Hard Bitten - Capítulo XXII

CAPÍTULO VEINTIDÓS

EL DIABLO VESTIDO DE AZUL


Celina lentamente se volvió para enfrentarme. Llevaba un vestido azul real, de una sola pieza, con botas hasta el tobillo, su cabello recogido en una cola de caballo. Sus ojos se agrandaron con evidente shock.

Bien, ahora estaba confundida. Por qué lucía sorprendida de verme?

Con su brazo todavía en mi mano, se movió un paso más cerca. “Si eres inteligente, niña, dejarás libre mi mano mientras que todavía puedas usar la tuya.”

“Me dijeron que querías verme,” Le informé. “Por un amigo en común.”

Casi instantáneamente, su expresión cambió. Sus ojos se redujeron, sus fosas nasales se ensancharon, y su magia se elevó en una enojada y picante nube.

Los humanos todavía se movían pasando con comida y tazas de plástico de cerveza en la mano, completamente ajenos al reactor mágico que estaba lanzando suficiente poder para iluminar el Loop.

“Esa pequeña mierda,” murmuró, seguido de unas cuántas precisas maldiciones.

Asumí que se refería a Paulie, pero si ella no me había estado esperando. . .

“Con quién creías que te reunirías?”

Su expresión fue soberbia. “Como bien sabes, y como el PG te ha recordado, mi vida no es asunto tuyo.”

“Chicago es asunto mío. La Casa Cadogan es asunto mío.”

Ella se burló. “Eres una vampiro en una Casa de cuarta categoría. Y dormir con su Maestro no es exactamente el logro más brillante.”

Resistí el impulso de hacer los tirones de cabello y clavadas de uña de las que me había quejado unos días atrás. En cambio, le dí la misma mirada pretenciosa que me había dado. No es que fuera ingenua sobre Celina o su poder-o del daño que podía hacerme. Pero estaba cansada de tener miedo.

Y si el PG actuaría como si no fuera una amenaza, entonces yo también lo haría.

“Mi vida tampoco es asunto tuyo,” repliqué. “Y no me importa cuán bien has logrado convencer al PG de que eres una buena ciudadana y no tienes nada que ver con el caos en esta ciudad ahora mismo. Sé que es mentira, y no te tengo miedo. No más. Y tampoco le tengo miedo al PG, así que te daré la oportunidad de responder esta pregunta.” Presioné mis uñas en la carne de su brazo.

“Pusiste V en las calles?”

Celina miró alrededor, pareciendo darse cuenta de que la gente a nuestro alrededor nos miraba fijamente.

Y de todas las reacciones que podría haber imaginado, la que ella devolvió ni siquiera estaba en la lista.

“Quizás lo hice,” dijo, lo suficientemente fuerte para que todos oyeran. “Quizás ayudé a poner V en las calles. Y qué?”

Mi boca cayó abierta por la sorpresa. Celina acababa de anunciarles a unos cientos de humanos que había puesto V en las calles. Era un golpe, pero no había modo de que hiciera ese tipo de anuncio si no creía que tuviera una salida.

Cuál era su juego?

Los humanos alrededor nuestro se detuvieron, ahora mirándonos sin vergüenza. Un par de ellos sacaron sus teléfonos y comenzaron a grabar la escena.

“Cuál es tu conexión con Paulie Cermak? Sé que hablaste con él en la Casa Navarro.”

Ladró una risa. “Paulie Cermak es un pequeño gusano. Tiene un almacén en Greektown que alberga V, y ha estado encargándose de la distribución desde allí. Ese es el por qué no había V en su casa.” Ella me dio una mirada apreciativa. “Lo que es más interesante es cómo lo supiste. Morgan te lo dijo, no?” Me miró de arriba a abajo. “Te ofreciste a ti misma por un poco de información?”

Además de sentirme enferma por la sugerencia, sentí un poco de simpatía por Morgan.

La locura de Celina no excusaba el hecho de que Morgan no seguro, pero sí explicaba por qué no era confiable. Si había aprendido a ser un Maestro siguiendo los pasos de Celina, probablemente no había ninguna esperanza para él.

“Y las raves?”

“Las raves fueron la piaza clave,” ella dijo. “La clave de todo el sistema. Eran medios para poner V—y humanos—en las manos de los vampiros.”

Celina miró alrededor, se dio cuenta de que había captado público humano que había reconocido quién era ella-y el hecho de que se suponía que debía estar encerrada en Inglaterra, y no de pie en el medio del Festival Callejero confesando sus crímenes contra los ciudadanos de Chicago.

Si hubiera estado en su lugar, hubiera negado todo. Hubiera bajado mi cabeza y zambullido en la multitud, buscando un escape. Pero Celina no era el típico vampiro. Con nada cerca de arrepentimiento o miedo en sus ojos-y mientras la miraba fijamente, asombrada por su audacia-comenzó a dirigirse a la multitud.

“Por demasiado tiempo, compré la idea de que los humanos y los vampiros podían simplemente coexistir. Que ser un vampiro significaba aprisionar ciertos impulsos, trabajar en comunión con los humanos, liderarlos.”

Comenzó a girar en círculo, ofreciéndole su sermón a la multitud. “Estaba equivocada. Vampiros deberían ser vampiros. Verdaderamente, completamente vampiros. Somos la siguiente evolución de los humanos. V nos recuerda quienes somos. Y ustedes, también-todos ustedes-podrían tener nuestra fuerza. Nuestros poderes. Nuestra inmortalidad!”

“Mataste humanos!” Gritó uno de los humanos. “Mereces morir.”

La sonrisa de Celina vaciló. Ella había cambiado posiciones en un segundo intento de integrarse con los humanos, pero sin embargo no había funcionado. Abrió su boca para hacer frente a la afirmación, pero las siguientes palabras no fueron suyas.

Cuatro oficiales del Departamento Policial de Chicago la rodearon. Tres la apuntaron con armas; el cuarto agarró sus muñecas y las esposó detrás de su espalda.

“Celina Desaulniers,” él dijo, “tiene el derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra en un tribunal de justicia. Tiene derecho a un abogado. Si no puede pagar uno, uno será designado a usted. Entiende los derechos que le he leído?”

Celina forcejeó una vez, y era lo suficientemente fuerte que el hombre que la había esposado y la retenía tuvo que luchar para mantenerla en el suelo. Pero después de un momento ella se detuvo, su expresión volviéndose gratamente en blanco.

Ese no era un buen signo.

“Ella tratará de encantarlo,” le advertí. “Mantente concentrado y combátela. No puede hacer que haga nada; tratará solamente de reducir sus inhibiciones. Podrás querer que el Defensor del Pueblo lo encuentre en la estación. Tiene personal que lo puede ayudar.”

Tres de los policías me ignoraron, pero el cuarto asintió con apreciación. No podría ser fácil recibir un discurso de una delgada vampira con cola de caballo.

“No hay necesidad de encantarlos,” Celina dijo, su mirada azul en la mía. “Estaré fuera antes de que puedas advertirle a tu amante que me encontraste aquí. Oh, y disfruta tu conversación con Darius. Estoy segura de que estará emocionado al saber esto.”

Se fue voluntariamente. Después de un momento, la multitud se disipó completamente, sin dejar evidencia de la recaptura de Celina o del discurso proselitista que había dado.

Eso me dio un minuto para centrarme en la pregunta más importante: Qué demonios acababa de pasar?

Me quedé de pie allí por un momento, todavía tratando de envolver mi mente alrededor de la confesión de Celina y su arresto.

En pocas palabras: algo se me tenía que estar escapando. La cosa entera había sido demasiado fácil y se sentía totalmente armada. Celina claramente no sabía que iba a reunirse conmigo, pero sin embargo había confesado a la multitud entera de que había estado ayudando a Paulie a distribuir drogas y armar las raves. Y luego trató de convencerlos de que se unieran al carro de vampiros.

Cómo eso tenía sentido?

Simplemente no lo tenía. Mientras no era infeliz porque Celina estaba fuera de las calles y de regreso a las manos del Departamento Policial de Chicago, no podía entender su ángulo. Ella tenía que tener uno.

No había forma de que una mujer tan ególatra como Celina hiciera una confesión sin pensar que obtendría algo de ello. Quizás eso era. Pensaba que podría salir de esto?

Pensaba ella que era inmune a los problemas porque tenía la protección del PG?

Desafortunadamente, esa posibilidad no era totalmente irreal.

No sabía que juego ella estaba jugando, pero sabía que este no era el final de la historia. El drama vampírico raramente terminaba tan fácilmente.

Suspiré y saqué mi teléfono, preparándome para darle a Ethan una rápida actualización antes de buscar un taxi. No estoy segura qué me hizo levantar la vista, pero allí estaba él-justo frente a mí.

Paulie estaba sentado en una pequeña y plástica mesa de café dentro de una carpa de cerveza. Dos vasos vacíos frente a él y un tercero a medio llenar, en su mano.

Lo levantó hacia mí, un brindis por mi participación en lo que sea que estaba dirigiendo.
Al menos para Paulie, esto había sido un juego. Había engañado a Celina, pero por qué? Para sacarla del camino? Así perdería al vampiro intermediario-la mujer trayendo drama indeseado a la entera operación-y para tener acceso a su participación en las ganancias?

Cambié mi peso corporal hacia delante para lanzarme hacia él. Pero antes de que pudiera moverme, fui detenida por la misma cosa que había apartado de mí a McKetrick-humanos.

Esta vez, una familia se movió frente a mí.

Una madre y un cochecito doble con niños durmiendo a la cabeza; un padre con un infante durmiendo en su cadera tirando de un carro rojo que llevaba a un tercer pequeño dormilón.

La familia entera estaba atada con una cinta. Era un vagón familiar de un tren.

Para el momento que la caravana estuvo fuera de mi camino y levanté la vista nuevamente, Paulie se había ido.

TRADUCIDO POR LUU

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Hard Bitten - Capítulo XXI

CAPÍTULO VEINTIUNO

NEGACIÓN PAUSIBLE REFRITA SOBRE PALILLO



Necesitaba un descanso de los vampiros. Además tampoco había sabido de Mallory ya hacía rato, y eso definitivamente necesitaba ser remediado. De modo que cuando me desperté y me vestí, le envié un mensaje de texto para ponernos al día y me enteré de que ella y Catcher estaban entrenando en el gimnasio de él. Traducción: tenía la oportunidad de ver a Catcher torturar a otro que no sea yo; y observar a Mallory trabajar en su magia.

Una decisión sencilla. Dejé la Casa y me dirigí hacia el Near North Side, donde estaba metido, adentro de otro viejo almacén, el espacio de trabajo de Catcher. (Convertir viejos almacenes en espacios de esparcimiento para los vampiros y otros sobrenaturales aparentemente era la nueva tendencia en Chicago).

Difícilmente necesité escabullirme fuera de la Casa. Darius nos había sacado de la investigación de V, así que no había mucha necesidad de que me quedara por allí. Y mi conversación con Ethan anoche había despertado incómodas preguntas acerca de mí y mi hipocresía, que no estaba ansiosa por enfrentar. Sabía que eventualmente hablaríamos; no había probabilidades de evitarlo. Pero no tenía por qué ser ya.

Pero aunque fuera a evadirlo, no era tan inmadura como para no llevar mi beeper; también puse mi daga y la espada en el auto. Aún si estaba en un hiatus investigativo, no era imposible que Paulie haya pasado mi mensaje a ‘Marie’, quien planeaba hacerme una visita no planificada. Por ese lado, mejor estar preparada.

Había echo bastante rápido para los estándares de conducción de Chicago – un paseo a una velocidad sorprendente por Lake Shore Drive – pero me dio unos minutos para reflexionar y ganar un poco de perspectiva. No que fuera a encontrar mucha resolución en un paseo de quince minutos o hasta en un par de horas fuera de la Casa, pero el especio era necesario. Necesitaba recargarme alrededor de la gente que me conocía sólo como Merit…no como Centinela.

Aparentemente había agotado mi suerte en estacionamientos; un nuevo bar había abierto frente al gimnasio de Catcher, así que el vecindario estaba repleto de chicas de largas piernas y muchachos bañados excesivamente en colonia, listos para entrar al bar por un poco de coqueteo y martinis de manzana sobrevaluados. Encontré un espacio a tres cuadras, caminé de regreso al gimnasio, y entré.

El interior del edificio estaba moldeado como una gigantesca T, y el gimnasio – el lugar donde Catcher me había enseñado a usar una espada – estaba por el pasillo central. Sentí la chispa de electricidad en el aire tan pronto como alcancé la puerta. Frotándome el desconfortable cosquilleo por los brazos, eché un vistazo al interior.

Catcher estaba usando sus elegantes lentes nuevos, jogging, y una camiseta; Mallory estaba con pantalones de yoga y sostén deportivo, lo cual era en realidad más ropa de la que él me dejaba usar cuando me entrenaba. Vaya suertuda.

Dicho eso, su entrenamiento era otro cantar por completo. Había sabido que Catcher era impresionante con una espada, y había conocido hechiceros – además de poder curvar el universo a su voluntad – podían tirar bolas de lo que parecía ser fuego mágico. Pero nunca había visto algo como esto.

Era como un juego mágico de Handball. Los dos estaban parados en extremos opuestos de la habitación, lanzando y esquivando esferas coloreadas y brillantes el uno al otro. Catcher levantaba una bola mágica hacia Mallory, y Mallory la evadía o lanzaba la suya propia. En ocasiones los tiros se pegarían el uno al otro y combustionarían cayendo chispas, en otras ocasiones le errarían y explotarían contra las paredes con un chasquido.

Eso explicaba el cosquilleo en el aire – cada vez que un balón explotaba, enviaba una nube de magia pulsando por la habitación. Supongo que ése era el riesgo de observar a hechiceros practicar.

Mallory echó un vistazo y ofreció un rápido saludo a la distancia antes de lanzarle una bola azul de regreso a Catcher.

“Ey, tú!”

Miré. Jeff estaba sentado en una silla plástica al otro lado de la puerta, con un balde de palomitas de maíz sobre su regazo.

“Toma asiento,” dijo, dándole palmaditas a la silla detrás de él. “Estaba en realidad por llamarte.”

“No hay necesidad de llamar ahora,” dije, tomando asiento y agarrando algunos pochoclos. Eran los de olla, los cuales adoraba. Un poco salados, un poco dulces, y probablemente mucho mejores para mí que una caja de Mallocakes.

“Entonces, excavé un poco más sobre el prontuario de nuestro amigo Paulie Cermak.”

“Pensé que dijiste que su expediente estaba sellado.”

Jeff lanzó un trozo de pochoclo, luego la agarró con los dientes. “Oh, lo dije. Pero ‘sellado’ y ‘ya no se encuentra en el sistema’ son dos cosas diferentes.”

“Es este el momento apropiado para lecciones de piratería informática?”

“No si quieres que te dé la información que hallé.”

Estaba dejando de ser una purista de las reglas.

“Lánzamela.”

“Así que, para ponerlo en términos simples, mientras que el expediente había sido oficialmente sellado por orden judicial, una copia de los contenidos del archivo fue almacenada antes de ser sellada, de modo que toda la información aún está allí. Ahora, resultó ser, que había sólo un ítem en el archivo del tipo – tuvo una citación por golpear a alguien en la cara. Algo así como asalto simple.”

Traté de retroceder mi memoria. Pensé que había visto a Paulie Cermak antes. Había sido en televisión? Un reporte del ataque en las noticias de la noche? Pero no podía recordar nada en específico. “Quién fue la víctima?”

“No tengo idea. El tipo jamás presentó cargos, y su nombre fue redactado del archivo previo a ser escaneado.”

Solté un suspiro. “Entonces Paulie Cermak le pega a un tipo. Llaman a la policía, pero la víctima no presenta cargos, y el expediente termina sellado de todas formas.”

“Eso lo resume.”

“Es extraño. Por qué sellar un expediente si nadie presentó cargos?”

Jeff se encogió de hombros y lanzó otro trozo de pochoclo al aire. Este último rebotó en su labio y cayó al piso – o habría caído al piso, si no hubiera rebotado justo cuando un pulso de magia atravesó la habitación. Quedó suspendido por encima del suelo por unos momentos, y luego explotó en pequeños trocitos de pochoclo.

Jeff y yo nos agachamos, luego miramos a Catcher. Estaba en pie con sus manos sobre las caderas, mirándonos por encima. “Pochoclos? En serio?”

“Qué?” Dijo Jeff astutamente. “Es como el mejor partido de tenis de la historia. Necesitamos un aperitivo.”

El labio de Catcher se curvó, y lanzó una bola azul que hizo que nos lanzáramos de nuestras sillas. Pegó contra la pared que estaba detrás de nosotros y explotó en una lluvia de chispas. Me senté nuevamente, frenéticamente removiendo las chispas de mi cabello.

“Hola! Estoy aquí para darle apoyo. Evitemos el pegarme con magia.”

“Sí, Catch,” dijo Mallory. “Ella está tratando de ofrecer apoyo.” Lanzó una bola de magia que lo tuvo saltando para evitar los chispazos y soltando una seguidilla de maldiciones.

“Buenos tiempos,” dije, dándole a Mallory mi aprobación con los pulgares arriba.

“Entonces, antes de que fuéramos tan rudamente interrumpidos,” dijo Jeff, “estaba por decir que no es exactamente algo común de hacerse – el sellar un expediente cuando no hay cargos presentados o lo que sea – pero podría haber montones de razones. La más probable, Paulie Cermark tiene amigos en las altas esferas.” Se echó a reír.

Hice una mueca sarcástica. “Paulie no parece precisamente como si fuera alguien que se la pasa con traje. Tal vez Celina mandó a presionar a alguien.”

“Es una idea. Seguiré excavando.”

“Estás haciendo un gran trabajo,” le dije, golpeándole con mi hombro. “Aprecio el trabajo duro.”

Jeff se sonrojó un poco. “Hasta Catcher dijo que estaba haciendo una muy buena investigación en ésta.”

“Bueno, Catcher jamás se mete en un asunto sobre el cual no tenga una opinión. Hablando de eso, algún avance con lo de V? Asumo que el Departamento de Policía de Chicago está haciendo pruebas y todo eso.”

“Seeh – las hacen, e hicieron. Resultó ser que, la estructura química de V es similar a la de la adrenalina.”

“Eso explica por qué hace que los vampiros estén tan hiperactivos.”

Jeff asintió. “Exacto. Pero eso no es lo más interesante. Catcher anduvo olfateando con un poco de magia por su parte, y piensa que hay otro componente en la droga más allá de lo químico – magia.”

Fruncí el ceño. “Quién más pudo haber incorporado la magia?”

“Eso es lo que lo tiene preocupado.”

Me tenía a mí preocupada también. Aún si podíamos atribuir V a Paulie y Celina, ahora teníamos a una fuente desconocida que estaba lanzando magia gratuitamente por ahí. Y hablando de desconocidos. “Por casualidad has recogido algo más de información acerca del ataque que el Sr. Jackson vio?”

“Sólo la información que ya conocíamos. No ha habido avances hasta donde sé. El caso se está enfriando.”

No estaba segura de si era mejor o peor que los cuerpos que hayan sido hallados. Con esa pregunta en mente, mi teléfono vibró, así que lo saqué de mi bolsillo, esperando sea una pregunta de Ethan: Centinela, dónde estás? O algo parecido.

No reconocí el número, pero contesté de todas formas. “Habla Merit.”

“Niña, tengo algo en lo que creo estarás interesada.”

El acento neoyorquino era inconfundible.

“Paulie. Qué es lo que quieres?”

“Una cierta persona quiere encontrarse contigo.”

“Una cierta persona?”

“Marie,” dijo. “Tú pediste el encuentro, y resulta ser que ella es accesible.”

Por supuesto que lo era. Sabíamos que Celina no dejaría pasar la oportunidad, e incluso si esta ‘Marie’ no era Celina, un encuentro casi con certeza que respondería algunas de nuestras preguntas. “Dónde y cuándo?”

“En el Festival Callejero. Encuéntrame junto al puesto Town.”

Town era un café importante en el Bucle que a diario rankeaba primero en las listas anuales de ‘lo mejor de’. Era un lugar para que los de la alta sociedad vean y sean vistos, un lugar que requería reservas con semanas de anticipación – a menos que conocieras a alguien….o fueras la hija de Joshua Merit. Carne de cerdo a la saltimbocca?. Sí, por favor.

Aunque no imaginaba a Celina como una concurrente al Festival Callejero, Town era justo la clase de lugar que ella eligiría.

“A qué hora?”

“A las once en punto.”

Miré mi reloj. Faltaba un cuarto para las diez. El Festival Callejero terminaba a la una de la madrugada, de modo que la hora de encuentro pegaría en el horario de incremento de bandas, comidas y bebedores de Chicago.

“Presumo que no necesitaré llevar un clavel en la solapa para que me reconozca?”

Paulie dejó salir una risa. “Ella te encontrará. Once PM en punto.”

La línea quedó muda, así que metí nuevamente el teléfono en mi bolsillo y mordisqueé mi pulgar mientras lo analizaba detenidamente.

Celina – bueno, alguien que pensaba debía ser Celina – quería una reunión en un lugar público. Y no sólo un lugar público – un lugar público donde miles de humanos se estarían apilando.

Tendría ella la esperanza de que la multitud le diera el anonimato, o estaba planeando causar problemas en medio de todos ellos?

Tenía que tener algún otro motivo, algo que quisiera llevar a cabo. Tal vez alguna trampa que quisiera armar. Era sólo cuestión de tiempo el averiguarlo – o planear contra toda contingencia.

Cuando finalmente alcé la vista otra vez, encontré a Catcher, Jeff y Mallory mirándome fijo.

“Paulie Cermak,” expliqué. “‘Marie’ quiere encontrarse conmigo en el Festival Callejero, esta noche.”

Catcher y Mallory caminaron hacia nosotros.

“Entonces irás?”

“Acaso tengo otra opción? Darius está furioso, y también Tate”. Hice rodar mis hombros, los músculos doloridos en las articulaciones por la mezcla de magia y tensión.

“Podríamos pretender que esto no es nuestro problema, pero eso no va a hacer desaparecer a V, y no va a ayudar a mantener en pie a la Casa.”

“Así que, cuál es el lado malo de encontrarte con ella?” preguntó Mallory.

“Además de la posibilidad de que me mate? Que Darius me ordenó a mí y a Ethan cortar la investigación.”

La expresión de Catcher fue de incredulidad. “Sobre qué base? Los vampiros están peleando en público. Cómo podría él negar que existe un problema?”

“Oh, él sabe que está sucediendo algo.” Los puse al tanto de la escapada a la Casa Grey. “Darius simplemente cree que es problema de Tate resolverlo. Él aparentemente también piensa que somos nosotros los que creamos el problema – que Celina está reaccionando porque le seguimos dando atención.”

“No estoy impresionada con Darius hasta el momento,” dijo Mallory.

“Ni que lo menciones,” acordé.

“Estoy interrumpiendo?”

Todas las cabezas giraron hacia la puerta. Un lindo chico en camiseta y vaqueros nos sonrió.

“Quién es él?” susurré.

“Ése,” dijo Mallory cansada, “es Simon. Mi tutor.”

Les seré honesta – cuando Mallory dijo que tenía un tutor, esperaba uno algo nerd. Alguien con alguna inclinación académica y tal vez protectores de bolsillo.

Simon estaba tan lejos del estereotipo como era posible: pulido y bonito en la forma del típico ‘vecinito de al lado’, con apenas un lápiz para ser visto. Su cabello estaba bien corto, con ojos azules asomando bajo fuertes cejas.

“Bien hecho,” le murmuré.

“No dirías eso si te estuviera haciendo levitar un peso de doscientas libras en plomo por sexagésima séptima vez consecutiva.” Pero le sonrió cortésmente. “Hola Simon.”

“Mallory,” dijo Simon, luego miró a Catcher.

“Ha pasado tiempo.”

La expresión de Catcher se mantuvo en blanco. Aparentemente no estaba interesado en darle calidez a la reunión con un miembro de la Orden. “Simon, qué te trae a la Ciudad?”

Simon gesticuló hacia Mallory. “Vamos a tomar un tour fantasma.”

Eché un vistazo a Mallory. “Tú vas a un tour fantasma?” No es que Mallory no estuviese interesada en lo oculto. Era la chica con una fijación por Buffy, después de todo. Pero siempre se había negado cuando yo le había pedido de ir, llamando a la idea de un tour fantasma un ‘falso-culto’.

“Simon,” dijo Mallory con una ausente desestimada de mano, “éstos son Merit y Jeff. Ella es un vampiro, pero aún soy su amiga porque soy así de asombrosa, y él es un geniecillo extraordinario de la informática que trabaja para Catcher.”

Simon me sonrió, pero el efecto no fue ni remotamente tan cálido como podrías haberlo imaginado.

“Así que tú eres la Centinela de Sullivan.”

“Soy la Centinela de la Casa Cadogan,” le corregí cortésmente.

“Por supuesto,” dijo, en un tono que sugería que no creía del todo mi aclaratoria.

“Entonces van a ir a un tour fantasma?” preguntó Jeff. “Es alguna clase de investigación mágica?”

“De cierta forma,” dijo Simon. “Los embrujos no son todas viejas patrañas. Algunos de los locales están legítimamente infestados. La tarea de Mallory esta noche será separar hechos de la ficción. Es parte de su práctica.”

Mallory frunció el ceño. “Es eso hoy? Pensé que era mañana.”

“Necesitas reagendarlo? Hay algunas otras cosas de las que me podría hacer cargo mientras estoy en la ciudad.”

Mallory le cortó. “No, hoy está bien. Va a estar en el examen, así que mejor hagámoslo.”

“Oh, Dios mío, eres Harry Potter,” dije, señalándola con el dedo. “Lo sabía!”

Hizo rodar sus ojos, luego miró a Catcher. “Supongo que necesito bañarme e irme?”

Catcher frunció el ceño, claramente incómodo con enviar a Mallory a la ciudad con Simon. No podría decir si la animosidad estaba toda relacionada a la Orden o no.

Catcher miró a Simon. “Podrías darnos un minuto?”

“Por supuesto,” dijo Simon luego de un momento. “Esperaré en el auto. Jeff, gusto en conocerte. Merit, hablaremos en otro momento. Me encantaría escuchar más acerca de la Casa Cadogan.”

Le dí una sonrisa evasiva.

Simon salió nuevamente. Miré a Mallory y Catcher. “Él parece bastante amable.”

“Es un miembro de la Orden,” dijo Catcher sombríamente. “Ellos siempre son ‘bastante amables’ hasta que te llaman alborotador y te despojan de tu membresía.”

“Suena como que la Orden y el PG tienen cosas en común,” dije.

Catcher gruñó en acuerdo.

“Simon es….bueno,” dijo Mallory. “Pero hablando del PG, tú necesitas salir y entremezclarte.” Extendió sus brazos, y di un paso adelante hacia su abrazo. “Como tú me dijiste,” dijo ella, “tú sólo haz lo que debas hacer. Sabes distinguir lo bueno de lo malo, y tus instintos son buenos. Confía en ellos.”

“Y si aún así no lo logro?”

Se echó para atrás, su expresión determinada.

“No hay nada que te propongas que no puedas hacer. Sólo tienes que decidir que puedes lograrlo. Tú ve y encuentra a Celina Desaulniers, y patéale el trasero esta vez.”

Esperemos que termine de esa forma.

Había una limo estacionada fuera de la Casa cuando regresé, así como la usual bandada de manifestantes. Reconocía a dos o tres – los mismos manifestantes estaban acampando noche tras noche, aparentemente su odio hacia nosotros tomando prioridad por sobre cualquiera de sus otras actividades.

Supuse que la limo pertenecía a Tate o a Darius, lo cual no me emocionaba. Ninguno de ellos iba a hacer mi tarea actual más sencilla. Paré en doble fila frente a la Casa y me moví cuidadosamente hacia el interior, en puntas de pie hacia la oficina de Ethan.

Nada de Ethan. Pero Malik estaba parado en medio de la habitación, revisando papeles. Darius estaba en el área de espera, hablando por teléfono.

Le sonreí con cortesía a Darius y caminé hacia Malik. Su mirada se elevó mientras me acercaba, y debe de haber notado mi expresión de agotamiento.

“Y ahora qué?”

Deslicé mi mirada hacia Darius. “En vista del directivo del PG, pensé que podía tomarme la noche libre. Ir hacia el Festival Callejero. A encontrarme con algunos amigos.”

La expresión de Malik quedó en blanco sólo por algunos segundos antes de que cayera en la cuenta.

“Pensé en ver a Ethan por si quiere que le traiga algo. Ya sabes cuánto ama la comida grasienta. El hombre nunca tiene suficiente de fritos y refritos.”

Malik sonrió socarronamente. “Eso hace, Centinela. Creo que lo encontrarás en su apartamento. Él y Darius planean encontrarse en unos minutos, pero tal vez pueda entretenerlo mientras discuten el menú?”

Ante mi asentimiento, Malik caminó hacia Darius. Yo me dirigí hacia la puerta nuevamente. Darius debió haber finalizado su llamada telefónica, a lo que oí a Malik preguntar, “Señor, tuvo usted la oportunidad de ver los terrenos? Los jardines son espectaculares a fines del verano.”

Buen hombre, pensé, tomando las escaleras a dos escalones por vez hasta llegar al tercer piso. Ethan estaba justo caminando por el pasillo cuando lo alcancé. Sin molestarme en pedir permiso, me moví por delante suyo hacia su habitación.

Cuando me volteé nuevamente, él aún estaba en la puerta, con una ceja levantada.

“Malik se está ocupando de Darius. Necesito cinco minutos.”

“Tengo el claro presentimiento que no voy a disfrutar de esos cinco minutos.”

“Muy posiblemente no.”

De cualquier forma, entró y cerró la puerta tras nosotros, luego cruzó los brazos sobre su pecho.

“Esta noche será complicada,” dije.

“Porque…?”

“Porque puede que ella cause estragos en un lugar muy público.”

Dejó caer sus brazos, alarma en su expresión. “Cuán público?”

“El Festival Callejero.”

Ethan cerró sus ojos por un momento. “Tenemos defensas?”

“Quien le habla.”

Los ojos de Ethan se abrieron de golpe. Abrió la boca para objetar, luego la cerró otra vez.

“Sabia elección,” le complimenté, “dado que soy la única defensa que tienes hasta el momento.”

“Es una trampa?”

“Muy probablemente. Y puede que sea la clase de trampa que nos ponga directo en el ojo público. Pero voy a hacer todo lo posible para prevenirlo – o al menos asegurarnos la clase correcta de publicidad.”

Nos quedamos allí parados en silencio mientras él llegaba a su veredicto.

“Asumo que eso es todo lo que vas a decirme?”

“Por tu bien y el mío. Dos palabras, Sullivan: Negación Pausible.”

“Creo que me gustabas más cuando eras una estudiante nerd de posgrado.”

“Tú no me conociste como una estudiante nerd de posgrado,” le recordé. “Bueno, de todas formas, no mientras estuve conciente.” Técnicamente, me conoció como una inconsciente estudiante de posgrado, dado que me cuidó durante los tres días posteriores a mi transición a vampiro, pero yo no lo recordaba. “Como sea, si tienes una mejor idea, estoy completamente dispuesta.”

Me miró por un momento, esa línea de preocupación entre sus ojos. “Desafortunadamente, no la tengo.”

“Tu confianza es inspiradora, Sullivan.”

Me dio una mirada seria. “Lo sabes. Confío en ti, Merit – implícitamente – aún si no me lo dices todo. No te dejaría salir de la Casa si no lo hiciera – hay mucho en juego.”

“En juego, jaja.” Ante su fruncida de ceño, di un respingo. “Lo siento. Bromeo cuando estoy nerviosa.”

“Estás nerviosa?”

Suspiré y me crucé de brazos. “Estamos hablando de Celina. Soy más fuerte que antes? Sí. Pero aún así ella es cientos de años mayor que yo, y apenas he visto de lo que es capaz. Además, estaremos en público. Aún si puedo ocuparme de mí misma, cómo me voy a hacer cargo de todo el resto que estará allí?”

“Podríamos darte guardias perimetrales alrededor del festival,” sugirió Ethan.

“No,” dije, negando con la cabeza. “Eso es demasiado arriesgado para la Casa. Si Darius se entera que estuve allí, puedes decir que actué por cuenta propia, que me escapé en un capricho. Y yo sí tengo un plan en mente.”

Había llamado a Jonah antes; si la Casa Cadogan estaba impedida de actuar, tal vez Noah estuviese dispuesto a plantar unos cuantos Guardias Rojos entre la multitud.

“Algo que puedas compartir?”

Alcé la vista hacia Ethan. Había curiosidad en sus ojos, pero no censura. Quería saber qué tenía en mente, pero me dejaba la decisión a mí.

“Negación Pausible,” le recordé. “Tú maneja la Casa desde aquí. Déjame protegernos allí fuera.”

Ethan suspiró, luego puso una mano sobre mi mejilla. “No te digo esto lo suficiente, pero estoy increíblemente orgulloso de la vampiro en que te has convertido. Quiero que sepas eso.” Reclinó su frente contra la mía. Cerré mis ojos y me embebí en la esencia de algodón de su colonia. “Sé cuidadosa.”

“Lo seré. Lo prometo.” Me alejé y vi una ráfaga de culpa pasar por sus ojos, pero negué con la cabeza. “Tú estás haciendo tu trabajo,” le aseguré. “Ahora déjame a mí hacer el mío.”

Recé por que tuviera la oportunidad de hacerlo bien en esta ocasión.

Era poco realista pensar que encontraría un lugar para aparcar cercano a la Feria Callejera, y no tenía tiempo para esperar por él. Mientras le di a Luc el resumen de cinco minutos, Lindsey llamó un taxi y prometió mover mi auto de lugar. Todos habían oído acerca de Darius prohibiéndome toda actividad; todos acordaron en ayudarme de todas formas. Había momentos cuando se necesitaba que el trabajo esté hecho, y al demonio con las consecuencias. Éste era uno de esos momentos, y estaban todos a bordo.

Una vez en el auto, envié un mensaje a Noah y le pedí refuerzos. Noah accedió casi al instante y me dijo que una tropa de guardias serían reconocibles por su vestimenta: irían vistiendo falsas remeras retro de SECUNDARIA DE LA MEDIANOCHE.

Chico astuto.

Consideré llamar a Jonah, pero esto era un evento público. Eso arriesgaría exponer su membresía a la GR y lo pondría en la misma posición que a mí – soportando la ira de Darius West. No, gracias.

El taxista no dejó de echarme vistazos, sus ojos marrones apareciendo por el espejo retrovisor cada unos pocos segundos como si estuviera esperando a que rompiera la pared plástica que separaba nuestros asientos y le saltara al cuello.

Lo admitiré, la idea de burlarme de él se pasó por mi mente. Pero yo no era como Celina. Tenía conciencia, y un trabajo que hacer, y hacerle una broma colmilluda al taxista no era parte de ese trabajo.

“Aquí está bien,” le dije, deslizando el efectivo por la pequeña compuerta plástica cuando llegó al límite sureste del Grand Park. Me salí del taxi, despidiendo al taxista cuando continuó mirándome fijo por la ventanilla.

“Humanos,” murmuré, y me lancé hacia las tiendas y la multitud. Esta parte del parque estaba vacía, lo cual me daba la oportunidad de prepararme…y entrar en pánico.

Estaba lo suficientemente bien entrenada como para fingir bravuconería frente a Ethan, Luc, y Malik. Pero asumámoslo: estaba asustada. Celina era más poderosa que yo, y accedí a encontrarme con ella en un lugar y hora que ella misma seleccionó. Éste era su juego, y había buenas posibilidades de que yo no fuera a ganarlo….o a salir en una sola pieza.

Caminé por entre los árboles, con la daga en mi bota, mi estómago retorciéndose con los nervios, incluso al tiempo que el olor a comida se acercaba.

Llegué a una cerca naranja de vinilo que rodeaba el festival. La salté, y me metí entre un grupo de borrachas y juerguistas solteras mientras iban de camino hacia la calle principal de la Feria. Eso me dio un primer vistazo del campo de batalla. Columbus Drive estaba con una alineación de carpas blancas. La gente caminaba por la amplia calle entre las mismas, con comida y bebida en mano. El aire estaba espeso con el olor a mezcla para rebozar y cerveza, a gente, sudor y basura, al sonido de miles de conversaciones, alimentos calientes y a la banda de música country en el escenario casero, lo cuales eran casi suficientes como para abrumar mis sentidos.

Me salí de la calle transitada y paré frente a un puesto, cerrando mis ojos hasta que el mundo se acomodara nuevamente en un suave sonido de fondo.

“Cupones?”

Abrí un ojo.

Una mujer meciendo un quejoso pequeñito de mejillas rosadas sobre una de sus caderas, extendió una pila de cupones de comida. “Tenemos de sobra, y se está haciendo tarde, y Kyle se está asustando, así que necesitamos irnos.” Sonrió tímidamente. “Por casualidad querrías comprarlos? Todavía sirven.”

“Lo siento,” dije amablemente. “No necesito nada.” Obviamente decepcionada, suspiró cansinamente y se alejó torpemente, el bebé ahora comenzando a chillar. “Buena suerte,” grité, pero ella ya estaba en busca de alguien más a quien tentar.

No siempre me tocaba interpretar a la heroína.

Caminé alrededor de la tienda y de regreso a la correntada de gente; y estaba casi exhausta otra vez. Mi estómago gruñó ante los olores; había un límite a lo que podía bloquear un vampiro. Silenciosamente me prometí a mí misma una barrita de refrito y una bandejita de papel de tocino envuelto en Tater Tots si lograba atravesar la noche ilesa. No era un combo muy nutritivo, pero supuse que las chances eran bajas de todas formas.

Caminé hacia un cartel que identificaba la locación de las tiendas, encontré el puesto de Town, y verifiqué en mi reloj. Faltaban diez minutos para las once. Diez minutos hasta que empiece el show.

Una mano repentinamente tomó mi brazo. Pegué un salto, esperando hallar a Celina. Para bien o para mal, tuve una clase diferente de sorpresa.

“Hola,” dijo el hombre a mi lado. Era McKetrick, quien cambió su uniforme por jeans y una ceñida camiseta negra. Lo mejor para entremezclarse con los humanos, asumí. Me sonrió grandilocuentemente. Puede que haya sido apuesto, pero el efecto aún así era espeluznante.

Retiré mi brazo. “Si eres inteligente, te alejarás en este instante y te meterás en tus propios asuntos.”

“Merit, tú eres mi asunto. Eres un vampiro, y estaría dispuesto a apostar que estás portando un arma aquí, en espacio público. Sería irresponsable de mi parte dejarte seguir por tu feliz camino, no lo crees?”

Me ahorraría de un montón de líos, pensé, porque no había forma de que pudiera explicar por qué necesitaba que me dejara en paz. Se pondría como loco si supiera que yo estaba aquí para entretener a Celina. Y hablando de eso, se estaba acabando el tiempo, y necesitaba llegar a la tienda de Town.

“Si tú eres inteligente,” le dije, “te estarás yendo por tu propio caminito feliz.”

Ladeó su cabeza. “Pareces algo preocupada. No estarás pensando en iniciar problemas, no? Eso sería de lo más desafortunado.”

“Nunca creo problemas,” le aseguré. Sólo que usualmente parecer aparecer en mis proximidades. Este caso en cuestión: “Dado que yo estaba metida en mis propios asuntos antes de que usted me agarrara, usted es el que está causando problemas.”

“Si te metieras en tus propios asuntos,” McKendrick replicó, “tú estarías en casa entre los de tu clase.”

Me ahorré el problema de responder a su prejuiciosa idiotez por el sonido de una discusión que se desplazaba hacia nosotros. Alcé la vista. Un hombre y una mujer discutían mientras caminaban, cada uno claramente irritado con el otro.

“En serio Bob?, en serio?” preguntó la mujer. “Tú piensas que el mejor curso de acción es gastar el salario completo de la semana en vales de comida? Eso es lo que piensas? Porque tú quieres comer gyros y tartas de queso refritas por el resto de la semana? No que debería sorprenderme. Es la clase de cosa descabellada que tú harías.”

“Oh, sí Sharon. Síguele. Sácalo todo fuera. Aquí en público donde todo el mundo pueda verlo!” El hombre, que estaba a sólo unos metros de mí, alzó sus brazos y los movió en círculos. “Acaso alguien no escuchó a mi amada esposa retándome? Alguno?”

La gente alrededor nuestro se reía nerviosamente, no muy segura de si debieran meterse y terminar con el dramatismo, o solo ignorarlo.

Tenía la misma duda – hasta que el hombre dio un giro completo y pude ver la remera colorada debajo de su chaqueta: SECUNDARIA DE LA MEDIANOCHE estaba escrito en letras blancas desgastadas a lo largo del frente. Estos eran ayudantes de la GR. El tipo me guiñó un ojo, luego se puso directo entre McKendrick y yo. “En serio señor, es ésta la clase de comportamiento que usted esperaría de su mujer? Qué pasó con el ‘en la riqueza y en la pobreza’ y todo eso?

La mujer dio un paso al frente y le clavó un dedo sobre el pecho del muchacho. “Oh, sólo otra cosa por la cual criticarme, eh? Bob? Estoy sorprendida. Realmente sorprendida. Sabes? Debería haber escuchado a mi madre!”

“Oh, seeh, Sharon. Mete a tu madre en esto. Tu pobre, y desconsolada madre!”

Una multitud comenzó a juntarse en torno a la pareja, creando una espesa barrera de hombres entre McKendrick y yo. Dos guardias de seguridad también se aproximaron, adicionando dos humanos más – y dos armas más – a la disputa.

Me fui mientras la oportunidad se dio.

Encontré el puesto de Town y acampé a su lado, pero pasaron quince minutos, luego media hora, y nada de acción. Maldije a McKendrick, segurísima de que él había espantado a Celina.

Por vigésima segunda vez, me paré en puntas de pie para echar un mejor vistazo a los alrededores, casi cayéndome cuando una mujer de cabello oscuro me rozó al pasar. Distraídamente, observé su coleta rebotar mientras caminaba, pero no fue hasta que casi se hubo ido que sentí el cosquilleo de la magia en el aire. No la había reconocido – y no podría haberlo hecho, sino fuera por el poder que despedía tras de sí. Mi corazón comenzó a palpitar con anticipación.

Antes de que ella pudiera huir, la tomé de su muñeca.


TRADUCIDO POR CHLOE

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Hard Bitten - Capítulo XX

CAPÍTULO VEINTE

LA RESACA


Parpadeé y esperé a que la sala dejara de girar. Estaba mirando un techo industrial, hojas de plantas y helechos en los bordes de mi visión. Todavía en la Casa Grey, supuse.

Ojos verdes aparecieron en mi marco de visión. "¿Cómo está tu cabeza?"

"Palpitando".

Empecé a sentarme, pero Ethan puso una mano sobre mi hombro. "Has estado fuera por unos minutos. Toma las cosas con calma."

"¿Qué pasó?"

"Trataste de detener a Jonah de pegarme, e inadvertidamente te pegó."

Ahora recordaba. Me había puesto en el camino de la batalla de Jonah y Ethan, y había terminado peor que eso.

Ethan tendió una mano. "Dame tu mano", dijo, luego deslizó su otra mano detrás de mi espalda. Me senté, cerré mis ojos hasta que el vértigo pasó.

Cuando finalmente los abrí de nuevo, Ethan inclinó hacia atrás mi barbilla, mirando hacia mis ojos. "Mira a la izquierda", dijo, y cuando lo hice, añadió, "y la derecha." Hice eso, también.

"Me dio duro", le dije, tocando cuidadosamente con un dedo el nudo en la parte posterior de mi cabeza. Teniendo en cuenta la velocidad de cicatrización vampírica, no iba a durar mucho más tiempo, pero por ahora, dolía.

"Sí, lo hizo", Ethan estuvo de acuerdo.

"¿Dónde está?"

"¿Jonah? Scott consiguió retenerlo hasta que esté tranquilo y la droga este eliminada. Fue el vino ", agregó Ethan. "De acuerdo con los vampiros de la Casa Grey, obtuvieron el V del Benson’s, donde mutuamente compartieron con un grupo de Rogues".

"Sin duda en nombre de la cooperación inter–Casa", dije secamente.

"Estoy seguro. Además los vampiros de la Casa Grey pasaron de largo que Darius estaría cenando aquí esta noche. Después lograron sacarse de quicio unos a otros sobre las injusticias del PG".
"Probablemente un argumento fácil de hacer para los vampiros Rogue", comenté. "Especialmente si estaban todos con V."

Ethan asintió. "Volvieron a la Casa intentando dar a Darius un pedazo de su mente. También se escabulleron dentro de la cocina con una dosis extra y colocándosela al vino. Querían que experimentara los efectos de ser un verdadero vampiro."

"Irónico que Darius no beba cualquier cosa".

"Mucho. Aunque ahora esta profundamente consciente de los efectos de V".

Una larga sombra apareció sobre mí, y luego habló una voz Inglés. "¿Cómo está?"

Miré hacia arriba. Darius estaba a mi lado.

"Lo logrará", concluyó Ethan, "aunque creo que descansar sería una buena manera para que pase el resto de la noche."

"Creo que es una excelente idea", coincidió Darius. "Unas pocas pintas de sangre podrían acelerar la curación."

Ethan asintió. "¿Y nuestra investigación de V?"

"He hecho que la posición del PG este clara."

"Señor––", comenzó Ethan, pero Darius le hizo callar con una mano.

"Hay más que considerar, Ethan, que el juego que están jugando con su alcalde. Toma cuidado de tu Casa; permite que el Sr. Grey y el Sr. Greer tomen cuidado de las suyas. El resto no es de tu incumbencia, y eso incluye a cualquiera de los miembros actuales del GP. ¿Está claro?"

La mandíbula de Ethan se contrajo, pero logró una inclinación. "Por supuesto, señor."

Darius asintió oficialmente, luego ofreció una sonrisa débil para mí. "Sana rápidamente, Merit", dijo, y después se fue de nuevo, Charlie camino en línea detrás de él.

"Me gustaría ir a casa", dije en voz baja.

"El sentimiento es definitivamente mutuo", dijo Ethan, su mirada aún siguiendo a su maestro político mientras desaparecía en la selva hecha-por-el-hombre. "Vamos a casa."

**

Ethan insistió en llevarme al coche, lo cual se sentía ridículo y romántico en partes iguales. Como una mujer segura de sí misma, no era precisamente cómodo ser llevada como una niña. Por otro lado, Ethan me había hecho un vampiro, manteniendo el vínculo entre nosotros. El olor y el toque de él fueron suaves, logré disfrutar siendo llevada en sus brazos, sin importar la culpabilidad del placer.

Cuando llegamos a la casa de nuevo, protesté lo suficiente para que me dejara caminar escaleras arriba hacia mi habitación, pero negándose a dejarme sola. Mientras Ethan recuperaba sangre de la cocina, me cambié a unos pantalones de yoga, una camiseta de los Cubs y me acosté en mi cama, una pila de almohadas detrás de mi cabeza adolorida.

Ethan regresó trayendo un vaso de plástico gigante con asa, el tipo de vaso que compraría un camionero para proporcionar dosis de cafeína para todo un día de camino.

"¿Fue el vaso más pequeño que pudiste encontrar?"

"Prefiero no subestimar tu potencial de mal humor", dijo, sentándose en el borde de mi cama y ofreciendo el vaso.

Dudé, pero acepté el vaso y comencé a beber a través de la dura pajita de plástico por la parte superior. Después de un momento, me retiré. "¿Hay jarabe de chocolate en la sangre?"

Sus pómulos se sonrojaron un poco. "Ya que no te sentías bien, pensé que un poco de chocolate podría hacerte bien."

Lamentablemente, el chocolate y la sangre no fueron una combinación sabrosa. Pero había pasado por tantos problemas que no soportaría decepcionarlo.

"Gracias", dije, tomando otro sorbo alentador. "Eso fue muy considerado."

Él asintió, luego se sentó en silencio mientras bebía. Tomé hasta que sentí el alivio del hambre latente, después puse el vaso en la mesita de noche junto a mí. Cerré los ojos y me hundí en la cama, mi cabeza contra el respaldo de almohadas. En cuanto estuve tranquila otra vez, el cansancio me abrumó.

"Estoy cansada, Ethan."

"Ha sido otra noche larga", dijo.

Pero negué con mi cabeza–sólo un poco, por lo que mi cabeza no latió con eso. "No sólo es la contusión. Es el trabajo. No quisiera el trabajo de un policía. No estoy del todo segura de querer mi trabajo ahora."
"¿Y perder toda la diversión y la emoción? La oportunidad de revisar los videos de seguridad y las peleas de vampiros drogadictos?"

"No olvides lo de molestar al jefe del Greenwich Presidium".

"Ah, sí. ¿Quién hubiera pensado, hace menos de un año cuando eras graduada, que tu vida llegaría a esto?"

"Ciertamente no yo", dije. Abrí mis ojos otra vez y lo miré. "¿Vamos a terminar esto? ¿O vamos a hacer lo que pidió?"

"No sé. Desde luego prefiero no poner mi destino en manos de Tate." Ethan suspiró y cuadró sus hombros. "Tate llamó a la Casa mientras estábamos fuera. Malik informó que estaba cansado de la demora, y dijo que tenía cuarenta y ocho horas antes de que mi orden fuera emitida."

"Impresionante", murmuré.

Me miró de regreso, sus ojos brillantes esmeraldas. "Tenemos que hablar sobre el beso."

Esta vez, fui la única que se sonrojó. "¿Hay algo de qué hablar? Estábamos drogados."

Me dio una mirada plana, miré hacia otro lado.

"Por lo menos admite que hay algo más que las drogas", dijo en voz baja.

Aparté la vista, mordiendo el borde de mi labio, y reflexioné sobre la ironía. Había besado a Ethan, y el quería hablar de nuestra relación. Ahora habíamos cambiado totalmente los papeles.

"Hay más que eso", estuve de acuerdo finalmente. "Pero sabes como me siento."

"¿Y todavía no estás convencida de que mis intenciones son nobles?"

Estaba cada vez más convencida, me dije a mí misma, pero ¿cómo le digo eso? ¿Cómo iba a confesarlo sin que sonara cruel por no creerle completamente–y sin arriesgar mi corazón diciéndole que había conseguido medio convencerme?

Un silencio incómodo descendió. Por suerte, cambió de tema. "En mi posición, ¿qué harías sobre V?"

"No estoy en tu posición."

"Supongamos que lo estabas", dijo. "Supongamos que tenías una Casa de vampiros bajo tu protección. Supongamos que un funcionario había decidido no permitirte resolver un problema urgente que enfrentaba tu casa por temor a que la existencia del problema llamaría mucho la atención."

Me senté, cruzando mis piernas debajo de mí. "Has respondido tu pregunta, ¿no? tienes un riesgo inminente por la seguridad de tus vampiros, y un riesgo político que podría ocurrir en el futuro. Primero resolver el riesgo inminente. Disculparse, en lugar de pedir permiso".

"¿Y si el resultado final es la Casa bajo custodia legal?"

"Entonces esperamos que el custodio tenga más sentido que el líder del GP."

Por último, Ethan esbozó una media sonrisa. Me golpeó la urgencia de levantar su carga, para hacer completa la sonrisa, para darle el tipo de alivio que había tratado de darme–aunque sin éxito–con sangre sabor-chocolate.

"Tengo una idea", dije.

"¿Qué es eso?"

Hice una pausa, todavía pensándolo completamente, antes de ofrecer, "Nos vemos fuera en cinco minutos–cerca de la fuente."

Arqueó una ceja. "¿Por que?"

"Porque lo digo yo. Confía en mí."

Se debatió por un momento y luego asintió. "Muy bien. Cinco minutos." Se puso de pie y caminó hacia la puerta, mirando hacia atrás antes de salir. "Y nunca lo dudes, Merit–confío en ti".

Desapareció a través de la puerta. Me bajé de la cama, mi dolor de cabeza comenzando a disiparse, y poniéndose a trabajar.

**

Los jardines de la Casa Cadogan eran espectaculares, desde la pista para correr, el asador para la barbacoa, al jardín francés al lado de la Casa. Una fuente colocada en medio del jardín, burbujas de agua para el disfrute de cualquiera de los vampiros que podrían estar sentados en los bancos a su alrededor.

Me quité los zapatos después de cruzar el patio de ladrillos en la parte trasera de la casa, cerrando mis ojos ante la sensación de lujo de la suave, hierba fresca bajo mis pies.

Tus cinco minutos se acercan a su fin, dijo Ethan silenciosamente. Sonreí mientras andaba detrás de la fuente.

¿No estas siempre dándome sermones sobre la paciencia?

Una virtud sobrevalorada, respondió, pero podía escuchar todo el sarcasmo en el pensamiento.

Lo encontré en una extensión elegante sobre uno de los bancos, el único vampiro en la cercanía, y claramente haciendo un pequeño lujo de su alarde. Con ojos cerrados, estaba cabizbajo cómodamente en el asiento, un pie en el banco, el otro en el suelo. Un brazo estaba cruzado sobre su espalda, su otra mano en el liso de su estómago. En su camisa de vestir blanca y pantalones, parecía más como un Caballero que un Maestro de vampiros.

Tal vez estaba reviviendo la historia.

Me senté con las piernas cruzadas en el suelo junto a él, la caja en mi regazo.

"¿Qué tienes ahí?", Preguntó, sin molestarse en mirar.

"Quid pro quo", dije. "Chocolate para el chocolate. Pero habrá que pagar un precio."

"¿Es valioso el premio?" Su voz era baja, con acento divertido.

Le respondí en el mismo tono meloso, ambos sabíamos bien que un flirteo en medio del patio era sólo eso–un flirteo agradable. "Absolutamente lo es."

Ethan se rió entre dientes. "En ese caso, Centinela, adelante."

"¿Cuál fue tu período favorito? ¿Qué periodo te gustó más?"

Sus cejas se levantaron, como si se sorprendiera por la pregunta. Abrió sus ojos y se arrastró un poco en el banco, luego se calmó como pensándolo completamente. "No se pueden negar las comodidades mecánicas de hoy. Los humanos están en la cúspide de los descubrimientos trascendentales que habrían sido imposibles hace sólo veinte años. Y, sin embargo," comenzó, luego calló de nuevo.

"¿Y sin embargo?" sugerí después de un momento.

Suspiró. "Han habido momentos que eran peligrosos, pero estimulantes. Escenas de la historia que tuve la suerte de ser testigo de primera mano. El nacimiento de esta república–el vigor del debate, el fervor de la creencia de que el hombre lo haría mejor que la monarquía. Momentos durante la Guerra Civil en el que hombres y mujeres–aún en momentos de gran peligro–fueron lo suficientemente valientes como para recordarnos lo mejor de nosotros mismos. El ataque (D-day) a Londres, cuando Whitehall se llenó con el corazón estallando de alegría... y la pena."

Ethan suspiró. "La inmortalidad te brinda la oportunidad de ver la historia cuando se hace. Los triunfos de la humanidad y sus crueldades, ambos. Ambos son un alto precio a pagar y de un valor inestimable, por soportar el peso de ese conocimiento."

Se dio la vuelta un poco, apoyando su cabeza en el puño y mirando hacia mí. "Ahora, habiendo caminado a través de mi vida, Centinela, ¿cuál es mi premio?"

Levanté la caja para que la viera y disfruté totalmente de la expresión vagamente consternada en su rostro.

"Estas bromeando."

"Nunca bromeo acerca de los Mallocakes. Siéntate."

No veía a cualquiera sin sospechar, pero hizo lo que le pedí, se arrastró hasta el extremo del banco para darme espacio junto a él. Pero estaba bien en el suelo. Puse espacio entre nosotros y mantuve la interacción casual. Dejándome fingir que los límites emocionales que había puesto entre nosotros todavía estaban firmemente intactos... aún cuando me senté en el suelo interrogándolo sobre su vida y preparándome para alimentarlo con pastelitos rellenos de crema.

Pero cuando la negación era tu red de seguridad, la negación era con la que trabajé.

Quité la tira de papel del cierre de la caja y saqué dos pastelillos envueltos en celofán. Le tendí uno a él, puse la caja a un lado, y sostuve el mío en mis manos.

"He aquí la unión gloriosa de pastel y crema."

Ethan parecía impresionado por la cantidad de azúcar que había puesto en su mano. "En serio, Centinela".

"Confía en mí. No te arrepentirás de esto." Abrí mi paquete y levanté el pastelito. "Ahora, hay varias teorías sobre la mejor manera de comer un Mallocake".

Finalmente, un esbozo de sonrisa. "¿Las hay, ahora?"

"Nuestra bruja favorita, Mallory Carmichael, prefiere remojarlos completamente en leche. No es un mal método, pero creo que los hace húmedos, y tengo esta cosa acerca del pan mojado."

"Eres una fuente constante de admiración."

"Y tan apropiado que prefiero el método ‘peces y panes’. He aquí," dije, partiendo el pastel longitudinalmente por la mitad, después sujeté las dos partes de chocolate. "¡He duplicado el número de pastelitos!"

"Tienes una fuerte tendencia a las tonterías, ¿lo sabías?"

"Es una de mis mejores cualidades", dije, mordisqueando el borde del pastelito. Y como si el pastelito de chocolate fuera en sí una droga, el sabor inmediatamente envió un pulso de calma a través de mi sangre.

Ethan tomó su propia mordida. "No está mal, Centinela".

"Tengo cierto numero de problemas," admití.

"El sabor de la comida no es uno de ellos."

Por un momento, comimos nuestros pastelillos silenciosamente en el jardín.

"Una vez te dije que eras mi debilidad", dijo. "Pero también mi fuerza. Lo dije antes de traicionar tu confianza. Ahora lo sé, y estoy muy arrepentido." Hizo una pausa. "¿Qué tendría que hacer para convencerte de que me dieras otra oportunidad?"

Su voz era más que un susurro, pero el sentimiento era tan fuerte que tuve que mirar hacia otro lado, lágrimas llenando mis ojos. Se trataba de una pregunta legítima–pero no una para la que hubiera una respuesta fácil. ¿Qué haría falta para que yo creyera en Ethan otra vez? ¿Para creer que me elegiría, para bien o para mal, a pesar de la política?

"No estoy segura de que pudieras convencerme de lo contrario. Estoy aprendiendo demasiado rápido."

"¿Y te enseñé que te traicionaría si se presentaba la oportunidad?"

Esta vez, encontré su mirada. "Me has enseñado que siempre este consciente de los pasos siguientes y apariencias, con estrategias y alianzas. Me has enseñado que nunca podías estar seguro de que realmente me querías–y no sólo porque te ayudé a cumplir un fin, o porque era conveniente. Me has enseñado que nunca podías estar seguro de que no ibas a cambiar de parecer si las cosas se rompieran dándote una ventaja estratégica."

La sonrisa de Ethan se marchitó, y por primera vez, se enfrentó a la posibilidad de que sus acciones tendrían repercusiones inalterables. "¿No crees que pueda cambiar?"

Ablandé mi tono. "No creo que una relación sea buena si tengo que pedirte que cambies. ¿Verdad?"

Miró a lo lejos, y luego suspiró cansadamente. "Esto se siente como una batalla que no puedo ganar."

"El amor no debe ser una batalla."

"Y aún así, si no valiera la pena la lucha, ¿cuál sería el punto?"

Nos quedamos en silencio el tiempo suficiente para que los grillos comenzaran a cantar en los huertos que nos rodeaban.

"¿Hay algo que te gustaría decirme sobre Jonah?"

Casi salté por la pregunta, mi corazón repentinamente latió ante el potencial de que mi secreto había sido descubierto. "No", respondí. "¿Por qué lo preguntas?"

"Parecía tener algún interés en ti. ¿lo conoces?"

Gracias a Dios ya tenía preparada al menos parte de una respuesta. "Hemos hablado fuera del Temple Bar, la noche del ataque." La verdad absoluta.

"¿Algo más?" Su mirada era sospechosa, sus ojos rastrearon a través de mi cara como si tratara de medir mi sinceridad.

"No."

"No me mientas, Merit".

"¿Estás pidiendo que no te mienta porque somos amigos, porque fuimos amantes, o porque soy un vampiro de tu casa?"

Sus ojos se ensancharon. "Espero tu honestidad por esas tres razones".

"Esperas–exiges–mi lealtad. Esa no es absolutamente la misma cosa."

Esta vez, entrecerró sus ojos. "¿Qué está pasando? ¿Que no me estas diciendo?"

"Nada que pueda compartir ahora." Y así era. Podría no haberle dicho acerca de la Guardia Roja, la invitación hacia mi, y el papel de Jonah en la organización, pero ahora había confesado que no había sido honesta con él, lo que dificultaría las cosas de nuevo.

Él parpadeó en shock. "¿Tienes información que no compartirás conmigo?"

"Tengo información que no es mía para compartir", aclaré. "La información pertenece a otros; lo sé sólo por casualidad, y no los perjudicaré tomando la decisión de compartirlo. No cuando han escogido no hacerlo."

Su mirada estaba calculando. Evaluando. Después de un momento, asintió. "Que así sea", dijo. Mientras que su derrota fue una victoria para mí como Centinela, todavía sentía como si hubiera perdido algo, como si hubiera roto algún vínculo personal. Me había puesto como Centinela de la Casa a ser su amiga y confidente.

Había hecho lo mismo por lo que lo había reprendido.

Ethan se puso de pie y apretó el celofán en la mano, pasando a mi alrededor y dando un paso atrás en el camino. Se detuvo por un momento, antes de mirar por encima de su hombro. "Es un equilibrio difícil, ¿no es así?, ¿poner a otros antes que tu propia necesidad?"

No me importó que mi propia hipocresía me señalara. Miré hacia otro lado.

Cuando miré de nuevo hacia el camino, se había ido. Mi estado de ánimo no era mucho mejor cuando volví a la segunda planta. Mi cabeza comenzaba a palpitar de nuevo, esta vez por razones diferentes. Puse la caja de Mallocakes de nuevo en la cocina, y luego caminé a mi habitación. Mi mano estaba en la puerta cuando oí una voz detrás de mí.

"No es tan frío como parece, sabes."

Miré hacia atrás. Charlie, el asistente de Darius, de pie en el pasillo, con los brazos cruzados sobre el pecho.

"¿Perdón?" pregunté.

Hizo un gesto hacia la puerta. "¿Podemos entrar?"

"Um, sí," dije, y abrí la puerta. Charlie entró. Lo seguí, luego cerré la puerta detrás de nosotros.

Se sentó en el borde de mi cama y enlazó las manos en su regazo. "Darius está dedicado a las Casas, y no tiene mayor interés en el drama de aquí de los Estados que no son del Reino Unido. El problema es," dijo Charlie, mirando hacia al piso, "es un firme creyente de la jerarquía. Los Maestros deben controlar a las Casas. Los problemas más allá de las Casas son preocupaciones para el GP, y sólo para el GP".

Me gustó la honestidad de Charlie, pero no tenía dudas sobre dónde estaba su lealtad. "Sea como sea, el GP en realidad no ha tomado ninguna medida para controlar a Celina o mantener la paz en Chicago. Estamos haciendo todo lo posible para mantener a la ciudad unida a pesar de lo que ella está haciendo."

Charlie sacudió su cabeza. "¿Se te ha ocurrido que estás jugando en sus manos? ¿Que mediante el reconocimiento de Celina y llevando sus actividades a la luz–en lugar de ignorar sus travesuras–terminaste dándole la única cosa que ella esperaba?"

"¿Cuál es?"

"Atención. De las Casas, el GP, los humanos, la prensa. Celina quiere ser vista, ser escuchada. No estaba recibiendo suficiente atención como un Maestro, por lo que saboteó esa relación para intercambiarlo por diferentes cosas–la atención de los humanos. Y cuando se enteró de que no era la amada de la humanidad, actuó de nuevo. Cada vez que la buscas, cada vez que te defiendes, le das una razón para volver de nuevo."

"¿Estás diciendo que deje a Celina?"

Respondió con nada más que una mirada desafiante. La pregunta en sus ojos era obvia–¿no?

Sacudí mi cabeza, crucé los brazos, me recosté contra la puerta cerrada. "Esta teoría asume que si ignoramos a Celina, ella no actuará. Eso simplemente no es verdad. Cada vez que las cosas se establecen en Chicago–como cuando obtenemos una confesión de ella sobre los asesinatos del parque y la enviamos lejos–aparece de nuevo. Créeme, Charlie, nos obliga a actuar."

Esta vez, él negó con la cabeza. "Lo siento, Merit, pero tenemos un desacuerdo contigo." Fruncí el ceño, y luego me miró. "No me gusta decir esto, haciendo esta acusación. Darius no dirá esto–no esta en su posición hacerlo–pero creo que vale la pena considerarlo."

"¿Qué es eso?"

"Nada de esto comenzó hasta después de que te unieras a la Casa Cadogan".

Mi corazón latía como un tambor en mi pecho. "¿Perdón?"

Levantó una mano. "Escúchame. Para bien o para mal, Celina parecía tener una obsesión contigo. Te mudas a la Casa, obtienes una confesión de ella, y aparentemente como resultado te escoge, y quizás también Ethan, como sus nuevos objetivos."

Me obligué a morderme la lengua. Ethan claramente no le había dicho que había sido víctima de Celina, que me había traído a la Casa porque un Rogue que ella había contratado no había hecho su trabajo por completo. No estaba segura del por que había hecho esa llamada, pero no iba a ser yo quien le diera la noticia al GP. No tenía ninguna objeción de que el GP supiera tan poco de mí como fuera posible.

"Somos conscientes de la situación de Breckenridge," continuó Charlie, "el hecho de que ella te atacó fuera de la Casa. ¿Negarías que pareces ser uno de sus objetivos mas entusiastas?"

"No," dije. Sería imposible negar eso. Por otro lado, "No soy el único objetivo. La Casa Cadogan es un objetivo. Chicago es un objetivo".

Fue salvado por una repentina respuesta, un pitido agudo. Levantó la muñeca, dejando al descubierto un reloj calculadora cuadrado Circa de 1984.

Después de tocar los botones, sonrió con culpabilidad. "Quedé sorprendido por la tecnología cuando fue revelado, y no he encontrado nada comparable desde entonces. Simple y eficiente."

"Genial", dije, tratando de llenar el sarcasmo tan lejos como fuera posible.

Charlie se levantó de nuevo y se dirigió hacia mí, dirigiéndose a la puerta ahora que había concluido su explicación. "Espero que no parezca que estoy tratando de irritarte o culpándote por sus acciones. Evidentemente, es una mujer con libre albedrío y con la capacidad de tomar decisiones por sí misma. Pero considera la posibilidad de que las acciones que te comprometen–como Centinela de tu Casa, con todas sus responsabilidades anexas–soporta sus acciones, también."

Me hice a un lado, dándole acceso a la puerta.

"Realmente deseamos lo mejor para tu Casa. Queremos que todas las Casas de América triunfen, y prosperen."

"Transmitiré ese sentimiento a Ethan", dije cortésmente. A pesar de que mis pensamientos silenciosos eran mucho menos educados, como también supuse que sería el caso de Ethan.

"Excelente. Buenas noches, Merit".

"Buenas noches, Charlie."

Salió otra vez, con una sonrisa eficiente en la cara y un salto en su paso. Y a su paso... inseguridad.

¿Era verdad? ¿Había estimulado las fechorías de Celina por responder a ellas? ¿Estaban los vampiros drogados y los humanos muertos porque la habíamos animado a actuar, a rebelarse contra la Casa Cadogan como un adolescente angustiado? No era justo atribuir la responsabilidad de las acciones de Celina a nuestra puerta. Habíamos tratado de hacer lo correcto por Cadogan y Chicago, últimamente ella era la única que había solicitado el asesinato de humanos, quien nos había chantajeado, y quien estaba ahora probablemente detrás de la venta de drogas. Estas decisiones eran suyas.

Todavía. La acusación de Charlie me carcomía. Incluso si ella hubiera cometido los actos, no era incomprensible pensar que lo había hecho, al menos en parte, porque estaba reaccionando por mí y Ethan, tratando de sacarnos de quicio, tratando de anotar en el juego de ajedrez vampírico que ella había creado.

Odiaba la idea de eso, odiaba la idea de que las batallas que luchabamos día a día eran de alguna manera nuestra culpa, no importaban lo bueno de nuestras intenciones.

Por otro lado, ¿qué otra cosa podíamos haber hecho? No podíamos dejarla exactamente con sus artimañas, creando caos en Chicago solo por cumplir su deseo infantil de atención. No podíamos haber ignorado el intento de chantaje o las amenazas de Tate contra nosotros, incluso si quisiéramos. No era como si Ethan y yo estuviéramos fuera buscando algo para reclamar en contra.

Por supuesto que quería paz y tranquilidad. Por supuesto que quería despertar en la noche y pasar nuestro tiempo de formación, investigación, trabajando para asegurar el éxito de la Casa–en vez de jugar a la defensa contra los merodeadores en la entrada. Cualquier drama, cualquiera que fuera su motivación, sólo había una cosa que iba a resolver el problema de Celina. Sacarla de Chicago, de una vez por todas.

TRADUCIDO POR CHELO

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