Hard Bitten - Capítulo IV

CAPITULO 4

LA BESTIA SALVAJE


El aire era denso y húmedo, el olor fuerte de ozono indicaba lluvia. El lago parecía que ya estaba en medio de una tempestad: olas espumosas viajaban a través del agua como dientes irregulares, y algunas golpeaban la costa rocosa.

Miré hacia el cielo. Las señales de una tormenta gigantesca eran las exageradas nubes negras en el cielo del suroeste, visibles cada vez que brillaba un rayo a través de ellas.

Sin previo aviso, un crack se escuchó en el aire.

Salté y miré hacia atrás al edificio, pensando que había sido alcanzado por un rayo después de ver un relámpago. Pero el edificio estaba en silencio e inmóvil, y cuando otro crack rompió el silencio, me di cuenta de que el sonido venía de un grupo de árboles en el otro lado del edificio.

Di la vuelta para investigar y encontré a Ethan de pie debajo de un pino como un luchador frente a un oponente de doce metros de altura.

Sus puños estaban levantados, su cuerpo erguido.

"¡Cada vez!" gritó. "¡Cada vez que me las arreglo para poner las cosas bajo control, se enredan de nuevo en una mierda!"

Entonces se giró y empujó–golpeando el árbol.

Crack.

El árbol se tambaleó como si hubiera sido embestido por un camión, las ramas se movieron como agujas silbando. El olor a resina de pino – y sangre –se levantaba en la brisa. Y estas no eran las únicas cosas en el aire. Magia onduló fuera del cuerpo de Ethan en oleadas, dejando un hormigueo revelador alrededor de nosotros.

Y eso, pensé, explicaba por qué había conducido hasta aquí en lugar de ir a la Casa. Con tanto enojo acumulado, no había manera de que Ethan pudiera haber ido a casa. Los vampiros Cadogan -incluso aquellos que no eran tan sensibles a la magia como yo- hubieran sabido que algo andaba mal, y eso sin duda no iba a aliviar el anticipado estado de ánimo. Se trataba del obvio inconveniente de ser un Maestro vampiro –perder el control y no tener ningún lugar a dónde ir.

"¿Tienes alguna idea de cuánto tiempo – lo duro –que he trabajado para hacer esta Casa exitosa? Y este humano – este bache temporal en la cronología del mundo – amenaza con tirar todo por la borda. "

Ethan se echó hacia atrás para un segundo ataque, pero ya había abierto sus nudillos y el pobre árbol probablemente no estaría mucho mejor. Entendía la urgencia de huir cuando te culpaban por los males de otro, pero lastimarse a sí mismo no resolvería el problema. Era el momento de intervenir.

Estaba de pie en el césped entre el edificio y el lago, me imaginé que era un lugar perfecto para trabajar en liberar un poco de tensión. "¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño?" grité.

Él me miró, arqueó una ceja desafiante. "No me tientes, Centinela".

Me quité la chaqueta y la dejé caer al suelo, después puse mis manos en las caderas y, con suerte para esta ultima noche, saqué mi valentía vampiro. "¿Tienes miedo de no poder conmigo?".

Su expresión era indescifrable–partes iguales de tentación e irratibilidad–de un conflicto de masculinidad con la necesidad de aplacar el desafío a su autoridad. "Cuida tu boca".

"Es una pregunta legítima", repliqué. Ethan ya estaba caminando cerca, el olor de su sangre cada vez más fuerte.

No iba a negarlo–mi hambre se avivó. Había mordido dos veces antes a Ethan, y ambas ocasiones habían sido memorables. Sensuales, de una manera que no era cómoda de admitir. El olor de su sangre había disparado de nuevo los recuerdos, y sabía que mis propios ojos se habían plateado, aunque no estaba muy contenta de producir tentación.

"Fue una pregunta infantil", gruñó, dando otro paso hacia adelante.

"No estoy de acuerdo. Si quieres pelear, prueba con un vampiro".

"Tu intento de ser ingeniosa no te están sirviendo, Centinela".

Se movió de una manera sorprendente, la sangre goteando de su nudillo derecho, el cual se agrietó casi hasta el hueso. Deberían sanar, y rápidamente, pero le iba a doler.

"Y, aún así," dije, apretando mis manos en puños, "aquí estás".

Sus ojos se platearon. "Recuerda cual es tu lugar".

"¿Ponerme en mi lugar te hace sentir mejor?"

"Yo soy tu Maestro".

"Sí, lo eres. En Hyde Park, en Creeley Creek, y donde quiera que los vampiros se reúnan, tú eres mi Maestro. Pero aquí, sólo somos tú, yo y la astilla que Tate puso en tu hombro. No puedes volver a la Casa de este modo. Estás vertiendo magia, y eso preocupará a todos incluso más de lo que ya lo están. "

"Aquí afuera", dije en voz baja, "somos sólo tú y yo."

"Luego no digas que no te lo advertí." Sin ninguna advertencia, lanzó su movimiento favorito, una patada circular que tiró hacia mi cabeza. Pero lo reduje con mi brazo y hombro bloqueándolo.

En esa maniobra frustrada, Ethan recuperó su posición. "No seas engreída, Centinela. Sólo me has derrotado una vez".

Traté con una de mis patadas circulares, pero él la esquivó, agachándose y girando alrededor del golpe, antes de saltar de nuevo. "Tal vez sea así”, dije. "Pero, ¿cuántos novatos te han derrotado antes?"

Frunció el ceño y dio una combinación de puñetazos que fácilmente rechacé. Aún con todo el poder vampírico que estábamos arrojando en nuestros golpes, esta batalla no era real. Esta era una lucha de juego. La liberación de la tensión.

"No temas", dijo. "Es posible que lo hayas conseguido, pero he estado encima de ti antes, y estoy seguro de que lo voy a conseguir de nuevo."

Estaba siendo arrogante, quitando esa gentileza, la apariencia insistente que había estado usando últimamente se desprendió. Pero yo había logrado convertir su rabia en humo romántico, lo cual suavizaba sus golpes.

Rechacé un medio golpe. "No te hagas ilusiones. No estoy así de hambrienta".

"Mis ilusiones, como tu lo llamas, son constantes cuando estás alrededor".

"Entonces voy a tratar de permanecer más lejos," respondí dulcemente.

"Eso no será exactamente conducente con tu posición Centinela".

"Tampoco el ser arrestado," le dije, trayéndolo de regreso al punto.

Ethan pasó las manos por sus cabellos rubios, después enlazó los dedos juntándolos sobre su cabeza. “Estoy haciendo todo lo posible para mantener junta a la ciudad. Y es cada vez más difícil. Y ahora, en unas pocas horas, vemos el lado feo de la libertad de expresión, nos enteraremos que Chicago tiene una milicia, y descubrimos que Tate está en busca de sangre. Mi sangre".

Mi corazón se apretó en simpatía, pero me resistí a la necesidad de llegar a él. Somos colegas, me recordé a mi misma. Nada más.

"Sé que es frustrante," le dije, "y sé que Tate estaba fuera de lugar con la orden. Pero, ¿qué más podemos hacer además de tratar de resolver el problema?"

Frunció el ceño, Ethan se volvió hacia el lago, después caminó hacia el. El borde de la península eran terrazas de anillos de piedra que formaban pasos de gigante en el agua. Se quitó su chaqueta, colocándola con cuidado en la cornisa de piedra antes de sentarse junto a él.

¿Era un error de que estuviera un poquito decepcionada de que no se despojara también de su camisa?

Cuando me uní a él, cogió una piedra y la lanzó. Aún con el golpe, voló como una bala a través del agua.

"Esto no suena como una rave", le dije. "Lo que el señor Jackson describió, es decir, al menos no como la forma en que los has descrito antes. Esto no suena como si se tratara acerca de la seducción o el glamour. Esto no es un pasatiempo clandestino”. Mientras esperaba por su respuesta, me quité el fleco de la cara. El viento lo estaba revolviendo.

Ethan se tensó y lanzó otra piedra, la roca zigzagueo saltando hacia adelante. "Continua", dijo, y me relajé. Volvíamos de nuevo a la política y estrategia. Esa era una buena señal.

"He experimentado Primer Hambre y la Primer Hambre Parte Deux. Había un componente sensual en ambos, seguro, pero al final de ellas había algo acerca de la sangre–la sed. No se trata de conquistar a los seres humanos o matarlos. "

"Somos vampiros", señaló secamente.

"Sí, porque bebemos sangre, no porque somos psicópatas. No estoy diciendo que no haya vampiros psicópatas, o vampiros que no matarían por sangre si estuvieran hambrientos por ella, pero no suena como si eso hubiera sucedido aquí. Suena como a violencia, pura y simple".

Ethan se quedó callado por un momento. "El hambre de sangre es la antítesis de la violencia. En todo caso, se trata de la seducción, acerca de atraer al ser humano más cerca. Ese es el objetivo fundamental del glamour vampiro".

El glamour era de la vieja escuela vampiro–la capacidad de los vampiros para atraer a otros, ya sea mediante la manipulación de sus objetivos o por el ajuste de sus propias apariencias para hacerse más atractivos a sus víctimas. Maldición, no podía justificar al glamour, pero parecía que yo tenía cierta inmunidad hacia el.

"Esta es la segunda vez que los raves nos han metido en problemas", señalé. "Las hemos evitado hasta ahora, y es tiempo de que se acaben. Pero no podemos ir asumiendo que estas fiestas arremolinadas se fueron de las manos. Esto sólo suena... diferente. Y si quieres un poco de consuelo, al menos Tate te esta dando la oportunidad de resolver el problema".

"¿Dándome una oportunidad? Eso es decir poco. Él está haciendo precisamente lo que Nick Breckenridge ha tratado de hacer–chantajearnos para tomar acción".

"O nos está dando una oportunidad que no tuvimos antes".

"¿Cómo te has imaginado eso?"

"Él nos esta obligando a eso", le dije. “Lo cual significa que en vez de ir cautelosamente alrededor del GP y preocuparnos por la Casa o lo que pudieran pensar de nosotros, estamos obligados a salir y hacer algo al respecto. Vamos a gastar algo del capital político del que tú siempre estas insistiendo. "

Ethan arqueó una ceja imperiosamente. "Del que siempre estás hablando. Hablando de eso con un buen motivo y con tonos calculados".

Esta vez, rodó sus ojos.

"Mira”, continué. "La última vez que trabajamos en las raves, hiciste que me centrara en los riesgos medios. Esta noche, hemos demostrado que alguien preocupado por conocer el problema, en realidad no lo resuelve. Necesitamos ponernos delante de la cuestión. Tenemos que acabarlos. "

"¿Quieres decir que los vampiros ya no pueden participar en orgías de sangre humana?"

"Bueno, no iba a usar esas palabras, exactamente. Y tenía la intención de tomar mi espada".

Él sonrió un poco. "Eres una cosa verdaderamente a considerar cuando tienes acero en tus manos".

“Sí,” asentí. Toqué con una mano mi estómago. "Y ahora que estamos viendo el lado positivo, vamos a encontrar algo de comer. Me muero de hambre".

"¿No siempre te mueres de hambre?"

"Ja–ja". Le di un codazo en el brazo. "Vamos. Iremos a buscar un Italian beef".

Me miró. "¿Supongo que tiene un significado importante dentro de los círculos culinarios de Chicago?".

Me quedé allí, tanto me entristecía porque él no hubiera experimentado la alegría de un sándwich tipo italiano con carne–como también me irritaba ya que él había vivido en Chicago durante tanto tiempo y había estado totalmente apartado de todas las cosas que lo hacían Chicago.

"Tan importante como los Red Hots y los Deep Dish. Vamos, Liege. Es tu turno para ser educado. "

Él gruñó, pero aceptó.


***



Nos dirigimos hacía University Village, estacionamos en la calle, nos formamos en la línea junto con los trabajadores del tercer turno en la hora del almuerzo y los alumnos de la UIC necesitando bocadillos nocturnos. Eventualmente recogimos nuestras órdenes y nos movimos hacia el mostrador, donde le enseñé a Ethan la postura en la que Dios le hacia estar a los residentes de Chicago para poder sostenerse–pies separados, codos sobre la mesa, los sándwiches en la mano.

Ethan no había hablado desde que su sándwich italian beef de ocho pulgadas había sido entregado, aún goteaba por su baño en salsa. Cuando su primer bocado dejó un rastro de jugo en el suelo delante de sus pies–y no sobre sus zapatos italianos caros–sonrió grandiosamente hacía a mí.

"Bien hecho, Centinela".

Asentí mientras mordía un bocado de pan, carne y pimientos, feliz de que Ethan estuviera de mejor humor. Digan lo que sea sobre mi obsesión con todas las cosas con carne y carbohidratos, pero nunca subestimen la capacidad de la carne en rebanadas finas sobre un pan para hacer feliz a un hombre–vampiro o humano.

Y hablando de felicidad, me pregunté qué más se había estado perdiendo Ethan. "¿Has estado alguna vez en un juego de los Cubs?”.

Ethan se secó la boca con una servilleta de papel, y pude ver sus nudillos, ya recuperados de los golpes. "No, no he estado. Como sabes, no soy muy fanático del béisbol".

No era muy fanático, pero aún así había rastreado una pelota de béisbol firmada para reemplazar la que yo había perdido. Ese era el tipo de movimiento que me desequilibraba, pero me las arreglé para mantener las cosas livianas.

"Sólo estácame ahora," dije. "En serio, has estado en Chicago mucho tiempo y ¿nunca has estado en Wrigley? Eso es una vergüenza. Necesitas estar ahí. Es decir, para un juego en la noche, obviamente".

"Obviamente".

Un par de hombres grandes con bigotes y camisetas de los Bears se movieron hacia la barra cerca de donde estábamos, con sándwiches en la mano. Tomaron un lugar al lado de Ethan, extendieron sus pies, abrieron sus propios italian beefs, y los mordieron.
No fue hasta la mordida número dos que miraron y se dieron cuenta que dos vampiros estaban de pie junto a ellos.

El más cercano a Ethan pasó una servilleta por el bigote manchado, cambiando su mirada de mí a Ethan. "Ustedes dos me parecen familiares. ¿Los conozco?".

Desde que mi foto había salido en la primera página del periódico hace un par de meses, y Ethan había salido en las noticias locales más de una vez desde el ataque a Cadogan, probablemente les parecíamos familiares.

"Soy un vampiro de la Casa Cadogan," dijo Ethan.

Nuestra área del restaurante, que no estaba llena pero todavía había algunas personas, se quedó en silencio.

Esta vez, el hombre miró con recelo el sándwich. "¿Te gusta eso?"

"Es fantástico", dijo Ethan, y luego hizo un gesto hacia mí. "Ella es Mérit. Es de Chicago. Decidió que tenía que intentarlo".

El hombre y su compañero se inclinaron hacia adelante para mirarme. "¿Es cierto?”.
"Lo es".

Él se quedó callado por un momento. "¿Has probado un Deep Dish? ¿o un Red Hot?"
Mi corazón se calentó. Podríamos haber sido vampiros, pero al menos estos chicos reconocían que éramos originarios y principalmente residentes de Chicago. Conocíamos el Wrigley Field y el Navy Pier, a Daley y la hora pico del tráfico, Soldier Field en diciembre y Oak Beach Street en julio. Conocíamos las imprevisibles tormentas de nieve y las monstruosas oleadas de calor.

Pero sobre todo, conocíamos los alimentos: taquerías, Red Hots, Deep Dish, cervezas grandes. Horneábamos, freíamos, salteábamos, asábamos, y en nuestra búsqueda para disfrutar del sol y el calor mientras pudiéramos, compartíamos la comida juntos.

"Ambos", le dije. "Le hice probar la pizza de Saúl".

Las cejas pobladas del hombre se levantaron. "¿Sabes acerca de Saúl?"

Sonreí con picardía. "Queso crema y tocino doble".

"Oooh", dijo el hombre, sonriendo de oreja a oreja. Dejó caer su servilleta y levantó las manos en el aire. “Queso crema y tocino doble. ¡Nuestro amigo colmilludo aquí conoce lo mejor de Saúl! "Él levantó su gigante vaso de cartón de soda en un brindis. "Para ti, mi amigo. Buena provecho y todo eso".

"Y a ti," dijo Ethan, levantando su sándwich y tomando un bocado.

Carne caliente en el nombre de la paz. Me gustaba eso.


***




"Me sorprende que le dijeras que éramos vampiros," le dije a Ethan en el camino de regreso al coche. "Que lo admitieras, quiero decir, teniendo en cuenta lo que vimos temprano esta noche".

"A veces la única forma de ir en contra del prejuicio es recordándoles cuán similiares somos. Para cambiar sus percepciones de lo que significa ser vampiro... o humano. Además, él no habría preguntado quiénes éramos si por lo menos no lo hubiera sospechado, y mintiendo probablemente lo habría irritado más".

"Es posible".

Él sonrió espléndidamente. "Además, es evidente que lo halagó el hablar del queso crema y tocino doble".

"¿Quién no se dejaría seducir por una charla de queso crema y doble tocino? quiero decir, otros que no sean vegetarianos, supongo. Pero, como hemos establecido, el vegetarianismo no es mi fuerte".

Ethan abrió la puerta de mi coche. "No, Centinela, no lo es." Me metí dentro y él hizo lo mismo, pero no arrancó el coche de inmediato.

"¿Problemas?" le pregunté.

Frunció el ceño. "No estoy seguro de estar listo para regresar a la Casa. No es que prefiera estar en Creeley Creek, por supuesto, pero hasta que regrese a Hyde Park, el drama no será enteramente sólido". Él miró a mí. "¿Tiene sentido?".

Sólo un Maestro Vampiro de cuatrocientos años de edad preguntaría si un estudiante graduado podría entender sobre dilación. "Por supuesto que sí. La espera es un sentimiento muy humano".

"No estoy seguro de que los humanos tengan un monopolio del aplazamiento. Y, más importante, no estoy seguro de que esto cuente como un aplazamiento". Se volvió otra vez y comenzó la ignición. "A diferencia de lo que estás haciendo".

"¿Qué estoy haciendo?"

Sonrió solo un poco–una sonrisa divertida.

"Postergar las cosas", dijo. "evitar lo inevitable entre tu y yo".

"¿Cuánto tiempo lo 'inevitable' puede tomar cuando eres inmortal?"

Él sonrió y llevó el Mercedes hacia el bordillo de la acera. "Supongo que lo vamos a averiguar".

Una noche de verano en Chicago. Tres líneas juntas de batalla.



***



Los manifestantes aún estaban en la calle cuando volvimos, su odio aparente hacía nosotros no había disminuido. Por otra parte, su energía parecía ser un poco menos, esta vez, estaban sentados en la estrecha franja del césped entre la acera y la calle. Algunos se sentaron en sillas plegables de camping. Otros se sentaron sobre mantas de dos en dos, su cabeza en el hombro del otro, debido a lo tarde que era. El desvelo fastidioso al parecer era agotador.

Malik nos recibió en la puerta, con un archivo en mano; Ethan le había hecho una llamada de aviso en el coche de camino hacia la Casa.

Malik era alto, con piel de cacao, pálidos ojos verdes y cabello muy corto. Tenía el porte real de un príncipe en formación–hombros hacia atrás, mandíbula apretada, ojos exploradores y en alerta, como esperando merodeadores escalando los muros del castillo.

"Militares y órdenes de arresto", dijo Malik. "No estoy seguro de si conviene que ustedes dos dejen la Casa juntos otra vez".

Ethan hizo un bufido en acuerdo. "En ese punto, me gustaría estar de acuerdo contigo".
"¿Tate indicó que el supuesto incidente fue violento?"

"Tan excepcionalmente, consiguiendo el cuento de primera mano", dijo Ethan.
Una vez que estuvimos en la oficina de Ethan y hubo cerrado la puerta detrás de nosotros, llegó al punto central del asunto. "La historia es, los vampiros perdieron el control y mataron a tres humanos. Pero la descripción del señor Jackson sonó más a sed de sangre no controlada que de una típica rave".

"¿El Sr. Jackson?", preguntó Malik.

Ethan se dirigió a su escritorio. "Nuestro testigo. Posiblemente bajo influencia, pero lo suficientemente serio para que Tate estuviera aparentemente convencido. Y por convencido, me refiero a que está amenazando con arrestarme si no solucionamos el problema, o lo que sea".

Malik, tenía los ojos muy abiertos, miró entre nosotros dos. "Es serio, entonces".

Ethan asintió. "Ha dado la orden de retirarse. Y eso hace que este problema sea nuestro objetivo actual. Tate dijo que el incidente ocurrió en West Town. Mira a través de las acciones de la rave de nuevo. ¿Alguna conexión en ese barrio? ¿Alguna conversación sobre violencia? ¿Alguna cosa que sugiera la verdad del testimonio hablado?"

Con esa tarea dada, Ethan me miró. "Cuando el sol se ponga, habla con tu abuelo. Pregúntale si pueden averiguar algo acerca del incidente de Jackson, los vampiros involucrados, Casas, lo que sea, y cualquier nueva información que hayan recibido acerca de las raves. Esto no podría ser solo uno, pero por el momento esa es la mejor pista que tenemos. Y de una manera u otra", agregó, mirando entre nosotros, "vamos a acabar con estas cosas, ¿de acuerdo?"

“Liege”–asentí con una inclinación. Definitivamente iba a visitar a mi abuelo, pero mi círculo de amigos había crecido un poco más en los últimos meses. Recientemente me habían pedido unirme a la Guardia Roja, una especie de grupo guardián de vampiros que mantenían un ojo en los Maestros Vampiros y en el GP. Había rechazado la invitación, pero había hecho uso de ese recurso, llamando a la GR para apoyar la seguridad durante el ataque a la Casa. Este podría ser el momento para hacer una llamada de nuevo...

"¿Y este hombre McKetrick?", preguntó Malik.

"Él va a esperar", dijo Ethan, había determinación en sus ojos. "Él va a esperar hasta que el infierno se congele, porque no dejaremos Chicago".




***



Debía visitar a mi abuelo cuando el sol se pusiera. Pero primero, tenía un par de horas más de oscuridad y muchas horas de luz para pasar.

Todas las habitaciones en la Casa, en las cuales estaban alojados cerca de noventa de los trescientos vampiros Cadogan, parecían dormitorios pequeños. Una cama. Un escritorio. Una mesita de noche. Un pequeño closet, un cuarto de baño pequeño. No eran exactamente lujosos, pero nos daban un respiro del drama vampiro. Dado los problemas en los que nos tendemos a meter, estar libre de drama era definitivamente una buena cosa.

Mi habitación del segundo piso–al igual que el resto de la Casa–todavía olía como a construcción. Pintura nueva. Barniz. Yeso. Plástico. Olía bien de alguna manera, como un nuevo comienzo. Un fresco inicio.

La tormenta estalló en las alturas mientras cerraba la puerta, la lluvia golpeó la ventana cerrada en mi habitación. Me quité el traje y con la punta de los dedos mis zapatos Mary Jane, luego me dirigí a mi pequeño cuarto de baño, donde me froté la cara. El maquillaje era fácil de lavarse. Los recuerdos, por otra parte, no se iban a ninguna parte.

Esas eran las cosas difíciles de ignorar–los sonidos, las expresiones, la sensación de Ethan y su cuerpo. Había tratado de bloquear los recuerdos con distancia, para mantener mi mente limpia de ellos con el fin de hacer mi trabajo. Pero aún estaban allí.

Ellos ahora aturdían un poco menos, pero no podía ignorar la evidencia. Para bien o para mal, probablemente siempre tendría estos recuerdos conmigo.

Cuando me vestí de nuevo en una camiseta sin mangas y unos shorts, miré el reloj. Tenía dos horas para matar hasta el amanecer, significaba que tenía una hora para matar hasta mi cita semanal con mi otro vampiro rubio favorito.

Mi primera tarea–tomar cuidado de las necesidades básicas vampíricas. Caminé por el pasillo hacia la cocina del segundo piso, sonriendo a un par de vampiros vagamente familiares al pasarlos. En cada uno de lo pisos de la casa había una cocina, una cosa muy útil debido a que las emergencias vampíricas no consideran las horas de cafetería. Abrí la nevera y saqué dos bebidas de las cajas de sangre tipo A (preparado por el poco convincente nombre de Blood4You, nuestro servicio de entrega), después me dirigí de nuevo a mi habitación. La mayoría de los vampiros son lo suficientemente afortunados para mantener un buen dominio de su sed de sangre, yo incluida. Pero sólo porque no rasgué las uniones de la caja no quería decir que no necesitaba la sangre. La mayor parte del tiempo, la sed de sangre en los vampiros era parecida a la sed en los humanos; si se espera beber hasta que verdaderamente tuvieras sed, probablemente era demasiado tarde.


Mientras esperaba la llegada de su alteza, coloqué un sorbito en una de las cajas de bebida y busqué a través de la pila de libros que comenzaba a llegar cada vez más alto contra la pared de mi habitación. era mi pila PL-Por Leer. Los géneros habituales estaban allí. Chick lit. Acción. Un ganador del premio Pulitzer. Una novela romántica sobre un pirata y una damisela con una blusa escotada. (Qué? Incluso un vampiro disfruta de una pequeña rasgadura de blusas una que otra vez)

Aunque había gastado las últimas horas de unas pocas noches en mi dormitorio vampiro, mi pila PL no había disminuido. Por cada libro que terminaba, encontraba un reemplazo en la biblioteca de la Casa. Y de vez en cuando despertaba al atardecer para encontrar un montón de libros afuera de mi puerta, presumiblemente dejados por el bibliotecario de la Casa, otro Vampiro Noviciado. Sus selecciones estaban usualmente relacionados con la política: historias sobre antiguos conflictos entre vampiros y cambia-formas; biografías de más de cien amistosos vampiros políticos en la historia occidental; líneas del tiempo de eventos vampíricos en la historia. Desafortunadamente, no importaba cuan de serio era el tema; los nombres por lo general eran una tontería.

Vaya al punto: Contribuciones vampiro en la arquitectura occidental.

Colmillos y balances: Los vampiros políticos en la historia.

Beber o no beber: una dialéctica vampiro.

Salchicha Sangrienta, Estofado de Sangre, Sangre Naranja: Alimentos para todas las estaciones.

Y el muy nombrado Plasmatlas, que contiene mapas de los lugares importantes con vampiros.

Tal vez el jefe de redacción de la prensa vampiro era el mismo que escribió los títulos de los capítulos para el Canon de las Casas de América del Norte, mi guía vampiro. Ambas eran igualmente un juego de palabras–y tan ridículas.

Aparte de los nombres, siendo honestos–con Ethan corriendo por la casa, había ciertas ventajas en leer en mi habitación. ¿Era para evitar al Maestro? absolutamente. Pero cuando enfrentarse a la tentación era algo que no podía suceder, ¿por qué no encontrar algo más productivo que hacer? dicho de otro modo, ¿por qué ordenar postre si no podías tomar un bocado?.

Así que ahí estaba yo–en una camiseta y bóxers–con las piernas cruzadas sobre mi cama con Beber o No Beber en la mano, la lluvia golpeando el techo por encima de mí. Suspiré, me recosté contra las almohadas, y me hundí en las palabras, con la esperanza de que podría encontrar algo moderadamente edu–tretenido. O info–tretenido. O lo que sea.


***


Una hora más tarde, Lindsey tocó, y doblé una de las esquinas de la pagina del libro (una mala costumbre, lo sé, pero nunca tuve un marcador útil).

El libro en realidad había sido informativo, discutían los primeros casos registrados de una condición a la que el autor llamaba hemoanhedonia–a la incapacidad de tener placer al beber sangre. Los vampiros con tendencia a esta condición satanizaban a aquellos que bebían. Añade el hecho de que era una "práctica" vampiro ciertamente peligrosa–los humanos no suelen ser amables cuando son tratados como vasitos–y los vampiros comenzaban a beber juntos en privado, lejos de la crítica. Abracadabra, las raves nacen.

Con esa pepita de oro histórica en mente, puse el libro en la mesita de noche y abrí la puerta. Lindsey, compañera de guardia y mi mejor amiga en la casa (suponiendo que Ethan no contaba, y no pensaba que lo fuera), estaba en el pasillo con una rubia cola de caballo, figura matadora, y una sonrisa tonta en su cara. Llevaba unos jeans y una camiseta negra con la impresión CADOGAN en letras mayúsculas blancas a través de la parte delantera. Sus pies estaban desnudos, las uñas pintadas de reluciente oro.

"Hola, rubia".

"Merit. Me gustan esos trapos". Ella emitía una valoración de mi camiseta sin mangas ¡ILLINOIS ES PARA AMANTES! y mis shorts de los Cubs estampados con tréboles.

"La Centinela Cadogan fuera de servicio a sus órdenes. Vamos entra".

Se dejó caer en la cama. Cerré la puerta tras ella. Una de nuestras reuniones más recientes como nuevas amigas había sido una noche en su habitación con pizza y un reality por televisión. No fue exactamente intelectual, pero nos dio la oportunidad de ser tontas por un rato, estar preocupadas por cuál celebridad estaba saliendo con una estrella de rock o quién estaba ganando en esta semana un desafío loco... en lugar de preocuparse por cuál grupo de personas estaban tratando de matarnos. Esto último era agotador después de un tiempo.

Encendí mi televisor pequeño (mi remuneración como trabajo de Centinela) y cambié el canal a un reality de noche, que involucraba a participantes masculinos resolviendo acertijos para poder escapar de una isla de ex-novias.

Era material de alta calidad. Material con clase.

Me uní a Linds en la cama y saqué una almohada detrás de mi cabeza.

"¿Cómo estuvo la reunión con Tate? preguntó ella.

"Drama, drama, drama. Luc te informará de eso. Basta decir, que Ethan podría estar en la cárcel del Condado Cook la próxima semana".

"Sullivan podría tener un corazón de carbón, pero apuesto a que se ve muy bien en naranja. Y con rayas. Rawr", dijo, encrespando los dedos como un gato.

Lindsey estaba aún menos convencida de que Ethan hubiera tenido un verdadero cambio post–ruptura de corazón. Pero eso no lo hacía menos bonito.

"Estoy segura de que disfrutará de tus elogios cuando está metiéndose en ese traje", le dije. "Aunque Luc podría tener celos".

Como guardia, Luc era el jefe de Lindsey. Era alto y con pelo despeinado, su melena rubia oscura tenía algunos reflejos por el sol debido a los años, me imaginaba, como un vaquero usando botas en un rancho donde el ganado y los caballos superaban a los humanos y a los vampiros. Luc mantuvo las botas después de convertirse en vampiro, y había desarrollado un monumental enamoramiento por Lindsey. Una larga historia por lo menos, nada había pasado hasta el ataque a la Casa. Después, comenzaron a pasar más tiempo juntos.

No creía que fuera tan serio–más como una noche de película por aquí, un bocadillo al atardecer por allá. Pero, parecía como si finalmente él hubiera conseguido empujar las barreras emocionales que ella había levantado para mantenerlo a distancia. Apruebo totalmente ese cambio. Luc lo había tenido bastante difícil, ya era hora de que saboreara su victoria.

"Luc puede cuidarse a sí mismo", dijo Lindsey, con voz seca.

"Él lo disfrutaría más si estuvieras al cuidado".

Lindsey levantó una mano. "Suficiente de palabras sobre chicos. Si sigues insistiendo sobre Luc, te voy a pegar con una combinación uno–dos Sullivan, en cuyo caso te voy a estar interrogando sobre su cuerpo caliente y su frialdad emocional por el resto de la noche".

"Aguafiestas". Hice un puchero, pero lo dejé pasar. Sabía que ella no estaba completamente convencida sobre Luc, incluso si ella pasaba más tiempo con él, y no quería empujarla demasiado lejos y demasiado rápido. Y para ser justos, solo porque pensé que ellos estarían bien juntos no quería decir que ella estaba obligada a salir con él. Era su vida, y podía respetar eso.

Así que lo dejé pasar y me instalé en una posición cómoda junto a ella, luego dejé que mi mente fuera a la deriva en las olas de pregrabados, televisión basura. Era como una relajación, no exactamente como un masaje Hotrock y un baño de barro de calidad, pero un vampiro tomaba lo que un vampiro podía conseguir.

Traducido por Chelo

Corregido por Lu

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Hard Bitten - Capítulo III

CAPÍTULO TRES:

CIENCIA FRICCIÓN




Creeley Creek era un edificio con un estilo arquitectónico tipo pradera – bajo y horizontal, con numerosos ventanales, grandes aleros, y madera clara al descubierto. Era más grande que una casa estilo pradera promedio, construida a principios del siglo XX por un arquitecto con un renombrado ego. Cuando el dueño original falleció, en su testamento donó la casa a la ciudad de Chicago, la cual terminó siendo la residencia oficial del alcalde. Era para Chicago lo que la Mansión Gracie era para la Ciudad de Nueva York.

Viviendo actualmente allí estaba el político que Chicago siempre había querido. Apuesto. Popular. Un diestro orador con amigos en ambos bandos. Ya sea que te gustaran o no sus inclinaciones políticas, él era muy, muy bueno en su trabajo.

La verja se abrió cuando llegamos, el guardia que estaba dentro de la garita al borde de la calle nos hizo señas para que ingresemos. Ethan condujo el Mercedes alrededor de la entrada y lo estacionó en una pequeña área de aparcamiento al lado de la casa.

“De una Casa de vampiros a una casa de políticos,” masculló mientras caminábamos hacia la puerta principal.

“Dijo el más político de los vampiros,” le recordé, y obtuve un gruñido en respuesta. Pero me mantuve en mi postura. Había sido él quien cambió una relación conmigo por consideraciones políticas.

“Espero con ansias,” dijo mientras atravesábamos el prolijo camino de ingreso de ladrillos, “a tu turno en el timón.”

Asumí se refería al día en que me convertiría en Maestro vampiro. No era algo que esperara con ansias, pero me sacaría de la Casa Cadogan.

“Esperas con ansias ello porque estaríamos en igualdad de condiciones? Políticamente, me refiero?”

Me deslizó una mirada tosca. “Porque disfrutaré de ver cómo te retuerces bajo presión.”

“Encantador,” murmuré.

Una mujer en un ceñido traje azul marino, se encontraba de pie frente a las puertas dobles de la entrada debajo de un bajo alero de piedra. Su cabello estaba recogido en un apretado rodete, y usaba unos anteojos de marco grueso. Eran un buen contraste a los patentes tacones en plataforma.

Se estaba inclinando por el lado de bibliotecaria sexy, tal vez?

“Sr. Sullivan. Meredith. Soy Tabitha Bentley, la asistente del alcalde. El alcalde está listo para verlos, pero tengo entendido que hay algunos preliminares que necesitan ser resueltos?” alzó su mirada hacia el umbral por encima nuestro.

El viejo cuento de que los vampiros no podían ingresar a una casa si no habían sido invitados a entrar. Pero como muchos de otros mitos relacionados a los colmilludos, eso tenía poco que ver con la magia y más con el hecho de las reglas. Los vampiros amaban las reglas – qué beber, dónde pararse, cómo dirigirse a vampiros de mayor rango, y así sucesivamente.

“Apreciaríamos la invitación oficial del Alcalde a su hogar,” dijo Ethan, sin detallar las razones del pedido.

Asintió con la cabeza remilgadamente. “He sido autorizada a extender la invitación hacia ud. y Meridit a Creeley Creek.”

Ethan sonrió cortésmente. “Le agradecemos su hospitalidad y aceptamos su invitación.”

Con el acuerdo alcanzado, la srita. Bentley abrió las puertas y esperó mientras caminábamos hacia el pasillo.

No era mi primera vez en la mansión. Mi padre (siendo adinerado) y Tate (estando bien conectado) se conocían, y mi padre ocasionalmente me había arrastrado hasta Creeley Creek para alguna que otra beneficencia. Eché un vistazo alrededor y concluí que no había cambiado mucho desde la última vez que la había visitado. Los pisos eran de piedra resplandeciente, las paredes con planchas horizontales de madera oscura. La casa era fría y sombría, el corredor iluminado con luces cálidas provenientes de los apliques en la pared.

El aroma a galletas de vainilla se filtraba en el aire. Ese aroma – a limones relucientes y azúcar – me recordaba a Tate. Era la misma esencia que había captado la última vez que lo había visto. Tal vez tenía un aperitivo favorito, y el staff de Creeley Creek lo consentía.

Pero el hombre en el pasillo no era el que esperaba ver. Mi padre, elegante en un traje negro, caminó hacia nosotros. No nos ofreció un apretón de manos; la arrogancia era típica de Joshua Merit.

“Ethan, Merit.”

“Joshua,” dijo Ethan con una leve inclinación de cabeza. “Encontrándose con el alcalde esta noche?”

“Lo estaba,” dijo mi padre. “Ambos se encuentran bien?”

Tristemente, estaba sorprendida de que le importara. “Estamos bien,” le dije. “Qué te trae aquí?”

“Asuntos del Concejo de Negocios,” dijo mi padre. Él era miembro del Concejo de Desarrollo de Chicago, un grupo encarado a traer nuevos negocios a la ciudad.

“También hablé bien de su Casa,” añadió, “acerca de los avances que han realizado con la población de supernaturales de la ciudad. Tu abuelo me mantiene al tanto.”

“Eso fue…muy generoso de su parte,” dijo Ethan, su confusión haciendo juego con la mía.

Mi padre sonrió placenteramente, luego miró hacia Tabitha. “Veo que van de entrada. No dejen que los retenga. Un gusto de verlos a ambos.”

Tabitha se puso delante de nosotros con sus tacones chasqueando sobre el piso mientras marchaba más profundamente dentro de la mansión. “Síganme,” dijo.

Ethan y yo intercambiamos miradas.

“Qué es lo que acaba de ocurrir?” pregunté.

“Por alguna desconocida razón, tu padre se ha vuelto repentinamente amistoso?”

Había indudablemente una razón para eso, vinculada a los negocios, lo cual asumí nos enteraríamos pronto. Entre tanto, hicimos lo que nos dijeron, y seguimos a Tabitha por el pasillo.


Seth Tate tenía la apariencia de un playboy que jamás terminó de reformarse del todo. Cabello algo despeinado, negro como el carbón, y ojos azules bajo unas largas y oscuras cejas. Tenía el rostro por el que toda mujer se desmayaría y, como alcalde dos veces electo, tenía la tajada de plata que respaldaba su apariencia. Eso explicaba por qué él había sido nombrado uno de los solteros más codiciados, y uno de los políticos más sexys del país.

Nos recibió en su despacho, una sala larga y baja, con paneles de madera de piso a techo. Un gigantesco escritorio se emplazaba en uno de los extremos de la habitación, frente a una mullida silla de cuero rojo que podría haber duplicado a un trono.

Ambos, el escritorio y el trono, se hallaban bajo una amenazadora pintura de cinco pies de ancho. La mayor parte del lienzo era oscuro, pero el delineado de un grupo de hombres de sospechosa apariencia se hacía evidente. Estaban parados rodeando a un hombre, próximos al centro de la pintura, sus brazos sobre su cabeza, encogiéndose mientras lo señalaban. Parecía como si lo estuviesen condenando por algo. No era una pintura precisamente inspiradora.

Tate, quien se encontraba de pie en el medio de la habitación, extendió una mano hacia Ethan, sin vacilación en el movimiento. “Ethan.”

“Sr. Alcalde.” Compartieron un varonil apretón de manos.

“Cómo están las cosas por la Casa?”

“Diría que los ánimos son…expectantes. Con los manifestantes en la entrada, uno tiende a esperar a que caiga la siguiente gota.”

Luego de que compartieran una mirada de complicidad, Tate se giró hacia mí, con una floreciente sonrisa. “Merit,” dijo, con voz suave. Tomó mis dos manos y se inclinó hacia mí, dando un delicado beso en mi mejilla, el aroma a limones azucarados flotando alrededor suyo. “Acabo de encontrarme con tu padre.”

“Lo vimos de salida.”

Me soltó y sonrió, pero mientras me recorría con su mirada, la sonrisa se desvaneció. “Te encuentras bien?”

Debía de lucir aturdida; ser retenida a punta de pistola podía hacerle eso a una chica. Pero antes de que pudiera hablar, Ethan envió una advertencia.

No menciones a McKetrick, dijo. No hasta que sepamos más acerca de sus alianzas.

“Había una protesta afuera de la Casa,” le conté obedientemente a Tate. “Fue inquietante. Mucho prejuicio desperdigado por ahí.”

Tate me ofreció una mirada simpatética.

“Desafortunadamente, no le podemos negar a los manifestantes su derecho a causa de la Primera Enmienda, pero siempre podemos interceder si el asunto escala en intensidad.”

“Tenemos las cosas bien controladas,” le aseguré.

“El anuncio de Gabriel Keene de la existencia de los cambiaformas no ha hecho demasiado por su popularidad.”

“No, no lo ha hecho,” admitió Ethan. “Pero él vino a pelear a la Casa cuando teníamos la espalda contra la pared. Hacerse público – dar a conocer su versión de la historia – fue lo mejor de un conjunto de malas opciones para proteger a su gente.”

“No estoy necesariamente en desacuerdo,” dijo Tate. “No hacía el anuncio, y hubiéramos tenido que terminar arrestando a todo cambiaforma por agresión y perturbar la paz. No podíamos simplemente dejarlos ir sin alguna clase de justificación. El anuncio nos dio esa razón, ayudó al público a entender por qué se unieron a la pelea y por qué no fueron arrestados a la vista.”

“Estoy seguro que ellos aprecian su entendimiento.”

Tate ofreció una mirada irónica. “Dudo que esa clase de cosas les interese. Los cambiaformas no me pegan como del tipo más político que digamos.”

“No lo son,” acordó Ethan. “Pero Gabriel es lo suficientemente astuto como para comprender cuando se le ha hecho un favor, y cuándo un favor requiere ser retribuido. No estaba feliz de hacer el anuncio y tenía aún menos interés en que su gente fuera impulsada hacia el miedo del público hacia los vampiros. Está trabajando en ello ahora, manteniendo a su gente fuera de la notoriedad del público.”

“Esa es en realidad la razón por la que te he pedido que te reunieras conmigo,” dijo Tate. “Entiendo que es un pedido inusual, y aprecio que vinieran con tan poco aviso.”

Se sentó en su trono detrás de su escritorio, los espectadores en el retrato ahora apuntándole hacia él. Tate hizo señas hacia dos sillas más pequeñas que se hallaban frente a su escritorio. “Por favor, tomen asiento.”

Ethan tomó una silla. Tomé mi puesto detrás de él, Centinela siempre lista.

Los ojos del Alcalde Tate se ampliaron ante el gesto, pero su expresión regresó a la de estrictamente negocios lo suficientemente rápido. Abrió una carpeta y destapó una pluma fuente de aspecto costoso.

Ethan cruzó una pierna sobre la otra. La señal: se estaba cambiando hacia la posición de charla política. “Qué podemos hacer por usted?” preguntó con su voz en un tono demasiado casual.

“Tú dijiste que los ánimos en la Casa eran de anticipación. Ésa es la preocupación que tengo acerca de la ciudad de manera más amplia. El ataque sobre Cadogan ha reactivado el temor de la ciudad hacia lo sobrenatural, hacia el otro. Tuvimos cuatro días de revueltas la primera vez, Ethan. Estoy seguro que comprenderás la difícil situación en la que eso me pone – manteniendo la calma de la ciudadanía mientras trato de ser comprensivo hacia tus desafíos, incluyendo el ataque a Adam Keene.”

“Por supuesto,” dijo amablemente Ethan.

“Pero los humanos están nerviosos. De manera creciente. Y ese nerviosismo está llevando a un aumento en la delincuencia. En las últimas dos semanas, hemos visto marcados ascensos en agresiones físicas, asaltos, incendios intencionales, y en el uso de armas de fuego. Trabajé duro para lograr que esos números bajaran desde mi primera elección, y considero que la ciudad está mejor a causa de ello. Odiaría vernos retrocediendo.”

“Creo que todos estamos de acuerdo en eso,” dijo Ethan en voz alta, pero ése fue sólo el precursor de una conversación silenciosa entre nosotros al tiempo que Ethan activaba nuestro vínculo telepático. Hacía dónde quiere llegar?

Tus conjeturas son tan buenas como las mías, respondí.

Tate frunció el ceño y bajó la vista hacia la carpeta sobre su escritorio. Echó un vistazo a lo que fuere de información que se encontrara allí, luego levantó un documento de ella y lo extendió hacia Ethan. “Los humanos, al parecer, no son los únicos incrementando la violencia en nuestra ciudad.”

Ethan miró al documento, se quedó mirándolo fijamente en silencio hasta que sus hombros se tensaron en una línea recta.

Ethan? Qué sucede? Pregunté. Sin molestarse en responder, Ethan me paso el papel por sobre su hombro. Lo tomé. Parecía como parte de una transcripción policial.

P: Dígame qué es lo que ud vio, sr. Jackson.

R: Había una docena de ellos. Vampiros, sabe? Con colmillos y la capacidad de meterse dentro de tu cabeza. Y estaban locos por la sangre. Todos ellos. A donde quiera que miraras – vampiro, vampiro, vampiro. Bum! Vampiro. Y estaban todos sobre nosotros. Sin escapatoria alguna.

P: Quiénes no podían escapar?

R: Los humanos. No cuando los vampiros te deseaban. No cuando ellos querían doblegarte y sacar toda la sangre de ti. Todos ellos estaban sobre uno, y la música estaba tan fuerte y vibraba como un martillo contra tu corazón. Estaban locos con ella. Locos con ella.

P: Con qué?

R: Con la sangre. Con su lujuria por ella. El apetito. Podías verlo en sus ojos locos. Eran plateados, como los ojos del diablo. Sólo miras una sola vez a esos ojos antes de que el demonio mismo te atraiga hasta su abismo.

P: Y luego qué sucedió, sr. Jackson?

R: [sacudiendo su cabeza] El hambre, la lujuria, los contenía, los arrastraba. Mataron a tres chicas. Tres. Ellos bebieron hasta que no les quedaba vida.

La página se detiene allí. Con mis dedos temblorosos alrededor del papel, me salté la línea de mando y miré a Tate. “De dónde sacaste esto?”

Tate me miró. “En la Cárcel del Condado de Cook. Ésta era de una entrevista con un hombre que había sido arrestado por posesión de sustancias controladas. El detective no estaba seguro si estaba borracho o perturbado…o si en verdad había visto algo que requiriera de nuestra atención. Afortunadamente, ella llevó su transcripción a su supervisor, quien lo llevó a mi jefe de personal. Aún nos resta hallar las víctimas de las cuales el sr. Jackson habló – no hay personas desaparecidas que coincidan con sus descripciones – aunque estamos investigando activamente la acusación.”

“Dónde ocurrió esto?” preguntó Ethan en voz baja.

La mirada de Tate cayó sobre Ethan y se estrechó. “En West Town (la Zona Oeste), y no ha sido más específico que darnos el barrio. Dado que no hemos identificado una escena de crimen o víctimas, es posible que él exagerara la violencia. Por el otro lado, como uds podrán apreciar por la transcripción, está bastante convencido de que los vampiros de nuestra bella la ciudad estuvieron involucrados en un ataque desenfrenado por la sed de sangre hacia los humanos. Un ataque que ha dejado tres inocentes muertos.”

Luego de un momento de silencio, Tate se recostó sobre el respaldo, cruzó sus manos por detrás de su cabeza, y se hamacó en la silla. “No estoy contento de que esto esté sucediendo en mi ciudad. No estoy contento con el ataque sobre su Casa y cual sea la animosidad que haya entre ustedes y las Manadas, y no estoy contento de que mis ciudadanos estén tan asustados de los vampiros como para que se estén alineando fuera de su casa para protestar acerca de su existencia.”

Tate se sentó erguido nuevamente, con expresión furiosa. “Pero saben lo que realmente me molesta? El hecho de que ustedes no parezcan sorprendidos acerca del reporte del sr. Jackson. El hecho de que me haya enterado que ustedes estaban bien al tanto de la existencia de fiestas salvajes en las que se bebía, las que llamaron ‘raves’.”

Mi estómago se me hizo un nudo de los nervios. Tate era normalmente equilibrado, político, cuidadoso con las palabras, e invariablemente optimista acerca de la ciudad. Su voz era de las del tipo que esperas oír en un cuartucho repleto de humo o en el reservado de un oscuro restaurante. La clase de tono que le has escuchado en el Chicago de Al Capone.

Este era el Seth Tate que destruía a sus enemigos. Y nosotros éramos ahora su blanco.

“Hemos escuchado rumores,” dijo finalmente Ethan, un maestro del eufemismo.

“Rumores de orgías de sangre?”

“De raves,” admitió Ethan. “Pequeñas congregaciones en donde los vampiros beben mancomunadamente de los humanos.”

Las raves estaban usualmente organizadas por los vampiros Rebeldes - aquellos que no estaban sujetos a una Casa y tendían a no seguir las tradicionales reglas de las Casas. Para la mayoría de las Casas, esas reglas significaban no tomar a humanos como aperitivos, con o sin consentimiento. Cadogan permitía el beber, pero aún así requería del consentimiento, y no sabía de ninguna Casa que fuera a aprobar el asesinato.

Habíamos estado cerca de que las raves aparecieran frente al ojo público hacía un par de meses atrás, pero con un poco de investigación de nuestra parte, nos las ingeniamos para mantenerlas en el clóset. Supongo que esa dichosa ignorancia ya pasó.

“Hemos estado con las orejas pegadas al piso,” continuó Ethan, “para identificar a los organizadores de las raves, sus métodos, la manera en la que atraen a los humanos.”

Ése era el trabajo de Malik – el segundo al mando de Ethan, el segundo en línea por la corona. Luego de un incidente de chantaje, había sido puesto a cargo de investigar a las raves.

“Y qué han hallado?” preguntó Tate.

Ethan se aclaró la garganta. Ah, el sonido del atascamiento.

“Estamos al tanto de tres raves en los últimos dos meses,” dijo. “Tres raves involucrando, a lo sumo, a media docena de vampiros. Éstos fueron pequeños, eventos íntimos. Mientras que se produce derramamiento de sangre, no hemos escuchado de, digámosle, la violencia frenética de la cual el sr. Jackson habla, ni aprobaríamos tales cosas. Ciertamente nunca ha habido argumentos de que algún participante fuera…..drenado. Y si hubiésemos escuchado acerca de ello, hubiéramos contactado a la oficina del Defensor del Pueblo, o puesto un paro a ello nosotros mismos.”

El Alcalde entrelazó sus dedos sobre el escritorio. “Ethan, creo que parte de mantener a esta ciudad segura es integrando a los vampiros a la población humana. La división no resolverá nada – sólo llevará a más divisiones. Por otro lado, según el sr. Jackson, los vampiros se están involucrando en eventos violentos a gran escala, y muy difícilmente con actos consensuales. Eso es inaceptable para mí.”

“Como lo es para mí y los míos,” dijo Ethan.

“He escuchado hablar acerca de un llamado a destitución,” dijo Tate. “No voy a caer en llamas a causa de la histeria sobrenatural. Esta ciudad no necesita de un referéndum en cuanto a vampiros o cambiaformas.”

“Pero más importante aún,” continuó, la mirada penetrando a Ethan, “no querrás a un grupo de concejales aparecer frente a tu puerta, demandando que clausures tu Casa. No querrás que el Concejo de la Ciudad legisle que salgas de la existencia.”

Sentí la explosión de magia proveniente de Ethan. Su angustia – y la ira – se estaban elevando, y yo estaba contenta de que Tate fuera humano y no pudiera sentir el incómodo cosquilleo de la misma.

“Y tú no me querrás a mí de enemigo,” concluyó Tate. “No querrás que yo pida a un Jurado que considere tus crímenes y los de los tuyos.” Revisó entre los papeles de la carpeta sobre su escritorio, luego sacó una sola página y la extendió. “No querrás que yo ejecute esta orden de arresto sobre la base de que asististe e instigaste al asesino de humanos en esta ciudad.”

La voz de Ethan era fría como el diamante, pero el cosquilleo mágico era de magnitudes sísmicas. “No he hecho semejante cosa.”

“Oh?” Tate puso el papel sobre su escritorio nuevamente. “Tengo entendido de buena fuente que tú transformaste a un humano en vampiro sin su consentimiento.” Él alzó su vista hacia mí, y sentí la sangre correr hacia mis mejillas. “También sé de buena fuente que mientras tú y tu concejo de vampiros prometieron mantener a Celina Desaulniers confinada en Europa, ella ha estado en Chicago. Son esas acciones tan distantes de asesinato?”

“Quién sugirió que Celina estuvo en Chicago?” preguntó Ethan. La pregunta fue cautelosamente realizada. Sabíamos muy bien que Celina – la ex líder de la Casa Navarro y mi alguna vez potencial asesina – había sido liberada por el Presidio Greenwich, el órgano responsable de los vampiros europeos y norteamericanos. También sabíamos que una vez que el PG la dejó ir, se abrió camino a Chicago. Pero no habíamos creído que ella aún estuviera aquí. Los últimos meses habían sido demasiado libres de drama como para eso. O así habían parecido.

Tate arqueó sus cejas. “Noto que no lo has negado. En cuanto a la información, tengo mis fuentes, como supongo tú también las tienes.”

“Con o sin fuentes, no tomo de manera agradable el chantaje.”

Con una velocidad asombrosa, Tate cambió nuevamente de Capone a orador de primera plana, sonriéndonos grandiosamente. “ ‘Chantaje’ es una palabra tan dura, Ethan.”

“Entonces qué es, exactamente, lo que quieres?”

“Quiero que tú, que nosotros, hagamos lo correcto por la Ciudad de Chicago. Quiero que tú y los tuyos tengan la oportunidad de tomar el control dentro de tu propia comunidad.” Tate entrelazó sus manos sobre el escritorio y nos miró. “Quiero este problema resuelto. Quiero el final de estas reuniones, de estas raves, y una garantía personalizada de que tú tienes este problema bajo control. Si no se hace, la orden para tu arresto será ejecutada. Asumo que nos entendemos?”

Hubo silencio hasta que Ethan finalmente soltó, “Sí, Sr. Alcalde.”

Como un político con práctica, Tate inmediatamente suavizó su expresión. “Excelente. Si necesitas reportar cualquier cosa, o si necesitas acceso a cualquiera de los recursos de la ciudad, sólo tienes que contactarme.”

“Por supuesto.”

Con un saludo final, Tate retornó a sus papeles, justo como Ethan habría hecho si yo hubiera sido llamada a su oficina para una charla amistosa.

Pero esta vez, fue Ethan quien había sido llamado, y fue Ethan quien se paró y salió por la puerta. Lo seguí, como siempre, la obediente Centinela.





Ethan mantuvo el miedo o preocupación o los improperios o cualquier emoción que lo estuviera conduciendo, para sí mismo aún mientras llegábamos al Mercedes.

Y me refería a ‘conduciendo’ literalmente. Expresó su cúmulo de frustraciones con ochenta mil dólares de ingeniería alemana y un motor de trescientos caballos de potencia. Se las arregló para no rebanar la puerta mientras se alejaba de la entrada, pero trató las señales de stop entre Creeley Creek y Lake Shore Drive como meras sugerencias. Ethan pisó a fondo el Mercedes, zumbando dentro y fuera del tránsito como si el demonio de ojos plateados estuviera tras nosotros.

El problema era, que nosotros éramos los demonios de ojos plateados.

Ambos éramos inmortales, y Ethan probablemente llevara un siglo de experiencia conduciendo, pero eso no hacía de los giros menos desgarradores. Aceleró frente a una luz y hacia Lake Shore Drive, giró al sur, y salimos disparados…y siguió conduciendo hasta que el horizonte de la ciudad brillara a nuestras espaldas.

Estaba casi temerosa de preguntar hacia dónde nos estaba llevando – realmente quería yo saber dónde los predadores vampiros dejaban suelta su furia política? – pero me ahorró el problema cuando llegamos al Parque Washington. Se alejó de Lake Shore Drive, y un par de chirriantes giros más tarde estábamos rodeando Promontory Point, una pequeña península que sobresalía hacia el lago. Ethan condujo alrededor del edificio en torre y detuvo el auto en frente al rocoso borde que separaba el césped del lago.

Sin decir una palabra, se bajó del auto y cerró la puerta de un portazo. Cuando saltó la cornisa rocosa y desapareció de la vista, desabroché mi cinturón de seguridad. Era tiempo de ponerme a trabajar.

Traducido por Chloe♥

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Hard Bitten - Capítulo II

CAPÍTULO DOS

UN PUÑADO DE VAMPIROS


Salir de la Casa Cadogan solía ser toda una hazaña, mayormente debido a que involucraba evitar la irritación de los periodistas en la esquina, quienes estaban esperando para tomarnos fotos. Ahora era realmente peligroso.

Ambos estábamos en trajes negros (el uniforme Cadogan oficial) y en el Mercedes convertible negro de Ethan, un rápido coche que aparcaba en el sótano debajo de la Casa. Condujimos por la rampa que lleva al nivel del suelo, luego esperamos mientras que una de las hadas posicionada en la verja la abriera. Una segunda estaba de pie frente a la rampa, su cautelosa mirada en los protestantes que comenzaban a moverse en nuestra dirección.

Nos detuvimos en la calle. El hada en la verja la cerró nuevamente, luego se unió a su compañero al lateral del coche. Avanzamos lentamente mientras los humanos comenzaban a reunirse a nuestro alrededor, con velas en sus manos. Se movían sin hacer ningún sonido, sus rostros inexpresivos, al igual que zombies. Su silencio era completamente desconcertante. Eso era peor, creía yo, que si estuvieran gritando epítetos anti-vampíricos u obscenidades.

“Al parecer nos han visto,” Ethan murmuró, su mano izquierda en el volante, su derecha en la palanca de cambios.

“Sí, lo hicieron. Quieres que salga?”

“Por mucho que aprecie la oferta, dejemos que las hadas manejen esto.”

En ese instante, las hadas tomaron las puntas, cada una en una puerta. “Les pagamos, cierto? Por la seguridad?”

“Lo hacemos,” Ethan dijo. “Aunque, como ellos detestan a los humanos más de lo que nos detestan a nosotros, es probablemente una tarea que la hubieran hecho gratuitamente.”

Así que las hadas odiaban a los vampiros, pero odiaban más a los humanos. Algunos humanos odiaban a los vampiros y si hubieran sabido lo que eran las hadas, probablemente los hubieran odiado también.

Y los vampiros? Bueno, los vampiros eran como políticos. Queríamos ser amigos de todos. Queríamos ser queridos. Queríamos capital político para poder comerciarlo después por beneficios políticos. Pero seguíamos siendo vampiros, y sin importar cuán políticos o sociales podríamos haber sido, todavía éramos diferentes.

Bueno, la mayoría de nosotros, de todos modas. Ethan a menudo remarcaba que yo era más humana que la mayoría, probablemente debido a que había sido una vampiro solamente por unos cuantos meses. Pero mirando a los protestantes, me sentía un poco más vampiro que lo usual.

Los protestantes miraban las ventanas, sosteniendo sus velas en dirección al coche como si la cercanía de la llama fuera suficiente para hacernos desaparecer. Afortunadamente, el fuego no era más peligroso para nosotros de lo que lo era para los humanos.

Ethan mantenía ahora ambas manos en el volante mientras maniobraba cuidadosamente el Mercedes a través de la multitud. Avanzábamos un paso a la vez, los humanos pululando en una nube tan espesa que no podíamos ver la carretera adelante. Las hadas caminaban a nuestro lado, con una mano en el techo del pequeño rodado como miembros del Servicio Secreto en una caravana presidencial. Nos movíamos lentamente, pero nos movíamos.

Y mientras nos movíamos, pasamos a dos adolescentes quienes estaban de pie de mi lado del auto, sus brazos unidos-un chico y una chica. Eran tan jóvenes, y estaban vestidos con shorts y sudaderas, como si hubieran pasado el día en la playa. Pero sus expresiones contaban una historia diferente. Había odio en sus ojos, un odio tan intenso para unos chicos de dieciséis años. La chica tenía manchas de rimel debajo de sus ojos como si hubiera estado llorando. El chico miraba a la chica, su odio para mí, quizá impulsado por su amor ciego por ella.

Con una rapidez desapacible, comenzaron a cantar juntos. “No más vampiros! No más vampiros! No más vampiros! Una y otra vez gritaron el mantra, fanatismo en sus voces, como ángeles listos para herir.

“Son tan jóvenes para estar tan enojados,” Dije en voz baja.

“La ira no es solamente para los ancianos,” Ethan señaló. “Incluso los jóvenes pueden enfrentar la miseria, la tragedia y convertir la tristeza en odio.”

El resto de la multitud pareció encontrar a los adolescentes inspiradores. Una persona a la vez, se hizo eco del canto hasta que la multitud entera se hubo unido, un coro de odio.

“Váyanse del barrio!” gritó una humana cerca del auto, una mujer delgada de cincuenta o sesenta con largo cabello gris, quien usaba una remera y unos pantalones caqui. “Regresen del lugar de donde vinieron!”

Miré de nuevo hacia delante. “Yo soy de Chicago,” murmuré. “Nacida y criada.”

“Pienso que tienen un dominio más sobrenatural en mente,” Ethan dijo. “El infierno, quizás, o alguna dimensión paralela, habitada solamente por vampiros y hombres-lobo en cualquier caso, lejos de los humanos.”

“O tal vez nos quieren en Gary en vez de en Chicago.”

“O eso,” estuvo de acuerdo.

Me obligué a mirar hacia delante, bloqueando la vista de sus rostros en la ventana, deseando poder hacerme invisible, o de alguna manera poder fundirme en la tapicería y evitar la molestia de escuchar a los humanos gritar cuánto me odiaban. Dolía, más de lo que hubiera creído posible, estar rodeada de gente que no me conocía pero que estaría feliz de oír que me había ido y que no estaba más, contaminando su vecindario.

“Se vuelve más fácil,” Ethan dijo.

“No quiero que se vuelva más fácil. Quiero ser aceptada por lo que soy.”

“Desafortunadamente, no todo el mundo aprecia tus finas cualidades. Pero están esos que sí lo hacen.”

Pasamos una familia-padre, madre y sus dos jóvenes hijos-sosteniendo una pancarta pintada a mano que decía HYDE PARK ODIA A LOS VAMPIROS.

“Ahora, para eso,” Ethan se quejó. “Tengo poca paciencia. Hasta que los niños no tengan edad suficiente para sacar sus propias conclusiones sobre los vampiros, deberían ser inmunes a la discusión. Ellos ciertamente no deberían tener que soportar el peso de los prejuicios de sus padres.”

Asentí y crucé mis brazos sobre mi pecho, encerrándome en mi misma.

Después de unos cien metros, los protestantes eran menos, la necesidad de reprendernos aparentemente disminuyó mientras nos alejábamos de la Casa. Con el espíritu desinflado, nos dirigimos al noreste hacia Creeley Creek, donde estaba ubicado en el Chicago histórico, el barrio Prairie Avenue.

Miré en dirección a Ethan. “Hemos pensado en una campaña o algo para hacer frente al odio? Anuncios de servicio público o foros para que nos conozcan? Algo que nos ayude a que se den cuenta que no somos el enemigo?”

Sonrió. “Nuestra Directora Social está trabajando de nuevo?”

Como castigo por retar a Ethan a una lucha-aunque hubiera estado sufriendo de una división de personalidad en el momento- me nombró la Directora Social de la Casa. Pensó que era el correcto castigo para una chica que pasaba más tiempo en su habitación que llegando a conocer a sus compañeros vampiros. Tengo que admitir que era un ratón de biblioteca-había sido una estudiante graduada de literatura inglesa antes de ser cambiada-pero había estado haciendo incursiones. Por supuesto, el ataque de los cambia-formas puso freno a mis planes de una barbacoa para lograr una mezcla social.

“Sólo soy una vampira Noviciada tratando de pasar la noche con un poco menos odio. Seriamente-podría ser algo para considerar.”

“Julia está en ello.”

“Julia?”

“La directora de marketing y relaciones públicas de la Casa.”

Huh. Ni siquiera sabía que teníamos una de esas.

“Tal vez podríamos celebrar un sorteo por los lugares de los Iniciados el próximo año,” sugerí. “Hacer que los humanos se interesen en ser un vampiro Cadogan?”
“I’ve got a golden ticket,” Ethan comenzó a cantar, luego soltó una risita.


“Algo como eso. Por supuesto, si abres un lugar para el público, probablemente aumentes las posibilidades de añadir un saboteador a la Casa.”

“Y creo que estamos bastante completos en el departamento de saboteadores últimamente.”

Pensando en los dos vampiros traidores que la Casa había perdido desde que me uní, asentí. “Totalmente de acuerdo.”

Debería haber tocado madera, para ofrecer un poco de protección contra la mala suerte que había causado por hablar sobre sabotaje. . . porque repentinamente lucía como si los protestantes se hubieran anticipado.

Nuestros faros rebotaron en dos SUVs que estaban aparcadas diagonalmente en el medio de la calle, seis hombres fuertes frente a ellas, todos llevando camisetas negras y pantalones cargo.

“Espera,” Ethan gritó, tirando del volante con un chirrido de goma quemada.

El auto se inclinó hacia la derecha, girando como un reloj hasta que quedó perpendicular a las SUVs.

Levanté la vista. Tres de los hombres corrieron a nuestro alrededor, armas en sus cinturas, rodeando el auto antes de que Ethan pudiera alejarse de la barricada.

“Esta situación no me enloquece,” Murmuré.

“A mí, tampoco,” Ethan dijo, sacando su celular y tipiando teclas. Asumí que estaba pidiendo refuerzos, lo cual estaba bien por mí.

“Militares?” Le pregunté a Ethan, mi corazón latiendo salvajemente.

“Es improbable que oficiales militares se acerquen a nosotros de esta manera. No cuando hay medios significativamente más fáciles y con menos daños colaterales potenciales.”

“Independientemente de lo que sean, asumo que son anti-vampiros.”

Dos de los tres hombres frente al auto desenfundaron sus armas, se acercaron a nosotros y abrieron las puertas.

“Fuera,” dijeron al unísono. Hice un inventario mental-tenía mi daga, pero no mi espada. Esperaba no necesitarla.

“Anti-vampiros de hecho,” Ethan murmuró, luego lentamente levantó sus manos en el aire. Hice lo mismo.

Tranquila, Centinela, dijo telepáticamente. No digas nada en voz alta a menos que sea absolutamente necesario.

Tú eres el jefe, respondí.

Todo evidencia lo contrario. Las palabras eran silenciosas, pero el bufido fue obvio.

Salimos a la oscura calle de Chicago. La vibración en el aire-el zumbido de acero que podía sentir luego de que mi katana hubiera sido templada con sangre-era intenso. Estos chicos, quien sea que fueran, estaban bien armados. Con nuestras manos en el aire, sus armas apuntando nuestros corazones, fuimos escoltados frente al Mercedes. Como vampiros, nos curábamos lo suficientemente rápido para que las balas nos pudieran hacer daño. Una estaca de madera al corazón, sin embargo, haría el trabajo sin lugar a dudas.

Ahora que lo pensaba, sus armas no lucían exactamente fuera de lo normales; lucían como unidades de medida, con la boca un poco más ancha que esas en el arsenal de la Casa.

Es posible modificar un arma para que dispare estacas de madera? Le pregunté a Ethan.

Preferiría no averiguarlo, contestó.

Mi estómago se revolvió por los nervios. Me había acostumbrado al hecho de que mi trabajo involucraba violencia, usualmente perpetrada por locos paranormales en contra de los míos y de mí misma. Pero estos no eran paranormales. Estos eran humanos armados quienes aparentemente creían estar fuera del alcance de la ley, quienes creían que tenían la autoridad para detenernos y retenernos a punta de pistola dentro de los límites de nuestra propia ciudad.

El tercer hombre frente a nosotros-grande y fornido, piel marcada por el acné y corte militar-dio un paso adelante.

Míralo, resonó la voz de Ethan en mi cabeza.

Díficil no ver a un tanque humano dirigiéndose en mi dirección.

“Piensan que no sabemos lo que le están haciendo a nuestra ciudad?” Tanque preguntó. “Nos están matando. Merodeando en la noche, sacándonos de nuestras camas. Atrayéndonos, luego bebiendo de nosotros hasta que nada queda.”

Mi pecho se aprieta al escuchar sus palabras. Definitivamente yo no había hecho ninguna de esas cosas, ni conocía a ningún otro vampiro que sí lo hubiera hecho, no al menos desde que Celina Desaulniers, la mala chica vampiro de Chicago, había desaparecido de escena. Pero Tanque parecía muy convencido de que estaba diciendo la verdad.

“Yo no te he hecho nada a ti,” Le dije. “Nunca te conocí, y tú no sabes nada de mí excepto que soy un vampiro.”
“Zorra,” murmuró, pero su cabeza giró hacia atrás cuando la puerta trasera de la SUV a mano izquierda se abrió. Dos pies embotados golpearon el pavimento, seguidos por otro hombre en el mismo uniforme negro. A diferencia de los otros, éste era lindo, con largos y grandes ojos y altos y anchos pómulos, su cabello oscuro perfectamente peinado. Con sus manos detrás de su espalda, caminó hacia nosotros mientras Tanque cerraba la puerta de la SUV.

Supuse que Nuevo Chico era el que estaba a cargo.

“Sr. Sullivan. Srta. Merit,” él dijo.

“Y usted es?” Ethan preguntó.

Nuevo Chico sonrió ampliamente. “Pueden llamarme. . . McKetrick.” La pausa lo hizo sonar como si recién hubiera decidido el nombre. “Estos son algunos de mis amigos. Compañeros creyentes, si así se quiere.”

“Sus modales dejan mucho que desear.” El tono de Ethan era inexpresivo, pero magia rabiosa salpicaba el aire.

McKetrick cruzó sus brazos sobre su pecho. “Encuentro ese insulto bastante cómico, Sr. Sullivan, viniendo de un intruso en nuestra ciudad.”

“Un intruso?”

“Nosotros somos humanos. Ustedes son vampiros. Si no fuera por el resultado de una mutación genética, ustedes serían como nosotros. Y eso los hace aberraciones en nuestra ciudad, invitados no deseados. Invitados que tendrían que cuidar sus modales y continuar su camino.” Su tono era una cuestión de hecho, como si no acabara de sugerir que éramos aberraciones genéticas que necesitábamos irnos de la ciudad.

“Ruego que me perdones,” Ethan dijo, pero McKetrick levantó una mano.

“Vamos,” dijo, “Sé que me entiendes. Pareces ser un hombre inteligente, al igual que tu colega aquí. Al menos por lo que sabemos sobre sus padres.”

Mis padres-los Mertis-eran los nuevos ricos de Chicago. Mi padre era un inversionista de bienes mencionado en los diarios en una base diaria. Inteligente, pero implacable. No éramos cercanos, lo cual me hacía mucho menos entusiasta por saber que estaba siendo juzgada en base a su cobertura de prensa narcisista.

No dejes que te moleste, Ethan dijo silenciosamente. Tú sabes quien eres.

“Tus prejuicios,” dijo en voz alta, “no son nuestro problema. Sugerimos que bajes las armas y continúes tu camino.”

“Que continúe mi camino? Eso es verdaderamente generoso. Como si tu especie simplemente fuera a continuar su camino sin traerle a esta ciudad una guerra supernatural?” Sacudió su cabeza. “No, gracias, Sr. Sullivan. Tú y los tuyos necesitan empecar, irse y acabar de una vez.”
“Yo soy de Chicago,” dije, atrayendo su atención hacia mí. “Nacida y criada.”

Levantó un dedo. “Nacida y criada humana hasta que cambiaste de bando.”

Casi lo corrijo, casi le digo que Ethan me había salvado de un asesino contratado por Celina, que me trajo de nuevo a la vida luego de haber sido atacada. Podía decirle también que sin importar los retos que enfrentara como vampiro, Ethan era la razón por la que todavía respiraba. Pero no creía que McKetrick se emocionara por saber que casi había sido asesinada por un vampiro-y que había sido cambiada sin consentimiento por otro.

“Sin respuesta?” McKetrick preguntó. “No es de extrañar. Dados los estragos que tu ‘Casa’ ya ha ocasionado a Chicago, no estoy seguro si yo hubiera objetado, tampoco.”

“Nosotros no precipitamos el golpe a nuestra Casa,” le dije. “Fuimos atacados.”

McKetrick inclinó su cabeza hacia nosotros, una sonrisa confusa en su rostro. “Pero deben reconocer que ustedes lo provocaron. Sin ustedes, no hubiera habido violencia.”

“Todo lo que queremos hacer es ocuparnos de nuestras cosas.” McKetrick sonrió magnánimamente. Él no era un hombre poco atractivo, pero esa sonrisa-tan calmada y confiada-era terrible por ello.

“Eso me viene bien. Simplemente lleven sus cosas a otra parte. Como debe estar claro ahora, Chicago no los quiere.”

Ethan congeló sus rasgos. “No has sido elegido. No has sido designado. No tienes derecho de hablar en nombre de la ciudad.”

“Una ciudad que ha caído bajo su hechizo? Una ciudad finalmente despertando de su desviación? Algunas veces, Sr. Sullivan, el mundo necesita un profeta. Un hombre que pueda ver más allá del momento, que vea el futuro, y que entienda lo que es necesario.”

“Qué es lo que quieres?”

Él rió. “Queremos nuestra ciudad de regreso, por supuesto. Queremos la partida de todos los vampiros de Chicago. No nos importa a donde vayan-simplemente no los queremos aquí. Espero que eso se haya entendido?”

“Vete a la mierda,” Ethan dijo. “Tú y tus prejuicios.”

McKetrick lucía decepcionado, como si verdaderamente esperara que Ethan viera el error de sus modos.

Abrió su boca para responder, pero antes de que pudiera hacerlo, lo oí; cortando a través de la noche como un rugiente trueno, el sonido del caño de escape. Miré detrás de mí y vi los focos-una docena en total-moviéndose como flechas hacia nosotros.

Motocicletas.

Comencé a sonreír, ahora sabiendo a quién había contactado Ethan con su celular. Éstos no eran simplemente motociclistas; ellos eran cambia-formas. El calvario había llegado.

Las tropas miraron a su líder, no seguros sobre que hacer a continuación.

Ellos atravesaron la oscuridad como tiburones en cromo. Doce gigantes, brillantes, motos de rodado bajo, un cambia-forma en cada una- musculosos y vestidos en cuero, listos para la batalla. Y podía dar fe de la parte de la batalla. Los había visto luchar, sabía de lo que eran capaces, y el cosquilleo que levantaba el aire detrás de mi cuello probaba que estaban bien armados.

Corrección-once de ellos eran musculosos y estaban vestidos en cuero. La duodécima era una morena pequeña con una masa de largo y ondulado cabello, recogido actualmente detrás de una gorra de béisbol de los Cardenales. Fallon Keene, la única hermana entre los seis hermanos Keene, nombrada alfabéticamente por Gabriel hasta Adam, quien había sido removido de la manada Central Norteamericana y enviado a los brazos amorosos de una Manada rival luego de que él matara a su líder. Nadie había oído de Adam desde que ese intercambio había sucedido. Dado su crimen, asumía que esa no era una buena señal.

Asentí hacia Fallon, y cuando ella ofreció en respuesta un rápido saludo, decidí que podría vivir con su pobre elección sobre lealtades de béisbol.

Gabriel Keene, Líder de la Manada, conducía la motocicleta al frente, su cabello marrón besado por el sol recogido en una coleta en su nuca, sus ojos ámbar escaneando la escena con lo que parecía tener una mala intención. Pero yo sabía mejor. Gabriel evitaba la violencia a menos que fuera absolutamente necesario.

No le temía a ella, pero no la buscaba.

Gabriel aceleró su moto con un giro de su muñeca, y como magia, los hombres de McKetrick retrocedieron hacia sus SUVs.

Gabe llevó su mirada hacia mí. “Problemas, Gatita?”

Miré hacia McKetrick, quien estaba escaneando las motos y a sus conductores con una nerviosa expresión. Suponía que sus bravuconadas contra los vampiros no se extendían a los cambia-forma. Después de un momento pareció recuperar su compostura e hizo contacto visual con nosotros nuevamente.

“Ansío continuar con esta conversación en un momento más apropiado,” McKetrick dijo. “Estaremos en contacto. Mientras tanto, manténganse lejos de los problemas.” Con eso, entró de regreso en la SUV y el resto de sus tropas lo siguieron.

Sentí decepción. Casi deseaba que hubieran sido lo suficientemente ingenuos para hacer un movimiento, solamente para poder disfrutar viendo a los Keenes golpearlos al olvido.

Con un bramido de silenciadores personalizados, las SUVs chillaron en acción y condujeron lejos. Que lástima que no fuera para siempre. Revisé las chapas, pero estaban en blanco. O conducían sin registros o habían quitado las chapas por su pequeña charla introductoria.

Gabe miró a Ethan. “Quién es G.I. Joe?”

“Dijo que su nombre era McKetrick. Se imagina a sí mismo como un vigilante anti-vampiros. Quiere a todos los vampiros fuera de la ciudad.”

Gabe chasqueó su lengua. “Probablemente no sea el único,” dijo, mirándome. “Los problemas parecen encontrarte, Gatita.”

“Como Ethan puede verificar, no tengo nada que ver con esto. Estábamos conduciendo hacia Creeley Creek cuando golpeamos la barricada. Nos sacaron con armas de fuego.”

Gabe rodó sus ojos. “Solamente los vampiros encontrarían en eso una limitación en vez de un reto. Son inmortales, después de todo.”

“Y preferimos continuar de ese modo,” Ethan dijo. “Las armas parecían modificadas.”

“Con forma anti-vampiros?” Gabriel preguntó. “No me sorprende. McKetrick parecía de ese tipo.”

“Y mi espada está en la Casa,”le señalé a Gabriel. “Dame treinta y dos pulgadas de acero cubierto y me encargaré de quien quieras.”

Rodó sus ojos, luego aceleró su moto y miró hacia Ethan. “Se dirigen a Creeley Creek?”

“Lo hacemos.”

“Entonces los escoltaremos. Suban al coche y los conduciremos hasta allí.”

“Les debemos una.”

Gabriel sacudió su cabeza. “Considéralo como una ficha menos de la cuenta que le debo a Merit.”

Él había mencionado esa deuda antes. Yo todavía no tenía idea qué era lo que me debía, pero asentí de todos modos y regresé al Mercedes.

Me deslicé dentro del auto. “Dijiste que las hadas detestaban a los humanos. Justo ahora, siento que ‘detestar’ no es una palabra lo suficientemente fuerte. Y luce como si pudiéramos agregar un problema más a la lista.”

“Ese parece ser el caso,” dijo, encendiendo el motor.

“Al menos continuamos siendo amigos de los cambia-forma,” dije, mientras enfocábamos la señal de PARE frente a nosotros, los cambia-forma haciendo un escudo en forma de V alrededor del auto.

“Y oficialmente enemigos de los humanos nuevamente. Algunos de ellos, de todos modos.”

Mientras nos movíamos por la calle y finalmente comenzábamos a ganar velocidad, con nuestra escolta de cambia-formas a nuestro lado, me volteé hacia la carretera y suspiré.

“Deja que los buenos tiempos comiencen.”


Traducido por Lu

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