Twice Bitten- Capítulo 7




CAPÍTULO SIETE

Ama a la persona con la que estás.


“Primera parada,” Ethan dijo cuando habíamos regresado a la Casa y nos abrimos paso hasta el piso principal. Caminos a través del salón hacia la cafetería, pero nos detuvimos frente a una puerta en la pared derecha. Ethan la empujó, y lo seguí dentro de una brillante cocina de acero inoxidable. Un grupo de vampiros con limpias chaquetas blancas y con esos pantalones globo de chef picaban y mezclaban en varias estaciones.

“Ahora, este es el tipo de cocina que un Novato vampiro merece,” dije con aprobación, tomando las vistas, sonidos y aromas.

“Margot?” Ethan preguntó en voz alta. Una de las chefs le sonrió en respuesta, dijo algo en Francés, y señaló más adentro en la cocina. Ethan asintió con la cabeza hacia ella, tomó la caja de pizza de mis manos, y comenzó a avanzar por el pasillo entre las estaciones de los chefs. Saludó a los hombres y mujeres a lo largo del camino; ya que no conocía a ninguno de ellos, ofrecí sonrisas amables mientras pasaba.

Tampoco sabía que Ethan hablaba Francés.

Pero por supuesto, conocía a Margot. Estaba sentada en un taburete al lado de una gigante mesada de mármol, observando como un joven hombre con cabello oscuro lanzaba la masa sobre la mesada llena de harina.

“Cuida tu presión,” dijo antes de levantar su mirada y sonreírle a Ethan.

“Liege,” dijo, saltando de su taburete. “Qué lo trae a ti y a”-deslizó su mirada en mi dirección, midiendo a quién Ethan había traído a su guarida, luego me ofreció una sonrisa socarrona- “Merit a mi lado de la mansión?”

Ethan colocó la caja de pizza en un lado limpio del mostrador. “Merit y yo estaremos esperando una llamada en mis apartamentos. Podrías arreglar esto y llevarlo hasta arriba con algunos platos y cubiertos?”

Arqueó una ceja curiosa, luego levantó la caja de pizza, sus labios transformándose en una sonrisa. “El Especial de Saul,” dijo afectuosamente, una mano sobre su corazón. “Me tuvo a través de la escuela culinaria. Y dada nuestra historia culinaria hasta la fecha, asumo, Liege, que nuestra Centinela tuvo que ver con esta elección?”

“No es mi comida usual,” estuvo de acuerdo.

Margot me guiñó. “En ese caso, excelente elección, Merit.”

Sonreí en respuesta.

Margot cerró la caja nuevamente, luego palmeó sus manos juntas. “Bueno pongámonos en marcha. Algo para beber, Liege? Todavía no ha abierto la botella de Château Mouton Rothschild que obtuvo en Paris.”

Siendo una Merit, y habiendo sido criada por mi padre para apreciar la diferencia entre un Cabernet y un Riresling, sabía que estaba hablando de un vino caro. . . y combinarlo con comida chatarra. “Quieres beber un Mounton Rothschild con pizza?”

Ethan parecía entretenido. “Me sorprendes, Centinela. Dada tu dieta, hubiera pensado que apreciarías la combinación. Y estamos en Chicago, después de todo. Qué mejor que beber con lo mejor de Chicago algo agradable de Francia?”

Una chica no podía discutir con una lógica como esa.

“El Rothschild está bien,” Ethan dijo, poniendo su mano en mi espalda para llevarme a la puerta otra vez. “Merit está hambrienta, así que toda prisa será apreciada.”

Desde que estaba en lo cierto, evité una respuesta sarcástica, pero no pude evitar volver la vista para chequear la expresión de Margot. No lucía bien: ceja arqueada, brazos cruzados, y una mirada demasiado curiosa.

Iba a escuchar mucho sobre esto más tarde.

Las luces ya estaban encendidas en sus habitaciones, suave música sonando y, a pesar de la estación, un brillo dorado emanando de la chimenea en una esquina. Lucía como si su habitación hubiera sido preparada por miembros del personal para su regreso. Aparentemente los Maestros vampiros tenían un servicio de preparación para el amanecer.

Coloqué mi vaina cuidadosamente en una mesa lateral.

“Siéntete como en casa,” Ethan dijo, “ya que lo es.” Se quitó la chaqueta, la volteó como una capa de torero, y la colocó cuidadosamente en el respaldo de una silla de escritorio.

Cuando tomó su BlackBerry del escritorio y comenzó a teclear a través de él, tomé la oportunidad para darle a la habitación otro estudio. Era, después de todo, un registro de los cuatrocientos años de la existencia de Ethan. Si las cosas no me daban alguna pista del puzzle que es Ethan Sullivan, no podría decir qué lo haría.

Con las manos detrás de la espalda, caminé hasta la pared opuesta del huevo Fabergé, donde un blasón heráldico bordado estaba montado en un bastidor de madera. El blasón tenía un roble con bellotas rojas, un símbolo que había visto antes.

Lo señalé, luego volví la vista hacia Ethan. Estaba de pie, con una mano en el respaldo de la silla, la otra en su BlackBerry.

“Este es el mismo blasón que está en el escudo del Salón de Entrenamiento?”

Levantó la vista, asintió, y volvió a su BlackBerry. “Es el escudo de mi familia. De Suecia.”

“Cuál era tu nombre?” Pregunté. Morgan me había dicho una vez, que los vampiros cambiaban sus identidades cada sesenta años o más, con el fin de evitar levantar demasiadas sospechas humanas cuando ellos no lucían de la misma edad que sus amigos y familiares. “Ethan Sullivan” era su nombre actual, pero asumía que no había nacido con ese nombre-no en Suecia casi cuatrocientos años atrás.

“Mi apellido era Andresen,” dijo, pulgares clickeando las teclas. “Fui nombrado Jakob Andresen.”

“Hermanos?”

Sonrió melancólicamente. “Tres hermanas-Elisa, Annika y Berit-aunque estaba a menudo lejos de ellas. Estaba en el ejército-un hombre de armas antes de que nuestro teniente me pidiera hacer un recado. Cuando regresé, con información sobre la posición de nuestros enemigos en mano, me ascendió.”

Aparentemente habiendo terminado con sus mensajes, Ethan colocó el BlackBerry en el escritorio, deslizó sus manos en los bolsillos y levantó su mirada hacia mí. “Era un capitán de artillería cuando mi tiempo llegó.”

Ethan no era por lo general tan hablador sobre su pasado, así que crucé los brazos sobre mi pecho y le dí mi completa atención. “Cuando fuiste asesinado?”

“Cuando fui cambiado,” corrigió.

Hizo un gesto hacia el lugar en el cruce de su hombro izquierdo y su cuello. “Una flecha al anochecer. La noche cayó, y los vampiros aparecieron, desnudando el campo de sangre, incluyendo la mía. Era fácil meterse en un campo de batalla, por supuesto, no es que fueran particulares. Los vampiros eran diferentes en ese entonces, más cerca de animales que humanos. Eran bandas de recolectores, tomando la sangre que podían encontrar. Entre esa banda, esa primer banda, había un líder. Balthasar. Había estado observando el campo, sabía mi posición, decidió que yo sabía lo suficiente sobre guerra, sobre estrategia, para ser de valor para ellos.”

Entonces, en cierto modo, nuestros cambios habían sido similares. Ethan, cambiado en el medio de una guerra, víctima de un ataque. El cambio, aunque dándole vida después de una muerte segura, tomado sin su consentimiento. Llevado a un cuerpo de vampiros para ser un guerrero, para ofrecer sus servicios estratégicos. Yo, cambiada en el medio de la batalla de Celina para llamar la atención, la víctima de su ataque planeado. Cambiada por Ethan para salvar mi vida, sin mi consentimiento. Traída a la Casa Cadogan para ser una guerrera, una soldado protegiendo la Casa.

Cuando comencé el cambio genético de humano a vampiro, él me había drogado. Dijo que no quería que experimentara el dolor de la transición ya que no era una transición que yo hubiera pedido.

Tal vez ahora sabía por qué.

Ethan se detuvo, su mirada en el suelo, sus ojos paseando mientras recordaba alguna memoria antigua. “Cuando me levanté, después del cambio, me imaginé como un monstruo, algo profanado. No podía ir a casa, no le podía llevar eso a mi familia. No como yo era. No de ese modo. Así que me uní a Balthasar y a su banda, y viajamos juntos por una década.

“Qué pasó después de eso?”

“Un joven emprendedor vampiro-un vampiro que Balthasar había hecho-decidió que la banda estaría mejor bajo su autoridad. Y ese fue el fin de mi relación con esos particulares vampiros. Después de eso, viajé. Las guerras eran comunes en esos tiempos, y yo tenía conocimiento sobre estrategia, habilidades. Me uní a un batallón aquí y allá, viajé al sur hasta que encontré una pacífica porción de tierra para reclamar como mía. Viví de la tierra. Aprendí a leer y a escribir. Traté de construir una nueva vida y no atraer demasiada atención humana.”

Mi voz se suavizó, pregunté, “Alguna vez te casaste?”

“No,” dijo, sacudiendo su cabeza. “No. Como soldado, no sentí que tenía el lujo de mantener una familia en casa.” Sonrió melancólico. “Mis hermanas era niñas suficientes para mí. Fui un cobarde, supongo, por no regresar a ellos, no les di la chance de aceptar en lo que me había convertido. Pero ese era un tiempo muy diferente, y estaría regresando a casa como un demonio. Un verdadero monstruo. No me atrevía a hacerlo.”

“Cuándo te uniste a la Casa?”

“Muchos, muchos años después de dejar Suecia, conocí a Peter. Fundó la Casa Cadogan, y me uní a él en Wales. Y cuando ya no estuvo, me convertí en Maestro. Moví la Casa a Chicago” –extendió sus brazos, abarcando a la mansión a su alrededor- “y aquí estamos.”

“Y aquí estamos,” estuve de acuerdo. Sabía que esa no era toda la historia. Pero sabía lo suficiente sobre las más escandalosas partes recientes-su romance con Amber; su relación con Lacey Sheridan, una ex-guardia Cadogan convertida en la Maestro de la Casa Sheridan-no preguntaría más de lo que probablemente quisiera saber.

“Una sugerencia, Centinela,” dijo. “Escribe las cosas que desees recordar, y mantén esos registros cerca. Asegurados. Es sorprendente cuánto olvidamos cuando los años pasan y pasan.” Con ese consejo, se alejó del escritorio y caminó hacia mí. Se detuvo justo frente a mí, nuestros dedos lo suficientemente cerca para tocarse, y simplemente. . . se quedó allí. Mi corazón comenzó a martillar mientras esperaba la acción-un toque o beso-algún fin a la anticipación que provocaba la piel de gallina en mis brazos.

Opté por terminar la tensión yo misma. “No deberías haberme escudado cuando los disparos comenzaron.”

Me ofreció una mirada imperiosa.

“Ethan, es mi trabajo. Se supone que debo protegerte, no al revés. Luc hubiera puesto mi cabeza en una pica si hubieras recibido un disparo.”

“Cómo sabes que no lo hice?”

Abrí mi boca, luego la cerré de nuevo. “Recibiste alguno?”

Sus ojos se convirtieron en sensuales rendijas. “Quieres buscar y ver?”

“No especialmente.” Mentira, mentirón, se te prende el pantalón.

Ethan arqueó una ceja y comenzó a inclinarse hacia delante. . . Luego se extendió para agarrar algo de la mesa detrás de mí. Cuando retrocedió, carpeta en mano, puse los ojos en blanco por mi reacción. El hombre simplemente me desequilibraba.

Abrió el archivo y comenzó a leer cuidadosamente, caminando mientras consideraba el contenido. Solté un suspiro, relajándome incrementadamente al darme cuenta que aunque él pudiera coquetear, estábamos aquí por negocios. Cualquiera que sea la atracción entre nosotros, él era ante todo el líder de los vampiros.

Un golpe sonó en la puerta.

“Entra,” Ethan dijo sin levantar la mirada.

Las puertas se abrieron, pero con mucho menos bombos y platillos que la última vez que la comida había sido entregada. Después de darme una mirada diabólica, Margot entró un carrito con ruedas cubierto con una tapa de acero. La pizza había sido colocada en una bandeja de plata, con suministros como para un ejército alrededor: chile rojo; queso parmesano rallado; pequeñas botellas de vidrio de agua; servilletas; cubiertos; copas de vino; y por supuesto, el vino.

Ethan levantó la vista. “Hiciste un trabajo respetable encontrando la cena esta vez, Centinela.”

Puse las manos en mis caderas y miré la bandeja y el platillo con la pizza.

“Bueno,” dije, “incluso una chica nacida-y-criada en Chicago necesita un descanso de las salchichas y hamburguesas de queso de vez en cuando.”

“Es una lástima,” Margot bufó, y yo sonreí. Tenía el presentimiento de que me iba a gustar esa chica. Y luego fui distraída por el chocolate.

Señalé a las dos pilas de tres niveles de varios tonos de marrón. “Pasteles de chocolate?”

“Pasteles de mousse de chocolate,” Margot corrigió. “Una parte inferior de chocolate Genovés, cubierta por capas de mousse de chocolate con leche y ganache. Estamos entrenando a un nuevo chef pastelero, y quería practicar sus habilidades para hacer mousse.” Miró a Ethan expectante. “Algo más que pueda hacer por usted, Liege?”

“Creo que has hecho a nuestra Centinela lo suficientemente feliz para nosotros dos.”

“Muy bien. Bon appétit,” dijo, luego hizo una pequeña reverencia antes de dirigirse a las puertas.

“Gracias, Margot,” Ethan dijo, y ella desapareció en el umbral, las puertas cerrándose detrás de ella, pero la recompensa dejada atrás.

Nos llenamos de pizza y del ridículamente fabuloso vino. Ethan había tenido razón-caro o no, combinaba increíblemente bien con la picante pizza de queso.

Para el momento en que Gabriel llamó, nos habíamos trasladado a la sala de estar, un teléfono fijo para conferencias y nuestras copas de vino en la otomana entre nosotros. Me senté de piernas cruzadas en el suelo, mis botas dejadas a un lado. Ethan se sentó en el sofá, una pierna cruzada sobre la otra.

Gabriel lanzó la pelota fuera del campo en su primer tiro. "Gatita", preguntó, "acaso Sullivan te dio un aumento?"

Crucé mis manos sobre la mesa y me incliné sobre el teléfono. "Tristemente, Gabriel, no lo hizo. Creo que mis habilidades están siendo severamente menospreciadas."

“Me cuesta creer que eso sea cierto, Gatita. Pero vampiros son vampiros.”

Tenía el presentimiento que los cambia formas usaban esa frase bastante a menudo, y no halagadoramente. Pero cuando miré a Ethan, tenía una expresión de diversión. Tenía un codo flexionado sobre el respaldo de la silla, su mentón entre su pulgar y su dedo índice. Su cabeza estaba inclinada, su sonrisa torcida, como si estuviera en realidad. . . relajado.

“Algún avance en la investigación?” Preguntó.

“Nada que quisiera saber. La moto de Tony fue encontrada a media milla del bar. El equipo forense la tiene ahora. El Ombud está actuando de intermediario. Nos dejó saber que la policía la está analizando en busca de residuos de pólvora, ese tipo de cosas.”

Ethan arrugó el ceño. “Lamento oír eso.”

“Ambos lo hacemos,” Gabriel dijo. “Esta reunión se supone que es para trazar un nuevo rumbo para los cambia formas, no viejas y cansadoras actitudes.” Suspiró audiblemente. “Ah, bueno. La mierda es lo que es, cierto?”

“Eso es lo que hemos oído,” Ethan dijo. “Así que asumo que eso significa que Tony ha sido ascendido a la cima de la lista de sospechosos?”

“Ese parecería ser el caso. Complica las cosas, por supuesto. Poner a los alfas en peligro no parece ser realmente conveniente, como se imaginarán. No quiero traer a las Manadas juntas con este tipo de espada sobre nuestras cabezas, pero tal vez no tengamos opción.”

“Has determinado la ubicación de la convocación?”

“Si lo he hecho. Estaremos en la Catedral San Bridget. Está aquí en el barrio.”

No pude evitar las palabras que salieron de mi boca. “San Bridget? Se reunirán en una iglesia?”

“Lo haremos ciertamente, Centinela. Pensaste que los cambia formas estábamos fuera de todas las cosas sagradas?”

Un rubor calentó mis mejillas por la reprimenda. “Por supuesto que no. Es que. . .Bueno, es una iglesia. No es el primer lugar que se me viene a la mente.” Especialmente no como la ubicación de una reunión de, como Gabriel había señalado, motoristas bebedores.

“Menos miradas indiscretas y menos daño colateral,” Gabriel dijo. “Sullivan, no sé que es lo que te gustaría ver de antemano; puedo hacer que mi gente le envíe a Luc planos de construcción, y ese tipo de cosas.”

“Está bien por mí,” Ethan estuvo de acuerdo. “Asumo que eso es todo lo que necesitas de nosotros por esta noche?”

“En realidad no lo es.” Gabriel se detuvo por un momento, lo suficientemente largo para que Ethan me ofreciera una mirada de curiosidad. Me encogí de hombros.

“Aprecio lo que hiciste esta noche-ambos. Aceptaron saltar en un conflicto que no es suyo, y no puedo agradecerle a Merit lo suficiente por lo que hizo por Berna. Tomó un riesgo-tomó una chance-para protegerla. Lo hiciste bien, Gatita. Lo hiciste realmente bien.”

“Gracias, señor.”

“De todos modos, tenemos una comida social de Manada mañana a la noche. Jeff sugirió que ustedes dos deberían venir-conocer a unos cuantos más Keenes, tener una idea de quienes somos como grupo. En parte es un gracias. Y no creo que tengamos los mismos tipos de problemas de seguridad por los que preocuparnos.”

Levanté la vista del teléfono hasta Ethan para medir su reacción. Sus ojos estaban ensanchados por la sorpresa, sus labios curvados en una muy autosatisfecha sonrisa. “Sería un honor, Gabriel. Gracias por la invitación.”

“Bueno, bien. Un pequeño problema-será en lo de los Brecks. Tienen una casa enorme, como saben, así que allí hay un salón en el que cabemos todos.”

Hubo una pausa incómoda. “Y cómo están las cosas entre tú y los Brecks?” Pregunté.

Eso llevó a una pausa aún más larga. “Se han ofrecido para organizar la comida para ayudar a reparar la valla,” dijo. “Más allá de eso, es entre los Brecks y la Manada. La ubicación les causará alguna molestia?”

Con mi asentimiento tranquilizador, Ethan ofreció, “Estaremos bien.”

“Es bueno oírlo. Diez p.m. mañana. Estoy fuera.”

Con eso, colgó.

Ethan se extendió hacia delante y apretó un botón en el teléfono, luego me miró.

“De regreso a la guarida, supongo?”

“Luce de ese modo. Me pregunto si esta será nuestra chance de reparar la valla con los Brecks-“

“O si los irritaremos aún más por colarnos en una fiesta de cambia formas?”

“Se me había ocurrido lo mismo,” Estuve de acuerdo.

“De cualquier manera, sólo hay una cosa que hacer al respecto ahora.” Descrucé mis piernas y me puse de pie.

Ethan sonrió ligeramente. “Dos o tres siglos de paz?”

“Bueno, eso seguro. Pero yo estaba pensando en mousse de chocolate.”

De algún modo me había convertido en la guía culinaria de Chicago de Ethan. Había conseguido que comiera un plato de pizza, que probara los perritos calientes de Chicago, y que buceara en una hamburguesa de queso con doble tocino. No estaba segura que pudiera tomar el crédito por el chocolate ya que Margot había arreglado la bandeja, pero supuse que mi enorme entusiasmo contaba para algo. Mientras Ethan llamó a Luc para avisarle que Gabriel le enviaría materiales para la convocación, corté los pasteles de chocolate. Cuando las columnas de chocolate-desde la capa de mousse del pastel hasta el profundo chocolate de la cima-estuvieron en el medio de un blanco plato de postre, agarré dos tenedores. Me volteé desde el carro de regreso a los sillones, pero él ya estaba de pie detrás de mí. Levanté el plato y tenedor, y pinché la parte superior del postre, atravesando las capas.

Se me ocurrió mirarlo mientras me preparaba para morder, y encontré su mirada en mí, su cabeza inclinada, suavidad en sus ojos.

“Qué?”

Una esquina de su boca se elevó. “Probablemente no quieras saber.”

“Ha,” dije, asumiendo que sus pensamientos eran lascivos, luego levanté el chocolate aterciopelado a mis labios. Cerré los ojos mientras me deleitaba en él. Era sin duda el paraíso del chocolate, y Margot era una diosa.

“Bueno?” Preguntó, su voz baja y lenta, no estaba segura si estaba preguntando sobre el postre. Me dije a mi misma que me concentrara en el denso sabor a chocolate, y no en la pregunta en su tono.

Cuando abrí mis ojos de nuevo, estaba todavía mirándome, sus ojos piscinas cristalinas verdes.

“Qué?” Pregunté.

Arqueó una ceja sarcásticamente.

Sacudí mi cabeza. “Con chocolate o sin chocolate, no haremos eso.”

Ethan gruñó, luego tomó un paso hacia delante. “Se te escapó un poquito,” dijo, levantando una mano hacia mi cara. Sus dedos en mi mandíbula, pasó el pulgar a través de mis labios.

Y mientras estuvimos allí, mirándonos, levantó su pulgar a su propia hermosa boca y chupó el chocolate.

Mi boca cayó abierta. Aunque mi propia piel estaba en llamas y mis labios se sentían hinchados por su toque, conseguí susurrar. “No estás jugando limpio.”

“No estoy jugando, Centinela.”

Por un momento, nos quedamos en silencio, ninguno de los dos respondiendo a la obvia invitación. Ethan tomó el plato y tenedor de mis manos y los colocó en el carro.

Luego tomó mi mano y la presionó contra su pecho, contra el algodón almidonado de su camisa. Su corazón latía bajo mi palma, su sangre corriendo debajo de mis yemas. Tuve un repentino recuerdo de la sangre que habíamos compartido-yo en mi vieja cama en la casa de Mallory, Ethan arrodillado ante mí, ofreciéndome su muñeca para atravesar el resto del cambio. Pero incluso media enloquecida por la sed de sangre, la había rechazado. No podía beber; no estaba lista para tomar ese paso, especialmente no con él. Compartir sangre había parecido demasiado íntimo para hacer con alguien con quien ya me sentía en conflicto. Pero luego él había cuidadosamente mordido su propia muñeca y me la había ofrecido nuevamente.

Y mientras su control era por lo general fundamental, se había rendido y me había permitido ver el plateado en sus ojos. Me había permitido ver su deseo.

Eso había sido suficiente para mí. Había agarrado su brazo y llevado su muñeca a mis labios. Bebí-por primera vez, realmente bebí-y mientras alimenté mi enfebrecida necesidad nos quedamos juntos bajo un arco de hambre, deseo y lujuria, lo suficientemente fuerte para electrizar el aire.

El recuerdo me golpeó como un tren de carga, y tiré hacia atrás mi mano, shockeada por su intensidad.

Mientras lo miré ahora, vi el entendimiento en sus ojos. Sabía lo que había recordado, pero también sabía que no iba a cambiar de opinión. “Eres tan terca.”

Le di una mirada significativa. “Siempre has sabido eso. Has sabido quien soy desde el comienzo.”

“Sé que no eres igual que el resto de ellos.”

“No fui hecha como el resto de ellos.” Señalé. “No pedí convertirme en uno de tus vampiros. Me convertí en un vampiro porque tú elegiste hacerme uno de ellos.”

“Y qué, Centinela, te hice?”

La habitación se quedó en silencio, hasta que levanté mis ojos a los suyos. Me pregunté qué veía en los míos mientras me miraba fijamente. Veía él el mismo, fuerte deseo opacado por mis propias dudas?”

“Te hice más fuerte?” Preguntó. “Te hice competente?”

Una esquina de mi labio se elevó. “Yo soy quien soy. Tú solo me hiciste vampiro.”

Mientras todavía tenía la fuerza para hacerlo, tomé unos pocos pasos hacia atrás. “No estamos lejos del amanecer. Probablemente debería dirigirme a mi habitación. Me necesitas para algo más?”

“Te necesito para tantas cosas.”

Oh, pero era tan fácil ser halagada por el pensamiento de que un hombre tan intensamente apuesto me quería tan ferozmente. Por supuesto, ese era exactamente el problema. “Tú me quieres para satisfacción física.”

Cuando no obtuve respuesta, levanté la vista de nuevo, pensando que mi ligereza lo había irritado. Pero no había rabia en sus ojos, simplemente líquida, rica plata-el color del hambre.

Mi columna hormigueó, no solo de excitación, sino por algo más básico-un tipo de apreciación vampírica, un interés en cualquier tipo de juego que estábamos comenzando a jugar.

La pregunta era, estaba lista para perder?

Se movió hacia delante y tomó mi mano, luego juntó nuestros dedos, levantando nuestras manos unidas entre nosotros. “Tú valdrías cualquier costo.”

“Si soy valiosa no es la pregunta.” Mi voz era lujuriosa y baja, y me sorprendió su profundidad. Al parecer, la valentía que había estado fingiendo con Lindsey no había sido todo un show-como vampiro, tenía un montón de confianza en mis armas femeninas. Y, más importante, yo sería la única en decidir si él valía mis atenciones.

“Por qué dudas de mí?”

“Porque ya hemos tenido esta conversación antes. En lo de Mallory. En la biblioteca.”

“Estoy comenzando a recordar-“Se detuvo, sacudió su cabeza, luego comenzó de nuevo. “Estoy comenzando a recordar lo que significa necesitar cosas. Risas. Compañerismo. Amor.” Se inclinó y presionó su frente en la mía.

“Y te necesito, Merit.”

Tragué. Esas eran palabras que no había esperado oír, no había estado preparada para oír. Te quiero , seguro. Te deseo, quizás. Pero no necesito- no la admisión de eso, de la debilidad que connotaba. Así de simple, una palabra de ocho letras me dejó desnuda, destruyendo las defensas que había construido con tanto cuidado.

“Ethan.” Mi voz era apenas un susurro, apenas lo suficiente para atravesar el grueso silencio, pero todavía había una advertencia en mi tono.

Una advertencia que él ignoró.

Fue entonces cuando se movió-cuando avanzó, ahuecó mi rostro en sus manos y presionó sus labios en los míos. Se quedó allí, su boca en la mía, por un largo tiempo, antes de apartarse. Pero mantuvo sus manos en mis mejillas y mantuvo sus brillantes ojos en mi cara.

“Me deshiciste, Merit. Totalmente y completamente. No me tomas enserio. Me retas en cada oportunidad. Y eso significa que cuando estoy contigo, soy menos que la cabeza de esta Casa. . .y soy más que la cabeza de esta Casa. Soy un hombre.” Acarició mis mejillas con sus pulgares. “En mi muy, muy larga vida, te necesito más de lo que nunca he necesitado algo.”

Esta vez, no esperé a que él se moviera.

TRADUCIDO POR LU ♥

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Twice Bitten- Capítulo 6




CAPÍTULO SEIS

El enemigo de mi enemigo es mi. . .amienemigo?

Tony podría haberse ido, pero dejó una gruesa estela de tensión detrás de él. Todos miramos a Gabriel, esperando una orden.

“Déjenlo ir,” dijo, luego comenzó a apilar las cartas que Jason y Robin lanzaron sobre la mesa. “Se calmará.”

“Usualmente lo hace,” Jason murmuró, y asumí que ésta no era la primera vez que Tony lanzaba una rabieta. Sus preocupaciones eran entendibles, los riesgos eran reales. Pero el drama no estaba exactamente ayudando.

“No lo sé,” Robin dijo, su ensombrecida mirada en la puerta, “pero esto parece diferente.”

La puerta se abrió nuevamente, y un hombre quien tenía el mismo cabello aclarado por el sol que Gabriel y ojos dorados entró, una ceja arqueada con diversión. Llevaba una camiseta negra ajustada y jeans, su cuerpo largo y delgado. Su cabello que llegaba hasta sus hombros era un tono más claro que el de Gabe, pero su vello facial de una semana de tiempo era un tomo más oscuro.

Dejando esa diferencia de lado, no quedaba duda del parentesco. Ambos tenían un par de ojos profundos y brutalmente hermosos rostros, y exudaba la misma aura de poder y masculinidad no alterada. Éste era un Keene más joven, supuse. “Escándalo, hermano?” Preguntó.

“Drama,” Gabriel contestó, luego levantó la vista hacia nosotros. “Ethan, Merit, éste es Adam. Adam, Ethan y Merit. Adam es el más joven de los hermanos Keene.”

“El más joven y por lejos el más liso,” Adam dijo, chequeando a Ethan y a mí por turnos. Cuando llegó a mí, vi un destello de interés en sus ojos, la apreciación por el ajustado cuero y el envainado acero. Su mirada subió, encontró la mía, y sentí el mismo golpe de poder e historia que había recibido cuando conocí a Gabriel. Pero el golpe de Adam, quizá por que era más joven, tenía una verde, cruda sensación.

De todos modos, me llevó un momento arrastrar mi mirada lejos de Adam Keene y esos hipnóticos ojos dorados, y obtuve una mirada de castigo en unos verdes cuando finalmente lo logré.

Bueno, castigo o celos.

Arqueé una ceja a Ethan, luego regresé a Gabriel. “Hermanos?”

“Soy el mayor. Mamá quería una familia grande, y pensó que sería divertido si éramos nombrados alfabéticamente. Hizo todo el camino hasta llegar al bebé Adam, aquí, antes de que lo pensara mejor.”

“Hola, bebé Adam,” dije.

Sonrió, un profundo hoyuelo asomándose en la esquina izquierda de su boca. Mi estómago se tambaleó un poco.

Oh, sí. Éste era peligroso.

“Tranquilo chico,” Gabe dijo. “Si ella va a ser tomada por un Keene, no vas a ser tu.” Volvió su vista hacia mí y me guiñó. Si no lo hubiera visto con su esposa y su futuro hijo y no hubiera sabido que estaba felizmente casado, hubiera pensado que estaba coqueteando conmigo. Como lo estaba, supuse que estaba presumiendo delante de su hermano bebé.

Sin previo aviso, Gabriel echó hacia atrás su silla y se puso de pie, luego caminó hacia la puerta de cuero rojo. Su expresión era severa.

Confundida, miré a Ethan. Qué está pasando? Le pregunté silenciosamente. Miró a la puerta por un momento y, por primera vez desde que lo conocía, parecía inseguro del protocolo.

Pero cuando los otros cambia formas siguieron a Gabriel de regreso al bar, Ethan los siguió. Me mantuve en la fila detrás de él.

Encontramos a los alfas y al hermano bebé en la ventana frontal del bar, sus espaldas de anchos hombros enfrentándonos, sus miradas en la oscura calle exterior. El bar estaba en silencio-la música ahora apagada-y sus lenguajes corporales eran tensos, la magia en el aire punzante y contenida como si estuvieran esperando a que algo suceda.

“Robin?” Gabriel preguntó, sin voltearse a enfrentarlo.

Robin sacudió su cabeza. “No lo siento. No siento a nadie.”

“No me gusta esto,” Gabriel dijo. “Algo está fuera de lugar. Y está demasiado tranquilo allí fuera.”

“Centinela,” Ethan dijo, “sientes algo?”

“Qué tipo de algo?” Pregunté.

“El cambia formas que se fue,” Gabriel dijo. “Lo sientes. . . esperando?”

Cerré mis ojos, y con un poco de miedo dejé caer mis defensas contra los sonidos y olores del mundo. Me sumergí en una gruesa, cálida manta de sensación, de magia latente, de calor y olor de los cuerpos cercanos.

Pero no había nada inusual. Nada fuera de lo ordinario-asumiendo que un bar lleno de intensos cambia formas con fugas de magia estaba dentro de lo ordinario.

“Nada,” dije, abriendo mis ojos nuevamente. “No hay nada inusual allí fuera.”

Hablé demasiado pronto. Allí fue cuando lo oí-el ruido de caños de escape. El cabello detrás de mi cuello se paró en las puntas, algo en el aire afuera repentinamente alertando a mis instintos vampíricos, algo que vibraba en el aire. Un olor llenó el aire-el fuerte astringente quemado de gases y algo más. . .pólvora?

Tal vez debido a la última dosis de entrenamiento, mi boca y mi cuerpo estaban moviéndose antes de que mi cerebro tuviera la oportunidad de ponerse al día.

“Al suelo!” Ordené, tomando los pasos necesarios hacia delante, mis manos en sus hombros, presionándolos hacia abajo, y cuando no cedieron, grité de nuevo.

Golpearon el suelo justo cuando el percusor era apretado afuera, milisegundos antes de que las balas destrozaran el vidrio de la ventana.

Adam había caído sobre Gabriel, sus brazos una vaina protectora alrededor de la cabeza de Gabriel. Ethan había hecho la misma cosa conmigo. Su cuerpo estaba sobre el mío, sus brazos sobre mi cabeza, sus labios en mi oído. El contacto me hizo temblar de deseo, incluso aunque el caos era desatado a nuestro alrededor. Y no estaba emocionada sobre el cambio de roles; yo era su guardia, después de todo. Yo debía protegerlo. Pero mi rango como Centinela no lo detuvo de rodearme con su cuerpo y de gritar, “Quédate quieta!” a pesar de que luché bajo él, tratando de revertir nuestras posiciones y mantenerlo lejos del peligro.

Quédate quieta, repitió silenciosamente, mientras estaba acurrucada en el suelo, envuelta por su sensación, calidez y aroma.

“Qué mierda es esto?” Gabe gritó, su voz llena con furia, magia salpicando el aire lleno de humo y vidrio.

“Todos detrás de la barra!” Jason dijo, levantando la vista, la misma rabia en sus ojos. Sólo había visto dos cambia formas enojados-Nick Breckenridge y su padre, Michael. Esa vez, habían estado enojados conmigo y con Ethan, pensando que habíamos levantado un amenaza contra ellos. Habían estado protegiendo a su familia, un instinto cambia formas. En este momento vi la misma ferocidad en los ojos de Jason-la rabia por ser amenazados, la necesidad de proteger a la familia.

Asentí hacia Jason, tomé una mano de Ethan dentro de la mía, y le dí a su cuerpo un empujón como instrucción. “Barra” Le grité mientras las balas continuaban lloviendo alrededor de nosotros, una granizada de acero. La proximidad de éstas alertó aún más a mis instintos, haciéndome querer luchar y dar caza-y no sólo porque mi Maestro, quien me había hecho, estaba en la línea de fuego.

No-quería luchar porque era una predadora, dos meses habían pasado desde la primera vez que sentí el tirón de huir-o-luchar. Había templado mi acero con mi propia sangre. . . y estaba lista para alimentarlo con la de alguien más.

Ethan maniobró su cuerpo fuera del mío, luego me dejó tirarlo para ponerlo de pie. Hicimos nuestro camino hasta la barra, medio corriendo, medio arrastrados, luego caímos detrás de ella, moviéndonos hasta una punta para dejarle espacio a los cambia formas para que se unieran a nosotros. Se arrastraron hasta llegar, luego colocaron sus espaldas a la barra, sacando armas para responder a la cabalgada de balas. “Guarden las armas!” Gabriel dijo sobre el estruendo. “Esto va a ser suficiente para un caos de policías. No necesitamos que nuestras balas sean analizadas, también.”

Las armas fueron bajadas dudosamente, pero los celulares rápidamente las remplazaron; llamadas fueron hechas, asumí, a los alfas de las respectivas Manadas.

Me volteé hacia Ethan, dándole a su cuerpo una revisión. Estás bien? Le pregunté silenciosamente, luego levanté mi mirada a sus ojos.

Estaban plateados.

Mi estómago dio un vuelco, mi primer pensamiento fue que uno de los cambia formas había sido disparado y Ethan estaba perdiendo el control. Difícilmente podría haber un peor momento para morder. Pero luego levantó una mano a mi mejilla, sus pupilas plateadas paseándose por mi cara, asegurándose de que estuviera bien.

Estoy bien, le dije.

Eso fue cuando Gabriel, a mi otro lado, soltó una sarta de maldiciones. Inmediatamente miré a la izquierda y ofrecí mi propio insulto-Berna acababa de entrar de una puerta en el otro lado del bar, shock en su expresión.

“Qué demonios-“

Alguien gritó, “Berna-al suelo! Retrocede!”

Miró hacia nosotros, pero estaba demasiado sorprendida para procesar la orden, incluso aunque las balas volaran a través del aire.

Alguien tenía que llegar a ella.

Alguien con velocidad.

Estaba de pie y moviéndome antes de que Ethan pudiera detenerme, saltando por encima de los alfas en mi camino. Las balas todavía cayendo a nuestro alrededor-el perpetrador estaba bien armado y aparentemente preparado para un asalto prolongado-pero las ignoré.

Después de todo yo era inmortal.

Ella no.

Sentí el desgarro de las balas mientras corría hacia ella, el dolor caliente de cuchillazos haciendo estragos a través de la piel y músculo. Había pánico en sus ojos cuando la alcancé, una nube de miedo marcando su lugar en el bar. Estaba segura de que mis ojos se habían plateado-no de hambre, sino de adrenalina-y la visión de ello la debía haber asustado. Pero necesitábamos movernos, y no tenía tiempo para reconfortarla.

También tenía menos de un segundo para tomar la decisión de llevarla de vuelta a la habitación de donde había venido, o llevarla al bar.

No tenía idea de a qué-o a quién-esa puerta dirigía. La cocina? La salida trasera? Si era así, a un segundo asalto al lugar?

No, gracias. Opté por el bar y a los malvados que ya conocía. Me puse entre el cuerpo de Berna y la ventana, luego usé la velocidad y la fuerza que se me habían sido obsequiadas para medio correr, y medio remolcarla devuelta hasta la barra.

Cuando estuvimos metidas detrás de la barricada, la situé en la esquina, la cual pensé, ofrecía la mayor protección de las todavía voladoras balas.

Levantó la vista hacia mí, su rostro pálido, pero su expresión igual de enojada. Sangre borboteaba a través de su hombro. “Disparos!” dijo, señalando con la barbilla hacia su herida. “A mi!”

No hice caso de la punzada interna de interés, ni de la repentina angustia por el hambre que apretaba mi estómago. Esto no era simplemente sangre-era sangre de cambia formas. Como la diferencia entre jugo de tomate y un Bloody Mary, el olor tenía una pizca de algo-algo animal.

Algo intoxicante.

Sacudí mi cabeza para aclarar mis pensamientos. Ahora no era definitivamente el momento. . .

Centrándome en la tarea que tenía a mano, tiré de la camiseta fuera de su hombro y encontré un agujero al borde de su clavícula. Estaba sangrando y la piel estaba desgarrada, pero no lucía como si la bala hubiera realmente penetrado.

“Creo que sólo rozó el hombro,” Le dije.

“Meh,” dijo. “Carne herida.”
Miré a mí alrededor a los estantes debajo de la barra, luego agarré una pila de toallas blancas dobladas. Tomé una del fajo, levanté el brazo (y obtuve un siseo de dolor por mi esfuerzo) y presioné el resto de la pila en la herida. Usé una toalla para sostener el vendaje alrededor de su brazo, apretándola lo suficientemente fuerte para mantener la presión en su herida, pero no tan apretado para no cortar la circulación. Era una mesera, después de todo; probablemente fuera a necesitar su brazo.

“He visto peores,” dijo petulantemente, pero se sentó quieta mientras anudaba los extremos.

“No me importa,” le dije, luego apunté con un dedo en su cara cuando abrió su boca para responder. “Estás sangrando, y tengo colmillos. No me presiones.”

Cerró su boca con un audible click.

Me senté de nuevo, el pinchazo de los disparos que había recibido ahora comenzando a hacerse eco a través de mi cuerpo una vez que el mundo comenzó a ralentizarse nuevamente.

Antes de que pudiera parpadear, Ethan estaba frente a mí, chequeando mi cuerpo en busca de heridas. Oí el plink del metal en el suelo a mi lado y bajé la vista. Una bala rodó a través del suelo, sus bordes aplastados. Había un agujero correspondiente a la altura del muslo en mis pantalones, la piel debajo manchada de sangre, pero curada y rosada. Puntuación uno para la curación de rápida velocidad vampírica.

Levanté la vista nuevamente y encontré los ojos de Ethan en mí, otra bala en su palma abierta. Por el pinchazo en mi hombro, asumí que allí era donde había recibido el segundo tiro.

Podrías haber muerto.

Dudosamente. Pero ella sí podría haber muerto.

Me miró por un momento, preocupación en sus ojos. Y luego, finalmente, su expresión cambió. En vez de miedo, allí había orgullo. Mi movimiento para ayudar a Berna podría haberlo asustado, pero estaba orgulloso de que lo hubiera hecho.

Por supuesto, él también había actuado como un héroe. Gracias por cubrirme en la ventana, le dije.

Asintió, rubor subiendo por sus perfectamente esculpidos pómulos. Me mordí el borde del labio, la actitud protectora en sus ojos encrespando algo en la profundidad de mi abdomen. No habló, pero asintió, como si admitiera el sentimiento en sus ojos.

Y yo no tenía ni idea que hacer con él.

Pesados segundos pasaron antes de que me volteara a los cambia formas. Adam y Robin todavía tenían armas en las manos, pero habían obedecido la orden de Gabriel de no disparar. Jason, en manos y rodillas, estaba arrastrándose hacia la puerta más lejana, tal vez para ver si nos ofrecía una salida.

La adrenalina dándole paso al miedo, la idea era repentinamente muy atractiva. Claro, el disparador estaba afuera y nosotros estábamos metidos detrás de una barra de roble macizo. Pero qué lo detenía de decidir que quería un poco de contacto mano-a-mano, y de entrar al bar? Sí, había probado que podía jugar a la fuerte Centinela cuando era necesario, pero el pensamiento de ser rescatada seguro parecía atractivo justo ahora.

Pensé sobre la oferta de Noah y el hecho de que tendría de compañero a Jonah si consentía unirme a la Guardia Roja. Tener refuerzos ciertamente sería práctico, aunque dudaba que los cambia formas apreciaran una armada subterránea vampírica siendo llamada para lidiar con sus problemas.

Afortunadamente, fui salvada de la necesidad de pensar más sobre la oferta de Noah-los disparos repentinamente se detuvieron, y el bajo gruñido de una moto nos dejó saber que el perpetrador se estaba retirando.

El silencio cayó. . . al menos hasta que comenzaron las maldiciones.

Adam se levantó primero, su mirada escaneando el frente del bar y la calle. “Despejado,” dijo, y el resto de nosotros lo seguimos. Ayudé a Berna a ponerse de pie, preparándola para un viaje en la ambulancia que estaba comenzando a sonar en su camino por la calle, indudablemente llamada por alguien en el barrio quien hubo oído el bombardeo de disparos.

Estaba casi avergonzada para mirar a Ethan, lo que había pasado entre nosotros en el medio del ataque había sido demasiado personal para reconocerlo frente a extraños. A pesar de nuestras posiciones, había tirado su cuerpo sobre el mío sin dudarlo, colocándose entre el peligro y yo. Y luego estaba esa mirada en sus ojos. Parecía poco probable que yo fuera el objetivo del ataque, pero eso no hacía sus actos menos significativos que la última vez que había venido a mi rescate-la noche que había sido atacada y en la que me convirtió en vampiro.

Dejando su valentía de lado, ahora las cosas simplemente parecían raras, como si fuéramos adolescentes quienes repentinamente eran conscientes de su atracción por el otro. Ethan finalmente me miró, su mirada insensible, su expresión fría. Había apagado los sentimientos, así que adopté la misma mirada de Maestro vampiro y asentí en respuesta, un rápido, eficiente gesto que no decía nada de lo que había pasado entre nosotros. La negación parecía la respuesta más fácil.

“Asumo,” Ethan dijo en voz alta, volteándose hacia los cambia formas, “que uno de ustedes era el objetivo del ataque?”

“Todas las señales apuntan a Gabriel,” dijo Jason, brazos sobre su pecho mientra miraba la destrucción en el bar. “Esta Con-Manada fue su idea.”

Comprendí la tristeza en su voz. El bar estaba en ruinas. No quedaba nada de la ventana más que unos trozos irregulares de vidrio que continuaban en el marco; el resto de ella estaba sobre las baldosas, disperso entre los restos del cartel de neón del bar y pósters de cerveza. Una brisa entró a través del agujero en el frente de bar, trayendo la esencia de metal caliente y pólvora, y los sonidos de sirenas apresurándose hacia nosotros.

“Hay tres líderes de Manadas aquí,” Adam señaló, “no sólo el líder de la Norteamericana Central. El objetivo pude haber sido cualquiera de ustedes.”

“Un punto válido,” Gabriel dijo.

Adam se inclinó sobre mí. “A propósito, lo hiciste bien. No estoy seguro de que Sullivan te dé suficiente crédito.”

Aprecié el cumplido. Lo hubiera apreciado más si hubiera estado acompañado por el estofado de rollos de repollo, pero una chica debía tomar lo que una chica podía obtener. Le sonreí debajo de mi flequillo. “Lo sé, soy un gran asunto.”

Bufó entretenido.

“Un líder de la Manada está notablemente ausente del grupo,” Ethan dijo. “Y el modo de ataque-que hayamos oído una moto antes y después-sugiere que fue un cambia formas.”

“Tony estaba tan desquiciado cuando se fue,” Robin agregó.

Hubo silencio ante la sugerencia.

Jason finalmente sacudió su cabeza. “Tony no es tan estúpido. No para intentar un ataque justo después de irrumpir fuera de la habitación. Además,” agregó, mientras tres patrullas de policía estacionaban fuera del bar, “esto solo crea más drama. Atrae más atención hacia las Manadas.” Las puertas de los autos sonaron mientras los policías salían de los vehículos, con sus manos en las fundas.

Más atención, pensé. Exactamente lo que los cambia formas querían evadir. Y quizá esa atención era la motivación del disparador? “Más drama y atención haría a las Manadas más interesadas en irse a Aurora? Para mantenerse fuera del ojo público, quiero decir?”




Las cabezas se voltearon en mi dirección.

“Ese no es un malo pensamiento,” Gabriel dijo. “Sería un plan ridículo, si eso era lo que el disparador tenía en mente, pero un buen pensamiento.” Bajó su voz a un suave murmullo. “Ya que todos estamos por ser interrogados, mantengamos el drama supernatural y las mentiras complicadas, a un mínimo, sí? Omitamos los detalles biológicos pero soltemos el resto. Estábamos jugando al póker y planeando una reunión familiar. Concluimos el juego y nuestra reunión, y la próxima cosa que ustedes saben. . .”

La próxima cosa que ustedes saben son las autoridades de Chicago atravesando la puerta.

Nos tomaron declaraciones a todos, cuatro uniformados y un par de detectives vestidos de civiles, nos llevaron a través de los detalles del asalto, mientras un equipo forense iba en busca a través de los vidrios de balas u otra evidencia que pudiera llevarlos al culpable. Me mantuve a lo esencial que Gabriel había establecido-contando el cuento exactamente como había sucedido, pero dejando afuera un poco sobre por qué los cambia formas realmente habían planeado reunirse.

Los policías en general, parecieron comprarlo. Probablemente tenían curiosidad sobre por qué dos vampiros estaban en el barrio Ucraniano, con katanas a sus lados, en un encuentro de personas que estaban planeando una reunión familiar. Pero sabían quien era yo-ya sea porque era la nieta de Chuck Merit, o la hija de Joshua Merit, no estaba segura-así que mantuvieron las preguntas intrusivas a un mínimo. Actué el papel de inocente (lo cual, por supuesto, realmente era), y parecieron lo suficientemente satisfechos con mis respuestas.

Luego de que fuimos interrogados, Ethan y yo estábamos de pie en la acera, reacios a alejarnos y dejar a los cambia formas solos, pero no interesados en ser acusados de interferir en una investigación policial. Estábamos todavía fuera cuando un familiar Oldsmobile aparcó.

“Tenemos compañía,” dije, asintiendo hacia el auto, una sonrisa floreciendo en mi rostro.

Mi abuelo emergió del lado del conductor; su mano derecha, Catcher Bell, permaneció en el asiento delantero, un celular presionado contra su oído. Catcher tenía veintinueve y era un poco rudo alrededor de los bordes, pero esa rudeza en realidad aumentaba su atractivo. Su cabeza estaba rasurada, sus ojos eran verdes pálido, su cuerpo un trozo de fuertes músculos y tenía un tatuaje ocasional-que incluía un círculo cortado en cuadrantes a través de su abdomen.


Jeff emergió del asiento trasero. Estaba vestido con su conjunto habitual-una camisa de manga larga abotonada hasta arriba, con las mangas arrolladas hasta la mitad de su antebrazo, y un par de pantalones caquis. Jeff tenía veintiuno, los desconocidos pensarían que tiene el pudor de un niño dulce con un corazón muy grande. . . pero no mucha experiencia mundana.

Esa suposición sería completamente incorrecta. Jeff era una cambia forma, habilidoso con las damas y se rumoreaba, al menos por Catcher, que era más que capaz de cuidar de sí mismo. Le tomaba la palabra a Catcher.

Jeff caminó hasta nosotros. Me sonrió, luego me empujó con un hombro. “Cómo está mi vampiro favorita?”

“A ella le gusta ser la favorita de alguien, especialmente en los días en que es disparada.”

“Te dispararon? Cómo? Dónde? Te encuentras bien?” Puso sus manos en mis brazos y comenzó a examinarme. Sus ojos se ensancharon por el agujero en mi chaqueta donde la bala había penetrado. “Tienes que ser más cuidadosa.”

Se me ocurrió levantar la mirada y atrapé la sonrisa en el rostro de Ethan; estaba claramente disfrutando esto. Le di una mirada maliciosa, luego aparté las manos de Jeff, y presioné un ligero beso en su mejilla. “Estoy bien. Preocupémonos por tu gente hoy. Qué demonios pasó aquí? No se suponía que las Manadas eran grandes familias felices?”

Su expresión se puso inusualmente seria. “Eso es exactamente lo que estoy dispuesto de descubrir.” Sin más palabras, giró en sus talones y caminó hacia la puerta frontal del bar. Los dos cambia formas que estaba de pie fuera vigilando, se movieron a un lado para dejarlo entrar, ambos inclinando sus cabezas respetuosamente mientras pasaba.

El chico era definitivamente una maravilla.

“Un gusto encontrarlos aquí,” mi abuelo dijo, ofreciéndome una sonrisa antes de ofrecerle la mano a Ethan, quien la tomó, y luego la sacudió.

“Sr. Merit,” Ethan dijo.

“Chuck, por favor, Ethan,” mi abuelo dijo. “Sr. Merit era mi padre.” Me miró nuevamente, y su expresión se volvió preocupada.

“Te dispararon?”

“Un par de veces, en realidad. No están mintiendo sobre la cosa de la inmortalidad.” Dejó salir un suspiro de alivio, luego se inclinó hacia delante y presionó sus labios en mi frente. “Me preocupo por ti.”

“Lo sé. Tendré cuidado.” Al menos lo más que pueda, agregué silenciosamente. Miré a Ethan por el rabillo de ojo. E incluso cuando no tenía tanto cuidado como podría, tenía un vampiro de ángel, listo para recibir un disparo en mi lugar.

No estaba segura si eso era confortante o no.

“Más te vale,” mi abuelo dijo, luego retrocedió.

“Todo el mundo se encuentra bien excepto por la camarera,” Ethan explicó. “Recibió un disparo en el hombro, pero luce como si la bala lo hubiera atravesado. Merit hizo de EMT (técnico de emergencias médicas). Lo hizo bien.”

Mi abuelo sopló un aliento. “Por supuesto que lo hizo bien. Es mi nieta.” Tomó un paso hacia delante y bajó su voz. “Parece ser que se han involucrado en otra controversia de cambia formas. Le están haciendo un favor a Gabriel?”

Ethan asintió. “Nos pidió que estuviéramos presentes en esta reunión y en la convocación.”

Las pobladas cejas de mi abuelo se elevaron en sorpresa. “Entonces se van a reunir?”

“Consiguieron llegar a un acuerdo,” Ethan dijo. “Al menos antes de que el caos se desatara.”

“No es que el caos sorprendiera a alguien,” dijo una voz detrás de nosotros. Me volteé y encontré a Catcher frunciendo el ceño hacia el bar y deslizando el celular dentro de su bolsillo. Supuse que había terminado con su llamada. Además de su sarcástica personalidad, Catcher era un coleccionista de remeras sarcásticas. Fiel a su estilo, hoy vestía jeans y una remera negra casual que decía NO SOY YO; SOS VOS.

“Ethan. Merit,” dijo, sin mirarnos. “Un golpe intencional?”

“Eso es lo que parece,” Ethan dijo, luego inclinó su cabeza hacia mi abuelo. “Dado que la ciudad no está enterada de la biología de Gabriel y las Manadas, asumo que estás aquí porque nosotros estamos aquí?”

“El gobierno sabe sobre los cambia formas,” mi abuelo explicó, “pero no hay necesidad de forzar la publicidad más allá de lo que ellos se sientan cómodos. Vampiros estuvieron involucrados. Eso significa que yo estoy involucrado. Haremos lo necesario para asegurarnos que la policía tenga la información que necesitan, sin revelar información que el Alcalde Tate no crea que necesiten saber.” Aunque Tate sabía que nosotros existimos-vampiros y cambia formas-era distante cuando se trataba de lidiar con las Casas.

“Mantiene la biología en secreto?” Pregunté.

Mi abuelo asintió filosóficamente. “Mantiene a los hombres y mujeres de esta ciudad seguros en casa, y no fuera en las calles provocando disturbios porque descubrieron más extraños en su medio.” Desde que el anuncio de Celina sobre la existencia de los vampiros había inicialmente terminado en disturbios y caos, entendía su punto. Catcher inclinó su cabeza hacia el bar. “Por qué el ataque?”

“Rivalidad política,” Ethan ofreció. “Parece haber cierta tensión entre los líderes Americanos sobre quedarse en Chicago-“

“O irse,” terminé por él.

“Los alfas no parecen entusiasmados con la idea de quedarse, de no dirigirse de regreso a Alaska. Sé que no son investigadores,” Ethan agregó, “pero hay una posibilidad de que Tony Marino, cabeza del Gran Noroeste, haya sido la fuente de la violencia. Se fue en un ataque de furia, y los disparos fueron hechos por alguien en una moto minutos después. No es evidencia fuerte, pero quizá es algo a tener en cuenta.”

Mi abuelo asintió. “Trabajaremos en eso. No estoy seguro de lo que vamos a encontrar en el éter, pero ya veremos.”

Me pregunté si Noah o la GR tenía información a la que mi abuelo no tenía acceso. Valdría la pena unirme a la GR, para incrementar mi acceso a información sobre las Casas en una escala nacional?

“Les dio Keene algún detalle sobre el trabajo de seguridad sobre el que quería hablar?” Catcher preguntó.

“Merit y yo somos el convenio de seguridad, como resultó ser. Nos quiso aquí esta noche, obviamente, y nos quiere en la convocación el Viernes.” Ethan frunció el ceño. “Pero si los cambia formas desean dispararle bajo el amparo de la oscuridad, no estoy seguro de que podamos hacer mucho más que minimizar el daño colateral.”

“Asumo que la camarera fue algo de ese daño colateral?” Mi abuelo preguntó.

“Creo que es una suposición segura de que las balas no estaban dirigidas a ella,” Ethan confirmó.

Con el interrogatorio terminado, mi abuelo se dirigió al bar. Cambié mi mirada a Catcher. Él y yo teníamos cosas que discutir, así que antes que se alejara, toqué su brazo. Bajó su mirada, sus cejas levantadas en pregunta.

“Cómo está Mal?” Le pregunté, pero mis preguntas silenciosas eran bien diferentes: Dijo algo sobre mi? Me mencionó? Me extraña?

“Por qué no la llamas y le preguntas tu misma?”

Le di una mirada inexpresiva. “La línea funciona de ambos lados,” señalé. Además, ella había sido la que me había presionado sobre Ethan, la que me había arrojado mis “Problemas con Papi” a la cara. Podría haber sido inmaduro evitar hacer la llamada, pero ella tenía tanto como yo para responder por lo que hicimos.
Catcher rodó sus ojos cansadamente. “Te extraña, bien? Mi vida será mucho, mucho más simple cuando ustedes dos se reconcilien.”

Dios lo bendiga por confiar en que eso sucederá.

“Cómo está yendo su entrenamiento?” Ethan preguntó.

A pesar su desagradable relación con la Orden, el órgano gobernador para los hechiceros y hechiceras y los nuevos jefes de Mallory, su rostro se transformó en una sonrisa orgullosa. “Excelente. Está pateando traseros.”

“Por supuesto que lo hace,” dije y cuando mi abuelo miró desde la puerta del bar, le dí un pequeño empujón al brazo de Catcher. “Ve a jugar con Chuck.”

“Yendo,” dijo. “Y recuerda lo que dije. Haz lo correcto, Merit. Llámala, incluso aunque sea incómodo.”

No tenía duda de que era necesario. Desafortunadamente, tampoco tenía duda de que sería incómodo. Nunca fui buena al teléfono, y por mucho que extrañara a mi chica y no quisiera que mis colmillos y su magia se interpusieran entre nosotros, todavía era una llamada que no estaba lista para hacer.

Algunos días no pagaba por ser una adulta.

Pasaron treinta minutos más antes que las patrullas extra de policías comenzaran a alejarse del bordillo, y diez más antes de que Jeff, Catcher, y mi abuelo emergieran del bar, dejando a los cambia formas detrás de ellos.

“Cuál es la buena noticia?” Pregunté cuando se acercaron.

Mi abuelo sacudió su cabeza. “Gabriel no cree que Tony es capaz de esto.”

“Está siendo objetivo?” Ethan preguntó.

Catcher se encogió de hombros. “Difícil de decir, pero él conoce mejor a Tony que el resto de nosotros.”

“No suena como un intento de asesinar a Gabriel,” Jeff dijo, sus delicados rasgos ceñidos por la seria concentración. “Los disparos fueron al bar, no a un cambia formas en particular. El disparador podría haber intentado abrirse camino dentro, usado un rifle, o como francotirador.” Arrugó el ceño. “Esto parece más un mensaje-un ataque contra las Manadas o la reunión, no contra Gabriel específicamente.”

“Los forenses procesarán las balas,” mi abuelo dijo. “Tal vez encuentren algún rastro, para averiguar el blanco y el perpetrador.”

“Yo, por ejemplo, me sentiría mucho mejor sabiendo que el loco disparador de cambia formas está fuera de las calles,” Jeff dijo, metiendo las manos en sus bolsillos. Pero luego levantó la vista hacia mí, un brillo en sus ojos. “A menos que alguien esté dispuesta a ofrecer un poco de protección?”

“Sigue soñando,” dije, pero golpeé su hombro cordialmente.

“Vamos, Casanova,” Catcher dijo, conduciéndolo hacia el auto. “Vayamos a usar ese disco duro que reformaste.”

“Reformateé.”

“Lo que sea.”

Nos despedimos, y mi abuelo siguió a Catcher y a un tímido Jeff de vuelta al Olds y a su oficina del lado Sur.

Los cambia formas restantes-Gabriel, Adam, Jason, Robin y un puñado de hombres rubios que asumía debían ser más hermanos Keene nombrados alfabéticamente-salieron y se congregaron cerca de la puerta. Un camión de reparto estacionó junto al bordillo y dos hombres más bajaron de un salto, luego comenzaron a levantar tablas de una madera en particular para colocar sobre la ventana rota. Mientras que los otros hermanos comenzaron a ordenar y dirigir la reparación, Gabriel, Adam y los otros líderes de Manada caminaron hacia donde nos encontrábamos.

“Apreciamos su discreción esta noche,” Gabriel dijo.

“Es la mejor parte del valor,” señalé.

Ethan puso sus ojos en blanco. “Los vampiros ya no tenemos el lujo de la discreción, pero entiendo la necesidad. Serán capaces de mantener la convocación encubierta después de esto?”

“No estoy preocupado sobre ello. Entraremos, nos encontraremos, saldremos y nos dispersaremos de vuelta a nuestros respectivos territorios.”

“Y ese territorio es Chicago?” Ethan preguntó, su cabeza inclinada a un lado. “Dijiste que Chicago era una ciudad de poder. A quién le pertenece ese poder?”

Gabriel sacudió su cabeza. “No quieres saber la respuesta a eso, vampiro. Mientras esperamos la conferencia, nos centraremos en ésta investigación.”

“Y hasta entonces?” Ethan preguntó, luego miró alrededor a los hombres. “Todos tienen seguridad con la que se sientan cómodos?”

Gabriel asintió. “No estoy preocupado por el día a día; es la reunión masiva de los miembros de la Manada lo que me tiene preocupado. Todavía están dispuestos a trabajar en la convocación, dado el drama?”


Ethan consideró la idea. “Cuáles son las posibilidades de que ponga a mi Centinela y a mí mismo justo en la línea de fuego?”

Gabriel ladró una risa. “Dado lo que he visto hasta ahora, supongo que un cien por ciento.” Se inclinó sobre mí. “Empaca todo el acero que encuentres, Gatita. Probablemente vayas a necesitar el arsenal.”

“Tienes una ubicación final?” Ethan preguntó.

“El mismo barrio, pero estamos finalizando los detalles.” Su voz se volvió inexpresiva cuando volvió su vista a lo que quedaba del bar. Chequeó su reloj. “Son las dos y treinta. Déjenme solucionar las cosas aquí, y los llamaré antes del amanecer.”

Ethan asintió, luego extendió una mano hacia Gabriel. “Esperaremos tu llamado, y estaremos preparados para lo peor el Viernes.”

Gabe soltó una risa mientras la sacudía. “Eres siempre el vampiro, Sullivan. Siempre el vampiro.”

“Qué otra cosa sería?” Ethan reflexionó en voz alta.

Con un acuerdo cerrado, nos dirigimos al auto de Ethan.

“A propósito,” Ethan dijo cuando el motor estuvo zumbando. “Me gusta la chaqueta.”

La incomodidad que parecía existir entre nosotros más temprano desapareció en los estrechos límites del auto. Quizá porque le gustaba mi chaqueta, quizá porque me tenía que perder los rollos de repollo de Berna, y me dejó llamar a Saul´s, mi parada de pizza favorita en el Wicker Park, para ordenar el tipo Chicago para llevar. Aparcó en el bordillo, y salí quince minutos después con la “Especialidad de Saul” extra-grande-tres pulgadas de corteza, queso, carne y salsa (en ese orden). Ethan, seguramente, se burlaría de la grasa, pero era perfecto para satisfacer el hambre post-tiroteo de un vampiro tarde a la noche. O al menos, eso pensé había sido mi primer tiroteo.

Cuando volví al auto, Ethan estaba en el celular. El celular estaba en modo altavoz, así que escuché mientras informaba a Luc y Malik sobre los eventos de la noche, la próxima llamada de Gabe y nuestros nuevos planes para la noche del Viernes.

Obtuve una ceja arqueada cuando me deslicé dentro, la caja de la pizza en mi regazo, probablemente por el tamaño extra grande. Humedeció las rodillas del pantalón de mi traje, sin duda dejando un redondel de grasa en el proceso. Por suerte tenía un par de respaldo. No creía que Ethan aprobara una Centinela manchada de grasa.

Cuando su llamada estuvo terminada, y mi estómago estaba ronroneando lo suficientemente alto para llenar el auto de sonido, comenzamos nuestro regreso a Hyde Park.

“Ha sido una larga noche,” dijo. “Asumiendo que desees dejar apartados una o dos porciones de eso para mí, acamparemos en mis apartamentos y esperaremos la llamada de Gabriel.”

Desde que había estado en sus apartamentos el día antes-y desde que tenía siete u ocho libras del Especial de Saul en mi regazo-no le di a la invitación el tipo de pensamiento que se merecía. Y tenía sentido pensar que íbamos a relajarnos con la pizza en los cuartos de Ethan mientras esperáramos la próxima llamada de Gabriel, reflexionando sobre los eventos de la noche y considerando estrategias para la convocación y la pre-reunión.

Bueno.

Estaba casi en lo cierto.

TRADUCIDO POR LU♥

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Twice Bitten- Capítulo 5

CAPÍTULO CINCO: SALIDA DE MUCHACHOS

“Qué te pondrías si jugaras a la seguridad para los alfa de los cambiaformas?”

Me paré en bata frente a mi armario abierto, pero miré hacia atrás, a Lindsey, que estaba sentada de piernas cruzadas sobre mi cama con una bolsa de bastoncillos de licor de fresa en su regazo.

“Nada en lo absoluto?” dijo con una sonrisa.

“Llevaré ropa.”

“Aguafiestas. Pero si vas a jugar a la mojigata, bien podrías interpretar una mojigata sexy. Acaso no dijiste que Gabriel mencionó cuero?”

Dejando el mordaz comentario de lado, ella tenía razón. Después de todo, sí era propietaria de un extremadamente sexy conjunto de cuero negro que había sido un regalo de Mallory y Catcher para mi vigésimo octavo cumpleaños – pantalones ceñidos, corsé a modo de bandeau, y una ajustada chaqueta estilo motociclista. Era un equipo fabuloso, pero era demasiado al estilo portada de libros de Fantasía Urbana.

“Vampiros en cuero son tan cliché,” dije.

“No estoy en desacuerdo contigo, pero los cambiaformas lo apreciarían. Ellos se vuelven locos por el cuero.”

“Seeh, tuve esa sensación.” Sin embargo esa cantidad de cuero – y esa pequeña cobertura del torso – no eran mi conjunto de batalla ideal, de modo que revolví entre algunas musculosas, en búsqueda de algo que pudiera reemplazar el sujetador tipo bandeau. Por otro lado, pantalones de cuero y una camiseta sin mangas se parecía un poco demasiado a Linda Hamilton.

“Tal vez un intermedio,” murmuré, extrayendo la chaqueta de cuero de su percha de madera. La coloqué sobre la cama junto a mis pantalones de traje de Cadogan y un simple top negro, luego retrocedí un paso para echar un vistazo.

La chaqueta le añadía un claro elemento de ‘patea-traseros’ a los angostos pantalones y el top. El conjunto aún era estrictamente de negocios, pero de la clase de negocios que prometen repercusiones si el acuerdo no prosperaba. Con una katana rojo sangre a mi cintura, y un medallón dorado de Cadogan alrededor de mi cuello, puede que fuera capaz hacerlo funcionar.

“Bueno,” dijo Lindsey, “ésa es una Merit a la que podría respaldar. Pruébatelo.”

Cuando estuve vestida, tomé una banda elástica negra de la parte superior de mi cómoda y sujeté mi cabello en una coleta. Dado que estaría con Ethan, omití colocar mi localizador de Cadogan, pero deslicé mi teléfono celular en uno de los bolsillos de mi chaqueta y cogí mi katana.

Con el equipo armado, me giré para que Lindsey pudiera echar un vistazo. Ella asintió y se paró. “Sólo una pregunta – puedes hacer funcionar ese atuendo? Puedes adueñártelo?”

Miré hacia atrás al espejo, inmersa en el cuero y la espada, y sonreí. “Pues sí. Creo que puedo.”





Me encontré con Ethan en el sótano junto a la puerta que conducía al estacionamiento subterráneo. Había, de hecho, bajado las escaleras pavoneándome, lista para dejar perplejo al Sr Halagos.

Como si la suerte lo hubiese querido, fui yo la sorprendida, porque no había sido la única en repensar mi conjunto: aparentemente Ethan tomó la instrucción de Gabriel de ‘nada de Armani’ al pie de la letra. Había bajado en jeans. Jeans de forma perfecta que se ajustaban en su cadera, y luego caían para cubrir las botas oscuras. Los había combinado con una ceñida camiseta gris que estaba prácticamente moldeada en su torso. Su cabellera dorada estaba suelta, enmarcando sus marcados pómulos y sus matadores ojos verdes.

Soy lo suficientemente fuerte como para admitirlo – me le quedé mirando.

Ethan me dió un lento escrutinio a ceja alzada, masculina gratificación en sus ojos. Cuando finalmente asintió, asumí que había pasado el examen.

“Estás usando vaqueros.”

Miró por encima mío con expresión divertida, luego presionó los números en el teclado de junto a la puerta del estacionamiento. El lustroso Mercedes convertible negro de Ethan y otros pocos vehículos propiedad de vampiros de alto rango (ej. no novatos como yo) estaban aparcados dentro.

“Soy capaz de vestirme como la ocasión lo requiere.”

“Aparentemente.” Murmuré, con irritación en mi voz. Esa era una emoción infantil, seguro, pero no se suponía que el hombre luciera mejor que yo. Se suponía que él fuera el que estuviese impresionado por mi radiante nuevo estilo.

No que me importara lo que él pensara, me mentí a mi misma.

Ethan hizo sonar su sistema de seguridad, luego abrió la puerta del acompañante para mí.

“Muy amable,” dije mientras me subía al interior, acomodando mi katana dentro de la pequeña coupé.

“Tengo mis momentos,” respondió, su mirada sobre el garaje a su alrededor, luego cerró la puerta tras de mí.

Cuando él estuvo igualmente instalado, condujimos por la rampa hasta el portón de seguridad, el cual se levantó ante nuestro acercamiento, y salimos hacia la oscura noche veraniega, pasando como un rayo al puñado de paparazzi que estaban parados en la esquina del terreno, con las cámaras listas. Dado que éramos un grupo de cautivos – cerca de un tercio de los vampiros en la Casa retornando a dormir antes de cada amanecer – ellos aún no se habían molestado en seguirnos por ahí cuando dejábamos Hyde Park.
“A dónde estamos yendo exactamente?”

“A un bar llamado Pequeña Colorada,” dijo Ethan. “Un lugar en medio de la localidad Ucraniana.” Indicó con la cabeza hacia el panel del GPS ubicado en la consola. Ya estaba trazando nuestro camino hacia el barrio, el cual estaba en un trozo de Chicago conocido como West Town.
“Pequeña Colorada,” repetí. “Qué quiere decir?”

“Presumo, es una referencia a Caperucita Roja.”

“Así que los cambiaformas son lobos? Jeff dijo que su forma tenía algo que ver con su poder.”

“No todos son lobos. Cada cambiaformas se transforma en un animal, y ese animal viene de familia.”

“De modo que si uno de los Breck fuera un tejón, todos los Breck serían tejones?”

Ethan rió disimuladamente. “Teniendo en cuenta nuestras experiencias con Nick Breckenridge hasta el momento, estaría feliz de saber que era un tejón.”

Nick había sido un participante involuntario en el esquema de chantaje de Peter. Y en el proceso, él se había transformado del ex novio de esta servidora a un gruñón dolor en el trasero. ‘Tejón’ parecía enteramente apropiado. “Estoy de acuerdo.”

“Desafortunadamente,” dijo Ethan, “las familias generalmente no publicitan sus respectivos animales. Así que si no se está en muy, muy buenos términos con un cambiaformas, la única forma de que una persona ajena sepa el animal es verlo cambiar. Dicho eso, uno presumiría que cuanto más poderosos son los miembros de la Manada – Apex y similares – son predadores. Más grandes, más malos, más feroces que el resto.”

“De modo que, lobos u osos grises o algo similar, en lugar de comadrejas menores.”

“Comadrejas menores?”

“Son reales,” confirmé. “Ví una en un centro natural una vez. Diminutos animalitos. Así que Gabriel – qué sabemos de él?”

“La familia Keene – el padre de Gabriel, tío abuelo, abuelo, etc – han dirigido la Manada Central Norteamericana por siglos. Tenemos información independiente de que son lobos.”

“Independiente? Acaso eso vino de tu secreta fuente vampira?” Mi abuelo tenía representantes de los tres grupos sobrenaturales entre sus empleados – Catcher para los hechiceros, Jeff por los cambiaformas, y un tercero, una fuente vampira secreta que mantenía su bajo perfil a fin de evitar molestar a su Maestro. A pesar de ese anonimato, mi abuelo en ocasiones compartía con Ethan la información que recibía.

Se me había ocurrido que Malik, el segundo al mando de Ethan, podría ser el anónimo vampiro. Malik conocía todo lo que sucedía en la Casa, pero usualmente se lo reservaba para sí mismo. Él era intenso, pero parecía estar del lado de la verdad y la justicia. Proveer información secreta, pero crucial, a la oficina del Defensor del Pueblo, información utilizada en última instancia, para mantener la paz entre los sobrenaturales de Chicago, parecía justo a su medida.

“Independiente,” dijo Ethan, “en referencia a que no vino de un vampiro. Supongo que te estamos tirando a los lobos,” añadió luego de un momento, “aunque no eres exactamente del tipo que se va paseando por el bosque, canastilla en mano, a la casa de la abuelita.”

“No,” estuve de acuerdo, “no lo soy. Pero soy del tipo que toma el Volvo para ir a la oficina de mi abuelo, con una cubeta de pollo en mano.”

“Suena como un buen paseo.”

“Lo era. Ya sabes que amo la comida. Y a mi abuelo. Pero no necesariamente en ese orden.”

El tráfico no estaba mal mientras nos movíamos al norte, pero aún así nos tomó veinte minutos llegar a West Town. Ethan se puso cómodo para el viaje – un brazo apoyado sobre la puerta, el otro sobre el volante a las tres en punto.

Eventualmente, salimos de la I-95 y entramos al barrio, luego dimos un par de vueltas más hacia una calle comercial con edificios de ladrillo que probablemente hayan tenido sus buenos días en los ‘60. Ahora se posaban ampliamente desiertos a excepción de unas escasas tintorerías y pastelerías internacionales. A esta hora de la noche la calle estaba desierta de peatones….pero repleta de motos.

Las motos, supuse, eran un marcador para las Manadas. En este caso, era una hilera de rodados de aspecto retro – motocicletas bajas, curvilíneas, con mucho cromo y cuero rojo – aparcadas una al lado de la otra, cerca de una docena en total. Estaban alineadas frente a un edificio de ladrillos que se emplazaba en una esquina. Un destellante letrero circular blanco – como una luna llena en el medio de Wicker Park — portaba las palabras PEQUEÑA COLORADA en simples letras rojas.

“Debe ser eso,” dije mientras Ethan maniobraba el Mercedes en una zona de estacionamiento en paralelo calle arriba. Salimos del auto y hacia el retumbar de la música rock, que se esparcía por la calle cuando la puerta se abrió. Un hombre en cuero, de barba corta y una coleta rubio oscuro montó una de las motocicletas, encendió el motor, y se alejó.

“Un cambiaformas menos que seremos capaces de conocer,” le susurré a Ethan, quien gruñó en respuesta.

Nos pusimos nuestras katanas, y caminamos por la cuadra hacia la puerta y dentro del bar.

Las motos no eran el único indicativo de que algo diferente estaba sucediendo en el Barrio Ucraniano. Cuando llegamos a la esquina donde se ubicaba la puerta principal, en diagonal a la calle, vislumbré un trío de marcas sobre la pared de ladrillos. Me detuve y observé más en detalle, entonces llevé las puntas de mis dedos a la pared. Eran marcas limpias, alongadas, uniformemente espaciadas, y profundamente metidas entre los ladrillos y la argamasa. Éstas no eran marcas de gubias, me dí cuenta. Eran marcas de garras.

“Ethan,” dije, luego hice señas hacia los arañazos.

“Es una señal,” explicó. “De que este es un sitio de la Manada.”

Y aquí estábamos, vampiros entrando en su guarida.

Pero dado que estábamos aquí, y no había nada que hacer más que hacerlo, tomé la iniciativa y abrí la puerta.

El bar era una habitación estrecha – un puñado de mesas frente a un gran ventanal, una larga barra de madera recorriendo al otro lado. La música de alto dinamismo estaba lo suficientemente fuerte como para dejar hematomas en mis tímpanos, y dí un respingo ante el retumbe. El sonido se desbordaba desde una rocola en una esquina, esa máquina, la única decoración que no involucraba propaganda de cervezas, whiskey, o Malört, la perversamente fuerte versión de Chicago del ajenjo.

Hombres en chaquetas de cuero con las siglas CNA en gigantescas letras bordadas en la espalda bebían en las mesas, ingeniándoselas de alguna forma para conversar por encima del rugir de la rocola. Asumí que CNA estaba puesto por la Manada Central Norteamericana.

El cabello en mi nuca se erizó. Había algo inquietante acerca del lugar, acerca del hormigueo de magia que llenaba la habitación, como si el aire en sí mismo estuviera electrificado.

Los cambiaformas levantaron la vista mientras ingresábamos, sus expresiones no eran exactamente de bienvenida. Al parecer nadie estaba demasiado entusiasta acerca de los vampiros en medio de ellos, se pararon y apartaron hacia atrás sus sillas. Mi corazón se aceleró, mi mano moviéndose hacia el mango de mi katana, pero los cambiaformas se dirigieron hacia la puerta del frente, dejándonos en el medio del bar, rock & roll aún esparciéndose a nuestro alrededor.

Ethan y yo intercambiamos miradas.

“Tal vez la comida es mala?” me pregunté en voz alta, pero ese no podía ser ese el caso. A pesar de la mala vibra, el aroma en el bar era fabuloso. Bajo la nota predominante a humo de cigarrillo había algo delicioso – estofado de carne y repollo, como si los rollos de repollo estuvieran en hervor en el cuarto trasero. Mi estómago rugió.

“Les ayudo?”

Nos giramos para enfrentar la barra. Tras ella estaba en pie una mujer corpulenta, vistiendo una camiseta que decía PEQUEÑA COLORADA y la caricatura de una chica en un tapado rojo con capucha estampado en el frente. El cabello corto, rubio teñido, de la mujer estaba enredado arriba de su cabeza, y había suspicacia en sus ojos.

Esta debía de ser Berna.
“Gabriel,” dijo Ethan por sobre la música, dando un paso a mi lado, “nos pidió que lo encontremos aquí.”

Una mano en la barra, otra sobre la cadera, la mujer señaló una puerta en cuero rojo cercana al extremo del bar. “Atrás,” ella medio gritó, luego arqueó una ceja al tiempo que me miraba por encima. “Demasiado flaca. Necesitas comer.”

Apenas tuve la oportunidad de abrir la boca para responder – la cual, dado el aroma a carne y vegetales en el lugar, habría supuesto un rotundo “si” – cuando Ethan le sonrió amablemente.

“No gracias,” gritó.

Ella dio un respingo ante la respuesta de Ethan, pero retornó a su bien laqueada barra y comenzó a limpiarla con un trapo húmedo.

Ethan se dirigió a la puerta colorada.

Hasta aquí llegó mi ilusión de rollos de repollo, pensé, pero lo seguí.

Antes de que la abriera, su mano sobre las incrustaciones de cuero, inició la conexión telepática entre nosotros. Centinela? Preguntó calladamente, verificando antes de que diéramos la zambullida final. Me sacudí la súbita, pero refrescantemente breve sensación de vértigo. Tal vez me estaba acostumbrando a la sensación.

Estoy lista, le dije y entramos.

Estaba agradecida de que la habitación estuviera más calma que el resto del bar, pero el aire estaba cargado de magia antigua. No estoy segura de que normalmente hubiese sido capaz de distinguir nueva de antigua, pero esto se sintió diferente de la magia que había sentido alrededor de vampiros o hechiceros. Era la diferencia entre el sol y la luna. Esta era magia antigua; magia terrenal; la magia del suelo húmedo y afilados relámpagos, de herbáceas planicies mecidas por el viento en días nublados; la magia del polvo y los pelajes y las guaridas con almizcle y hojas húmedas. No era desagradable, pero la mera diferencia entre este chisporroteo y la magia a la que estaba acostumbrada me inquietaba. Era a su vez exponencialmente más poderosa que el hormigueo que sentí alrededor de los pocos cambiaformas que conocí.

Cuatro hombres – cuatro cambiaformas – estaban sentados alrededor de una mesa de estilo anticuado, con patas de aluminio y tapa de vinilo. Cuatro cabezas que se alzaron cuando atravesamos la puerta, incluyendo la de Gabriel Keene. Me dio un vistazo de pies a cabeza, luego ofreció una sonrisa lenta que elevó las comisuras de su boca.

Supuse que le gustó el cuero.

Luego de observarme, Gabe viró su mirada hacia Ethan; su expresión se tornó estrictamente de negocios.

Intenté mantener mi vista en Gabriel a fin de otorgarle al resto de los alfas tiempo para checar a los vampiros que se habían metido en su territorio. Sin embargo mis ocasionales vistazos me dieron los detalles esenciales – los tres tenían todos cabello oscuro y los hombros rígidos de aquellos muchachos que no están emocionados de estar en la trastienda de un bar en el Barrio Ucraniano, con vampiros entre ellos.

Por último, Gabriel asintió y gesticuló hacia una pared que estaba vacía a excepción de un par de pequeños posters de película de económico enmarcado. Seguí a Ethan hacia allí y me paré a su lado. No estaba esperando problemas de inmediato, pero sujeté el mango de mi katana con mi mano izquierda, frotando mis dedos contra el cordel de cuero, la fricción de alguna manera reconfortante.

No tuve que esperar demasiado por la acción.

“El nombre del Juego,” dijo Gabriel, arrastrando un mazo de cartas de la mesa, “es una mano de cinco cartas.” Barajó el mazo de cartas dos veces, a continuación lo colocó de regreso sobre la mesa. El alfa a su derecha, que tenía cabello oscuro corto y una quijada cuadrangular, el resto de su rostro oculto por gafas de aviador, se inclinó hacia delante y golpeó sus nudillos sobre la cubierta.

Con movimientos tan ágiles que hubieras pensado que era un profesional, Gabriel comenzó a repartir cartas a los otros.

“Estamos aquí,” dijo, “porque, exceptuando objeciones, estamos de asamblea en dos días. Estamos aquí para discutir la ConPack (Congregatoria de las Manadas).”

El alfa a la izquierda de Gabriel, quien se encontraba todo desgarbado en su asiento, tenía una barba de escasos días sobre su cara, ojos marrones estrechos, y cabello oscuro a la altura de los hombros que estaba metido por detrás de sus orejas. Echó una mirada con suspicacia en nuestra dirección.

“Frente a estos dos?” preguntó. Le dio a Ethan un par de segundos de una sarcástica mirada, luego me dio a mí una lasciva apreciación de pies a cabeza. Un par de meses atrás, me hubiera sonrojado un poco, tal vez mirado en otra dirección, incómoda. En vista de que era un cambiaformas y, por su apariencia, un matón, probablemente debería haberlo hecho.

Pero incluso si mis habilidades en la lucha necesitaban de trabajo, aún era un vampiro, y alardear era una de las primeras lecciones que Catcher me había enseñado. Sabía cómo devolver la arrogancia que otros supernaturales lanzaban hacia mí.

Lentamente, serenamente, le arqueé una oscura ceja y elevé las comisuras de mi boca en una casi pero no del todo sonrisa. La apariencia, esperaba, fuera en partes iguales insolencia vampira y artimaña femenina. Sí él se sintió intimidado, yo no lo sabía, pero finalmente apartó la vista. Eso era lo suficientemente satisfactorio para mí. Gabriel, con su expresión indiferente, levantó su pila de cartas y las abanicó en su mano. “Tú accediste a estos arreglos, Tony, si lo recuerdas.”

Así que el matón era Tony, cabeza de la Manada del Gran Noroeste y el hombre que regía a los cambiaformas que se recluyeron en Aurora.

“Patrañas,” Tony tosió en respuesta. Él puede que fuera apuesto pero el músculo en su hombro tensaba sus rasgos de forma poco sentadora.

“Mi lugarteniente,” Tony continuó, “accedió a los arreglos porque ésa era la única manera en que podíamos tener un voto de refilón. Tú convocaste, Keene. No Robin, no Jason, no yo. Tú. En lo que a mí respecta, no lo queremos.” Se encogió de hombros. “El Mar de Bering era bello y azul cuando lo dejé. Las cosas están bien en Aurora, y estaríamos felices de mantenerlos así.”

“Es tu trabajo mantenerlas de esa manera,” dijo el tercer hombre.

Este es Jason, Ethan me dijo silenciosamente.

Jason era brutalmente apuesto – ojos verdes, cabello oscuro con sólo unas pocas ondas, pómulos asesinos, labios curvos, el más mínimo de ese dejo de acento sureño en esa amielada voz. Todo junto, era una combinación peligrosa. “Tú eres el protector del refugio.”

“Y ese es exactamente mi punto,” Tony masculló, tirando un par de cartas sobre la mesa con un movimiento de su muñeca. “Soy el protector del refugio. Y cuando llegue el momento de retirarse a ese refugio, lo haremos. No convenimos de ‘discutirlo’. Estas son estratégicas patrañas políticas.” Miró por encima a Ethan. “Pura mierda vampírica. Con todo respeto, vampiro.”

“Lo mismo digo”, dijo Ethan, con una sorprendente cantidad de veneno en su voz. Reprimí una sonrisa de orgullo; parecía que él estaba adoptando algo de mi sarcasmo.

“Las cosas en Chicago -” comenzó Gabriel, pero fue interrumpido por Tony, quien extendió una mano.

“Las cosas en Chicago no nos conciernen,” dijo Tony. “No hay ninguna Manada en Chicago, y hay una condenadamente buena razón para ello. Chicago no es una ciudad de cambiaformas.”

La animosidad de Tony cargó el aire de la habitación, esa chispa de magia ahora lo suficientemente fuerte como para erizar el vello de mis brazos. Me retorcí incómoda, mis pulmones tensos mientras la presión en la habitación cambiaba, un efecto colateral mágico de la creciente tensión de los cambiaformas.

“Chicago es una ciudad de poder,” dijo Gabriel calmadamente, lanzando una carta sobre la mesa, retirando una nueva de la pila restante, y añadiendo ésa al manojo de cartas en su mano.

Al menos, eso fue todo lo que le vi hacer, pero aquellos simples movimientos cortaron a través de la magia en el aire. Tomé una bocanada de aire, el peso elevándose de mi pecho. Apex, sin lugar a dudas.

“Y el que no tengamos presencia oficial aquí,” Gabe continuó, “no significa que no seamos afectados. Los vampiros están fuera. Están en el ojo público, para bien o para mal, y no podemos esperar que los humanos vayan a estar satisfechos con la noción de que los desangradores sean los únicos sobrenaturales en el mundo.”

“Así que esa es tu posición?” preguntó Jason. “Nos estás trayendo aquí para, qué, convencernos de acceder de anunciarnos nosotros mismos?” sacudió su cabeza. “No haré eso. Los vampiros salieron del clóset, y obtuvieron revueltas y audiencias en el Congreso. Nosotros salimos, y qué obtendremos?”

“Obtendremos que experimenten con nosotros,” dijo el cuarto y último cambiaforma, quien debía de ser Robin, cabeza de la Manada del Oeste. Él era el de las gafas oscuras. “Nos encarcelarán en unidades militares, embarcados a sólo Dios sabe dónde para así oficiales del Comando Estratégico (StratCom) puedan descifrar cómo usarnos como armas.”

Alzó una mano y se levantó las gafas; casi me sobresalté ante la visión de sus ojos – celestes lechosos, con la mirada perdida en nuestra dirección. ¿Era ciego?

“No gracias,” dijo calmadamente, luego bajó sus gafas nuevamente. “No cuenten conmigo, ni cuenten con el resto de a Manada del Occidental. No estamos interesados.”

“Aprecio el hecho de que hayas adivinado mis intenciones y estés listo para votar,” dijo Gabriel con sequedad. “Pero ésta no es una convocatoria, y no he ofrecido una resolución, así que mantengamos nuestras predicciones del futuro para sí mismos, les parece?”

Hubo gruñidos en la mesa, pero ninguna objeción directa.

“Lo que quiero,” Gabriel continuó, “es plantear el interrogante y consultar a las manadas. Esa es mi agenda. Nos quedamos y hacemos frente a la oleada que se avecina?” elevó la vista y alzó su mirada hacia Ethan. Los dos se miraron el uno al otro y poder e ira se combinaron en la expresión de Gabriel, la ‘marejada que se avecina’ aparentemente estaba relacionada con los vampiros. “O nos vamos ahora?”

“Cuál de esas decisiones es la más segura? Preguntó Tony.

“Y cuál,” Jason interpuso, “es la más irresponsable?”

“Inestabilidad,” dijo Robin. “Muerte. Guerra. Y no entre cambiaformas. No entre las manadas. Los asuntos de los vampiros no son nuestros asuntos. Nunca lo han sido.”

Y ahí está la refriega, Ethan silenciosamente me comentó. Su falta de predisposición para dar un paso al frente.

No, su falta de predisposición para sacrificarse así mismos, a sus familias, en nombre nuestro, le corregí, pero mantuve el pensamiento para mí misma. Era una decisión que ellos habían tomado antes, durante el Segundo Exterminio. Y mientras simpatizaba con los vampiros que se había perdido, comprendía la necesidad de los cambiaformas de proteger a los suyos del caos. Se lo dejaba a los filósofos el decidir si lo que habían hecho había sido moralmente repugnante.

“La viabilidad de este mundo es asunto nuestro,” dijo Gabriel. “Las Manadas son grandes. Redes sociales. Negocios. Intereses financieros no eran un tema hace doscientos años. Pero lo son ahora.”

Tony colocó una carta sobre la mesa con un golpe decisivo, luego retiró una nueva del montón. “Y cuánta de tu nueva amistosa actitud tiene que ver con nuestros muchachos portadores de espadas de allí?” Me miró, labios curvados, odio y una espeluznante clase de lujuria en sus ojos. “La chica en particular?”

Gabriel emitió un bajo gruñido que hizo erizar el cabello de mi nuca. Sujeté mi katana con más fuerza y le miré fijo en una forma amenazadora que no tuve que fingir.

“Porque eres un invitado en esta ciudad,” dijo Gabriel, “voy a ofrecerte una oportunidad de disculparte con Merit, conmigo, y con Tonya.”

“Mis disculpas,” Tony escupió.
Gabriel hizo rodar sus ojos pero, tal vez en deferencia a la condición de Tony, lo dejó pasar. Echó un vistazo a Robin. “Infantilismos a un lado, escuché tu punto, hermano. Sólo traigo el asunto a las manadas. Ellas decidirán como les plazca”.

El cuarto quedó en silencio. Luego de un momento, Robin asintió. Jason siguió el ejemplo.

Pasó un largo, silencioso momento hasta que Tony habló nuevamente. “Cuando nos reunimos en Tucson,” dijo, “acordamos adherir a la regla de las Manadas. Dejar que la mayoría decida el destino de los otros.” Miró hacia abajo, cabizbajo, a la mesa, sacudiendo su cabeza con rudeza. “Al demonio si pensamos que la posibilidad de enviar a nuestros hijos e hijas a una Guerra iba a ser el resultado de esa decisión.”
Cuando elevó la mirada nuevamente, sus ojos se arremolinaban con algo profundo e insondable. Era la misma mítica revelación que había visto en los ojos de Gabriel cuando nos conocimos por primera vez, justo antes de hacer un críptico comentario acerca de nuestros entrelazados futuros. Era una expresión visual, de alguna manera, de una conexión a las cosas que él había visto, los lugares en que estuvo, las vidas que había conocido…y perdido. No sabía qué había visto él, o por qué su reacción fue tan fuerte. Sabía que lo que le estábamos pidiendo a los cambiaformas – Gabriel lo había explicado bastante bien la noche anterior. Y Gabriel había mencionado los rumores de humanos descontentos acerca de los colmilludos entre ellos. Pero había una diferencia bastante extensa entre quejas y violencia, y aún no habíamos llegado allí.

A pesar de la profundidad de sus emociones, o de cuán injustificados parecían sus temores hoy, él además parecía entender que los números estaban en su contra. Finalmente, se apaciguó y cedió con la cabeza.

“Entonces, nos congregaremos en dos noches,” concluyó Gabriel. “Ofreceremos una resolución de permanencia o retorno, y dejaremos que las cartas recaigan donde sea.”

La ConPack estaba en marcha, y así el juego iniciaba nuevamente.




Jugaron a las cartas por casi dos horas, dos horas prácticamente silenciosas, en las cuales sus decisiones de pedir, retirarse o subir la apuesta fueron las únicas palabras que se dijeron. Ethan y yo nos quedamos parados tras ellos, un Maestro vampiro y una guardia novata, observando cuatro cambiaformas apostar en el sórdido cuarto trasero de un bar.

“Como hemos accedido a la convocatoria,” dijo Gabriel, su mirada sobre sus cartas mientras interrumpía el silencio, “si se toma la decisión de permanecer en Chicago, puede que sea tiempo de considerar aliarnos a una de las Casas.”

Sentí la punzante alza de magia alrededor de la habitación, y no toda ella de cambiaformas. Cuando miré hacia Ethan, sus ojos estaban bien amplios, labios entreabiertos. Había esperanza en su expresión.

“Nunca ha habido una alianza entre una Manada y una Casa,” dijo Jason.

“No formalmente,” acordó Gabriel. “Pero como un colega recientemente señaló, las Casas no tenían la clase de poder económico y político que tienen ahora.”

Me enderecé un poco más, dándome cuenta de que yo era la colega a la que se estaba refiriendo.

Jason ladeó su cabeza. “Estás sugiriendo que una alianza en verdad nos beneficiaría, en oposición a simplemente beneficiar a los vampiros?”

“Estoy sugiriendo que si nos quedamos, los amigos serían invaluables. Imagino que las Casas estarían dispuestas a comprender ese tipo de noción.” Gabriel echó un vistazo a Ethan, quien estaba tratando muy muy arduamente, me dí cuenta, de no lucir demasiado exultante.

“No, estás sugiriendo que hagamos alguna clase de arreglo permanente con los vampiros.” Tony casi escupió las palabras, la magia alrededor suyo tornándose picante, avinagrada, como si su furia le cambiara el sabor.

“El mundo está cambiando,” Gabriel contrarrestó. “Si no le seguimos el ritmo, el riesgo de terminar como los pixies – criaturas de sueños, fantasías y cuentos de hadas. Nadie creyó que ellos llegarían a esa clase de conclusión, verdad? Y al final, correr de regreso al bosque no los salvó.”

“No somos malditos pixies,” Tony masculló. Al parecer harto del póker y la política vampírica, tiró sus cartas sobre la mesa, luego se paró.

Reforcé mi sujeción a la katana, pero Ethan me señaló con la cabeza para que desistiera.

“La convocatoria es una cosa,” dijo, golpeando un dedo contra la mesa para dar énfasis. La ira arremolinándose en sus ojos como una fogata recién avivada. “Pero no la voy a jugar de bueno con los vampiros – no perderé familia – porque tú te sientas culpable de algo que sucedió hace doscientos años atrás, algo en lo que ninguno de nosotros estuvo involucrado. Al diablo con eso.”

Tony golpeó ruidosamente sus manos y las lanzó hacia arriba como un crupier dejando su mesa. Luego desapareció fuera de la puerta roja de cuero, dejándola oscilando con furia tras de sí.

TRADUCIDO POR CHLOE♥

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