estábamos reunidos en la sala de estar nuevamente. Me senté de piernas cruzadas en el suelo; Ethan, Luc y Gabriel sentados en las sillas y sillones.

“Ahora que hemos discutido la filosofía,” Ethan comenzó, “cómo podemos ayudar con los proyectos?”

Gabriel metió un trozo de salchicha con salsa de verano en su boca. “Primero que todo, nos reuniremos mañana en la noche con los líderes de las Manadas Americanas.” Me miró, diversión en sus ojos. “Puntos Bonus, Gatita, si puedes nombrar a los otros líderes de las Manadas.”

“Debes saber esto del Canon,” Ethan agregó. Rodé mis ojos, pero actué el papel de alumna obediente. . .y agradecí a Dios realmente haber leído el capítulo en la guía de referencia sobre las poblaciones supernaturales. (Capítulo 7: “Arriba los supernaturales!”)

“Oh, uh, Jason Maguire, Atlántico Consolidado. Robin Swift, Occidente.” Apreté mis ojos cerrados, tratando de mentalmente retroceder por las páginas del Canon para encontrar el nombre final. “Gran Noroeste. . .Um.”

“Aquí tienes una pista,” Luc dijo. “Su nombre es la mitad de un tigre dibujo animado, y medio jugador de football.”

Se me encendió la lamparita. “Tony Marino, Gran Noroeste.”

Gabe asintió. “Bien hecho. De todos modos, el punto de este encuentro será para asegurarse de que todos los alfas están a bordo. Las Manadas seguirán las instrucciones de sus algas. No necesito que Robin, Jason y Tony tomen la decisión de quedarse, pero necesito que estén de acuerdo en que llevar la pregunta a las Manadas es el curso correcto de acción.” Se inclinó hacia delante, codos en sus rodillas, manos cruzadas ante él. “Necesito que acepten la posibilidad de que el statu quo se someterá a un profundo cambio para el final de la semana, de un modo u otro.”

“Esperas que rechacen la convocación? Luc preguntó.

Gabriel frunció el ceño. Su mirada en el pequeño plato en su mano mientras recogía su contenido. “No espero mucho drama de parte de Jason o Robin,” dijo. “Pero Tony es otra historia. El Gran Noroeste tiene su sede en Aurora, y él es rápido en apretar el botón de pánico. Le gusta jugar al rey del castillo. Y si piensa que hay algún argumento por el que deberíamos volver a casa, tratará de mandarnos allí y sin antes una convocación.” Se encogió de hombros.

“Alfas no emiten dictados desde lo alto, ni tampoco nos limitamos a seguir nuestra propia agenda. Tomamos las mejores decisiones para la Manada; encarnamos la voz colectiva, en cierto modo de hablar. Bueno, lo vamos a saber cuando nos enteremos. Les daré la dirección para la reunión. Cuando lleguen allí, encuentren a Berna. Difícilmente no la verán.”

Ethan asintió en entendimiento. “Y después de la reunión?”

“Asumiendo que todo irá bien, nos convocaremos el Viernes.”

Hoy era martes. “Son tres días tiempo suficiente,” pregunté en voz alta, “para que se reúnan todos los miembros de la Manada en Chicago?”

“No serán todos los miembros de la Manada, solamente los activistas. Algunos ya están aquí, algunos están esperando órdenes. Ustedes conocen a los Breckenridges-el tipo de vida que llevan. Ellos están atados a este territorio. La mayoría de nosotros somos movibles.”

“Dónde se reunirán?” Ethan preguntó.

“Hemos encontrado un lugar en el pueblo Ucraniano-algunos de nuestros miembros tienen conexiones al barrio de la Madre Patria.” Se encogió de hombros. “Es un más bajo perfil que alquilar un salón de baile en el Hyatt.”

Ethan asintió. “Y dónde entramos nosotros? Dijiste que querías hablar sobre arreglos de seguridad. Era eso en referencia a la convocación o a la reunión, o ambos?”

Gabe hizo un gesto con una galleta. “Ambos. Y actualmente tengo a ambos, tú y Merit en mente. Ambos son habilidosos, capaces. Ofrecen algo extra a la mesa.” Algo colmilludo, silenciosamente pregunté, o algo relacionado con el acero y las características de samurai?

“Ustedes les recuerdan por qué nos estamos reuniendo,” Gabriel dijo, como respuesta a mi silenciosa pregunta. “Les recuerdan qué está en juego, y por qué les he pedido que viajen desde Aurora o Charleston o desde el Bronx hasta Chicago. Les recuerdan las consecuencias de la decisión a tomar, de dejar los asuntos entre humanos y vampiros detrás. Y además,” agregó, mirándome con humor en su mirada, “tienes la atención de uno de mis miembros favoritos de la Manada. Entiendo que tú y Jeff Christopher son amigos?”

Mis mejillas se calentaron con un cálido rubor. Jeff era un amigo; él también sentía una gran atracción por mí. Más importante, había hecho a los vampiros algunos serios favores, ayudándonos a descubrir que Peter era el saboteador que ayudaba a Celina desde los salones de la Casa Cadogan.

“Jeff es un fabuloso amigo,” estuve de acuerdo.

“Él fue una parte integral en la resolución de la amenaza de los Breckenridge,”
Ethan agregó.

Gabriel asintió. “Jeff es buena gente, y tu abuelo, Merit, ha hecho bien con él. Jeff está en una buena situación, y no está tomando las políticas del conflicto vampiro-cambia formas. Pero no estoy seguro de que esté con la mayoría. Voy a ser honesto Ethan. Creo que las probabilidades de que ellos decidan dirigirse a casa son bastante grandes-sesenta, setenta por ciento quizás. Y si eso es lo que deciden, voy a acatar esa decisión. Mi responsabilidad es darle voz al debate, dejar que alcancen la mejor decisión para las Manadas, de la manera que eso sea definido.”

“Entiendo,” Ethan dijo en voz baja. “Aprecio tu sinceridad, y que lleves la cuestión a la Manada.” Pero era fácil decir que eso no era lo que quiso decir, y que tenía más palabras elegidas para la posibilidad de que los cambia formas no tomaran, por una vez, la decisión correcta.

Gabriel miró a Ethan. “Sé que tienes personal de seguridad, y que ellos son probablemente capaces de hacer esto por cuenta propia. Pero lo consideraría un favor personal si pudieras estar allí. Que un Maestro concurra, muestra a las Manadas que los vampiros están preparados para escuchar, no solo juzgar. Eso es importante.”

Ethan dejó que el peso de esas palabras colgara en el aire por un momento. “A este punto, anticipas violencia?”

Asumí que lo preguntaba porque los cambia formas, al igual que los hechiceros, parecían tener alguna llave hacia el futuro.

“Te seré honesto-no me sorprendería. Estamos hablando de personas con muchas emociones contenidas y algunas muy específicas ideas sobre si deberían tomar unas largas vacaciones o sufrir un verano en Chicago porque los vampiros no están jugando limpio. Estoy parafraseando en eso, por supuesto.” El tono de Gabe no podría haber sido más seco.

“No tengo ninguna objeción en participar,” dijo. “Pero ya que efectivamente le estamos pidiendo a ella que se arriesgue por el bien de aquellos quienes, en última instancia, podrían abandonarla, creo que lo mejor es que se le permita a Merit decidir por sí misma si asistirá.” Me miró, probablemente vio el shock en mi rostro, y levantó las cejas en forma de interrogación. “Merit?”

Me tomó un momento recomponerme, no por la pregunta-estaba obligada por juramento y honor a ayudar a proteger la Casa Cadogan, y esto claramente contaba entre esos deberes-sino por que él confiara lo suficientemente en mí para preguntar eso.

“Por supuesto,” dije, deslizando mi mirada hasta Gabriel y asintiendo para dejarle saber que el trato estaba hecho.

Soltó una lenta respiración, luego se inclinó hacia delante y puso su plato de snacks en la bandeja de tapa otomana que estaba colocada entre él y Ethan. “Una cosa más,” dijo.

“En términos de las reglas de combate, necesito pedirle que no tomen acción a menos que sean requeridos. Pienso que los beneficios de que estén allí sobrepasan el riesgo, pero si hacen un movimiento no solicitado sobre un cambia formas frente a cuatro Manadas, ya no estaremos hablando hipotéticamente sobre una guerra. Estaremos malditamente en el medio de una.”

“Entendido,” Ethan dijo después de un momento.

Con eso, Gabriel se puso de pie, luego miró entre Ethan y yo. “Sé que ésta no es el tipo de cosas en las que normalmente participan. Aprecio su ayuda, incluso si estamos jugando a los vampiros simbólicos.” Miró a Luc. “Asumo que quieres material por adelantado?”

Luc asintió, rizos rubios rebotando alrededor de su rostro. “Eso sería apreciado.”

“Bien. Una vez que estemos seguros de que esto es un hecho, les enviaré instrucciones sobre la ubicación, algún mapa interior en caso de que quieran pensar sobre protocolos, salidas, lo que sea. Y hazme un favor-sin Armani. No funcionará para esta multitud.”

“Sin Armani,” Ethan acordó.

“Entonces te enviaré la dirección a la brevedad, y los veré mañana a la noche.” Deslizó su mirada de ojos avellana hacia mi posición. “Cuero, quizás, Gatita?”

“Estoy seguro de que encontrará algo apropiado,” Ethan intervino oscuramente, levantando una mano. “Tienes mi información de contacto. Estaremos esperando los detalles.”

Caminaron hacia la puerta, el líder de los vampiros y el líder de los cambia formas, el destino de miles en sus manos. Se saludaron, y cuando Ethan abrió las puertas, Helen-la madre recepcionista de la Casa-estaba esperando allí, probablemente para acompañar a Gabriel hasta abajo. Ethan debió haber usado su cosa telepática para darle instrucciones.

Cuando hubo cerrado las puertas otra vez, Ethan se dirigió directo al carro abrió una caja de Blood4You.

“Y luego dicen que los vampiros son dramáticos,” Luc entonó.

Ethan terminó la caja en un solo trago, luego estrujó el recipiente en su mano. Cuando nos miró nuevamente, sus normalmente ojos verdes se arremolinaban con restos de plata. Se había puesto un poco vampiresco, y no estaba segura si era a causa de la sangre, o porque la sangre lo había traído nuevamente al modo completo de vampiro.

Luc agarró su propia caja de sangre del carro y metió una pajilla descartable dentro. “Lindo pequeño discurso el que diste allí, Centinela.”

Me encogí de hombros. “Soy una Merit. Podemos dar una buena charla cuando surge la necesidad.”

“Bien hecho,” Ethan estuvo de acuerdo.

Crucé mis brazos e incliné mi cabeza hacia Ethan. “Si ellos se van, es realmente una pérdida? Quiero decir, hemos sobrevivido, y ellos nunca se han puesto de nuestro lado antes, entonces por qué importa? Incluso si ocurre lo peor-si Celina empieza algún tipo de guerra interna entre los vampiros o los humanos se vuelven contra nosotros, qué importaría si ellos ya no están?”

“Los vampiros son predadores,” Ethan dijo. “Los humanos caminan sobre la línea entre predadores y presas. Pero los cambia formas son parientes y amigos de la tierra misma. Ellos tienen poderes que pondrían en vergüenza a las habilidades de Catcher. Nosotros carecemos de magia. Los hechiceros pueden usar esa magia, conducirla, moldearla según sus deseos. Pero los cambia formas son magia. Son parte de todo lo que los rodea. Si ellos se retiran, nosotros perdemos esa conexión con el mundo, con la tierra, con Chicago, y todos seremos menos por eso. Perdemos su fuerza. Perdemos también sus números. Perdemos potenciales aliados que podrían defendernos-y como señalaste, quienes pueden confiar en nosotros para defenderlos a ellos.”

“Si nos abandonan de nuevo,” Luc dijo en voz baja, “el daño puede ser mucho peor-no solo estaríamos luchando contra un ejército de campesinos franceses con mosquetes y alguna bayoneta ocasional.”

“Bueno, no sigamos machacando en hierro frío,” Ethan dijo después de un momento. “La pre-reunión es mañana a la noche. Apareceremos, empuñaremos nuestro acero, y probablemente aprenderemos mucho más sobre los cambia formas. Eso es todo lo que podemos hacer por ahora.” Me miró. “Estoy un poco preocupado sobre si tus habilidades de combate serán necesarias. Todavía no me has podido vencer en un mano a mano.”
“Pero ella maneja las Katas como un maestro,” Luc dijo, llevando su caja de bebida hacia el sillón. “Al menos es media habilidosa.”

“Preferiría ser buena en los dos,” Dije, entre los mordiscos a la salchicha. Estaba buena-carnosa y sabrosa, con la cantidad justa de picante.

“Ya llegará,” Ethan dijo, su tono confiado. “Dada la naturaleza fragmentada de tu cambio, seamos pacientes. Bueno, al menos hasta que entrenemos mañana a la noche.”

“Tal vez mañana sea el gran día,” dije, deseando que no tengamos que esperar mucho más. Y hablando de problemas que esperan ser solucionados. . .

“Ya que estamos aquí, qué me pueden decir sobre la Guardia Roja?”

Las cabezas de Ethan y Luc se irguieron tan rápido, y con tanta alarma en sus expresiones que hubieras pensado que había sugerido vampiricidio.

Ethan se sentó en el sofá, luego rodó sus hombros como si la tensión de repente se hubiera vuelto insoportable. “Dónde escuchaste sobre la Guardia Roja?”

Tiré de la punta de un cuadrado de cheddar y lo metí en mi boca, con el objetivo de parecer indiferente. “Había algunas referencias en un par de libros de historia vampírica que encontré en la biblioteca.”

Cuando Ethan le arqueó una ceja a Luc, tartamudeó una respuesta.

“Oh, bueno, estás en la necesidad de saber, Centinela,” Luc dijo, luego levantó sus cejas a Ethan, como esperando el visto bueno para continuar. “Y justo ahora no necesitas saber.”

Tomé el axioma, asumiendo que Luc estaba citando alguna película de la que no había oído hablar, y levanté la vista hacia Ethan. Me estaba mirando fijamente, su expresión plana. Supuse que no estaba dispuesto a discutir sobre la RG. Sabía que estaría en contra de la organización y su propósito, pero esperaba un vitriolo, no silencio. Dado su gran amor por los discursos, esto era todo un logro.

“Bien,” dije, poniéndome de pie. “En ese caso, si hemos terminado por hoy, me marcho.” Miré a Ethan. “Te veré a primera hora en el Salón de Combate.”

Ethan asintió. “Te puedes ir.”

“Te acompañaré a las escaleras,” Luc dijo, saltando del sofá. Volvió su vista a Ethan. “Necesito ver a una chica. . . sobre una chica,”

“Y hablando de cosas que no necesito saber,” Ethan dijo ligeramente, y lo despidió con una mano. “Ve a verla.”

Luc agarró un palillo de dientes de una salchicha y queso antes de acompañarme a la puerta. Cuando estuvimos en el pasillo, las puertas cerradas detrás de nosotros, Luc empezó a soltarlo.

“La RG es la versión vampira de la aplicación de la ley en el departamento de asuntos internos,” dijo. “Pero con una inclinación regular. Fueron creados para proteger a los miembros originales del consejo francés, pero siguen alrededor. Ahora son más que una organización de perros vigilantes. Eso los hace problemáticos.”

Nos dirigimos hacia las escaleras, luego bajamos hasta el segundo piso. “Y es por eso que a Ethan no le gusta hablar sobre ellos?”

“Centinela, parece Ethan Sullivan del tipo que aprecia que su autoridad sea desafiada?”

“No es realmente lo suyo,” estuve de acuerdo. Fue exactamente por eso que me contuve de darle a Noah una respuesta. No es que pensara que mantener un ojo en los Maestros fuera una mala idea-por ejemplo en el caso de Celina-pero podía apreciar la sensibilidad de Ethan.

Nos detuvimos en frente a la puerta de mi habitación favorita en la Casa Cadogan-la biblioteca.

Luc miró a la puerta, luego a mí. “Estás en busca de más información inapropiada?”

“Si no los mantengo alertas, Luc, que diversión tendría?”

Sacudió su cabeza divertido, pero luego se volteó y dirigió directo hacia las escaleras… y hacia la habitación de Lindsey. “Tienes que ver a una chica sobre una chica?”

Le grité.

Contestó con un ademán. Eso era lo que obtenía, supuse, por retar a un vampiro.




El luto era un sentimiento miserable. Un amigo me dijo una vez que el dolor que venía con el fin de una relación era doloroso porque era la muerte de un sueño-el futuro que habías imaginado con un amante, con un amado, un niño, o un amigo. Esa pérdida era su propio dolor, casi una cosa tangible. Tenías que re-imaginar tu futuro, tal vez en un lugar diferente, con personas diferentes, haciendo diferentes cosas de las que habías imaginado al principio.

En mi caso, era imaginar un futuro sin mi mejor amiga-sin Mallory. Nos habíamos dichos cosas hirientes, cosas que se interponían entre nosotras. Habíamos hablado desde entonces, pero esa brecha continuaba allí, una barrera que parecía infranqueable, al menos por ahora.

Era quizás el tipo más frustrante de ruptura-cuando la persona que amas vive pasando una calle, en el mismo edificio, o cruzando la ciudad pero todavía es inaccesible para ti.

No me atrevía a llamarla. No parecía correcto-como una llamada que violaría el silencio que habíamos acordado.

Eso fue lo que me llevó a mi auto dos horas antes del amanecer-dos horas antes de que el sol me mandara a lo profundo de la inconsciencia (y peor, si no era cuidadosa) dirigiéndome al norte de Hyde Park al Wicker Park, al vecindario de Mallory.

Me juré que no conduciría pasado el edificio de ladrillos que habíamos compartido; que lucía un poco demasiado extraño incluso para mí. Además-ver las luces encendidas, el brillo de la televisión, la sombra de personas frente a la ventana- me haría mucho más miserable. Su vida no se suponía que debía continuar. Sabía que sonaba mezquino, pero se suponía que también debía ser difícil para ella. Que debería estar de duelo, como yo.

En cambio me quedé en el lago Shore Drive. Conduje más allá de su salida, el lago a mi derecha, luego apagué la radio y bajé la ventana. Conduje hasta terminar la calle. Y luego me detuve.

Aparqué y salí del coche, luego me recosté contra éste y miré fijamente el agua. Con un muy necesitado espacio entre el Wicker Park y la Casa Cadogan, dejé caer las defensas que había erguido, y dejé que los sonidos y olores de tres millones de personas, sin mencionar a los vampiros, cambia formas y hadas, me dominaran.

Y en ese sonido y sensación de océano, me perdí por un tiempo, encontrando el vacío, el anonimato que necesitaba.

Me quedé allí, mi mirada en el agua, hasta que estuve lista para regresar a casa nuevamente.

La Casa estaba todavía iluminada cuando regresé, los vampiros dentro todavía no estaban preparados contra el amanecer. Las hadas mercenarias quienes cuidaban la verja estaban de pie tranquilas e inmóviles. Una de ellas asintió cuando pasé. Después de que atravesara la verja y dentro de los vastos terrenos de la Casa, me detuve y levanté la vista al cielo. Era todavía de un negro como la tinta. Faltaba poco tiempo para el amanecer.

Mi alma estaba más tranquila de lo que estaba cuando me fui, pero no estaba lo suficientemente tranquila para regresar dentro. En cambio, pisé el césped y caminé sobre él, alrededor de la Casa. El patio trasero de Cadogan era como el patio de recreo para unos vampiros atados a la noche-barbacoa, piscina y una fuente dentro de un jardín bien mantenido. Estaba vacío ahora, los vampiros-sino dormidos-ya dentro.

Caminé hasta la piscina con forma de riñón, luego me arrodillé junto a ella y recorrí con los dedos la superficie del agua.

No levanté la vista cuando oí suaves pasos.

“Es una noche agradable,” dijo.

“Sí, lo es.” Sacudí el agua de mis dedos, luego me puse de pie nuevamente. Ethan estaba en el otro lado del agua en sus pantalones y camisa, con sus manos en los bolsillos del pantalón, su cabello detrás de sus oídos, la medalla de oro Cadogan asomándose por el triángulo de piel en el hueco de su cuello.

“Te fuiste?”

Asentí. “Por un pequeño rato. Solamente para despejar mi cabeza.”

Inclinó su cabeza hacia mí. “Cambia formas?”

Asumí que estaba preguntando si ellos eran la razón por la que necesitaba espacio. “Hechiceros,” Lo corregí.

“Ah,” dijo, luego bajó su mirada hasta el agua. “Mallory?”

“Sí. Mallory.” Sabía que habíamos peleado. No creía que supiera que él había sido la razón por la que habíamos peleado-parte de ella, de todos modos.

Ethan cruzó sus brazos sobre el pecho. “La transición puede ser un reto para los amigos. Para nuestros seres queridos.”

“Sí, definitivamente lo puede ser,” estuve de acuerdo, luego opté por cambiar de tema. “Qué estás haciendo aquí fuera?” Cambia formas?”

Sí.” Repitió, un indicio de sonrisa en su rostro. “Cambia formas.”

“Tal vez los cambia formas tienen razón,” dije. “Quiero decir, irse a los bosques, manteniéndose a sí mismos.”

“Tu teoría es que si no tienes contacto con nadie, no puedes ser lastimado por ellos?”

Esa era una muy astuta conclusión para un vampiro de cuatrocientos años de edad quien parecía usualmente desorientado sobre las emociones humanas. “Esa sería la idea, sí.”

Esta vez cuando me miró, había tristeza en sus ojos. “No quiero que te vuelvas fría, Merit.”

“No querer ser lastimado no es lo mismo que volverse frío.”

“No al principio,” dijo. Se acercó a una pared de ladrillos que rodeaba la piscina y se recostó sobre ella, con los tobillos cruzados frente a él, brazos todavía cruzados. Y luego me miró, las luces de la piscina haciendo que sus ojos brillaran como los de un gato.

“Ahora que finalmente has completado el cambio, ten cuidado con la influencia de la insensibilidad. Los humanos aceptan el concepto de muerte; pueden no desearla, pero reconocen que el decaimiento del cuerpo humano es inevitable. Los vampiros, por otra parte, tienen la posibilidad de la inmortalidad. Ellos imploran estrategias para protegerla, y a menudo olvidan los detalles de la vida entre el cambio y la estaca de madera.”

Sacudió su cabeza. “Eres una maravilla de fuerza vampírica, y a pesar de eso atesoras tu humanidad y cuidas gratamente a aquellos quienes estaban en tu vida antes del cambio. Mantente de ese modo,” dijo. “Mantente del modo en que eres.”

“Para de coquetear conmigo, Sullivan,” Dije secamente, pero no estaba bromeando. Ethan era lo suficientemente seductor cuando estaba siendo sarcástico; por lo que no estaba preparada para el Ethan cortés.

“Estoy siendo completamente honesto,” Ethan dijo, levantando una mano y sosteniendo dos dedos en el aire. “Palabra de Scout.”

Hice un sonido de duda, luego levanté la vista hacia el cielo. A medida que la Tierra giraba sobre su eje, el añil de la noche comenzaba a cambiar y a aclararse.

“Deberíamos entrar,” sugerí. “A menos que quieras probar tus defensas contra la alergia por la luz del sol?”

“Pasaría la prueba,” Ethan dijo, de pie y tendiéndome una mano, pasé junto a él, a través del patio hasta el patio de ladrillos que nos conducía de vuelta a la Casa, hasta la puerta trasera. Cuando alcanzamos la puerta, se estiró para agarrar el mango, pero se detuvo.

Levanté la vista hacia él.

“No soy tu padre, lo sabes.”

Me tomó un momento encontrar el habla. “Disculpa?”

“Soy capaz de darte un cumplido y ser completamente sincero sobre él.”

Abrí la boca para retrucar, pero me di cuenta que tenía un buen punto.

Ofrecer un cumplido para incitar a alguien a hacer algo era justo el tipo de cosa que mi padre haría. Le dí crédito a Ethan por reconocer la diferencia.

“En ese caso, gracias,” le dije, un indicio de sonrisa en mis labios.

Asintió de buena gana. “De nada. Te veré a la noche.”

“Buenas noches, Sullivan.”

“Buenas noches, Centinela.”

TRADUCIDO POR LU♥

--------------------------------------------------------------------------------

Tuvieron suerte, como mañana no se a que hora me voy a poder conectar les dejo el capítulo ahora, aunque para las chicas españolas es bastante tarde ya. Devorenlo ^^

Read more...

Twice Bitten- Capítulo 2




CAPITULO DOS:

Fuego en la Sangre


Una semana más tarde

El intento, creo, fue perfectamente inocente. Habíamos sido llamados todos juntos, los vampiros de la Casa Cadogan, para una demostración de técnicas de auto-defensa. No era inusual que estuviésemos entrenando – se esperaba que los vampiros fueran capaces de valerse por sí mismos. Después de todo, miles de años de vivir bajo el radar humano tienden a hacerlos un poquito paranoicos. Y Ethan y yo estábamos disfrutando nuestras propias (también perfectamente inocentes) sesiones de entrenamiento mientras aprendía a manejar mi fortaleza vampírica.

Pero Ethan decidió que las circunstancias (Ej Celina) necesitaban de más entrenamiento. No había estado equipada para hacerme cargo de Celina cuando ella apareció en la Casa para atacarme hacía una semana. Y si yo, la vampiro de la cual Ethan estaba convencido que era más fuerte que la mayoría, no podía hacerlo, él estaría comprensiblemente nervioso acerca de la seguridad del resto de los 319 vampiros de Cadogan.

De modo que hice el viaje desde mi habitación en el segundo piso hacia el cuarto de lucha en el sótano de la Casa Cadogan. Lindsey, compañera en la guardia de la Casa y mi mejor amiga vampira, se había unido a mí para que podamos aprender a cómo protegernos mejor de la banda de vampiros lunáticos de Chicago.

Por supuesto, no habíamos esperado obtener una ojeadita del espectáculo en el trato.

“Por Dios,” Lindsey dijo casi sin aliento, al tiempo que ingresábamos al cuarto de lucha. Nos detuvimos al borde de los tatamis que cubrían el suelo, labios separados y ojos bien abiertos mientras inspeccionábamos la vista ante nosotras.

Dos vampiros en la plenitud de su vida inmortal moviéndose a por todo el suelo, músculos flexionándose mientras se aferraban, a pura mano, en intentos por derribar al otro. Estaban luchando sin armas, sin espadas ni aceros, usando manos y pies, codos y rodillas, y el bocadillo físico extra de ser un vampiro.

Y ambos estaban semidesnudos. Ambos peleando descalzos y sin remeras, vistiendo pantalones blancos al estilo de los de artes marciales, los destellantes discos dorados de sus medallones de la Casa Cadogan alrededor de sus cuellos.

La mirada de Lindsey estaba fijada en Luc, el Capitán de los guardias de la Casa Cadogan. Luc era un ex vaquero convertido en soldado vampiro, a lo que se completaba con amplios hombros, un pectoral muy velloso, una cabellera rizada y dorada por el sol que repentinamente había dejado de quitársela de su cara, y con sus músculos tensándose mientras se movía.

Y al otro lado de Luc, su oponente: Ethan Sullivan, Maestro de la Casa Cadogan y el vampiro de 394 años que me trajo al mundo de los colmilludos – sin mi consentimiento, pero admitiendo que mi otra opción hubiese sido una muerte rápida. Él estaba un poco por encima del metro ochenta, y la parte de arriba de ese metro ochenta –la larga, magra línea de planos abdominales y altos pectorales, el rastro de vello rubio que caía por debajo de su ombligo y desaparecía por debajo de la cintura de sus pantalones – destellaba al tiempo que él se volteaba para una patada giratoria.

Luc, pienso, se suponía que finja ser el atacante, pero Ethan estaba haciendo un buen trabajo conteniéndolo. Para todos los trajes de Armani y la apariencia de supermodelo que tenía, Ethan era un habilidoso guerrero. Algo que había sido recientemente obligada a recordar, cuando revoleé mi katana hacia su garganta unas noches atrás.
Mientras los observaba pelear, se me puso la piel de gallina. Asumí que mi iris azul se estaba virando al plateado al tiempo que el calor comenzaba a elevarse por mi cuerpo, el fuego diseminado por la vista de Ethan en acción, agachándose y esquivando y girando mientras se enfrentaba a su oponente. Humedecí mis labios, repentinamente sedienta aunque había tenido la conveniente sangre, embolsada por nuestro proveedor (Blood4you /Sangre-para-tí) hacía menos de veinticuatro horas. Y más importante aún, había tomado sangre directamente de un vampiro hacía sólo una semana.

La de él.

Él me alimentó durante el capítulo final de mi transición a vampiro, cuando había despertado con una sed de sangre tan fuerte que habría matado por obtenerla. Pero no había necesitado de violencia. Ethan había ofrecido su muñeca voluntariamente y yo había tomado completa ventaja, viendo sus ojos platearse mientras tomaba el nutriente que de alguna forma sellaba mi transformación a un predador. A un vampiro.
Ardía mientras lo observaba, mientras sus músculos rotaban y flexionaban, mientras se desplazaba con la gracia de una pantera. Podría haber justificado el calor en mi estómago, llamarlo una reacción consecuente de mi biología vampira en completo funcionamiento, el resultado de observar a un predador en su plenitud, o la atracción de una Novicia hacia el Maestro que la creó.

Pero eso no le hacía justicia a Ethan Sullivan. Ni de cerca.

Él era casi demasiado apuesto como para ser real. Cabellera rubia enmarcando ese hermoso rostro, mejillas por las que pagarían los modelos de Nueva York, ojos que brillaban como trozos de esmeralda. Metro ochenta de dorada piel tensada sobre músculo, y podía dar fe de que todo ese metro ochenta era igual de perfecto. Había captado un vistazo accidental de Ethan justo a medio satisfacer a su amante, quien lo traicionó para unirse con el bando de regocijados malhechores de Celina.

No era difícil imaginar que él fuera el extremo más alto de cualquier cadena de predadores a la que perteneciéramos. No cuando tú observas la alongada, magra línea suya moviéndose a través de la habitación.

No cuando ves la diminuta, brillante perla de sudor que estaba lentamente – muy lentamente – trazando su recorrido cuesta abajo por el medio del plano abdomen de Ethan, un ladrillo de músculo a la vez, simplemente amenazando con deslizarse hacia la cintura de sus pantalones.

Ethan sentía la atracción también. Había ofrecido que fuera su amante incluso antes de que Amber se marchara para unirse al equipo Desaulniers. Compartimos un par de besos, pero me las ingenié para resistir aceptarle el resto de sus ofrecimientos. Ethan me deseaba, sin lugar a dudas. Y yo no era lo suficientemente estúpida como para discutir su atractivo, el cual era innegable.

Pero Ethan era a su vez completamente enfurecedor – lento para confiar, fácil para acusar – y aún no del todo seguro de cómo se sentía acerca de mí. Sin mencionar su bagaje: su presumido sentido de superioridad y su disposición para utilizar a aquellos a su alrededor, incluyéndome a mí, para alcanzar sus objetivos políticos. También estaba el hecho de que nuestro último beso había ocurrido menos de veinticuatro horas antes de que rompiera mi incipiente relación con Morgan Greer, el vampiro que reemplazó a Celina como Maestro de la Casa Navarro una vez que Ethan y yo nos las ingeniamos para sacar una confesión. Me había alejado de ese beso con fuego en mi sangre y culpa en mi corazón.

Sin lugar a dudas podía encontrar una relación con una mejor mezcla de emociones. Con ese pensamiento en la cabeza, la racionalidad regresando, mi sangre comenzó a enfriarse.
“Debería ser ilegal para vampiros presumidos el lucir tan bien,” dijo Lindsey chasqueando su lengua.

“Eso es tan cierto,” acordé en voz baja, pensando que un poco menos de belleza haría mi relación con Ethan mucho más sencilla. Levanté mi mirada de los vampiros que peleaban para inspeccionar el resto de la habitación. El balcón que rodeaba el cuarto de lucha estaba lleno de vampiros, hombres y mujeres. Las mujeres, y unos pocos de los hombres, miraban fijamente a la acción ante ellos, ojos entornados, mejillas enrojecidas, todos ellos disfrutando de la vista.

“Por el otro lado, ellos son los que están creando este pec-táculo.”

Le deslicé una mirada, arqueando una ceja. “Pec-táculo?”

“Ya sabes, como espectáculo,” se pausó para señalar su busto, “pero con más pezones masculinos. No estás de acuerdo?”

Retorné mi mirada al Maestro vampiro quien estaba actualmente inclinándose para recoger un bokken - una katana de madera para las prácticas - de la colchoneta. Músculos apretados y tensados a medida que se movía, pezones erectos en su musculoso pecho.

“Lejos está de mi estar en desacuerdo,” dije. “Han creado todo un pec-táculo. Y cuando los exponen así, difícilmente puedan esperar que no miremos.”

Lindsey me dio un cabeceo de aprobación. “No sé de dónde sale la bravuconería, pero me gusta.”

“La estoy probando,” le susurré, lo cual era cierto. La transición a vampiro no había sido sencilla – psicológica o físicamente – pero estaba comenzando a tomarle la mano. En esencia había pasado por el cambio físico dos veces, dado que la primera vez no había tenido lugar del todo (Ethan, en un golpe de culpa, me había drogado durante la primera transición, lo cual aparentemente había evitado el cambio completo). Y eso estaba por encima del hecho de que me había mudado de la casa de piedra caliza en Wicker Park que compartía con mi ex compañera – y ex mejor amiga – Mallory, hacia la Casa Cadogan. Me las había ingeniado para contener lo mío cuando tuve que lidiar con mi padre y sus apestosos amigos, un paso tomado a pedido de Ethan cuando estábamos tratando de mantener las fiestas clandestinas de los vampiros lejos de la prensa. Y, sin contar las dos veces que había luchado con Ethan, me las había arreglado para dominar a Celina aproximadamente el cincuenta por ciento de las veces que ella vino buscando pelea, lo cual no era horrible, en cuanto a promedios de batallas se refería.
Con ese entusiasmo bajo mi cinto, aquí estaba yo. Una nueva vampira en la histórica posición de Centinela, cuidando la Casa contra criaturas tanto vivas como muertas. Había pasado de estudiante graduada a luchadora vampira casi de la noche a la mañana. Y ahora Noah Beck quería ser quien capitalizara eso.

“Merit. Merit.”

Aunque Lindsey dijo mi nombre al menos un par de veces, fueron los empujones los que finalmente lo lograron, me apartaron de mis recuerdos de mi reunión con Noah, me trajeron de regreso al cuarto de entrenamiento de la Casa Cadogan, y hacia Ethan, quien estaba parado frente a mí, manos sobre sus caderas, el cabello rubio a la altura de sus hombros echado para atrás, ojos verdes sobre mí, una ceja arqueada de forma condescendiente. Luc no estaba a la vista por ningún lado….y todos los ojos estaban sobre mí.

“Em..si?” pregunté.

Los vampiros echaron risitas por lo bajo.

“Si acabaste de soñar despierta,” dijo Ethan en el silencio de la habitación, “tal vez puedas considerar el unírteme?”

“Lo siento, Liege,” murmuré y salí de mis ojotas, luego hacia las colchonetas, katana enfundada en mano. Ya estaba en mi equipo de entrenamiento – un sostén deportivo negro estilo top y pantalones de yoga, sin los zapatos.

Seguí a Ethan al medio del cuarto, consiente de que casi siete docenas de vampiros estaban siguiendo nuestros movimientos. Él se detuvo, se paró ante mí, y se inclinó en un saludo. Hice lo mismo.

“Es importante,” comenzó, lo suficientemente alto para que todos oigan, “que estén preparados, en caso de necesidad, para pelear. Y para dominar esa pelea, ustedes deben primero dominar los pasos. Como también saben, nuestra Centinela no ha dominado aún el arte de la lucha --”

Se pausó justo el tiempo suficiente como para darme una mirada intencionada. Así que el combate no era lo mío. Era buena con las katas – los pilares en la lucha con espadas de los vampiros. Había sido una bailarina de ballet, y había algo muy fluido acerca de los movimientos. Había posiciones, formas, pasos que podía memorizar y practicar y, por repetición, perfeccionar.

Combatir era diferente. Habiendo crecido con mi nariz metida en los libros, no tenía experiencia en luchar más allá de un par de clases experimentales de kick boxing y unos pocos encontronazos con Celina y sus subordinados de toda clase. Conocía mis debilidades – pasaba demasiado tiempo tratando de pensar durante de la pelea – tratando de hallar las debilidades de mi oponente, para sacarles provecho, y al mismo tiempo evitando cavilar en la lucha. Eso se había vuelto más difícil aún en la última semana, mientras trabajaba con Luc para mantener la cacofonía de olores y sonidos que amenazaban, pasado el cambio, con abrumarme, al punto de un rugido ensordecedor.

“—Pero su trabajo con las katas no tiene paralelo.” Arqueó una ceja hacia mí – medio desafiante, medio insultante – y dio un paso hacia atrás. “Centinela,” dijo, su voz más baja ahora, la orden para mí, “katas, si gusta.”

“Liege,” dije, luego elevé mi espada en ambas manos, la diestra sobre el mango, la zurda sobre la funda, y las separé, desenfundándola con un rápido silbido, la luz haciendo destellar el pulido acero. Caminé sobre la colchoneta, y ubiqué la funda lacada en el borde.

Luego, con toda la confianza y valentía que pude reunir – más fácil ahora que me había sido pedido unirme a los cuerpos secretos de los vampiros guerreros – retorné hacia él, lo enfrenté, y sujeté la katana con ambas manos.

“Comienza,” ordenó, y tomó unos pasos hacia atrás, dándome espacio. Había siete katas de dos manos y tres más de movimientos con una sola. Esos eran nuevos para mí. Pero había estado practicando las tradicionales katas desde que me había convertido en vampiro, y, a decir verdad, quería presumir un poco. En la semana que habíamos estado trabajando juntos, él sólo me había visto practicar las katas en la forma tradicional – una kata a la vez, mis movimientos cronometrados y precisos. Pero eso no era todo lo que podía hacer….

Encorvé mi cuerpo, katana posicionada ante mí. “Rápido o lento?”

Frunció el ceño. “Rápido o lento?”

Sonreí astutamente bajo mi banda de flequillo. “Elige tu velocidad.”

“Vampiros?” preguntó en voz alta, pero su vista en mí. “Rápido o lento?”

Hubo rezagados con ‘lento’, pero la mayoría pidió ‘Rápido!’

“Rápido al parecer,” dijo él.

Asentí, cerré mis ojos, centré mi peso, y me moví. La primera kata, la espada haciendo un arco alrededor de mi cuerpo, luego retornando a la posición centrada. La segunda, un golpe hacia abajo. Tercera y cuarta combinación. La quinta, sexta y séptima, movimientos de doble mano en combinación con giros y paradas.

En la forma tradicional, cuando el foco estaba en la precisión y control, cada kata tomaba de diez a quince segundos.

Pero hecho ‘rápido’, podía recorrer el set completo en veinte segundos. Había aprendido mi velocidad de mi anterior entrenador, Catcher, un hechicero con una afición por las katanas y la lucha con espadas. (Él era además, y no por coincidencia, el novio de Mallory y empleado de mi abuelo). Catcher demandaba que yo practicara los movimientos una y otra vez, pensando que la repetición forzaría mi memoria muscular. Lo había hecho – y me había permitido usar mi creciente fortaleza vampira, la velocidad, y agilidad, para presionarlas en una sola danza de movimientos tan rápidos que mi cuerpo se veía borroso con la velocidad de ellos.

Luego de que desafié a Ethan en nuestro segundo dueto, Ethan había decidido que necesitaba un reemplazante de Catcher como mi entrenador. Pero no sabía cuánto Catcher me había enseñado……

Terminé mi séptima kata, giré y me detuve, espada entre las manos, perpendicular a mi cuerpo. La luz sobre nosotros captó la gentil curva del acero, la habitación completa estaba en repentino silencio.

Ethan se quedó mirando fijo.

“Hazlo nuevamente,” dijo, sus palabras apenas audibles, un destello en sus ojos. No confundí el destello con lujuria. Aunque la química entre nosotros era aguda, Ethan era sin ambigüedades, bien político. Siempre maniobrando.

Y yo era un arma.

Era su arma.

Ese destello? Avaricia, simple y pura.

“Liege,” dije, inclinando mi cabeza en reconocimiento, y regresé a la posición inicial.
Completé los movimientos nuevamente, la espada formando un arco perpendicular al piso, rebanando hacia abajo, y cruzando y combinando hacia arriba, las combinaciones de arco-giro, el tiro de reversa, el golpe sobre la cabeza. Terminé en la posición final.

“Otra vez,” ordenó una tercera vez, y acaté.

Para el momento en que había pasado por las katas en secuencia nuevamente, y luego echo otras siete u ocho repeticiones de una o dos de las katas favoritas a pedido suyo, mi pecho pesaba con el esfuerzo, mis manos resbalosas alrededor del mango tallado de mi espada. Elevé la vista, vi a los vampiros que se habían ubicado en el balcón de madera que rodeaba el cuarto de entrenamiento que estaban inclinados hacia delante, brazos sobre el barandal del balcón, la curiosidad en sus expresiones. Ellos tendían a verme de esa forma – ya sea por mi fortaleza, como una curiosidad, o a causa de mi desafortunado hábito de desafiar a Ethan a duelos, como una fenómeno.

Para que conste, realmente estaba planeando dejar ese hábito.

“Bien hecho,” dijo él calladamente, luego se dirigió al balcón. “Creo que eso responde más que unas pocas preguntas acerca de nuestra Centinela. Y mientras ella está sobre el escenario,” inclinó su cabeza hacia mí, “algo que nuestra nueva Presidenta de Sociales quiera agregar acerca de los eventos de Cadogan que se aproximan? Picnics? Fiestas mixtas?”

El rubor se expandió hasta la raíz de mi cabello. Ethan me había nombrado Presidenta de Sociales de la Casa como castigo por desafiarlo. En lo que a castigos se referían, era bastante ligero. Pero era a su vez mortificante, y me tomó un momento recomponerme.
“Estaba pensando acerca de algo para el solsticio de verano. Una barbacoa, probablemente. Pensé que podríamos invitar a vampiros de las otras Casas.”

El salón se tornó en silencio mientras Ethan consideraba la idea – y su audiencia aguardaba por el veredicto.

“Bien,” finalmente dijo con un autoritario movimiento de cabeza, luego miró a la multitud. Pero su expresión cambió hacia algo mucho más serio.

“Creímos, una vez, que nuestros superiores creían lo que nosotros, que habían aprendido lo que nosotros, que la asimilación era lo mejor. Que estar bajo el radar era la mejor forma de asegurar nuestra supervivencia y mantener la paz con los sobrenaturales que nos rodean.

Hasta cierto punto, Celina ha hecho eso imposible. Con el debido respeto hacia nuestros amigos de la Casa Navarro, ella ha tratado, en cada oportunidad, de aumentar nuestro perfil, de alienarnos de los humanos, y alienarnos de nosotros mismos.” En un extraño momento de humanidad, Ethan miró hacia el piso, la preocupación frunciendo la línea entre sus ojos.

“Estamos al límite,” repitió, “Al límite de qué, exactamente, queda aún por ser visto. De momento, hemos sido congraciados con tiempos de paz y relativa tranquilidad, un tiempo en el cual las Casas han florecido financieramente. Nuestra exposición, por las buenas o por las malas, para bien o para mal, nos ha puesto nuevamente en el ojo público. Un público que no ha sido siempre amable hacia nosotros. Ya sea que nuestra pseudo-celebridad dure – quién sabe?

Por ahora, y como ustedes puede que hayan escuchado, los cambiaformas se están preparando para encontrarse esta semana en Chicago. Hemos sido informados que durante esta convocatoria, ellos decidirán, de una vez por todas, si se quedarán en sus respectivos territorios o removerán su ancestral hogar hacia Alaska. Si se van, y la oleada se torna en contra nuestra – bueno, no necesito recordarles acerca de nuestras históricas experiencias compartidas con los cambiaformas.”

Hubo murmullos en la multitud, una chispa de incómoda magia en el aire. Los cambiaformas se habían retirado antes cuando los vampiros habían estado en problemas. Los vampiros culpaban a los cambiaformas por las muertes que resultaron de ello, y los vampiros ahora temían que si la oleada de humanos se tornaba en contra nuestra, los cambiaformas lo harían otra vez, dejarnos aquí para contener el bagaje sobrenatural.
“Como ustedes saben, no tenemos alianzas formales con las Manadas. Ellos han evadido tales vínculos. Pero permanece mi esperanza de que de tener que enfrentar la animosidad, o ira, o temor, ellos acordarán en ayudarnos.”

Un vampiro se paró. “Ellos nunca nos han ayudado antes!” le gritó a Ethan.
Ethan le miró pensativamente. “No lo han hecho. Pero sugerir que ellos ‘nos la deben’ no ha funcionado. Haremos lo que podamos para formar nuevas conexiones entre nosotros. Y entre tanto….”

Se pausó, y la habitación estaba en silencio mientras los vampiros esperaban sus siguientes palabras. No obstante mis problemas con Ethan, él sabía como manejar a una multitud.

“Entre tanto,” continuó, “les pido, no como su Maestro, sino como su hermano, su colega, su amigo, que sean cuidadosos. Tengan en cuenta las compañías que mantienen. Sean conscientes de sus alrededores. Y por sobre todo, no tengan miedo de acudir ante mí. Cualquiera de ustedes. En cualquier momento.”

Ethan aclaró su garganta, y cuando habló otra vez, su voz era clara y nítida, otra vez como Maestro. “Pueden retirarse,” dijo, y los vampiros en el balcón comenzaron a enfilar fuera del salón de lucha.

Ethan caminó hacia nosotros. “A mis apartamentos,” le dijo a Luc, luego me echó un vistazo. “Tú también.”

“Tus apartamentos?” pregunté, pero Ethan ya se había volteado, sonriéndole amablemente a una vampiro que había bajado del balcón. No la conocía, pero sus objetivos eran suficientemente evidentes en el menear de su cadera, el sutil juego de sus dedos mientras tiraba de su largo oscuro cabello hacia atrás de sus orejas. Se inclinó hacia él y le preguntó algo. Él sonrió y echó unas risas, luego comenzó a explicarle – con asistencia visual – cómo posicionar correctamente sus manos en el mango de la espada.
Mis labios se curvaron involuntariamente, pero antes de que pudiera sacar algún comentario sarcástico, sentí que tiraban de mi coleta. Miré para atrás.

“Vamos,” dijo Luc, “a menos que quieras seguir mirando?”

“Ja,” dije llanamente. “A qué se refería él con ‘sus apartamentos’?

“Tenemos una reunión.”

La última vez que tuvimos una reunión, Ethan me contó acerca de las fiestas clandestinas, la alimentación masiva en la cual los humanos se convertían en involuntarios aperitivos de los vampiros. “Acerca de las fiestas?”

“Hoy no. No hemos oído nada más acerca de las raves desde el intento de chantaje que les salió mal. Malik está trabajando en una estrategia a largo plazo. Hoy hablaremos de los cambiaformas. Vamos – a menos que quieras seguir observando?”

Le saqué mi lengua a Luc, pero lo seguí cuando se dirigió hacia la puerta del salón de lucha.

* * *

El sótano de la Casa Cadogan era puro negocio, la mayor parte violento – cuartos de entrenamiento, salones de lucha, cuarto de operaciones, el de arsenal. El primer piso, al igual que el segundo y el tercero, era todo acerca de la decoración. Luces suaves, antigüedades francesas, maderas, muebles costosos. ‘Hotel de cinco estrellas’ había sido mi primera impresión. El resto de las habitaciones en la Casa eran igualmente ostentosas, desde la masculina oficina de Ethan, a sus lujosos apartamentos.

Tomamos la escalera principal de la Casa hacia el tercer piso. Cuando llegamos a los apartamentos de Ethan, Luc sujetó los picaportes de las puertas dobles con ambas manos, luego las abrió de un empujón.

Había estado en las habitaciones de Ethan antes, pero sólo brevemente. Por lo que pude ver, el pedazo del tercer piso de Ethan tenía tres habitaciones – la sala principal, el dormitorio, y presumiblemente un baño en algún lado de la parte trasera. Estaba puesto igual de elegante que el resto de la Casa – desde los pisos de madera a las cálidas paredes pintadas; desde la estufa de ónix al costoso mobiliario hecho a medida. Lucía más como una suite de un elegante hotel que la casa de un vampiro en la plenitud de su (inmortal) vida.

En este viaje, le di a la habitación una cuidadosa mirada, explorando en busca de pistas de la psique del Maestro de la Casa. Y había numerosos detalles a examinar; los detritos de sus cuatrocientos años de vida manchaban la habitación. Un arco y flecha colgaban de una pared. Una silla de campaña y un escritorio que lucía como si se plegara para viajar, estaban en una esquina; tal vez remanentes de la época en la que Ethan fue un soldado europeo. Un cofre bajo estilo de aparador estaba centrado contra otra pared, un desparramo de objetos por encima suyo. Deambulé sin prisa, manos tras la espalda e investigué los bienes. Había dos trofeos de plata del estilo de gigantescas copas, una foto de hombres en trajes del estilo de los inicios del siglo 19 (pero sin Ethan entre ellos), y una roca plana con símbolos tallados en la parte superior.
Levanté la vista. En una esquina del cuarto, dentro de un alto envase de cristal, se ubicaba un brillante huevo de Fabergé.

“Oh, wow,” dije, caminando hacia él para mirarlo mejor. Una lámpara colgante brillaba sobre él, iluminando el lustroso esmalte verde primavera y el dorado dragón que lo rodeaba.

“Era de Peter,” dijo Luc.

Le miré. “De Peter?”

“Peter Cadogan.” Luc caminó hacia mí, de brazos cruzados, luego hizo un gesto hacia el envase de cristal. “El Maestro vampiro que fundó la Casa Cadogan. Fue un obsequio de un miembro de la realeza Rusa.” Se inclinó, golpeteó con un dedo al cristal. “Peter era de Wales, y es una representación del dragón de Welsh. Ves el ojo?”

Asentí a lo que apuntaba. Una delicadamente tallada gema colorada estaba emplazada en los ojos del dragón. Seis líneas blancas irradiaban desde el medio.

“Es una estrella de rubí,” dijo. “Hermosa, e increíblemente rara.”

“Increíblemente costosa,” dijo una voz detrás nuestro. Ambos nos enderezamos y miramos hacia atrás. Ethan entró, aún en sus pantalones de combate, pero alrededor de su cuello había incorporado una toalla azul marino que llevaba el logotipo de una ‘C’ en plateado.
“Ducha,” dijo. “Siéntanse como en casa.”

Luc y yo nos miramos mientras Ethan caminaba hacia las puertas dobles que dirigían a su recámara. Abrió una, se deslizó dentro, y la cerró tras él nuevamente.

“Me habría venido bien una ducha,” señalé.

“Lo sé. Puedo olerte desde aquí.”

Estaba a medio camino de discretamente olerme el hombro antes de que me diera cuenta de que sólo trataba de sacarme de quicio. “Eres gracioso.”

“Eres fácil.”

“Me estabas diciendo acerca de huevo?”

“Oh,” dijo Luc, luego se rascó de forma ausente la sien. “Así que Peter conoció a esta duquesa rusa, y formaron un lazo. Completamente platónico, según tengo entendido, pero él le hizo alguna clase de favor. Ella quiso corresponderle, de modo que le comisionó el huevo y le metió el rubí.”

“Supongo que paga el tener amigos,” concluí, luego miré a Luc, dejando caer mi tono a algo un poco más serio. “Hablando de los Peter, algún avance en el reemplazo de nuestro ex colega?” Peter Spencer había sido excomulgado de la Casa por traicionarnos por Celina, por asistirla para sus planes de chantaje, y su complot para crear más fervor anti-cambiaformas entre los vampiros, y anti-Cadogan entre los humanos.

Luc se hizo el ocupado recogiendo algo de una caja de cristal alrededor del huevo. “No del todo listo para hablar de ello, Centinela.”

Asentí y enfoqué mi mirada sobre el huevo, no del todo sorprendida por la reacción de Luc. Él había golpeado un montón contra la pared del cuarto de Operaciones cuando descubrió la traición de Peter. El hueco había sido re-emplastado, pero aún no re-pintado. Era como una mancha que marcaba la traición. Y no era sorprendente que Luc no estuviese ansioso por apostar en alguien más.

Un golpe sonó en las puertas del pasillo.

“Preparativos para nuestra visita,” murmuró Luc, al tiempo que las puertas eran abiertas por un hombre con chaqueta blanca de chef. Nos sonrió educadamente a Luc y a mí, luego se movió a un lado de manera que un segundo chef, esta vez una mujer en blanco, pudiese conducir el carro dentro del cuarto.

El carro estaba repleto de bandejas y las bandejas estaban coronadas con domos de plata.
Era servicio al cuarto.

“Qué invitado? Pregunté al tiempo que, con la eficiencia de un servicio de hotelería, la mujer comenzaba a remover los domos de plata y apilarlos unos sobre otros.

Reveló una propagación de comida. Galletas. Quesos. Un arco iris de frutas, desde exuberantes bayas a rebanadas de mango a medallones verde primaveral de kiwis.

Diminutas salchichas ensartadas en palillos. Tuve remordimiento – Mallory amaba esas cosas. Pero dado que aún estábamos distanciadas, pensar en ella aún dolía. Por ahora, enfoqué mi atención de regreso en el banquete móvil, y la bandeja de pequeños pastelillos dispuestos alrededor de algún tipo de baño rosado de semillas de amapola.

“El huésped es Gabriel Keene,” dijo Luc. “Él estará pasando para hablar con tu Liege y el mío.”

Le dí un suave resoplido. “Presumo que eso significa que me están involucrando en los chanchullos de los cambiaformas esta semana?”

“Me sorprende de tí, Centinela.”

Miré hacia atrás. Ethan entrando nuevamente a la habitación, luego cerró las puertas de su recámara. Estaba en pantalón negro de traje y una camisa blanca, sin corbata. El extremo superior estaba desabotonado, y había pasado de usar chaqueta. Con Luc y yo aún en equipo de entrenamiento, era casi prácticamente algo casual de negocios lo de hoy.

“Tan rara vez te involucramos en chanchullos,” dijo, luego le asintió a la mujer quien giró el carro. “Gracias, Alicia. Mis felicitaciones al chef.”

Alicia sonrió, luego recogió su pila de cubiertas de plata. Se volteó y dejó el cuarto, y el hombre que mantenía abiertas las puertas nos dio una sonrisa final mientras salía nuevamente, cerró las puertas tras de sí.

“Tú me envuelves en chanchullos en cada oportunidad.”

“Ella tiene un punto, Liege.”

Ethan chasqueó su lengua. “Capitán de mis Guardias y toma partido por mi Centinela?. Oh cuán rápido se dan vuelta.”

“Usted es primero en mi corazón, Liege. Es primero en mi corazón.”

Esta vez Ethan bufó. “Ya lo veremos. Bueno, en cualquier momento, veremos dónde yacen las alianzas de Gabriel Keene.”

Ethan miró por sobre las bandejas antes de tomar una botella de agua, girar la tapa, y tomar un sorbo.

“Buena repartija,” le dije.

Asintió. “Pensé que sería amable ofrecerle algo para comer, y asumí que tendría una mejor oportunidad de mantener tu atención si te alimentaba antes.”

Le tenía que conceder ésa. Amaba comer, y el incesante metabolismo vampírico no hacía mucho por mermar mi apetito. Todo lo contrario. “Sólo recordemos Ethan, que te quiero por tus carnes ahumadas y por tus carnes ahumadas solamente.”

Echó una carcajada. “Touché, Centinela.”

Le sonreí, luego tomé un trozo de queso de la bandeja y lo coloqué en mi boca. Era sabroso y terrenal, pero tenía ese extraño gusto de fondo que el queso fino siempre parecía poseer. “Así que,” comencé, cuando mordisqueé unos trozos más para una buena mesura, “por qué Gabriel está viniendo a la Casa?”

“Recordarás que él quería hablar acerca de los arreglos de seguridad para la convocatoria?”

Asentí. Gabriel lo había mencionado cuando pasó por la Casa hacía una semana.
“Bueno resulta ser, que tú eres el arreglo de seguridad.”

Quedé en blanco. “Yo soy el arreglo de seguridad? Qué significa eso?”

Ethan sacó una aceituna del palillo con sus dientes. “Significa, Centinela, que te tiraremos a los lobos.”

TRADUCIDO POR CHLOE♥

------------------------------------------------------------------------------------

Este capítulo fue el que Chloe Neill dejó como adelanto, el que ya teníamos traducido, probablemente mañana suba el capítulo 3, pero el 4 probablemente demore un poco más que dos días, ya se verá :D

Read more...

  © Diseño LuxLune by JenV 2010

Back to TOP