Hard Bitten - Capítulo XIX

CAPÍTULO DIECINUEVE

ROJO, ROJO VINO

Nuestra fiesta nocturna estaba ubicada en otra habitación, a la que se llegaba a través de la entrada, un espacio en la bodega casi tan larga como había sido la oficina conjunta. Ésta parecía una sala usada para eventos especiales; esta noche, una simple mesa rectangular estaba colocada en el centro de la sala, con un puñado de sillas de aspecto moderno rodeándola.

Gabriel Keene, el representante de los cambiantes de Norteamérica, estaba de pie detrás de la mesa con su mujer, Tonya. Los Maestros estaban yendo hacia sus sillas, aparentemente habiendo hecho ya las presentaciones, lo que me dejaba a los cambiantes.

Caminé hacia ellos, ignorando los vampiros que estaban detrás de mí y a los demás de la sala. No podría llamar a Gabriel y Tonya amigos per se, pero Gabriel tenía más prudencia que Darius, lo que respetaba.

“Entiendo que las felicitaciones están al orden del día,” dije, ofreciéndoles una sonrisa a ambos.

Gabriel era tan varonil como se suponía- grande, musculoso, de pelo moreno, y ojos color miel con un amor por el cuero y por las Harleys- pero su rostro se iluminó con orgullo paternal. “Tenemos un maravilloso bebé varón en casa,” confirmó. “Apreciamos tu agasajo.”

“Fue maravilloso que decidierais acompañarnos esta noche,” dije con una sonrisa burlona. “No puedo imaginar que prefiráis la compañía de los vampiros por encima de la de vuestro hijo recién nacido.”

Gabriel lanzó una mirada suspicaz a Darius y los demás. Entendía ese sentimiento.
“Hay cosas en la vida que necesitamos hacer,” dijo, “y hay cosas en la vida que debemos hacer. Aunque no creo que nos quedemos mucho tiempo.”

Sonriente, Tonya sacó una pequeña cartera de su bolso. “¿Cómo podríamos dejar a esta carita por tanto tiempo?” Sostuvo una pequeña foto de un asombrosamente adorable bebé vestido con un mono azul. Gabriel sonrió al ver la foto. Estaba claramente encantado.

Había una gran cantidad de orgullo y amor en sus ojos, pero cuando alzó la mirada hacia mí, pude ver el miedo detrás de ello. El miedo que viene con amar tanto a alguien que te sientes abrumado por ello, casi aplastado. El miedo de la posible pérdida, de que te rompan el corazón, de que podrías perder aquello por lo que tanto trabajaste para traer al mundo.

Miedo paternal, supuse, empeorándolo el hecho de que ser el líder- Ápex- de la Manada fuese hereditario. Connor había nacido siendo un príncipe entre lobos. Había sido dado a luz bajo un manto de poder, pero tal vez teniendo que soportar una responsabilidad que no podría ni empezar a desentrañar. Debía haber sido duro para Gabriel soportarlo, sabiendo la responsabilidad que tendría que depositar algún día sobre los hombros de su pequeño.

“Lo hicisteis bien,” susurré. No estaba muy segura de si las palabras eran suficientemente elegantes, pero parecían estar bien por ahora. Y el pequeño asentimiento de Gabriel me indicó que había dicho lo correcto.

“¿Cómo están las cosas por lo demás?”

“Bien, no estamos siendo usados como experimentos científicos,” dijo Gabriel de forma seca. “Eso es una pequeña victoria.” Una de sus preocupaciones acerca del anuncio de la existencia de los cambiaformas al mundo, era el miedo de convertirse en pasto de los militares o de la investigación médica- la clase de cosas que ves en las películas de terror y monstruos. No era exactamente un pensamiento agradable, y me alegraba saber que no había ocurrido.

“No es como si pensase que los humanos no creen que seamos amenazas,” añadió. “Tan solo no saben qué hacer con nosotros.”

Los cambiantes eran considerados por normal general los seres sobrenaturales más fuertes, al menos por los grupos que yo conocía. Consideré la ignorancia de los humanos sobre éste hecho como algo beneficioso.

“¿Y los cambiantes que atacaron la Casa?”

Su expresión se oscureció. “Están siguiendo su camino a través del sistema judicial como cualquier preso humano promedio.”

Cuando hice una mueca, Scott juntó las manos en una palmada. “Bienvenidos, todos, a la Casa Grey. Aprecio vuestra presencia, y espero que esto pueda ser un paso más hacia una amistad en común. ¿Vamos a cenar?”

Antes de que pudiéramos contestar, hombres y mujeres vestidos con ropa blanca de chef, comenzaron a entrar en la sala portando bandejas de plata con tapa en forma de cúpula. Tomé un asiento junto a Ethan antes de que las bandejas fueran depositadas delante nuestro. Dos vampiros se pasearon alrededor de la mesa con jarras de agua con limón y botellas de un vino de color rojo oscuro, sirviendo según les dijesen los vampiros invitados. Tan solo Ethan, Jonah y yo optamos por el vino; supongo que necesitábamos un trago más fuerte que el resto.

Otros vampiros depositaron las bandejas, revelando una comida que podría ser descrita como “el Placer del Depredador.” Lomo, asados, chuletas. Salchichas, bistecs, filetes. Todo dispuesto con una perfección artística. Oh, para estar seguros, también había añadidos. Pequeñas y alargadas patatas, maíz, y algo de ensalada de alguna clase. Pero en una sala llena de vampiros y cambiaformas- más depredadores que humanos- el ansia carnívora era innegable.

Mi estómago escogió ese momento para rugir con un estruendo que casi se escuchó por toda la habitación.

Como mis mejillas enrojecieron, todas las miradas se fijaron en mí. Sonreí ligeramente.

Gabriel me devolvió la sonrisa, y entonces levantó su vaso de agua cuando los chefs abandonaron la sala de nuevo.

“Gracias, señor Grey por la oportunidad de compartir lo vegetariano y lo animal con vosotros. Es un gesto cargado de significado para nosotros, y espero que nuestras familias puedan continuar conviviendo en paz por años.”

“Oye, oye,” dijo Darius levantando su vaso de la misma forma. “Ahora somos vecinos de esta fantástica ciudad, y esperamos que nuestros días de lucha queden atrás, y que podamos trabajar juntos en paz y lealtad los milenios que están por venir.”

Gabriel ofreció un educado asentimiento e hizo un gesto con su vaso de nuevo, pero no se comprometió exactamente con la “lealtad”. Los vampiros coleccionan las alianzas formales como cromos de béisbol; los cambiaformas no estaban exactamente entusiasmados con esa idea.

“Y como realmente prefiero que Merit se centre en su comida antes que en mí,” Gabriel dijo con un guiño, “vamos a dejar de hablar y comenzar a comer.”

Pero, por supuesto, eso podría haber sido mucho más simple.

No sé por qué me había sorprendido que Scott ofreciese un festín de carne. El hombre amaba a los Cachorros, tenía una fantástica bodega transformada en Casa, y Benson era el bar de su casa. Esas cosas gritaban “Maestro de gran calidad,” a los cuatro vientos.

La comida no fue una excepción. Los trozos de carne estaban escogidos de tal manera que incluso mi particular padre podría habérselos servido a sus invitados tal cual. Era lo bastante tierna como para hacer irrelevante el uso del cuchillo y estaba perfectamente hecha por la parte de fuera. No la podrían haber hecho mejor, especialmente para un grupo de depredadores.

Honestamente, si fuese un tío, hubiese terminado mi plato, me hubiese repantingado en la silla, y desabrochado el primer botón del pantalón. Alimentos tan sabrosos merecían una tranquila digestión.

Desafortunadamente, no sería así.

Acababa de tomar otro trago de vino- haciendo muecas por lo seco que estaba- cuando la puerta del final de la sala se abrió de golpe. Cinco vampiros entraron, algunos en ropa de calle negra, pero un par de ellos llevaban camisetas estilo hockey, azules y amarillas, con las letras GREY HOUSE en mayúsculas, impresas en la parte frontal. Todos llevaban espadas desenfundadas y una maliciosa expresión.

“¿Así es como nos tratas?” preguntó un vampiro de la Casa Grey que llevaba el número 32 en la camiseta. “¿Algunos jodidos cambiaformas y sus putas alimentándose como reyes?”

El otro vampiro de la Casa Grey, situado en el lado contrario, llevaba el número 27.

“¿Y el GP también? ¿Está lloviendo mierda en los Estados y servimos bistecs a un vampiro del Reino Unido? ¿Eso te parece bien?”

Sin perder un segundo, mi daga apareció en mi mano. Y no era la única que estaba alerta.

Scott Grey se levantó de la silla y caminó hacia el final de la mesa. “Matt, Drew, iros a la mierda. Dejar las espadas, y largaos por la puerta ahora mismo.”
Los vampiros de la Casa Grey vacilaron, tal vez como resultado de algún tipo de magia mental que Scott les estaba enviando. Pero el resto no se vieron afectados por ello.

Cuidadosamente me levanté y me moví hacia ellos, girando la daga en mi mano, con anticipación. Los cinco vampiros se tambalearon sobre sus pies, sus movimientos erráticos, sus ojos moviéndose con rapidez. Cuando me moví aún más cerca, pude ver el problema de sus ojos- estaban casi completamente plateados.

“Scott, es V,” le avisé.

“¿Tienes alguna solución fácil para detenerlos?”, preguntó.

“No sin una hechicera,” le expliqué. “Tendremos que dejarlos fuera de combate de la forma antigua.”

“Entonces eso es lo que haremos,” dijo Ethan, de pie detrás de mí, sosteniendo en su mano un cuchillo de la mesa.

“Es encantador que te hayas unido a nosotros, Sullivan,” bromeé, mi mirada siguiendo los movimientos de los vampiros según se colocaban en fila, preparados para luchar, dando igual lo que costase. Y con Darius, un Ápex, y tres Maestros en la habitación, el coste sería alto…

“Vamos, viejo,” dijo Treinta y Dos. “¿Quieres pelear contra tus propios vampiros? ¿Prefieres tomar su lado por encima del nuestro?”

“Liege,” dijo Jonah. “Como tu capitán, voy a pedirte que te traslades a una posición más segura.”

“Pide lo que quieras, Red,” le dijo Scott sonriendo sin alegría. “Pero eso no va a hacerme dejar de poner a esos estúpidos en su lugar. Eso es lo que les toca por tomar V.”

Lo mismo digo, Centinela, me dijo Ethan mentalmente. Supuse que no me dejaría discutirle que él también había estado en la misma situación.

Los vampiros de la Casa Grey parecían bastante ansiosos de pelar. “Oh, vete al infierno, hombre,” dijo Veintisiete.

“Sólo si me acompañas,” respondió Scott con calma, y un segundo más tarde la habitación estalló en violencia. Jonah y Scott tomaron para sí a los vampiros de la Casa Grey. Gabriel, Darius y Tonya permanecieron sentados esta vez. Aquello debaja a los Rogues para mí, Ethan, y Morgan.

“Me pido el del medio,” les avisé.

“Eso deja a los otros dos para nosotros,” dijo Ethan. “Greer, toma el de la izquierda.”

Y con eso dicho, nos movimos. Me deslicé evitando la disputa doméstica hasta alcanzar al Rogue con cara de enfadado que estaba detrás, sus ojos tan plateados como habían estado los de los vampiros Grey. Eran un tío grande, con gotas de sudor deslizándose por sus sienes, mientras luchaba contra la alojada en su torrente sanguíneo. Pero a éste tío no le preocupaba de si era la rabia o las drogas lo que le empujaba a luchar. Desnudó sus dientes y se movió hacia mí.

Tenía que darle crédito- era más rápido de lo que había imaginado dado su tamaño. Se movía como una araña- su peso siendo trasladado de forma delicada en pequeños y remilgados pies.

Acuchilló, manteniéndose en movimiento todo el rato, como un luchador profesional.

Bloqueé el cuchillo con mi daga, pero calculé mal su velocidad y sentí el quemazón de dolor en el revés de mi mano. Mi propia sangre perfumó el ambiente, encendiendo mis sentidos vampíricos.

Miré hacia abajo a la fina línea color carmesí. Tan solo un par de pulgadas (5cm) de largo, y nada realmente profundo. Fue un corte superficial, pero eso no quería decir que no ardiese.

“Eso no está bien,” dije, girando, la daga rajando la parte frontal de su camisa. Él murmuró unas pocas frases, pero saltó hacia atrás. Me mantuve en la ofensiva, mi intención era hacerle sentir a este tío lo más incómodo posible- para mantenerle sin equilibrio todo el tiempo que pudiese- mientras buscaba una oportunidad de dejarle sin sentido.

“¿Te crees mejor que ellos?” murmuró, alzando la espada por sobre su cabeza, y atacando. Salté fuera de su camino, pero mi talón se enganchó en una de los nudos de los tablones. Me tropecé y caí hacia atrás y contra una de las columnas gigantes de madera de la habitación, salvándome por los pelos de su ataque.

La voz preocupada de Ethan se escuchó en mi cabeza. Centinela.

Estoy bien, le aseguré, y me quité los zapatos de una patada. Un vampiro no necesita luchar en tacones de aguja, de todas formas.

Cuando estaba de nuevo en pie, recuperé la daga y fui de nuevo hacia el vampiro. “¿Qué estabas diciendo?”

“Perra,” me llamó, balanceando su katana en un torpe movimiento, cruzándola por delante de su cuerpo, lo cual hubiese encajado mejor si estuviese sosteniendo un sable, no un acero japonés. Me encogí y agaché esquivándolo, y sentí el estremecimiento de la columna cuando la katana le cortó- y quedó encajada. Menudo desperdicio.

Hice una voltereta por debajo de él, y aflojó el agarre de la espada, y comenzó a caminar hacia atrás, los ojos ampliándose como si súbitamente se hubiese dado cuenta de la presencia de la Centinela de la Casa Cadogan.

Tal vez la droga estaba comenzando a abandonarle.

“Voy a darte una condición,” dije, sosteniendo mi daga. “Voy a lanzar esto, para que podamos tener una pelea justa.”

Vi el alivio de su expresión cuando arrojé mi arma. Y cuando sus ojos se desplazaron para contemplar la habitación, hice mi movimiento. Lancé una patada alta que conectó con su cabeza. Cayó al suelo con fuerza, como un saco de patatas de vampiro, y rodó un poco hasta que finalmente se detuvo.

Claro, que una patada alta de alguien que lleva un vestido de cóctel no fue algo precisamente femenino, pero fue realmente efectivo.

Con mi Rogue fuera de combate, miré hacia Ethan. Estaba haciendo caer a su vampiro- con una retorcida llave de judo- quien sacudió el piso al caer. Cuando estaba en el suelo, Ethan le noqueó de un codazo.

Cuando el tipo estuvo listo, miró hacia mí, y entonces se percató de que mi vampiro había caído. ¿Patada alta? Preguntó mentalmente.

Es un clásico, le respondí sosteniendo su mirada. El resto de los aguafiestas habían sido vencidos de igual manera, los cinco se encontraban tirados en el suelo.

Jonah echó un vistazo alrededor, su mirada deteniéndose cuando me alcanzó. “¿Estás bien?” articuló sin pronunciar palabra.

Le asentí. Aquello definitivamente parecía personal.

“Scott,” llamó Darius. “¿Qué cojones era eso?”

Antes de que Scott pudiese contestar, me metí por medio. “Con el debido respeto, Sire- esos eran tus vampiros errantes.”

La guardia de Scott, incluyendo a los amigos de Jonah, Jeremy y Danny, entraron de golpe en la habitación al momento, sacando a los tipos inconscientes. Pero dejaron la katana encajada en la columna- un signo visible para el resto de la casa de cuán estúpido era probar V.

Les dijimos adiós a Gabriel y Tonya, quienes, comprensiblemente, abandonaron la Casa tan pronto como el camino estuvo despejado. Scott nos acompañó al resto hasta la entrada mientras el proceso de limpieza de la cena se llevaba a cabo. Charlie y Darius se mantuvieron juntos; Morgan estuvo solo. Yo estaba de pie junto a Ethan cuando Scott y Jonah se acercaron.

Scott nos miró a ambos. “Gracias por la ayuda.”

Ethan asintió con gracia. “Cosas como ésta nos ocurren hasta a los mejores, desafortunadamente.”

“¿Cómo están los vampiros?” Pregunté.

“Aún están desmayados. Están en la enfermería bajo vigilancia, por el momento. Cuando se despierten, tendremos una larga charla acerca de las drogas y la responsabilidad.”

“¿Los conoces bien?” Le pregunté.

“Tan sólo como solicitantes a la casa,” dijo Scott. “Son relativamente nuevos, recién llegados. Miembros de tu grupo de Iniciados.”

“¿Qué es “recién llegado” en términos inmortales?” Pregunté.

Scott sonrió de medio lado. “Cualquier cosa por debajo de la década.”

Lo que me hacía algo así como un bebé vampiro.

Ethan miró hacia donde estaba Darius, ofreciendo ahora algún tipo de instrucciones mientras Charlie tecleaba en un teclado de ordenador. “¿Crees que considerará la amenaza más real ahora?”

“El GP tiene una postura extraña sobre este tipo de cosas. Aún no estoy seguro de que nos vea como algo más que alborotadores, incluso ahora. Gamberros ruidosos que le están manteniendo lejos de negocios realmente importantes en UK.”

“¿Vas a investigar?”

Scott resopló. “Eso es una cosa difícil. Este es un problema de mi Casa. Tiene que resolverse aquí.”

“¿Y si descubres que Celina tiene algo que ver aquí?”

“Entonces no hemos tenido esa conversación, pero las Casas de Chicago acordaron hacerle frente al problema siempre que exista.”

Scott y Ethan se miraron el uno al otro antes de que Scott extendiese una mano. Ethan la sacudió, formando el pacto.

Scott hizo un gesto hacia su oficina. “Voy a tener una charla con mi guardianes un momento. Asumo que Darius querrá hablar con nosotros antes de que os marchéis.”

“Esperaremos aquí”, convino Ethan.

“Creo que Luc tenía razón,” añadió cuando estuvieron fuera de nuestro radar. “No podré sacarte nunca más.”

“Tan sólo me deshice de un vampiro del doble de mi tamaño mientras llevaba un vestido de cóctel y tacones de 8 centímetros (3 pulgadas), creo que me merezco algo de crédito por ello.”

“¿Es así?”, preguntó.

Esa fue la primera vez que lo sentí- un latido surgió desde algún lugar profundo, cerca del hueso, avisándome de que algo no iba bien. Pero lo ignoré y le desafié.

“Sí,” dije con gravedad. “Eres afortunado de que estuviese aquí para ayudarte.”

“¿Afortunado? Creo que me deshice de mi propio rival, Merit. Tal vez deberías agradecerme por mi auxilio.” Deslizó su mirada por mi cuerpo de arriba a abajo.

“Estoy seguro de que puedo sugerir una pequeña muestra de gratitud.”

La sangre comenzó a palpitar en mis oídos, mi piel hormigueó con repentina intensidad. No tenía ninguna duda de que mis ojos estaban plateados, pero no me importó. Deslicé un dedo por una de las trabillas de sus pantalones y tiré de él para acercarlo. “¿Qué tienes en mente?”

Sus ojos cambiaron, las pupilas eran simples alfilerazos negros en medio del plateado de sus irises. Comenzó a moverse hacia mí, haciéndome retroceder, y no se detuvo hasta mi espalda estuvo literalmente contra la pared de ladrillos del hall.
Antes de que pudiera protestar, sus manos estaban en mi cara, su boca contra la mía. Sus labios empujaron contra mi boca besándome hambriento, codicioso.

En algún lugar perdido en mi cabeza, se me ocurrió que era extraño que Ethan me estuviese besando en la Casa de alguien más. Y aún así, a pesar de que pensase que era raro, mi sangre comenzó a calentarse y hervir con una intensidad que nunca antes había experimentado. Me hormigueaba por debajo de la piel, la adrenalina corriendo por mis venas como si todavía estuviera en mitad de la batalla con los vampiros de la Casa Grey.

“Ethan,” me las arreglé a decir, pronunciando su nombre con advertencia, incluso cuando le había dejado besarme aquí, en medio de la Casa Grey. Él cambió de táctica y me besó de forma lenta, lánguidamente, antes de finalmente abrir los ojos y mirarme. Había una disculpa en sus ojos.

“Algo está… mal.”

Asentí con la cabeza, sabiendo que se refería a que esto no era amor o lujuria, era una clase de fuerza diferente, pero el pensamiento fue distante, y la ardiente necesidad estaba aquí y ahora.

Fue inmediato.

Intenso.

Puse la cabeza hacia un lado, pestañeando, la invitación evidente.

“¿Necesitas algo de mí?” Su voz fue baja, más como el gruñido de advertencia de un tigre que la pregunta de un vampiro.

Tragué… y asentí. Me sentía como una adolescente en su primer baile. No conocía la música, no comprendía los pasos, pero las emociones eran tan primigenias, tan fundamentales, que era imposible bailarlas mal.

Ethan levantó una mano hacia mi cuello, el toque de sus dedos desnudos casi haciendo que me temblasen las rodillas. Y antes de que pudiera preguntar por qué se disculpaba, me besó. Su beso era firme, insistente, e inquisitivo. Se movió más cerca, rodeándome con sus brazos, y profundizando el beso. Su lengua exploró al tiempo que se empujaba más fuerte contra mí, la súbita dureza de su inconfundible erección presionando contra mi estómago.

Debería haber estado sorprendida. Debería haberle recordado que éste no era el momento ni el lugar, que habíamos visto lo mal que podrían llegar a ponerse las cosas.

Pero con cada posesivo gruñido de su garganta, nuestras magias se enlazaron. Fui atraída- por la magia, por el beso, por el posesivo agarre de sus dedos. Le empujé contra mí, mis dedos agarrándose a las trabillas de su pantalón, inclinándome contra él para profundizar el beso. Estaba más hambrienta de él de lo que había estado nunca de sangre, pero esta hambre era ahora. Era urgente, y demandaba ser satisfecha.

El amor era una peligrosa droga.

Oh, Dios. Eso era. Ethan no estaba siendo vencido por amor o lujuria o la repentina comprensión al puro estilo novela romántica de que Tenía que Tenerme Ahora. Ésta agresión repentina, aunque de una variedad ligeramente diferente de la que habíamos visto antes…

“Ethan, creo que hemos sido drogados.”

Él me ignoró, en su lugar gruñendo, y enredando sus dedos en mi pelo. Mi corazón se disparó, no de lujuria esta vez, sino de miedo, porque el gruñido había cambiado, volviéndose peor.

Cambié de táctica, enviándole una orden telepática que esperaba pudiese penetrar a través de la neblina de las drogas hacia esa parte de su cerebro que aún estaba aún en funcionamiento. Ethan, detente.

Levantó la cabeza y pude ver el conflicto en sus ojos. Su cerebro le ordenaba parar, pero su cuerpo le impulsaba hacia mí- la prueba estaba en sus ojos. Estaban casi por completo plateados.

“¿Qué?” preguntó.

“Creo que hemos sido drogados. Alguien nos deslizó V. ¿Tal vez en la comida?”

Una oleada de calor y una ardiente picazón se precipitaron a través de mi cuerpo.

Cerré los ojos con fuerza, y las manos en puños, presionando hasta que el dolor en mis palmas ayudó a ralentizar mis pensamientos.

“La ira encontró una nueva salida,” dijo, su voz ronca. “Quizás una dosis diferente.

¿Tal vez en una de las carnes?”

Negué con la cabeza. “El vino,” respondí. “Creo que fue el vino. Tenía un sabor extraño. Realmente amargo.”

“¿Quién más bebió vino?”

Lo pensé. Yo había tomado vino, y también Ethan. Y la otra única persona que había tomado vino fue Jonah. Pero me ahorré el problema de decírselo a Ethan.
Ambos vimos a Jonah irrumpiendo a través de la vegetación hasta estar en frente nuestro. Sus ojos, ya plateados, se volvieron más salvajes cuando miró a Ethan.

“No es agradable el no compartir.”

Ethan gruñó en voz baja, el sonido retumbando en su garganta, advirtiendo a Jonah.

“Yo no comparto.”

Jonah chasqueó la lengua. “Deberías. La vida es mucho más interesante cuando todos probamos un poco, ¿no crees?” Había oído hablar acerca de chicas encantadas de tener una pelea por ellas, pero no me gustaba sentirme como una propiedad.

“No soy de nadie para ofrecerme,” dije.

“Pues podrías hacerlo mucho mejor,” fue la réplica de Jonah.

Tan solo es por el V, le recordé mentalmente a Ethan. Tomó el vino también.

“Sin importar la causa, podría comportarse mejor,” Ethan gruñó. Miró fijamente a Jonah, mostrando los colmillos. Eran casi de la misma altura, casi de la misma constitución. Ethan era más rubio que Jonah, pero habrían sido unos oponentes muy igualados, si no fuera por la posición de Ethan, lo que seguramente podría atribuirle más problemas a Jonah de lo que una simple pelea podría merecer.

“Jonah,” le advertí, manteniéndome firme. “Lárgate.”

Pero, en lugar de retroceder, mostró sus colmillos a Ethan, silbando con la advertencia de que había encontrado un premio, y no planeaba dejarlo marchar.
No estaba segura de dónde había venido ese repentino interés, pero dudaba seriamente que tuviese que ver conmigo. Lo más seguro era que Jonah hubiese sido atraído por la magia que Ethan y yo habíamos derramado en la habitación. Y tal como era la clásica moda del V, se había vuelto irrazonablemente furioso.

“Jonah, vamos,” le urgí. “Necesitas irte. No quieres luchar contra un Maestro, especialmente no mientras Darius esté aquí.”

Mi voz fue suplicante, y me lanzó una mirada. Sus cejas estaban fruncidas, como si estuviese intentando averiguar por qué exactamente estaba en la entrada, preparado para luchar por una chica que tan solo recientemente había comenzado a respetar, mucho menos a gustarle.

Pero Ethan aparentemente no había tenido noticia de la auto-reflexión, y se adelantó unos pasos hacia él, amenazante. “Ella es mía.”

Jonah se deshizo de la racionalidad y le enfrentó. “Esa decisión es suya para hacerse, y no parece como si ya la hubiese hecho.”

“Jodidamente seguro de que no te escogerá a ti,” gruñó Ethan.

Jonah sacó su arma. Mis propios instintos me golpearon, poniendo la protección de Ethan al principio de la lista.

“Retrocede, Jonah,” le advertí, pero él aún estaba siendo dominado por la V. Se echó hacia atrás con un giro. Extendí la mano para empujarle pero él se movió a un punto ciego. Como si el tiempo se hubiese detenido vi su movimiento contra mí, un golpe fuerte para empujarme lejos. Hizo contacto.

Las luces se apagaron.

Traducido por Bess

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Hard Bitten - Capítulo XVIII

CAPITULO DIECIOCHO

LA V ES DE VALOR.


Ethan estaba esperando en el primer piso, junto a una columna, y alzó la mirada cuando pisé el último escalón. “Luces encantadora.”

“Gracias.” Alisé con las manos la falda consciente de mí misma. “Ninguna queja por el hecho de que esté llevando este vestido de nuevo?”

La sonrisa de Ethan era burlona. “No me digas que estabas esperando recibir otro.”

“Eso sería ridículo. Estoy muy por encima de esas preocupaciones juveniles.”

Su sonrisa se volvió un poco más filosófica.

“A ti te gustan las cosas que te gustan. Esas cosas te encantan, y nunca deberías avergonzarte de ello. El placer que te dan las cosas más simples- comida, ropa, arquitectura- es una cualidad muy atractiva.”

Aparté la vista de la calidez de sus ojos. “Estamos listos?”

“Llevas tu daga?”

“Rara vez salgo de casa sin ella.”

“Entonces a la Baticueva, Centinela.”

Él estaba de un humor extrañamente alegre, un humor más exaltado del que yo había esperado, dado el evento al que íbamos a asistir. Ethan definitivamente podía verse formal; se veía bien en esmoquin y sabía cómo conversar con la multitud. Pero la audiencia no era probable que fuese a ser receptiva.

Cuando estábamos en el coche, ya con los cinturones abrochados, nuestras miradas se encontraron.

“Crees que McKetrick intentará detenernos esta vez?”

Él bufó, y arrancó el coche. “Dada nuestra suerte, es bastante probable.”

Afortunadamente, estaba equivocado. Llegamos a Lake Shore Drive sin más incidente que un desagradable rezongo, que ralentizó el tráfico a paso de tortuga. Era tarde, pero eso no descartaba una masa compacta de descerebrados- el atasco más habitual, causado cuando los conductores disminuyen la velocidad para echar un vistazo al siniestro. En este caso, ni siquiera era un accidente, tan sólo un par de chicas de fiesta, que hacían muecas junto a su coche mientras un policía escribía una multa.

Estábamos en algún lugar cerca de Navy Pier cuando hablé sobre el tema que él no había mencionado. “Vas a contarme acerca de tu llamada con Darius?”

Había decidido que prefería tenerlo golpeando árboles que guardándose para sí las cosas. Al menos con el boxeo de árboles podía calcular cuán grande era el problema en el que estábamos metidos. Con el silencio, no tenía ninguna pista.

A Ethan le tomó un rato contestar. “No hay necesidad de hablar de ello.”

“No hay necesidad de decirle a tu Centinela lo que la cabeza del PG piensa acerca de la Casa?”

“Baste decir que tuvo palabras bien escogidas sobre mi liderazgo.”

Le eché un vistazo. “Y eso es todo lo que me vas a contar? No descargarás tu ira?”

“Hay momentos en los que la política invade la Casa. Algunas veces es inevitable. Pero mi trabajo como Maestro es aislarte de esas cosas. No de hacer estrategias y alianzas y cosas como esas, sino de la presión política de lo más alto. Tú vas a encargarte de los deberes propios de tu posición- y preocuparte acerca de mi trabajo o el de Darius no es una de esas tareas.”

“Gracias. Excepto que eso no me ayuda exactamente a prepararme para la inevitable patada en el rostro del PG.”

Él hizo una pausa. “Algunas veces eres demasiado inteligente para tu propio bien, ya lo sabes.”

Sonreí enseñando los dientes. “Es una de mis mejores cualidades.”

Gruñó. “Bien, para ahorrarte los detalles más sórdidos, está bastante convencido de que nuestra investigación acerca de las raves tan solo está empeorando el problema- y otorgándole más atención. Es de los que opinan que se trata de asuntos que el PG puede manejar, y siempre y cuando el PG sienta que actuar es apropiado, lo hará.”

“Wow.” Dije sarcástica. “Eso no es para nada corto de miras e ingenuo.”

“La atención a los detalles nunca fue el punto fuerte de Darius. Llámalo la previsión de la inmortalidad- a menudo pierde de vista los árboles por el bosque.”

Ethan tamborileó los dedos sobre el volante. “No sé qué decir para convencerle de lo contrario, para hacerle entender la gravedad de la situación.”

“Tal vez deberíamos arreglar que McKetrick y Darius tengan una charla.”

Él se rió entre dientes. “No es una mala idea en conjunto. No obstante no estoy seguro de quién ganaría- el luchador británico, o el americano.”

“Me pregunto si, hace cuatro meses, pensarías esta clase de cosas?”

Él me miró. “A qué te refieres, Centinela?”

Lo pensé un momento, intentando darle forma a la idea. “En nuestros buenos días, pienso que nos hicimos mejores el uno al otro. En nuestros trabajos, quiero decir.”

Aclaré rápidamente. “Tú me recuerdas la Casa, las cosas por las que luchamos.”

“Y tú me recuerdas cómo es ser humano.”

Asentí, sintiéndome un poco tonta al haber dado voz a mis pensamientos.
“Somos un buen par,” dijo, y no estuve en desacuerdo.

Habíamos llegado a un entendimiento. Parecía que trabajábamos bien juntos en ese momento- como si hubiésemos encontrado ese delicado punto de equilibrio entre amigos y amantes.

No quería ser una de esas chicas que se sentían atraídas por cosas que no podría tener. Pero no era realmente lo que parecía. Contra viento y marea- y contra cada pedacito de advertencias sobre relaciones dictados por madres y novias a través de los siglos- él parecía realmente estar cambiando. Había dejado de aprovecharse de la química que fluía entre nosotros para conquistarme con palabras, con confianza, y con respeto.

Eso no es algo que hubiese esperado, pero me pareció más serio… y más aterrador. Como una chica con buen criterio, ¿cómo se supone que debería reaccionar ante un chico que había hecho lo impensable y había crecido?

Era una pregunta difícil. Mientras que la idea de estar juntos era algo emocionante… Todavía no estaba lista. ¿Podría estar preparada, con el tiempo?

Honestamente, no lo sabía. Pero tal como Ethan me había dicho una vez, tenía toda la eternidad para probar que estaba equivocada.

Encontró un aparcamiento afuera de la Casa Grey. Era extraño acercarse al edificio por segunda vez bajo la apariencia de una invitada a la cena que nunca había visto el interior. Decidí mostrarme sorprendida e impresionada- pero a pesar de cualquier sensación que pudiese darle, aún sería una mentira hacia Ethan.

Con el Maestro a mi lado, volví a entrar en la casa Grey. Charlie, el asistente de Darius, estaba parado frente a la exuberante vegetación de la entrada. Llevaba pantalones azul marino, y una chaqueta color caqui, con una camisa azul pálido por debajo. Sus pies estaban calzados con mocasines, sin calcetines. Era un conjunto algo extraño para Agosto, en Chicago, pero lo formal encajaba con él.

Charlie no nos dejó imaginar su tarea. “A Darius le gustaría hablar con vosotros.”
Ethan y yo intercambiamos una mirada. “¿Dónde?” Preguntó él.

Charlie sonrió presuntuoso. “Scott ha ofrecido su oficina. Por aquí,” dijo, extendiendo un brazo.

Le seguimos a través de la entrada hacia una de las puertas por debajo de las escaleras- una de las habitaciones que Jonah había dicho que no eran importantes. Abrió la puerta y esperó mientras entrábamos.

La habitación era gigante, casi tan larga como un campo de fútbol. Parecía una vieja bodega- con suelos de madera muy gastados y paredes de ladrillo pintadas, y un techo con vigas descubiertas. Había escritorios repartidos por todo el espacio. Supuse que Scott y su equipo ocupaban la oficina.

Pero si era así, no estaban aquí en este momento. Darius estaba sentado junto a Scott en un sofá bajo y moderno. Ambos llevaban traje. Jonah estaba de pie detrás de ambos, y me hizo una seña de reconocimiento… y luego, según vi por el rabillo del ojo, una mirada prolongada. Probablemente me lo estaba imaginando, pero cuando involuntariamente me encontré con su mirada, rápidamente apartó la vista como si hubiera sido pillado haciendo algo malo.

Tal como dije, complicaciones.

Morgan estaba de pie unos pasos más allá, con los brazos cruzados sobre el pecho, llevando la camisa y los pantalones con los que le había visto puestos- y quitados- más temprano. Nos miró cuando entramos, pero no hicimos contacto visual.

Mi estómago se hundió, y supe exactamente lo que venía. Me arriesgué a hacer contacto telepático con Ethan.

Estate preparado. Le dije. Creo que Morgan le dijo a Darius sobre Paulie Cermak.
Charlie salió de nuevo, y cerró la puerta detrás suyo. Darius empezó tan pronto como la puerta se cerró.

“El señor Greer me dijo que habíais estado investigando a Celina.”

Esta vez, fue mi conexión mental con Morgan la que estaba activada- no era algo que tuviese que tener, dado que él no me había convertido en vampiro, pero era útil cuando necesitaba una riña encubierta.

Confié en ti, le dije. Te confié información, ¿y decidiste llevársela a Darius?
Él no respondió, tan solo sacudió la cabeza. Era el movimiento de un cobarde- o de un niño. Y no ayudaba exactamente a disminuir mi enfado.

Ethan podría haber sido tomado por sorpresa la otra vez que Darius había ido a la ofensiva, pero esta vez estaba preparado para el asalto. “Como bien sabes, mi señor, estamos obligados por el Canon a seguir las leyes y dictados de la ciudad en la que estemos Alojados. El alcalde Tate nos pidió que investigáramos la naturaleza de las nuevas raves. Eso hicimos.”

“Implicasteis a un miembro de la Presidencia.”

“Hemos seguido la información hacia donde nos llevó.”

“¿Y os llevó a Celina?”

Muy lentamente, Ethan volvió su mirada helada hacia Morgan. “Creo que el señor Greer fue el vampiro que confirmó la relación de Celina con el hombre que se cree que está distribuyendo V por toda la ciudad.”

Morgan miró a su vez a Ethan, enseñando los dientes, la magia de repente se derramó por la habitación cuando su obvio enfado floreció.

La reacción de Ethan fue casi inmediata. Sus ojos se platearon, sus colmillos descendieron, y su propia magia- más fría y crujiente que la de Morgan- se derramó, de la misma forma. Ethan dio un paso hacia delante, con la amenaza en sus ojos, y conmigo a su espalda.

Había visto a Ethan enfadado anteriormente- incluso con Morgan- pero nunca nada como esto.

“Recordarás tu lugar.” Dijo Ethan, haciendo alusión a que él había sido Maestro de Casa más tiempo del que Morgan había vivido. Demonios, yo había sido vampiro más tiempo del que llevaba Morgan siendo Maestro, y no era mucho decir.
Pero esta vez Morgan no se dejó intimidar. Dio un paso hacia delante y pegó un dedo a su pecho.

“¿Mi lugar? El mío es la Casa más antigua de América, Sullivan. Y no lo olvides. No soy yo el que está avergonzando a todas las Casas provocando un drama que no necesita ser provocado.”

“¿Estás loco?” Preguntó Ethan. “¿Entiendes lo que está pasando ahí fuera en este mismo instante? El problema- los riesgos- ¿las Casas están revueltas por lo que hizo tu antigua Jefa? ¿O por lo que está haciendo ahora?”

“¡Suficiente!” Dijo Darius poniéndose en pie de un salto. “Suficiente de esto. Sois Maestros de vuestras Casas, y estáis actuando como niños. Esta conversación es una vergüenza para todas las Casas Americanas y el GP- sin cuya generosidad no existirían.”

Eso era exagerarlo un poco, pensé.

“Desde este instante, ambos os comportareis como Maestros de Casa. Como los príncipes que estáis destinados a ser. No peleándoos como niñatos humanos.”

Darius levantó la mirada, ojos de hielo perforándome.

“Tu Centinela está fuera de las calles. No estará comprometida en ninguna otra investigación o cualquier cuestión que tu alcalde imagine que exista.”

Los ojos de Ethan difícilmente podrían estar más abiertos.

“¿Y si la autorización de arrestarme es ejecutada?”

La mirada de Darius retornó a Ethan. “El alcalde de la ciudad de Chicago probablemente sea lo bastante inteligente como para saber que una prisión artificial no puede mantenerte dentro. Sin embargo, disfrutará usando la encarcelación para coaccionarte a resolver sus problemas por él, esos problemas que aún son suyos. Y, lo más importante, ¿habéis visto alguno de vosotros la evidencia de que las tres chicas que vuestro alcalde cree asesinadas estén realmente muertas? ¿Habéis tenido alguna noticia acerca de tres chicas desaparecidas en Chicago?”

Catcher había prometido que echaría un vistazo a la muerte de las chicas, pero no me había enviado ninguna información en todo este tiempo. Pero no porque no hayan resuelto el crimen quiera decir que el crimen no haya sido cometido.

Tomé la palabra. “Los testigos presenciales creen que las tres chicas fueron asesinadas. Y las cosas que él describió fueron precisas- vampiros de gatillo fácil, que se colocan con la violencia, listos para luchar.”

“En otras palabras.” Comenzó Darius, de una manera supremamente presumida. “¿Al igual que vampiros?”

Déjalo estar, Centinela, resonó la voz de Ethan en mi cabeza. Pelear contra seiscientos años de creencias arraigadas no es una batalla que puedas ganar.
Está equivocado, protesté.

Puede ser. Pero nuestra pelea es por Chicago, no por Darius West, da igual cual sea su poder. Disputa aquellas batallas que puedas ganar. Por ahora, añadió al estilo clásico de Ethan, mantente al margen.

“¿Y el hecho de que las raves se estén volviendo más duraderas y violentas?” Preguntó Ethan.

“Los vampiros están actuando como vampiros, como siempre actuaron. Si unos pocos vampiros errantes rompen la regla de la ciudad que acoge su Casa, deja que la ciudad responda.”


“¿Y si eso no es suficiente?”

“Entonces el GP lo discutirá, y el GP actuará. Mantén el control de tu propia Casa, Ethan, y deja que el GP haga su trabajo. No eres quién para considerar esta cuestión como propia.”

Un pesado silencio llenó la habitación.

“Sire,” dijo Scott, finalmente hablando. “Fui informado de que nuestros invitados llegaron. Ya que presentaste tus directrices, ¿tal vez Ethan pueda reconocerlas y podamos ir a cenar?”

Darius inclinó su cabeza hacia Ethan, el movimiento más perruno que vampírico.

“¿Ethan?”

Ethan se humedeció los labios, y supe que estaba estancado. Teniendo en cuenta el rollo que le habían largado, supe por qué.

“Sire, reconozco ser consciente de tus directrices y… actuaré según tus órdenes.”

Bien podría estar cruzando los dedos detrás de la espalda, por la rebelión que se leía en su lenguaje corporal. Pero no podrías criticar su respuesta. Sonó completamente obediente- en palabras y tono.

Aquellas palabras, probablemente vestigios de un ritual feudal, eran suficientes para Darius, quien asintió. “Vamos a beber, comer y divertirnos.”

Caminó hacia Ethan, con un brazo extendido. En un movimiento similar que había visto hacer a Ethan y Malik, Ethan extendió su brazo, de la misma manera, se agarraron los antebrazos, y compartieron un varonil medio abrazo.

Susurros lo siguieron, tan bajos que no pude escuchar ni una palabra.

Cuando el ademán estuvo completo, Ethan y Darius salieron de la oficina. Morgan les siguió, y luego Scott. Fui la última en salir, pero no llegué muy lejos.

Morgan me arrinconó en el pasillo, poniendo su mano en mi brazo para detenerme. “Ella era mi Jefa. Tuve que decírselo.”

“No.” Susurré, “no tenías que decírselo. Sabías que estábamos manejándolo, que estábamos investigando. Lo que aparentemente tenías que hacer era venderme- a mí y a mi Casa- traicionándome, porque nuestra relación no funcionó y todavía estás enfadado por ello.”

Sus ojos se abrieron de asombro, pero no dijo nada.

“Ya he terminado de ayudarte,” le dije. “Éramos quienes luchaban para mantener las Casas, la ciudad, juntos. Pensé que podía contar contigo como un aliado, es por lo que te di la información. Pensé que podría ayudar si estábamos en lo mismo. Estaba obviamente equivocada, porque actuaste como un adolescente hormonal de catorce años, en lugar de un hombre crecidito.”

“Aún soy un Maestro,” dijo hinchando el pecho un poco.

“Para Navarro eso queda por ver, porque estás dejando que Celina tome el control. ¿Y para mí?” Me incliné un poco hacia delante. “Tú no eres MI Maestro.” Me alejé, indudablemente dejando un sendero de magia fugada, detrás de mí.

Había pensado cuando Morgan se hizo cargo de Navarro, que no tendríamos un enemigo en ese lugar, alguien que usase a la gente cada vez que le diese la gana. Pero, como con tantas otras cosas desde que había sido convertida en vampiro, estaba equivocada.

Traducido por Bess

Se los dejo corregido hasta la mitad porque tengo que irme a cocinar!! jajaj beeeeesos chicas y gracias por la paciencia♥

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Hard Bitten - Capítulo XVII

CAPÍTULO DIESCISIETE

DOS MAESTROS Y UNA SOLA MALA ACTITUD.


Estaba a medio camino de la Casa Navarro cuando el teléfono sonó nuevamente. Era Jonah, así que lo abrí y lo coloqué entre mi oído y hombro.

“Hola, Jonah. Qué pasa?”

“Sólo chequeando como estabas. Cómo está progresando la investigación?”

“Bueno, fuimos capaces de identificar al hombre bajo que Sarah vio fuera del bar. Encontramos un video con su auto en él. El tipo se llama Paulie Cermak. Acabo de hacerle una visita.”

“Obtuviste algo interesante?”

“No realmente. Tiene una horrenda casa y un fabuloso Mustang vintage. No es exactamente tímido sobre su trabajo, pero su historia es que es un jugador inferior. Dice que es la gestión que dirige el show. La policía no encontró nada que lo incrimine, así que no creo que tengamos mucha suerte, tampoco.”

“Hay alguna posibilidad de que McKetrick esté a cargo?”

“No parece tener ni idea de quién es McKetrick. También dijo que V significa veritas.”

“Verdad?”

“Exacto.”

“Eso es horriblemente profundo para un traficante de píldoras.”

“Eso fue lo que pensé.”

“Grandes mentes y todo,” dijo con un tono divertido en su voz. “Vendrás a la fiesta esta noche?”

“Iré. Tú?”

“Con campanita y todo. . . y un elegante traje Italiano que no tengo más remedio que usarlo.”

“Sólo estate contento de que lo tienes que sacar únicamente en ocasiones especiales,” le dije. “Ustedes tienen jerseys-nosotros tenemos elegantes trajes Italianos cada noche.”

Soltó una risita. “Es cierto. Hey, hablando de Ethan-mi historia es que nos conocimos por primera vez fuera del Temple Bar luego del incidente.”

“Bien por mí. Has hablado con Darius en este viaje?”

“No todavía. He estado con los guardias hoy. Estuvimos entrenando. Por?”

“Sólo una advertencia, é les un asno.” Me arrepentí de las palabras en el instante en que estuvieron fuera de mi boca. Seguro, Jonah me había hecho sólida, pero sabía realmente algo sobre él? Aparte de su apariencia de chico bonito y su ridícula abundancia de títulos de posgrado?”

“Enterado,” Jonah dijo. “Él y Scott discutieron sobre los jerseys, en realidad. Darius los encontró impropios para vampiros de una Casa.”

No pude evitar reírme. “Eso suena como algo que él diría. Supongo que Scott eventualmente ganó la batalla?”

“Yo no diría que la ganó. Más como que no se rendiría y Darius eventualmente perdió interés en la discusión.”

“Esa es una estrategia riesgosa con un inmortal,” dije. “Tienen todo el tiempo del mundo para discutir.”

“Hablando por experiencia propia?”

“Yo? Por supuesto que no. No soy para nada terca y sí completamente flexible.”

“Mentirosa,” dijo con picardía. “Bueno, voy a dejar de acosarte y dejaré que regreses a lo que hacías. Llámame si me necesitas.”

“Lo haré. Gracias.”

Aparté el teléfono nuevamente, un poco extrañada sobre la llamada. Era amable de Jonah el querer comprobar las cosas-para trabajar en la suposición que V eran un problema que los vampiros necesitábamos enfrentar juntos. Todos manos a la obra, en lugar de la Centinela hacerlo en solitario.

Por otra parte, la conversación había sonado un poco. . . coqueta. Él estaba comprobando, preguntándome qué haría luego. Quizá no había querido decir nada con eso. Quizá él realmente estaba halagándome a mí y a mis varios encantos. Pero había un coqueto, tono amistoso en su voz que no había escuchado antes. . . y que no me emocionaba enteramente escucharlo ahora.

Halagada? Sí. Pero no necesitaba la complicación.

Tampoco estaba emocionada por acabar de darle un informe a Jonah que todavía no le había dado a Ethan. No me gustaba el engaño, especialmente no cuando se trataba de engañar a alguien que había salvado mi vida anteriormente. Sabía por qué estaba ocultando información de él, pero eso no lo hacía más confortable.

La ironía? Había arremetido contra Ethan por ocultarme información. No es que eso lo haya detenido, pero aún así me volvía loca. Y aquí estaba yo, haciendo lo mismo. Eran mis razones mejores? Él había estado peor?

Y aunque no éramos pareja, la deshonestidad se sentía mal. Como una violación de la confianza que habíamos alcanzado, un tipo de confianza que iba más allá de Centinela y Maestro. También estaba perdiendo en usar a Ethan como una caja de resonancia sobre Jonah y la GR. Si había alguna posibilidad de que fuera neutral, una segunda opinión habría sido útil.

Pero como Maestro, él no podía ser neutral. Así que por mucho que no me gustara, no había un camino libre a la verdad en este momento.

Roí la conclusión por un momento, trabajando en ella una y otra vez en mi mente. Me perdí en mis pensamientos y en el camino.


***

No es que lo vampiros fueran antitéticos a las mansiones. El diseño estético vampírico estaba lejos de las cadenas, candelabros de cráneos y encaje negro, y no es como si la Casa Cadogan fuera un cuchitril. Era elegante antes del ataque, y estaba volviendo a serlo.

Sin embargo, la Casa Navarro establecía un nuevo nivel de opulencia vampírica. Primero, estaba ubicada en el barrio Gold Coast, una de las zonas más elegantes de Chicago, llena de mansiones de la Época Dorada y retiros de celebridades. Segundo, el interior era imponente. Espacios gigantes, arte extraña, y el tipo de mobiliario que verías en revistas de diseño. (El tipo de mobiliario que pensarías se encontraba en museos, pero que en realidad no querrías sentarte en él para mirar un partido en la pantalla plana una tarde de Sábado.)

Mencioné que Navarro tenía un escritorio de recepción?

Habiendo estacionado el Volvo y habiéndome refrescado lo más que pude en el espejo retrovisor, entré y me preparé para enfrentar a las tres mujeres de cabello oscuro que controlaban el acceso a Navarro y su Maestro.

Ethan y yo las llamábamos las tres Parcas, como el mito Griego, porque ejercían una cantidad similar de poder. Eran pequeñas, pero tenía el presentimiento que un movimiento en falso-o un paso sin autorización pasando el escritorio de recepción-y te encontrarías en problemas.

Hoy ellas parecían mayormente abrumadas. El vestíbulo de la Casa estaba abarrotado de gente. Ninguno caía dentro de las obvias categorías-no había reporteros, ni vampiros, ni nadie que pareciera miembro del grupo de McKetrick haciendo un poco de investigación en la Casa. La mayoría usaban trajes negros comunes, más de la variedad de contadores que de la Casa Cadogan, y llevaban blocs de notas y bolsos negros indefinidos.

Maniobré a través de ellos hasta el escritorio de la recepción y esperé hasta que obtuve la atención de la Parca de la izquierda.

Después de un momento, levantó la vista hacia mí, obviamente agotada, sus dedos volando a través de las teclas incluso mientras hacía contacto visual.

“Sí?” Preguntó.

“Merit, Centinela, Cadogan, vine para ver a Morgan si él está disponible?”

Dejó salir un suspiro, finalmente bajando la vista a la pantalla, y continuando con su maratón de tipeo. Un hombre golpeó a mi lado el escritorio y la miró.

“Tenía una cita quince minutos atrás.”

“Nadia está trabajando lo más rápido posible, señor. Ella estará con usted a la brevedad.” Señaló con un dedo de largas uñas los bancos detrás del escritorio.

“Tome asiento.”

Al hombre claramente no le gustó la respuesta, pero se mordió la lengua y regresó por donde vino.

Me incliné un poco hacia delante. “Qué está sucediendo aquí hoy? Pensé que Tate no estaba permitiendo humanos en las Casas?”

Ella rodó sus ojos. “Ha ofrecido una excepción a esa regla. Estamos en el proceso de elegir a nuestros proveedores para el próximo año. El alcalde le sugirió a Nadia que hablara con representantes de las empresas humanas en la ciudad para conseguir sus ofertas.”

Nadia era la Segunda de Navarro, la vicepresidenta de Morgan. Era también hermosa como una supermodelo, lo cual era una cosa terrible de aprender la primera vez que caminabas dentro de la morada de tu ex-novio. La Parca lanzó una mirada infeliz a través de la multitud. “Seriamente dudo que ellos puedan satisfacer nuestras necesidades.”

Daba por sentado de que teníamos un equipo de limpieza y un equipo de terreno, y conocía a una de las chef de la Casa. Pero no se me había ocurrido que los vampiros necesitábamos proveedores. Pero alguien tenía que llenar las cocinas de la Casa, mantener los archivos y marcadores en el Salón de Operaciones, y asegurarse que las licoreras de la oficina de Ethan estuvieran llenas con finas bebidas. Aquí, ese deber correspondía a Nadia y una multitud de proveedores compitiendo por el privilegio de vender sus mercaderías.

Me preguntaba si Malik hacía lo mismo para la Casa Cadogan, entrevistar vendedores, considerando ofertas y cotizaciones, considerando contratos. Sin duda, habría tenido sentido.

Ethan era el primer director ejecutivo de la Casa, lo cual convertía a Malik en su jefe ejecutivo de operaciones.

Una rubia con rígido cabello y un montón de delineador negro se acercó al escritorio.
“Está el Sr. Greer disponible? Quizá pueda simplemente hablar con él si Nadia está muy ocupada?”

Expresión plana, la Parca me miró. “Recuerdas dónde se encuentra su oficina?”

“Puedo encontrar mi camino a ella,” le aseguré, alejándome de las quejas de la mujer que había desplazado en la fila.

No es que tuviera alguna chance.

Caminé a través del gigante primer piso de la Casa hasta las arqueadas escaleras que conducían al segundo piso. La oficina de Morgan estaba allí, una suite moderna con vista a los jardines. La puerta estaba cerrada, así que golpee mis nudillos contra ella.

“Entre.”

Entré. . . y casi pierdo mi aliento.

Morgan estaba medio desnudo, vestido sólo con un pantalón negro, pasando una camiseta interior blanca sobre su cabeza, los músculos de su estómago apretándose y abultándose con el esfuerzo. Cuando estuvo vestido, sacó su cabello negro, largo hasta sus hombros y lo ató detrás de su nuca.

No fue hasta entonces que levantó la vista para mirarme.

“Sí?”

Abrí mi boca, luego la cerré de nuevo, habiendo olvidado completamente el discurso que estaba preparada para hacer. Siendo honesta con Dios, mi mente estaba completamente en blanco, todo pensamiento racional habiéndose esfumado con la vista de su cuerpo. Dios sabía que la atracción física nunca era el problema. Nada sobre Morgan era el problema. Yo era el problema.

Ethan era el problema.

Tuve que sacudir mi cabeza para aclararla. Su expresión era de satisfacción; supuse que estaba feliz de ser capaz de aturdirme.

“No esperabas compañía?” Finalmente logré decir.

Morgan se sentó en el borde de una silla, se puso las medias, luego levantó elegantes zapatos con punta cuadrada del suelo y deslizó su pie en uno de ellos. “Acabo de terminar el entrenamiento, y tenemos la cena en una hora. Qué necesitas?”

Al darme cuenta que estaba todavía de pie en el pasillo, puerta entreabierta, entré en la habitación y la cerré detrás de mí.

“Quiero ponerte al día con la investigación.”

A medio camino del Segundo zapato, sus manos se congelaron y levantó la vista hacia mí. Allí fue cuando noté las sombras azules debajo de sus ojos. Lucía cansado. No puede haber sido fácil para él tener que llenar los zapatos de Celina, especialmente teniendo en cuenta los disturbios.

No envidiaba a un Segundo siendo forzado dentro del rol de un Maestro. . . y yo había ayudado a ponerlo allí.

“Entonces, por todos los medios, ponme al día.”

Conseguí no poner los ojos en blanco y repetí lo que había descubierto en Streeterville, lo que había aprendido en el bar, y lo que había aprendido de Paulie. Para el momento en que hube terminado, Morgan estaba completamente vestido y sentado en la silla con los dedos cruzados sobre su estómago.

“Atravesaste la ciudad para decirme todo eso?”

“Hemos identificado al tipo que ha estado vendiendo V a los vampiros. Su nombre es Paulie Cermak. Necesito saber si luce familiar para ti.”

“Claro, bueno, yo generalmente no ando alrededor de adictos.”

La actitud no era inesperada. Es por eso que le había pedido a Jeff la fotografía-esto era sobre evidencia, no irritación. Saqué mi teléfono y busqué la foto de Paulie.

“Él no es un adicto. Es un vendedor, por lo menos hasta donde yo sé.”

Me acerqué y extendí el teléfono, luego observé para asegurarme que la viera. Esperaba que Morgan rodara sus ojos y me dijera que no había visto a Cermak antes. Esperaba que fuera sarcástico sobre mi investigación.

Lo que no esperaba era una expresión incrédula.

Se tensó, sus hombros se cuadraron, su mandíbula apretada. Él sabía algo.

“Lo has visto,” dije, antes de que pudiera negarlo o hacer que sus rasgos fueran inexpresivos nuevamente. Pero todavía le llevó un minuto responder.

“Seis meses atrás. Celina nunca permitió humanos en la Casa, incluso antes que Tate publicara el mandato. Estaba en mi camino hasta aquí para hablarle-no recuerdo sobre qué teníamos que discutir. Él-Cermak-estaba saliendo de la oficina. Le pregunté a ella quién era. Era. . . extraño que estuviera en la Casa.”

Entonces Celina se había reunido con el hombre que vendía V en su propia Casa. Eso estaba bien y era bueno, pero era completamente circunstancial.

Circunstancial o no, Morgan claramente estaba nervioso, claramente molesto por los vínculos que estaba empezando a armar. Morgan cerró sus ojos, luego restregó sus manos sobre su rostro y las unió sobre su cabeza. “Realmente, realmente me molesta cuando tienes razón.”

“No quiero tener razón,” Le aseguré. “Quiero ser la que tiene teorías absurdas. No quiero a Celina haciendo tu trabajo-o el mío-más difícil.”

Gruñó y apartó la vista, sin estar listo para compartir los detalles de lo que sea que supiera. Le dí espacio, caminando hasta el otro lado de la oficina donde una ventana gigante daba hacia un patio de elegante diseño.

“Qué dijo Celina sobre él?” Pregunté después de un momento.

“Que era un vendedor para la Casa.”

Y las cosas dieron un giro completo. “Y como Segundo, seleccionar a lo vendedores era tu trabajo, cierto?”

Morgan miró en respuesta y asintió con tristeza.

“Esa era otra razón de por qué era extraño que él estuviera aquí. Simplemente supuse que era un proyecto especial. Comprobé los libros-estaban bien. Todos los fondos de la Casa estaban registrados. Pero no había ningún vendedor extra en la lista.”

“Así que en realidad ella no había obtenido nada de él. Según los libros, de todos modos.”

Morgan asintió.

“Qué más querría con Paulie Cermak? Quiero decir, incluso si estuvieran en el juego de las drogas juntos, por qué querría ella estar involucrada en la venta de drogas a vampiros? Necesitaba dinero?”

Morgan sacudió su cabeza. “Ella recibe un estipendio del PG por ser miembro, y ha estado viva por un muy largo tiempo.”

“Interés compuesto?”

“Interés compuesto,” confirmó.

No era eso, entonces. “Quizá es la droga en sí misma,” sugerí. “Cermak dijo que significaba veritas, lo cual en latín es ‘verdad.’ Dijo que se suponía hacía a los vampiros sentirse más como sí mismos.”

Morgan frunció el ceño, considerándolo.

“Celina siempre ha creído que las relaciones entre humanos y vampiros llevarían a un final catastrófico. Pensaba que ella terminaría en la cima.”

“Ese es el por qué había trabajado para integrarse con los humanos-para anunciar el final de su reinado?”

Él se encogió de hombros. “Tal vez. Pero sobre V, no lo sé. Si ella quería vampiros más ‘verdaderos,’ por qué no permitir que Navarro bebiera?”

Porque si permitía que bebieran, pensé, no hubiera sido capaz de demonizar a Cadogan. En cualquier caso, podíamos descubrir sus motivaciones luego. En este instante, necesitábamos evidencia.

Miré fijamente el suelo por un minuto, tratando de descubrir si estaba olvidando algo. Pero nada se me ocurría, tanto como quería que hubiera una respuesta final a mis preguntas relacionadas con V.

Cuando levanté mi mirada a Morgan nuevamente, encontré la suya en mí, su expresión sorprendentemente sin defensa.

“Qué?” Le pregunté.

Me dio una mirada plana, lo que implicaba que había sido recordado del afecto que sentía por mí y que yo no compartía. No hay tiempo como el presente para cortar el tren del pensamiento.

“Debería irme yendo,” dije. “Necesito cambiarme.”

“Llevarás un acompañante?”

“Habrá alguna vez en la que no me preguntes sobre Ethan?”

“Sólo cuando deje de irritarte que pregunte.”

“Difícil que eso suceda.”

“Y ahí estás.”

Nos quedamos allí de pie por un momento, y atrapé la pista de una sonrisa en su rostro. Si él pudiera conseguir trabajar a través de su rabia, yo podría conseguir tener una buena actitud sobre esto.

Me dirigí a la puerta. “Eres todo un comediante.”

“Lo intento, Merit. Realmente lo hago.”

“Buenas noches, Morgan.”

“Solamente por una hora,” me recordó mientras cerraba la puerta y me dirigía de regreso a las escaleras.

Cuando alcancé el primer piso, el grupo de vendedores todavía estaba en el vestíbulo, impacientes mientras esperaban su turno con Nadia. Esperaba que tuvieran más paciencia con la gente de Navarro de la que yo tenía.


Cuando regresé a la Casa, Ethan y Luc me encontraron en la puerta.

Miré a Ethan, preparada para contar el cuento una última vez. Francamente, ser una Centinela proactiva involucraba repetir la misma información una y otra y otra vez. Pero el cuento necesitaba ser contado, así que aspiré e hice mi deber.

“Paulie Cermak está probablemente involucrado en el tráfico de drogas, y no es especialmente tímido sobre eso. Dijo que es solamente un jugador inferior. Su propiedad está en bastante mal estado, pero hay un brillante, Mustang vintage, en el garage.”

Casi dejo salir el resto, pero pensé lo suficiente como para mirar a Ethan, una pregunta en mis ojos: Podía decirle? Podía implicar a un miembro del PG después de la reprimenda que suponía había recibido de Darius? O lo estaba poniendo incluso en una peor situación?

“A esta altura,” dijo en voz baja, “no hay daño en la sinceridad.”

“En ese caso, fui a la Casa Navarro y le mostré a Morgan la foto de Cermak. Seis meses atrás, Morgan vio a Paulie salir de la oficina de Celina. Ella lo llamó un ‘proveedor’”

Observé cuidadosamente la expresión de Ethan, y todavía no estoy segura si allí vi alivio o ansiedad. Las noticias eran igualmente malas y buenas-teníamos un testigo que podía unir a Celina con el hombre que vendía V, pero era Celina. Ella tenía las manos limpias por lo que al PG se refería.

Luc miró alrededor con cautela, luego bajó su voz, como si estuviera esperando que Darius apareciera bailando el vals en cualquier momento, con los papeles de la custodia legal en mano. “Entonces Celina y Paulie son conocidos,” Luc dijo. “Eso hace que sea más probable que Celina sea la ‘Marie’ vista por la humana, y la mujer en el auto.”

“Pero no podemos probar eso,” Ethan dijo, metiendo sus manos en los bolsillos. “Y por mucho que me duela decirlo, que Paulie y Celina hayan tenido una reunión medio año atrás no significa que ella esté activamente involucrada en armar las raves o distribuir V.”

“Y es poco probable que de un paso adelante y ofrezca la evidencia en una bandeja,” Luc dijo.

“Cierto,” estuve de acuerdo, un plan formándose. “Es precisamente por eso que necesitamos sacarla.”

La mirada de Ethan saltó hacia mí. “Sacarla?”

“Probar que Paulie y Celina están conectados. Usarlo para llegar hasta Celina, sacarla, y probar que está involucrada en distribuir V y organizar las raves para ayudar esa tentación.”

“Y cómo propones hacer eso?” Ethan preguntó. “Qué carnada podemos ofrecer que tiente a Celina?”
La respuesta era fácil. “Yo”

Silencio.

“Ciertamente has crecido en tu posición,” Ethan dijo secamente. “Y tu voluntad de asumir riesgos en beneficio de la Casa.”

“Soy muy consciente de que puede patearme el trasero. Eso lo hace menos un riesgo y más una fatalidad.”

“Eres más fuerte que la última vez que se encontraron,” él señaló. “Has superado cambia-formas desde entonces.”

“Ella me dejó fuera de combate con una sola patada en el pecho,” señalé, mis costillas doliendo con simpatía. “Pero ese no es el punto. Cual sea la razón, como hemos discutido, ella está fascinada conmigo. Si Paulie le dice que la estaré esperando, probablemente tome ventaja.”

Ethan frunció el ceño. “Eso probablemente sea cierto.”

“Tengo que hacerlo,” le dije. “Hemos identificado a Paulie, y sabemos que está involucrado con Celina. Pero no podemos cerrar V-detener la distribución-hasta que tengamos pruebas, al menos suficiente evidencia para llevarle a Tate. No tenemos que llevarla al PG,” le recordé a Ethan. “Solamente necesitamos darle a Tate suficiente información para encerrar a Celina así la policía puede terminar el caso. Si no podemos confiar en el PG para que terminen con ella,” agregué en voz baja, “entonces, ayudemos a Tate a hacerlo.”

“Tiene un punto, jefe,” Luc agregó. “Ella es nuestro mejor medio para dejar a Celina fuera.”

Después de un momento, Ethan asintió. “Trabaja tu plan, Centinela.” Golpeó su reloj. “Pero primero, ve a vestirte.”

Solo entonces me di cuenta de que él ya estaba preparado para la cena, en un traje negro a la medida y con una angosta corbata negra. Eso significaba que estaría esperando por mí.

“Iré a cambiarme,” estuve de acuerdo. También subiría a usar el número de teléfono que Jeff me había dado para mandarle un mensaje a Paulie Cermak.

De un modo u otro, la encontraría.

Maldito PG, acabaría con ella.

Para mi sorpresa, no encontré un vestido colgando de mi puerta cuando regresé al segundo piso.

El último par de veces que tuve que hacer apariciones sociales con Ethan, él me había dado vestidos de alta costura, presumiblemente para no avergonzar a la Casa con mis usuales jeans y remeras. Al principio, me sentí ofendida con el gesto. Pero incluso una chica que encontraba placer en el jean y los Pumas podía apreciar un buen diseño cuando se le era presentado.

Esta vez, la puerta estaba vacía de todo menos del pequeño tablón de anuncios, y el armario llevaba las piezas habituales de mi guardarropa.

Oh, bueno. Probablemente era lo mejor. Realmente no tenía tiempo para ser la chica que necesitaba Lanvin simplemente para dejar la Casa.

Sin una nueva opción, me aseé y metí dentro de uno de los otros vestidos que Ethan me había dado. Era un vestido de cóctel negro, hasta la rodilla, sin mangas y falda con movimiento, la tela caía en pliegues horizontales de arriba hacia abajo.

Opté por los tacos negros que Ethan me había dado con el vestido, junto con la funda que iba debajo de la falda y sostenía la daga en su lugar contra mi muslo. Mi medalla Cadogan era mi único accesorio, y dejé mi cabello suelto, el oscuro cerquillo sobre mi frente.

Cuando estuve arreglada, le envié un mensaje a Paulie Cermak.

“DILE A MARIE QUE ESTOY LISTA PARA REUNIRME CON ELLA.”

Mensaje enviado, deslicé el teléfono en un pequeño bolso negro. Era hora de jugar con los chicos.



Traducido por Luu


Mil perdones por la demora! Para redimirme al menos un poquito, les voy a dejar dos capítulos :)

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