Twice Bitten- Capítulo 21

CAPÍTULO VEINTIUNO: SIMPLEMENTE BAILA

La noche siguiente amaneció fresca y clara. Abrí el postigo anti-sol y luego una rendija de la ventana. Una brisa agradable soplaba a través de la ciudad, limpiando un poco la humedad de ayer. Tenía programado entrenar con Ethan de nuevo, así que me levanté y dirigí hacia la cocina, agarré un poco de jugo de naranja, sangre y una donut de tocino, barnizada con glaseado. Sí, oíste bien. Tocino. Y glaseado. En una donut.
Seguro, no estaba ansiosa sobre entrenar nuevamente. Había visto un montó a Ethan en la semana, y no me hubiera importado una noche para mí misma, sin drama político o relaciones conflictivas, sin esgrima o patadas laterales. Pero qué podía hacer yo? Debido a que había hecho mis juramentos, acampar en mi habitación con la donut en mano, no era una opción. Así que, después de haber engullido el desayuno, me deslicé en las chancletas y coloqué una chaqueta deportiva, luego me dirigí hacia el pasillo. Estaba a punto de tomar las escaleras al sótano cuando la vi. Ella estaba de pie en el rellano entre el primer y segundo piso en un traje negro, sus brazos cruzados y con una ceja arqueada.

Era una Maestro hecha en la propia imagen de su Maestro.

Bajé los escalones pero me detuve uno o dos antes del rellano, mis cejas levantadas.

“Esperándome?”

“Tú y Ethan tienen una relación única,” Lacey dijo.

“Tenemos una relación?”

“No juego juegos, Merit.”

Todo evidenciaba lo contrario, pero me forcé a mi misma a ser educada. “Respetuosamente, señora, yo tampoco lo hago. Puedo ayudarla con algo?”

“No me rindo facilmente. Él y yo somos perfectos para el otro.”

Casi gruño una respuesta, pero me contuve. Si realmente creía eso, más poder para ella. Además-él la había invitado aquí, así que tal vez él también lo creía.

“Sabes qué?” Pregunté en cambio, pasándola. “Buena suerte con eso.”

Me siguió hasta el primer piso. Ethan, con su sincronización tan impecable como siempre, eligió ese momento para comenzar a subir las escaleras hacia nosotras, la chaqueta de su traje desechada, su cuerpo delgado, pantalones oscuros, una camisa blanca y corbata negra. Debía estar camino a cambiarse. Sus ojos se agrandaron a la vista de nosotras dos juntas, como si no estuviera preparado para el encuentro de su antigua y poco menos antigua amante-su propia culpa, ya que él nos había tirado bajo el mismo techo.

“Cómo estuvo tu llamada?” Lacey preguntó. “Y cómo están las cosas en Londres?”

Era fácil leer eso entre líneas-Querida Centinela: Tu jefe hizo una llamada telefónica al PG y no te contó sobre ello. Supongo que no estás informada de todo! Con amor, su más grande protegida.

Su segundo golpe de bate, y voló la bola a través de la valla. Tuve que aguantarme un gruñido.

“No tan útil como me hubiera gustado, pero así funciona el PG,” Ethan dijo. Cuando me miró, la línea de preocupación había aparecido entre sus ojos. “Te veré en el Salón de Combate en un momento.”

Asentí. “Liege.”

Caminó pasándome. “Lacey, conmigo, por favor,” él dijo, y ella obedientemente lo siguió.

Miré detrás de mí y observé como lo seguía al igual que un cachorro con una correa mientras tomaban las escaleras hacia el tercer piso. Algo me golpeó mientras ella lo seguía. Ethan era, y siempre sería, su Maestro. Y aunque la había oído estar en desacuerdo con él, levantando sus preocupaciones sobre yo siendo un “soldado común,” había algo condescendiente incluso en su postura. Ella se movía como si fuera de su propiedad, como si no hubiera nada que quisiera más que estar a su lado. Incluso aunque tuviera su propia Casa, ella quería regresar a Cadogan.

Lindsey me había dicho que Lacey era una Muy Buena Estratega. Entonces quizás parte de la adoración era política. Quizás, al igual que él, estaba preocupada por las alianzas, quería asegurar su unión con la cuarta casa más antigua en el país.

O quizás era mucho más simple. Quizás ella sólo lo quería.

Lo que sea que el futuro nos tuviera reservado para Ethan y para mí (o para mí sin Ethan, en el caso que así se diera), hice un voto allí y aquí de no convertirme en uno de esos vampiros. Prometí continuar siendo yo misma, recordar quien era, pensar racionalmente sobre alianzas y sobre las personas con las que podría aliarme. Si solamente hubiera recordado esas cosas un par de noches atrás. . . o cuando Mallory me necesitaba. Pero lo hecho, hecho estaba. Una chica sólo podía seguir adelante.

Estaba practicando patadas como calentamiento cuando Ethan y Lacey hicieron sus apariciones. Él entró al Salón de Combate por la puerta principal; Lacey tomó un lugar en el balcón, esta vez entre una masa de vampiros. El balcón estaba casi lleno, desde Lindsey y Luc-quien debía estar tomando un descanso de sus deberes de guardia-a Margot y Michelle y algunos de los otros vampiros con los que había tomado unas bebidas. Ellos me saludaron, un club de fans para una vez atrás, reticente vampiro. Pero había atravesado la reticencia. . . y me había convertido en uno de ellos, al menos en parte, principalmente porque era una Novata que había sido tratada injustamente por un Maestro. O dos, si contabas a Lacey. O cuatro, si contabas al anterior y actual Maestros de Navarro.

Sin importar cuan lamentables (y cuan embarazosas), esas injusticias habían creado una especie de lazo entre el resto de los vampiros de la Casa Cadogan y yo-una oportunidad para llegar a conocerlos sin mi rango entre nosotros.

No hay mal que por bien no venga? Tal vez. O quizás el mundo simplemente funciona de manera misteriosa.

Ethan caminó hacia mí, su postura formal, su expresión apenas por debajo de sombría. “Prepárate para luchar,” él dijo. Supuse que no estábamos salteando los complicados protocolos de enseñanza. . .y los saludos.

“Liege,” dije, e incliné mi cuerpo de acuerdo al suyo, con las rodillas flojas, los codos doblados, preparada para atacar o defender. Él debía haber tenido su propia agresión para liberar, ya que inmediatamente arremetió con una combinación golpe-patada-golpe que me apresuró a defenderme. Pero eludí sus golpes y la patada, y luego traté un golpe yo misma-una patada creciente que, no obstante él esquivó. Rebotamos alrededor de la estera por un momento, ofreciendo golpes de prueba, pero todavía sin comprometernos con un golpe real. La muchedumbre comenzó a murmurar y pedir acción. Traté una patada lateral, la cual bloqueó fácilmente.

“Apenas estás tratando,” él dijo, pero no se detuvo. Se balanceó a mí alrededor antes de ejecutar una perfecta patada frontal que me dio en la clavícula derecha. Pensé que había contenido la patada; aún así, desestabilizaba el esqueleto, pero la fuerza entera de ésta habría roto el hueso a la mitad. Froté el lugar dolorido, la ira comenzando a hervir mi sangre. Ethan continuó balanceándose y zigzagueando; yo continué tratando de golpearlo. Ese, él parecía pensar, era exactamente el problema-que yo estaba tratando de hacerlo, en vez de realmente hacerlo. Aquí estábamos de nuevo, y se estaba quedando sin formas de motivarme con miedo y rabia.

“Quiero que utilices las habilidades que has aprendido,” él dijo. “Como confiar en tus sentidos e instintos.”

Me agaché para evitar un golpe. “Estoy tratando, Sullivan.”

“Intenta más duro.”

Por qué las personas siempre pensaban que demandarnos que tratáramos más duro ayudaría? Estaba tratando lo más duro que podía. Mi inhabilidad de superarlo no era por falta de esfuerzo de mi parte.

“Quizás simplemente eres mejor que yo.”

Se detuvo en seco, luego se acercó tanto que la parte inferior de sus pantalones blancos rozaron mis piernas. “Eres la Centinela de esta Casa. No es una cuestión de ser ‘mejor que.’ ”

Su expresión se suavizó, luego me miró con esos ojos verdes profundos, y en vez de atacarme, me alentó.

“Te he visto moverte, Merit. Te he visto realizar las Katas con gracia y velocidad, y te he visto combatir con hombres del doble de tu tamaño. Tus habilidades no son el problema. Tú puedes hacer esto.”

Asentí y solté un suspiro, traté de no levantar la vista hacia el balcón para chequear las reacciones de los vampiros que me observaban. No quería ver mí frustración o la de Ethan reflejada en sus rostros.

Ese era el problema? Que tenía un público? No debería tener importancia. Después de todo, había sido una bailarina; no era como si no hubiera actuado frente a una multitud antes. Y luego pensé en la primera vez que había desafiado a Ethan, y de lo orgulloso que había estado de mis habilidades como un vampiro recién nacido. Y pensé sobre qué había sido diferente entonces.

De repente. . .me iluminé.

En esa primera lucha, yo había bailado.

Miré a Ethan nuevamente. “Podría tener algo de música?”

Frunció el ceño. “Música?”

“Por favor.”

“Alguna preferencia?”

Dejé que una sonrisa lentamente curvara mis labios. “Algo con lo que pueda bailar.”

Asintió hacia alguien detrás de mí. Después de un momento, “Rage Against the Machine” comenzó a sonar a través del Salón de Combate. Tomé un momento, cerrando mis ojos y dejando que las palpitaciones de “Guerrilla Radio” aflojaran mis miembros. Dejé que mi cuerpo se ajustara a su ritmo, y cuando la tensión se hubo ido y el mundo pareció enlentecer sobre su eje, abrí mis ojos y lo miré-no como su amante, o la vampiro que había hecho, o su Noviciada, sino como una soldado por su propio derecho.

“Lista?” él preguntó.

Asentí.

“Comienza,” dijo, y como si fuera la cosa más simple en el mundo, ataqué. No pensé sobre ello, no lo analicé, no me pregunté cómo podría eludirse o defenderse. En cambio, con el rugido del bajo resonando a través de mi pecho, arremetí. Comencé con una patada mariposa alta, y antes de que se pudiera defender, aprovechando el impulso que había ganado de la patada, arrasé con una patada alta de taekwondo dirigida a su cara. Gruñó y se dejó caer con su habitual velocidad, luego me atacó con mi misma patada. Pero ya la había visto antes. Esquivé el movimiento, volteando hacia atrás y aterrizando con mi cuerpo intacto, listo para la próxima ronda. “Tendrás que ser más rápido que eso, Sullivan.”

La multitud se puso de pie.
Ambos evitamos nuestras patadas, haciendo equilibrio en las puntas de nuestros pies mientras esperábamos por nuestra próxima oportunidad.

“Eso está mejor,” él dijo.

Le guiñé un ojo. “Entonces vas a amar ésta.”

“No si actúo primero,” dijo, luego dirigió una patada lateral a mi torso, pero me di la vuelta, una mano en el suelo mientras giraba, luego dirigí un contragolpe a su cabeza. No alcancé su cabeza. . . pero lo golpeé en el hombro. Su inercia lo llevó a sus rodillas, pero se levantó con rapidez suficiente. Los vampiros en el balcón aplaudieron con admiración.

Con las manos en mis caderas, le di una mirada evaluadora. “Eso está mejor.”

Bufó complacido.

Ethan pateó nuevamente, y esta vez, pensé que trataría algo un poco diferente. Salté hacia atrás con un exagerado salto de piernas de tijera que me llevó diez pies de altura en el aire y fuera del alcance de sus patadas.

Aterricé de nuevo, y entonces el combate realmente comenzó. Nos movimos y torneamos nuestros cuerpos como si la gravedad no hiciera diferencia alguna, como si fuéramos pareja en un pas de deux (baile de ballet).

“Bien,” soltó, pero había un destello brillante en sus ojos.

Allí fue cuando usé mi mejor arma. Lo miré y fingí una patada lateral. “No soy más que un soldado común,” dije. Se congeló, su expresión cayendo. Y en ese momento de desconcierto, giré y ofrecí otra patada mariposa. Esta vez, lo golpeé en el centro de su pecho.

Voló hacia atrás, luego golpeó el suelo con un ruido sordo.

La habitación enmudeció. . .y luego estalló en aplausos.

Con el pecho palpitando, y el sudor goteando por el esfuerzo, me acerqué y bajé la vista hacia él, no muy segura sobre el protocolo. Qué haces cuando has finalmente derrotado a tu maestro en su propio juego?

Decidí disfrutarlo. Dejé que mi boca se curvara en una sonrisa y arqueé una ceja hacia él.

“Toma, Sullivan, creo que acabo de patear tu trasero.”

Sus ojos estaban muy abiertos, esmeraldas, y decididamente conmocionados. Pero incluso allí en el suelo él me sonrió con orgullo y algún tipo de placer infantil. Cuando estuve de pie por encima de su cuerpo, le ofrecí mi mano. La tomó y lo ayudé a ponerse sobre sus pies.

“Siempre recuerda,” me susurró, “que eres una soldado poco común, no importa lo que digan. Y eres algo digno de ver.”

Asentí, tomé el cumplido y levanté la vista a la multitud en el balcón. Lindsey y Katherine estaban en el frente, sus cuerpos presionados a la baranda, ambas aplaudiendo con la multitud. Agarré el ruedo de una falda invisible e hice una reverencia, luego sostuve una mano en dirección a Ethan. Rió pero hizo una galante reverencia.

“Creo que hemos tenido suficiente diversión por hoy,” gritó. “Regresen a trabajar, vampiros.” Hubo quejas, pero ellos se dirigieron a la salida, hablando animados sobre lo que habían visto.

Fue entonces cuando me di cuenta. Mi inhabilidad de superarlo, el muro que había tenido que atravesar, era mental, emocional. Se trataba sobre dejar ir todas mis preconcepciones humanas sobre la lucha y el movimiento. Era sobre, como Catcher me había dicho una vez, entender la extraña relación de mi cuerpo vampiro con la gravedad. Era sobre recordar, como Ethan había dicho, lo que era la danza libre-olvidar si los movimientos eran perfectos, si lucían bien, o si eran “correctos,” y recordar lo que se sentía estar verdaderamente en tu cuerpo, sentir las extremidades moverse, las caderas balancearse, la piel calentarse, el corazón latir, la respiración acelerarse. Vi el plateado de sus ojos codiciosos, y supe que él se había dado cuenta de lo mismo que yo.

Lacey Sheridan no sería la única Maestro vampiro que Ethan haría.

Y hablando de la última chica que había obtenido entrenamiento de Ethan, levanté la vista y oh tan lentamente cambié mi mirada a la que estuvo antes que yo. Lacey me miraba fijamente, una nueva emoción en sus ojos. No era amistad, sin duda; Lacey y yo nunca seríamos amigas, no con Ethan entre nosotras. Pero había algo parecido al respeto en su expresión. Era el reconocimiento de que había conocido a un enemigo en el campo de batalla que se encontraba a la altura del reto. La vieja yo no hubiera querido esa confrontación.

Sin embargo, a la nueva yo le gustaban los retos, incluso aunque no estuviera completamente segura de que el premio valiera la pena.

Asentí, reconociendo la lucha-el desafío. Arqueó una ceja-no había duda que imitando a Ethan, perfeccionada después de veinte años de servicio en su Casa-luego asintió en respuesta.

Ethan se inclinó hacia mí. “Cámbiate y apróntate,” susurró. “Me gustaría que al menos hagas acto de presencia en su recepción.”

Me contuve de gruñirle. En cambio, le ofrecí una sonrisa educada a Lacey, entonces troté por las escaleras para bañarme y saltar de regreso a mi negro Cadogan.

Traducido por Lu♥

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Twice Bitten- Capítulo 20

CAPÍTULO VEINTE: QUÉ HAY EN UN NOMBRE?

Me congelé, luego miré sobre mi hombro.

Jonah estaba de pie bajo la de la luz de una farola de la calle, cabello castaño como curvándose suavemente sobre su rostro. Vestía una camisa oscura apretada, abotonada hasta arriba con jeans y botas marrones en sus pies.

“Merit,” él dijo.

Levanté mis cejas. “Jonah.”

“Estaba en el vecindario.”

“La Casa Grey no está lejos de aquí, verdad?”

“Está por Addison”, dijo, luego inclinó su cabeza a la izquierda. “Un poco más lejos al este. Es un almacén convertido”

“Y tú decidiste salir a dar un paseo y ver que pasaba en el bar de la Casa Cadogan?”

Jonah miró hacia otro lado por un momento antes de encontrar mi mirada. “Puede que no sea enteramente una coincidencia que yo esté aquí.”

Esperé a que se explicara. Cuando no lo hizo, lo pinché “Y cómo exactamente no es coincidencia?”

Dio un paso hacia mi, manos en los bolsillos. Estábamos tan cerca, y él era tan alto que tuve que mirar hacia arriba para ver su cara.

“Si te unes a nosotros” dijo tranquilamente. “Serás mi socia, mi compañera, mi respaldo. A quien seguiré en batalla, quien se levantara en armas para protegerme. No tomo esa responsabilidad a la ligera.”

“Estás cuidándome o asegurándote que cumpla tus estándares?

“Bastante justo,” admitió. “Un poco de ambas, probablemente.” Señaló con la cabeza hacia un callejón entre los edificios, y caminó hacia allí. Lo seguí. La luna estaba lo suficientemente alto para iluminar el callejón aunque la vista apenas valía la pena ser iluminada: ladrillos, graffitis, cajas de empaque de madera vacías y los esqueletos de metal oxidado de las salidas de emergencias.

“Te has hecho de un nombre por ti misma,” Jonah dijo, girándose para enfrentarme nuevamente, brazos cruzados sobre su camisa. El ángel y el demonio en sus brazos mirándome fijamente, ambos con ojos vacíos, como si ninguno estuviera contento con el lado que eligieron. “Con un perfil así de alto, los humanos pueden ponerse un poco curiosos sobre la nueva celebridad vampira. Y curiosidad sería la más amable de las emociones.”

“Yo no pedí prensa,” le señalé. “La historia fue una clase de favor.”

“Oí que lograste defenderte en la convocatoria de los cambia formas.”

Asumí que Luc les había dado a los otros capitanes de guardia un resumen, así que asentí con la cabeza.

“Y hay rumores de que le gustas a Gabriel Keene”

Eso no lo confirmaría. Revisar lo básico de nuestros planes de seguridad en la convocatoria era una cosa-Luc ya le había hablado a Jonah acerca de eso. Pero las cosas que había oído de Gabriel estaban entre Ethan, la Manada y yo.

Además si iba a traicionar a Ethan, no lo iba a hacer sin ser un miembro de la guardia con todas las de la ley. Si iba a desatar su rabia, al menos iba a obtener una tarjeta de membresía por ello.

“Gabriel es un tipo amigable,” dije finalmente.

“Jugando a lo seguro?”

“Yo no soy un miembro de la Guardia Roja.”

“Aún.” El tono de Jonah era pretencioso, había tenido suficiente pretensión hoy, así que medio giré para irme, señalando con mi pulgar sobre mi hombro.

“A menos que tengas algo interesante para decirme, vuelvo con mis amigos.”

“Podría ser que no te nos unas,” dijo, sorpresa en su voz. “Tú realmente podrías decir que no.”

Dejé que el silencio respondiera por mí.

“Me han dicho que nunca nadie dijo no.”

Giré nuevamente y sonreí ligeramente “Entonces tal vez estableceré una nueva tradición de pensar por mí misma, en vez de hacer algo sólo por que todos los demás lo hicieron.”

“Eso es desagradable.”

“He tenido una noche desagradable. Mira,” dije cruzando mis brazos. “No quiero ser ruda, pero ha sido una noche larga, y una semana aún más larga. No estoy feliz de ser acechada porque alguien con quien podría trabajar quiere saber si soy tan incompetente como se imagina.”

No protestó. No era eso halagador?

“A lo mejor deberías solicitar otro compañero,” dije. “Tú no me conoces y yo no te conozco. Con todo respeto preferiría un compañero que espere a juzgarme hasta luego de haber tenido tres o cuatro conversaciones.”

“Y yo preferiría tener un compañero que tome en serio su trabajo”

Casi le gruño “Amigo, si supieras algo sobre mi, sabrías que tan en serio tomo mi trabajo.”

Nos quedamos en silencio un minuto, la pregunta no dicha colgando en el aire- Sería su compañera?

“Qué es lo que vas a hacer?” pregunto finalmente.

“No lo sé,” le contesté tranquilamente luego de un momento.

Miré hacia las luces de la ciudad y pensé en Ethan. Pensé en lo que habíamos hecho, lo que él había querido, lo que podía o no ofrecerme. Imaginé que tenía dos opciones.

Una: le podría mostrar el dedo metafóricamente y unirme a la Guardia Roja. Estaría estableciendo una salida rápida de la Casa Cadogan cuando los humanos decidieran que habían tenido suficiente de los vampiros Cadogan (o Celina decidiera por ellos) o cuando Ethan se enterara y arrancara la medalla Cadogan de mi cuello. Dos: le podría mostrar el dedo metafóricamente a Jonah diciéndole a Noah “No, gracias.” Me estaría comprometiendo a la Casa Cadogan; comprometiéndome a Ethan. No era eso irónico?

No estaba sintiendo ninguna de las opciones realmente. Ambas se sentían tácticas en un juego sobrenatural y no estaba segura de tener las piezas correctas. Definitivamente no estaba feliz de elegir una u otra basada en a cual de los dos vampiros quería molestar más, especialmente teniendo en cuenta lo que estaba en riesgo-mi vida, mis amigos, la forma de mi inmortalidad.

“Llamaré a Noah cuando me haya decidido.” Le dije finalmente, entonces me volteé y me dirigí hacia el bar. Por razones obvias mantuve mi conversación con Jonah para mí. Fingí una sonrisa en el Templo Bar, luego fingí un bostezo, así podría escaparme de la multitud y me dirigí de vuelta a la Casa. Lindsey decidió quedarse, así que tome un taxi a casa, lista para pasar lo poco que quedaba de mi noche entre pilas de libros. Digan lo que quieran sobre Ethan pero el chico había llenaba una biblioteca muy, muy bien.

Bueno-podría decirse que eso no era lo único que había llenado bien, pero mantengámonos en el buen camino.

La biblioteca era un espacio de dos pisos que ocupaba un pedazo del segundo piso hacia el frente de la Casa. La habitación en si era de dos pisos de alto circulado por un balcón lleno de libros, el balcón rodeado por una barandilla de hierro forjada en rojo. Una escalera caracol del mismo metal conducía hacia él. Tres ventanas gigantes llenaban la habitación con luz y filas de ordenadas mesas de biblioteca llenaban el medio.

Historia larga hecha corta era el exquisito sueño de un amante de libros.

Cuando llegué al segundo piso me deslicé entre la puerta doble de la biblioteca, miré alrededor con las manos en las caderas. No tenía una tarea de investigación, pero tampoco tenía el conocimiento que necesitaba para vivir y trabajar mano a mano con los cambia-formas.

Animosidad histórica o no, tenía que haber material sobre los cambia-formas aquí.
Desafortunadamente aunque la biblioteca fuera grande y organizada, aún era antigua en cuanto a una cosa: tenía un catálogo por tarjetas- y no sólo cualquier catálogo por tarjetas, sino tres enormes gabinetes de roble con finos cajones, cada uno conteniendo miles de tarjetas ordenadas alfabéticamente.

Fui a la hilera de la S, saque el cajón correspondiente y lo coloqué en un estante saliente. Había muchas entradas de libros sobre cambia-formas, desde la Enciclopedia Tractus- la preeminente guía hacia los territorios cambia-formas a través del mundo- hasta Una vida en piel: El Viaje de un Hombre. Copié la numeración de un puñado de títulos no ficticios (menos las biografías y memorias), luego volví el cajón a su lugar. Apoyé una cadera contra el estante saliente para acomodarlo nuevamente en su espacio, entonces revisé los papeles que había escrito para tratar de averiguar en que partes de la biblioteca estarían los libros… y me choqué de frente con un veinteañero de cabello marrón, quien frunció el ceño con obvia irritación.

“Oh, Dios, lo siento. No quise-”

“Seguramente no pensaste que eras la única Novata que usaba este cuarto. Seguramente no pensaste que los libros se organizaban solos?”

Parpadeé hacia chico-bajito, lindo, con una expresión acosadora- quien me había interrumpido en medio de una disculpa. “Yo- um-no? Por supuesto que no?” Tartamudeando o no, estaba siendo honesta. La primera vez que había visto la biblioteca, asumí que debería haber un bibliotecario que mantuviera las cosas organizadas. Me pareció raro, en realidad, que no lo había visto a él o a ella antes. Adiviné que era él.

El bibliotecario pareció relajarse un poco ante la respuesta. Luego pasó una mano por su cabello, lo que hizo que se le pararan las puntas. Usaba jeans y una camisa polo negra- otro vampiro exceptuado del código de vestimenta todo negro de Cadogan.

“Por supuesto que no,” repitió. “Eso sería increíblemente ingenuo” Indicó hacia los libros detrás de el “Hay diez millones de títulos en esta biblioteca, sabes, sin mencionar que somos el depositario oficial del Canon.” Levantó sus cejas, como si esperara mi respuesta-mi debida respuesta.

“Sí,” dije, “Eso es-Wow. Diez millones de títulos? Y el depositario oficial del Canon? También muy wow.”

Cruzó sus brazos sobre su pecho, su expresión todo escepticismo. “Sólo lo estás diciendo o estás realmente impresionada?”

Torcí mi cara “Cómo te gustaría que conteste eso?”

Un lado de su boca se curvo hacia arriba. “Linda y no besas traseros. Puedo apreciar eso. Tú eres la nueva Centinela? La investigadora.”

“Ex investigadora” dije, ofreciéndole mi mano. “Y tú eres?”

“El bibliotecario.” Dijo, aparentemente no interesado en ofrecer un nombre. Tampoco tomó mi mano, En vez de eso movió sus dedos e inclino su cabeza a los papeles en mi mano. “Dame tus notas y encontraremos lo que necesitas.”

Hice lo que me pidió, luego lo seguí mientras giraba y se dirigía hacia la sección de Ciencias Sociales. Gracioso, pensé, la mayoría de las bibliotecas probablemente pondrían libros sobre cambia-formas y criaturas de ese tipo en la sección de Mitos y Fantasía. Pero aquí en los confines de esta biblioteca perteneciente a un vampiro, eran reales. Eso significaba que los libros eran más parecidos a antropología (o zoología tal vez) que a mitología.

Caminamos hacia la esquina trasera derecha de la habitación, la vista del bibliotecario en mis notas mientras se movía. No se molestaba en leer los carteles al final de los estantes, aparentemente había memorizado la localización de todos los volúmenes.

“Los vampiros están hablando,” empezó mientras se giraba hacia un estrecho pasillo entre las estanterías. Lo seguí, libros de toda forma y tamaño, nuevos y viejos, con cubiertas de papel y cuero, extendiéndose sobre nosotros.

“Hablando sobre qué?”

“La Convocación,” se detuvo en medio del pasillo y giró para enfrentarse a una de las estanterías, entonces me miró. “Se dice que votaron no irse hacia Aurora, y que luego te atacaron.”

Las historias sobre la Convocatoria habían viajado; la verdad desafortunadamente no. “Votaron por quedarse y ayudarnos, no huir.” Aclaré. “El ataque era contra uno de los líderes de Manada. No me atacaron a mí. Yo solo ayudé a defender.”

“Aún así,” dijo “no demuestra eso como son? Volubles? Y reunirse a decidir su futuro en Chicago. Quien pensaría que ese día llegaría?

Cuando comenzó a pasar la punta de los dedos sobre los lomos de los libros, asumí que el comentario era retórico. Pero yo aún tenía una pregunta.

“Por qué son llamados “Simuladores”?” pregunté. Había oído a Peter Spencer usar ese término contra los cambia-formas, también. Sabía que no era halagador, pero no estaba segura de su origen.

El bibliotecario saco un delgado y alto libro de cuero marrón de la estantería, y me lo dio. Era en realidad una carpeta que contenía dibujos de cambia-formas en forma animal. Los sospechosos de siempre estaban ahí: lobos, gatos grandes, aves de rapiña. Había también unas cuantas opciones inusuales, incluyendo focas. Tal vez ese era el origen del mito de los silkie.

“Los cambia-formas se hacen pasar por humanos,” dijo. “Ellos simulan ser humanos. Se mezclan entre ellos, a pesar de no ser verdaderos humanos.”

Tengo que admitir que el argumento me confundió. “Pero nosotros no somos humanos tampoco, verdad?”

“Nosotros somos lo que somos. Predadores. Humanos más una pequeña reestructuración genética. No cambiamos de forma para disfrazarnos.” Dio un paso hacia atrás y gesticuló hacia su cuerpo con sus manos. “Éste soy yo. Esto somos nosotros,” frustración en su voz, entonces se volvió hacia los estantes de donde siguió sacando volúmenes.

“Cada vez que los humanos han intentado deshacerse de los supernaturales, los cambia-formas continuaron pretendiendo ser humanos.”

Me las ingenié para no discutir que los vampiros se habían estado escondiendo a plena vista durante siglos, pretendiendo ser humanos para evitar ser estacados. Francamente no creí que el apreciara la comparación. Ésta era la clase de prejuicios que no se doblaban ante la lógica.

“Es eso lo que hicieron en el Segundo Exterminio?” Pregunté en voz alta mientras el bibliotecario comenzaba a apilar libros en mis brazos. “Simularon ser humanos e ignoraron a los vampiros que estaban siendo matados?”

“Creo que eso es suficiente, tú no?” preguntó tristemente.

Suponía que eso explicaba el prejuicio. Sabía que la herida causada por la falta de ayuda de los cambia-formas a los vampiros durante el Segundo Exterminio – de ponerse en la línea para salvar a los vampiros- era profunda. Y no solamente profunda, sino desgarrada y no curada incluso un siglo después. Había visto la animosidad del lado de los cambia-formas; lo habían mostrado muy claro. Su urgencia en huir sonaba como si estuviera basada en el miedo que tenían a lo que podría a venir, así que no estaba segura del por qué tantos cambia-formas estaban tan amargados por el pasado.

Pero aún tan cultos como Ethan imaginaba a sus vampiros, la rabia, la amargura, estaban presentes en nuestro campo también… Incluso se encontraban en este archivo de aprendizaje y conocimiento.

Finalmente terminó de sacar libros de las estanterías y me miró nuevamente. “Eso debería ser todo lo que necesitas.” Dijo. “Esto te dará lo básico.”

Asentí, trabajando en mantener mi sonrisa neutral, y lo miré mientras me rodeaba para ir a la sección principal.

“Sé lo que piensas,” dijo cuando llego allí, mirándome, manos en las caderas. Su expresión se había vuelto dura, preocupación evidente en la estrechez alrededor de sus ojos. “Que soy un ignorante, o que estoy enojado sobre algo que pasó cientos de años atrás.” Sus ojos repentinamente destellaron plateados, y el bello de mi nuca se erizó mientras que la magia se esparcía en nuestra esquina de la biblioteca, filtrándose mientras sus emociones ascendían.

“Nosotros somos inmortales Centinela. Este no fue un daño hecho a nuestros ancestros, a nuestros antepasados. Fue daño hecho a nosotros. Nuestras familias. Nuestros amantes. Nuestros niños. A nosotros mismos.”

Con eso, se fue.

Con una pila de libros de un metro de altura en mis brazos, parpadeé hacia él por un momento, pensando no sólo en la ira en su vos, en el dolor sobre las cosas que habían pasado, sino también en el miedo, la inquietud de que sin vigilancia, tales cosas podrían volver a pasar.

Y pensé en la pasión que había oído en la voz de Gabriel, su deseo de proteger a los miembros de su Manada. Pensé en la ira que escuche una vez en la voz de Nick, su deseo de mantener a su familia a salvo.

Comparé todo ese desdén y contención juntos… y aún me preguntaba quién era la mayor amenaza.

TRADUCIDO POR BEL ♥

CORREGIDO POR LU ♥

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Twice Bitten- Capítulo 19

CAPÍTULO DIESCINUEVE: NOCHE DE CHICAS

Cuando regresamos a la Casa, Ethan me dio las horas finales de oscuridad libres, luego se dirigió a la Sala de Operaciones para poner a Luc al día. Me dirigí inmediatamente a mi habitación y a la ducha para fregar los residuos de magia, luego me puse una camiseta y unos pantalones de yoga e hice mi camino hasta la cocina del segundo piso. La convocatoria había sido un drenaje-físico y emocional. Me terminé dos pintas de sangre de la nevera antes de sentirme equilibrada nuevamente.

Cuando estuve saciada-y después de mensajear a Mallory para dejarle saber que Ethan y yo habíamos llegado de la convocatoria indemnes-decidí reportarme con Linds. Hubiera sido muy fácil encerrarme en mi habitación con un libro, pero era la Presidenta Social de la Casa. No había ningún mal en cumplirlo. Pude oír su habitación antes de poder verla, al ruido desparramarse desde la puerta abierta de Lindsey al pasillo. Me asomé dentro y encontré a Margot, Lindsey y Michelle preparándose para lo que lucía como una noche tarde en la ciudad.

“Hey!” dijo Lindsey, saludando desde su lugar frente al espejo. “Estábamos a punto de irte a buscar. Ya que lograste patear algunos traseros en la convocación”-la habitación rompió en aplausos-“hemos decidido que te vamos a llevar al Templo Bar!”

“Queremos que sepas que te apoyamos,” Margot dijo con un asentimiento y una sonrisa, levantando una copa de vino tinto.

“Especialmente desde que has sido muy. . .um. . .”

“Mal tratada?” Michelle ofreció.

Margot sonrió socarronamente. “Gracias Chelle. Mal tratada.”

“Es una noche exclusiva para Cadogan en el Templo,” Lindsey dijo, “lo que significa sin humanos y sin vampiros Navarro en la asistencia. Por lo que pasaremos nuestras horas finales antes del amanecer tomando un par de tragos, relajándonos y en general divirtiéndonos, no se permiten Maestros. Y ésta no es una salida opcional,” agregó, cuando abrí mi boca para poner una excusa.

“Ha sido un largo día.”

“Lo cual es la razón por la que necesitas esto,” Lindsey dijo.

“Hay alguna chance de que me pueda salir de esto?”

“Ni una mínima chance.”

“Entonces supongo que estoy dentro.”

Lindsey guiñó un ojo pero frunció el ceño cuando captó la vista de mi ropa de entre casa. “Primero lo primero, el vestuario.” Giró hacia las otras vampiros y giró un dedo en el aire.

“Prepárate, luego encuéntranos en el vestíbulo en veinte. Los taxis deberían estar allí para entonces.”

Cuando las despidió a todas, caminamos de regreso a mi habitación.

“Entonces,” dijo cuando estaba encaramada finalmente frente a la puerta abierta de mi armario, “esta es la primera vez que sales con nosotras desde la Comendación. Es también la primera vez que sales desde que fuiste, tú sabes. . .”

“Dejada? Devuelta? Reemplazada?”

“Hay una forma delicada de decirlo?”

“No realmente. Cuál es tu punto?”

“Mi punto es, la mejor venganza es una vida bien vivida o lo que sea. Eso significa que necesitas lucir completamente, insanamente fabulosa, y necesitas pasar un tiempo fantástico.” Sacó una camiseta azul pálido sin mangas con un escote superpuesto de una percha, luego agarró un par de pantalones negros rectos. Con el conjunto armado, se volteó hacia mí. “El lugar estará lleno de vampiros Cadogan, y sabes como corren las noticas. Eso significa que es hora de enseñarle una lección.”

Hice una mueca. No quería jugar el “enseñarle a Ethan una lección” juego, especialmente desde que estaba tratando de renunciar a él, pero sabía cuando sería derrotada. Extendí una mano, luego abrí y cerré mis dedos.

“Dame,” dije, luego tomé el conjunto y me dirigí al baño. Diez minutos después, emergí con una coleta y brillo de labios, mi beeper enganchado en mi cintura. Lindsey había demandado que llevara el cabello recogido.

Combinado con el cuello superpuesto, ella explicó, era la manera vampírica de anunciar que estás soltera. . .y que tu carótida está disponible. No estaba muy interesada en buscar amor, pero supuse que discutir el punto sólo nos llevaría mucho tiempo. Nos dirigimos hacia las escaleras donde el resto de nuestro séquito esperaba en la misma moda de cuello descubierto. Como una mujer en una misión, Lindsey dio una señal con la mano, y todas obedientemente la seguimos afuera. Una línea de taxis blancos y negros estaban estacionados fuera de la Casa, listos para llevarnos al Templo Bar. El lugar oficial de la Casa Cadogan para obtener bebidas estaba situado en mi barrio favorito, Wrigleyville, a unas cuantas cuadras del Wrigley Field.

Los paparazzi nos tomaron fotos mientras subíamos a los taxis, y sus compañeros de armas estaban esperando fuera del bar cuando llegamos quince minutos- gloriosamente libres de tráfico- después. (Habían obvias ventajas de conducir casi toda parte del tiempo cuando la mayoría de la población estaba dormida.) Fuimos acompañadas hasta el bar, había una señal de FIESTA PRIVADA en la puerta, advirtiéndole a los humanos y otros que no podrían brillar esta noche. Membresía, supuse, sí tenía sus ventajas.

Incluso tan tarde en la noche como era, el bar estaba todavía activo, los dos barman-Sean y Colin-sirviendo bebidas mientras rock clásico sonaba en el sistema de sonido. Lindsey nos dirigió a través de la multitud de vampiros a una mesa marcada con un RESERVADO.

A diferencia de la Casa Cadogan, Templo Bar carecía de finas antigüedades y pinturas elegidas cuidadosamente. Pero sí tenía nuevos y viejos bártulos de los Cachorros, de todas las formas y tamaños-chaquetas antiguas, banderines, muñecos con cabeza móvil. Como podrías imaginar, me sentí como en casa.

Apenas habíamos apartado las sillas y tomado asiento cuando Sean apareció en el otro lado de la mesa. Como Colin, Sean era alto y delgado, y tenía corto, rubio cabello que enmarcaba un rostro ovalado y brillantes ojos azules. Sean era guapo en un tipo de forma seria, antigua, como si hubiera salido de una fotografía de la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte, él era un vampiro, e inmortal. Bien podría haber sido un miembro de la Segunda Guerra Mundial. Sean cruzó sus brazos y nos miró de arriba abajo con diversión. “Y qué trae a las más elegantes de Cadogan a nuestra pequeña área del barrio esta noche?”

Todo el mundo me señaló. Mis mejillas se calentaron.

“Ahhh,” él dijo, luego levantó su vista hacia mí. “Entonces nuestra Centinela ha finalmente escapado del confinamiento?”

“Lo ha hecho,” dijo Lindsey, envolviendo un brazo alrededor de mis hombros. “Ha hecho su deber con los cambia formas, y ahora está trabajando en un poco de olvido. Qué le recomendarías?”

“Hmm,” dijo, mirándome de arriba a abajo. “Femenino o masculino?”

Parpadeé. “Disculpa?”

Se movió alrededor hasta mi lado de la mesa, luego se bajó hasta quedar sobre una rodilla, una mano en el respaldo de mi silla.

“Las mujeres que beben socialmente tienden a caer en dos categorías,” él dijo, con la confianza de un sociólogo o un proveedor de bebidas, los trabajos probablemente teniendo mucho en común. “Mujeres que beben femeninamente: mujeres que meten cosas coloridas en copas de martini, vino blanco, bebidas congeladas; y mujeres que beben masculinamente: mujeres que no tienen miedo de sorber un poco de un buen whiskey Irlandés, o un poco de un rígido Escocés. Cuál tipo de mujer eres, mi Centinela?”

Le devolví la sonrisa desde debajo de mi cerquillo. “Por qué no lo decides tú?”

Me guiñó. “Me gustan las chicas valientes.”

Bueno, él definitivamente me iba a gustar.

Sean aparentemente me consideró digna de una bebida masculina. Trajo un vaso ancho medio lleno con hielo y líquido dorado. “Puedes manejar eso,” me aconsejó en un susurro, luego continuó poniendo bebidas frente a todas las demás.

Cautelosamente, levanté el vaso y aspiré. Nunca había sido una gran bebedora, y esto olía ligeramente más aceptable que la gasolina. Pero me gustaba la idea de ser la chica que ordenaba un escocés en las rocas-asumiendo que era esto de lo que se trataba. Había algo genial sobre ello, como ser la chica que conducía un Wrangler, la chica que jugaba football con los chicos en un día frío de otoño. . .y ganaba. Levanté el vaso y tomé un sorbo cauteloso. . .luego pasé los siguientes segundos tosiendo.

Margot, riendo a mi lado, golpeó mi espalda. “Cómo está esa bebida, Centinela?”

Sacudí la cabeza, llevé un puño a mi boca mientras trataba de recuperar el aliento. “Como un cohete,” Jadeé.

“Dejaste que eligiera tu bebida?”

Asentí.

“Sip, ese es tu error. Nunca dejes que Sean o Colin elijan tu bebida, Merit. Tienen un lado sádico. Pero le hacen lo mismo a todo el mundo, si eso te hace sentir mejor.” Levantó su copa. “Bienvenida al club.”

“Hablando de club,” le pregunté, haciendo un gesto hacia los fiesteros a nuestro alrededor, “de dónde salió toda esta gente? Deben haber al menos cien vampiros aquí.”

“Recuerda, todavía hay trescientos y algo de vampiros afiliados con Cadogan, incluso aunque ellos no vivan en la Casa. Por alguna extraña razón, ese par de cientos no tienen el deseo de jugar a la hermandad de vampiros de chicas y salir con el resto de nosotros.”

Dada la semana que había tenido hasta el momento, no creía que hubiera demasiado misterio sobre el por qué.

Pasamos la siguiente hora hablando, yo sosteniendo la bebida en mis manos como si me estuviera proporcionando el calor necesario, y tomando un sorbo solamente cuando mi garganta se había enfriado lo suficiente de cada trago previo.

Los vampiros a mí alrededor me obsequiaron con historias de la vida en la Casa Cadogan-de la vez que la alarma de incendios sonó durante la Comendación del 2007, hasta del boicot de Blood4You en 1979, como también de la violación de la verja por un residente de Hyde Park que estaba convencido de que la Casa era el lugar de ocultos rituales secretos.

Repentinamente, Margot bajó su bebida, apartó su silla, y se puso de pie sobre ella. Cuando estuvo de pie, hizo un gesto hacia la barra. Sean sonrió en respuesta, e hizo sonar una campana de bronce que colgaba de un poste corto detrás de la barra.

Toda la sala estalló en aplausos.

“Qué está pasando?” Murmuré a Lindsey, pero ella levantó una mano.

“Sólo sigue escuchando. Lo entenderás.”

“Vampiros Cadogan,” Gritó Sean, cuando cada vampiro en el bar hubo hecho silencio. “Ha llegado el momento de participar de una digna tradición del Templo Bar. No es que la tradición sea digna, pero ciertamente el Templo Bar lo es.”

“Larga vida al Templo Bar!” gritaron los vampiros al unísono.

Sean ofreció una inclinación de rey, luego hizo un gesto hacia Margot.

Hubo un abucheo en la multitud, luego el chirriar de madera contra madera cuando las sillas fueron volteadas para enfrentarla.

Ella levantó las manos.

“Damas y vampiros,” ella gritó, “es hora para una ronda de bebidas honrando los variados y diversos tics de personalidad de nuestro Maestro-Ethan Sullivan!”

No pude detener la sonrisa que se extendió por mi rostro.

“Esta noche, le damos la bienvenida a nuestro pacto sagrado a . . . nuestra Centinela!” Levantó su copa hacia mí, mientras cada otro vampiro en el salón hacía lo mismo. Con mis mejillas sonrojadas, levanté mi todavía lleno vaso hacia el resto de ellos, inclinando mi cabeza en reconocimiento. Margot me miró, copa todavía levantada, y me guiñó. “Y puede Lacey Sheridan bendecir su alma, ahogarse en ella.”

La sala estalló en aplausos. Mis mejillas dolían por la sonrisa en mi cara. Lindsey se inclinó y presionó un beso en mi mejilla.

“Te dije que necesitabas esto.”

“Definitivamente necesitaba esto,” estuve de acuerdo.

“Que todo el mundo se divierta,” Margot dijo. “Que todo el mundo beba dentro de lo razonable. Y luego haga uso de la más grande atracción de Chicago-transporte público!”

Con la ayuda del vampiro detrás de ella, Margot bajó y tomó asiento nuevamente. Todos en nuestra mesa bajaron sus bebidas y movieron sus sillas un poco más cerca.

“Muy bien,” dije, timidez fuera. “Entonces qué exactamente estamos haciendo aquí?”

“Bueno Centinela,” Margot dijo, “podría llamarte Centinela?”

Sonreí, y asentí.

Asintió en respuesta. “No creo que estemos equivocándonos diciendo que nuestro querido Maestro y Liege, Ethan Sullivan, es un poco-”

“Particular,” Lindsey terminó. “Él es muy, muy particular.”

“Sí,” dije secamente, “tengo esa sensación.”

“Es también una criatura de rutina,” Margot explicó. “De tics de personalidad y hábitos. Rarezas, podrías decir, que pueden rallar tus nervios.”

“Como la etiqueta en la espalda de un realmente áspero buzo,” Lindsey sugirió.

Margot le guiñó un ojo. “De vez en cuando, nos reunimos. Nos tomamos un pequeño momento-un pequeño momento de catarsis-para descargarnos sobre esas particularidades que nos vuelven locos.”

Con los codos en la mesa, me incliné hacia delante. “Así que, sobre cual de esas particularidades estamos hablando?”

“El primer punto en la lista-el levantamiento de cejas.” Para demostrarlo, arqueó una ceja negra cuidadosamente depilada, luego miró alrededor a cada uno de nosotros.

“Beban!” Lindsey gritó, y todos tomamos un sorbo.

“Odio cuando hace eso,” Michelle dijo, ondeando su bebida. “Y lo hace constantemente.”

“Es como el más irritante tic nervioso del mundo,” Estuve de acuerdo.

“Nervioso mi trasero,” Margot dijo. “Él cree que es intimidante. Es el gesto de un Maestro vampiro hablando a un bajo Novato.” Su voz se había profundizado a una desagradablemente nítida imitación del perfecto tono condescendiente de vampiro Maestro. Quizá ella tenía una pequeña Maestra dentro suyo, también.

“Entonces, cuál es el número dos?” Pregunté.

“Tengo éste,” Lindsey dijo. “El número dos-cuando Ethan se refiere a ti no por tu nombre, sino por tu título.” Hundió su barbilla y me miró a través de sus ojos entornados. “Centinela,” ella gruñó.

Bufé. “Siempre pensé que lucías familiar.”

“Beban!” Margot gritó, y levantamos nuestros vasos nuevamente.

En la siguiente hora y media continuamos más o menos en la misma moda-Ethan, quizá no sorprendentemente tenía un montón de tics y rarezas. Eso significaba un montón de bebidas. Y si alguien surgía un tic no catalogado antes, teníamos que tomar una doble ronda.

Como prácticamente no había hecho ningún progreso con mi bebida “masculina,” Sean se apiadó de mi y me trajo una taza plástica de agua helada. Que no estuviera bebiendo alcohol no hizo que me divirtiera menos a expensas del vampiro más pretencioso y menos agradable.

Bebimos por cada mención de Amit Patel, por cada discurso que Ethan dio sobre el deber, por cada mención de alianzas, por cada vez que respondió una llamada a la puerta de su oficina diciendo, simplemente, “Entre.” Bebimos por cada vez que él sacudió su reloj, cada vez que enderezó sus mancuernas, por cada vez que revolvió sus papeles cuando te reportabas a él en su oficina. Ethan tenía rarezas suficientes para que la mitad de la mesa tuviera que cambiar a soda o a agua para el tiempo en que estábamos.

Ethan tenía rarezas suficientes que tuve que excusarme de la mesa. Y esa era la razón por la que estaba de mi regreso a la mesa de la parte trasera del bar cuando las vi-fotografías que habían sido clavadas a la pared, décadas de imágenes de vampiros juntos, todas tomadas en el Templo Bar.

“Genial,” murmuré, mi mirada escaneando la recopilación de imágenes. Había Afros y vestuario disco, peinados de los 80 y hombreras. . .y una foto que estaba medio escondida en un rincón de la exposición.

Con las yemas, volteé la fotografía sobre su eje para tener una mejor vista. El borde blanco Polaroid enmarcaba un hermoso chico con pómulos afilados y la caída de cabello rubio sobre su rostro. A su lado había una chica rubia, su brazo metido en el de él, una copa de martini en sus manos. Él la miraba. . .con adoración en sus ojos.

Se me hizo un nudo en el estómago.

Eran Ethan y Lacey, una fotografía tomada unos años atrás, dada la ropa en la foto, pero era una foto de ellos de todos modos-un chico y una chica, felices juntos, amor en sus ojos.

Deslicé la imagen de regreso a su lugar, parcialmente escondiéndola de vista. Pero no había forma de apagar la alarma.

Él definitivamente tenía sentimientos por ella. Y después de que había dormido conmigo, la había llamado para que volviera. Me recosté contra la pared y cerré los ojos. No le podía suplicar amor. No podía.

No si eso era lo que ellos tenían juntos. Pero demonios, sí lamentaba estar en el medio de ello, ser el detonante del recuerdo de esa emoción.

Algunas veces, la verdad no hacia ningún bien. Estuve allí de pie en el pasillo por unos cuantos segundos, hasta que estuve lista para enfrentar a los vampiros nuevamente. Cuando finalmente regresé a la mesa, me detuve en mi silla y toqué el hombro de Lindsey.

Levantó la vista, su sonrisa desapareciendo mientras su mirada registraba mi rostro. “Te encuentras bien?”
Asentí. “Estoy bien.” Apunté con el pulgar la puerta frontal. “Voy a tomar un poco de aire fresco.”

“Estás segura de que te encuentras bien?”

Le dí mi mejor sonrisa. “Estoy bien, en serio. Simplemente quiero algo de aire.” Esa era la verdad. Mi dolor de cabeza inducido por la magia de cambia formas no estaba mejorando gracias al derrame de magia de cientos de vampiros.

Me miró por un momento, aparentemente decidiendo si estaba diciendo la verdad.

“Necesitas compañía?”

“Estoy bien. Estaré de regreso en unos cuantos minutos.”

“Bien. Pero si conoces algún humano guapo allí afuera que necesite algún trabajo de sangre, me lo dejas saber.”

“Tu serás la primer vampiro que llame.”

Zigzagueé desde la barra hasta la puerta frontal, luego acepté una mano de un lindo, sonriente, vampiro de cabello rizado en la puerta. Una vez fuera, caminé por la acera, mi mirada en los restaurantes, bares, y tiendas eclécticas que llenaban esta parte de Wrigleyville. Supuse que podrían ser lugares interesantes para visitar la próxima vez que viniera.

Acababa de pasar una polvorienta librería-ahora en la cima de lista de lugares a visitar-cuando oí pasos rasguñando la acera detrás de mí. Instintivamente puse una mano en mi cintura, en el lugar donde mi espada usualmente estaría puesta, antes de darme cuenta que la había dejado en la Casa.

“No la necesitarías incluso aunque la tuvieras,” dijo una voz baja detrás de mí.



TRADUCIDO POR LU ♥

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