Drink Deep - Capítulo Seis

CAPÍTULO SEIS
NINGÚN HOMBRE (O MUJER) ES UNA ISLA


El mensaje de mi abuelo llegó en algún momento durante el día mientras yo estaba profundamente dormida y, afortunadamente, libre de pesadillas. Abrí el teléfono tan pronto como el sol se puso y leí el mensaje:

HELIPUERTO DE STREETERVILLE, 21:00 CST.

Como era de esperar, mi abuelo había conseguido un helicóptero, y también había desarrollado un gusto por el uso del horario militar.

Siendo finales de otoño, el sol se ponía más temprano y se mantenía así más tiempo. Eso nos daba un poco más de tiempo para estar despiertos y dispuestos, y eso significaba que tenía tiempo para vestirme y ocuparme de los negocios secundarios antes de mi viaje a la isla. Primer ítem de la lista—hablar con las personas que podrían hacer posible mi idea.

Marqué la oficina del Ombud, Jeff contestó el teléfono en el primer tono.

“Merit!”

“Ey, Jeff. El lago no se arregló por arte de magia, no es cierto?”

“En verdad, no, ya que luce exactamente igual y todavía absorbe magia como una aspiradora Hoover.”

“Increíble.” Si no éramos cuidadosos, y rápidos, no quedaría magia en Chicago.

“Cómo lo están llevando las ninfas?”

“No muy bien, pero podría ser peor. Las movimos hasta que encontramos un lugar relativamente equilibrado—no las podíamos llevar muy lejos de lago o se debilitarían debido a la distancia. Si las llevábamos demasiado cerca al lago, se debilitarían debido a la aspiradora. Eventualmente las movimos a unos apartamentos que tu padre está manejando; tu abuelo hizo los arreglos.”

Eso era horriblemente agradable de mi padre, pero indudablemente un truco de algún tipo—ya sea para ganar el favor de un grupo supernatural que era nuevo para él… o para ganar un favor de mi parte. Todavía no lo perdonaba por sobornar a Ethan para que me convirtiera en vampiro; Ethan no había aceptado el soborno, pero eso no aliviaba el escozor de la traición.

“Encontraron algo en su investigación?”

Jeff bostezó. “No lo hicimos. Nos quedamos despiertos gran parte del día investigando, también. Nuestra mejor teoría es que éste es un nuevo tipo de hechizo.”

“Sabemos que Catcher no está involucrado, y Mallory está enloqueciendo con sus exámenes. Simon es el único otro hechicero en la ciudad. Crees que pueda tener algo que ver con esto?”

“Simon? No lo sé. No parece ser el tipo. Catcher investigó sus antecedentes cuando comenzó la tutoría de Mal. Por lo que oí, tuvo un duro comienzo como niño, pero se encaminó cuando se hizo aprendiz de la Orden. No creo que haya encontrado nada sospechoso, pero eso realmente no ayudó. A Catcher no le gusta Simon.”

“Lo noté,” dije.

“Así que, de todos modos, en resumidas cuentas, estamos en un callejón sin salida. Tal vez tu charla con Lorelei aclaré las cosas. Estás mentalizada para el viaje?”

“Estaría más mentalizada si fuera una visita casual, y no un viaje a una sila desierta para solucionar un problema mágico que ella puede haber causado.”

“Eh, pan comido,” Jeff dijo.

“Ya lo veremos. Pero esa no es la razón por la que estoy llamando. Necesito un favor.”

“Además del viaje en helicóptero?”

“Además de eso. Necesito hablar con Tate.”

Silencio.

“Estás segura de que eso es una buena idea?”

Podía oír la pregunta que no estaba haciendo—estás segura que es una buena idea visitar al hombre responsable de la muerte de tu amante?

Pero yo ya había pensado en eso.

“Por supuesto que no es una buena idea,” dije. “Pero él ha hablado con el PG, y está esparciendo rumores sobre lo que sucedió esa noche. No es del tipo que gasta energías a menos que gane algo haciéndolo, y quiero saber lo que es.”

“Probablemente sólo te está provocando para que lo visites.”

“Probablemente sea cierto. Pero eso no hace que mi visita sea menos necesaria.”

“Bien. Hablaré con Catcher y Chuck. Hay protocolos, imagino.”

“Entiendo. Pero está causándole problemas a la Casa, así que no lo puedo dejar pasar. Haz todo lo que puedas.”

Nos despedimos y colgué, pero la llamada me dejó una preocupación persistente. No me enloquecía la idea de visitar a Tate. Estaba muy segura de que no era humano, y ya me estaba enfrentando a una desconocida criatura mágica esta noche. Dos era realmente demasiado.

“Eres una chica grande,” me recordé en voz baja. “Una chica grande.”

Y ya que estaba jugando a ser adulta, marqué el número de Mallory.

Ella había sido un poco gruñona cuando hablamos antes, pero como una BFF (mejor amiga por siempre) era mi trabajo ver como estaba. Como no había reclamado mi propio dinero familiar (dejando de lado el hecho de que tomé prestado el apellido, el cual realmente me gustaba), Mallory había sido mi familia primaria. Demonios, nosotras éramos la familia de la otra. Y haber perdido a Ethan me recordaba cuánto la necesitaba.

Por supuesto no estaba particularmente sorprendida cuando el teléfono me envió directamente al correo de voz.

"Ey, soy yo," le dije. "Simplemente quería llamarte y desearte suerte en tus exámenes. Patea traseros, e impresiona a Simon, y conviértete en una verdadera bruja y toda esa mierda inspiracional. Tú puedes Mallory! Y con eso soné igual que una alegre adolescente, lo que definitivamente no soy. Voy a colgar ahora. Llámame cuando puedas."

Cerré el teléfono y silenciosamente le deseé suerte.

Había visto a Mallory estresada hasta las entrañas unas semanas atrás, llorando del estrés por el trabajo que estaba haciendo—y por el dolor físico.

Aparentemente, conducir el poder del universo a través de tu cuerpo era un trabajo duro. Sin duda no era algo de lo que quisiera formar parte.

Lidiar con vampiros era más que suficiente para mí.

Tareas completadas, me bañé y vestí. No estaba completamente segura sobre que vestir para acusar a una sirena de arruinar el agua de Chicago, pero decidí que el conjunto completo de cuero era demasiado agresivo. Me puse la chaqueta de cuero, pero la combiné con jeans y una fina remera de manga larga. La medalla Cadogan y las botas eran mis accesorios, al igual que mi daga. Pensé que descender de un helicóptero con una espada de treinta y dos pulgadas no sería la entrada más diplomática.

Cuando estuve vestida, me dirigí a la Sala de Operaciones para poner al día a Kelley. Ella estaba sentada en la mesa de conferencias, revisando información en una computadora tablet. Lindsey estaba sentada en una de las estaciones de computadoras contra la pared; Juliet no estaba a la vista.

"Qué hay de nuevo, señoritas?"

Kelley levantó la vista de su juguete. "Buenas noches, Merit. Frank te encontró?"

"Desafortunadamente, sí," dije, comprobando mi archivo de información en la pared.

Usualmente recibíamos "Diarios," actualizaciones de los visitantes de la Casa, noticias y sucesos. Ya que estábamos cortos de personal, se asemejaban más a "Semanarios," y Kelley nos informaba si algo necesitaba ser transmitido inmediatamente.

"Él cuestionó mi habilidad para servir, la decisión de Ethan de nombrarme Centinela, y todas las decisiones que tomó mientras estuvo a cargo de la Casa."

"Oh," dijo con una sonrisa falsa. "Así que lo de siempre."

"Más o menos," Tomé asiento en la mesa. "También me preguntó sobre la noche en que Ethan fue asesinado."

Vi, desde la esquina de mi ojo, los hombros rígidos de Lindsey.

Ella me miró, preocupación en su expresión, y asentí dándole las gracias.

"Pues resulta," dije, "que Tate le dio al PG una versión diferente de los acontecimientos."

"Por qué, en nombre de Dios, el PG hablaría con Tate sobre esa noche? Quiero decir, había grabaciones de la participación de Tate con las drogas. Por qué tomarían su palabra sobre la tuya?"

"Porque él no es yo. Y por la razón que sea, ellos no confían en mí."

"Apesta," Lindsey murmuró.

"Estoy de acuerdo. Pero hemos escuchado de Darius, Charlie y ahora de Frank que el PG realmente cree que estamos creando problemas. Ellos tienen esta idea de que nosotros somos vaqueros en la América virgen, provocando aleatoriamente problemas con los humanos."

"En lugar de dejarle la culpa por eso en la puerta de Celina?" preguntó Kelley.

"Eso es exactamente lo que pienso. La asimilación silenciosa sólo es una estrategia viable cuando no has sido arrastrado fuera del closet pateando y gritando."

Kelley suspiró y golpeó sus uñas rojas contra la mesa.

"Y aún, que podemos hacer sobre ello? Cada vez que el PG tiene información bajo sus narices, la ignoran."

"Desertamos," Lindsey dijo.

La mirada de Kelley saltó a Lindsey. "No digas eso en voz alta," advirtió. "Sólo Dios sabe cuán segura es la Casa con él aquí."

"Es esa siquiera una opción?" Pregunté en voz baja. Tengo la versión corta del Canon —las leyes que unen a los vampiros norteamericanos—pero no recuerdo haber visto nada sobre deserción. No es que el PG publicitaría ese tipo de cosas.

"Solamente sucedió dos veces en la historia del PG," Kelley dijo, "y nunca por parte de una Casa Americana."

"Nunca digas nunca," Lindsey murmuró.

"Lindsey," Kelley advirtió nuevamente, esta vez con un tono de autoridad en su voz.

Lindsey miró hacia atrás desde su computadora con las cejas elevadas. "Qué? No tengo miedo de decirlo en voz alta. Esta Casa es gobernada por el PG. El PG se supone debería mantener las cosas estables y proteger la Casa. Está eso sucediendo ahora? Infiernos que no. En cambio, están criticando e investigando a nuestros vampiros cuando deberían estar trabajando para mantener a estos locos humanos lejos nuestro."

Señaló a uno de los monitores frente a ella, y ambas, Kelley y yo nos acercamos para obtener una mejor vista. La pantalla mostraba la acera fuera de la Casa, donde el número de manifestantes parecía haberse triplicado desde el amanecer. Marchaban de un lado a otro con carteles que culpaban a la Casa Cadogan de la todavía quieta y oscura agua del lago. Como si nosotros hubiéramos creado el problema, en vez de tratar de detenerlo.

"Ellos nos culpan," concluí. "No tienen ninguna prueba de que tengamos algo que ver con el lago; simplemente no tienen a nadie más para culpar. Esa es la única razón de que estén aquí."

"Oh, no," Kelley dijo. "Esa no es la única razón." Ella caminó de regreso a la mesa, tipeo en la tablet, y me la entregó.

La pantalla mostraba un video de la Alcaldesa Kowalczyk, usando un traje rojo poderoso y abultado cabello marrón, de pie frente a un podio.

"Conferencia de prensa?" Pregunté.

"Oh, sí," Kelley dijo, luego tocó la pantalla para comenzar el video.

"Saben qué?" La alcaldesa preguntó, inclinándose sobre el podio. "No me importa. Ustedes no me eligieron para que pudiera pasar mi tiempo en una oficina doblegándome ante los grupos de intereses especiales. Y estén seguros, mis compatriotas de Chicago, que éstos vampiros son grupos de intereses especiales. Ellos quieren ser tratados diferente. Quieren que las reglas que se aplican a nosotros no se apliquen a ellos."

"Fue eso siquiera Inglés?" Pregunté en voz baja. A pesar de sus habilidades lingüísticas, continuó.

“Hay más en esta ciudad que un puñado de canallas colmilludos—gente buena, anticuada y trabajadora que sabe que no todo es sobre vampiros. Esta es una de esas cosas. El lago es nuestro. El río es nuestro. Tienen que ver con el turismo, con la pesca. No permitiré que esta ciudad sea cooptada. Y les diré una cosa—la ley de registro es la mejor cosa que le ocurrirá a esta ciudad.”

“Bla, bla, bla,” Lindsey murmuró. “Culpa a los vampiros en vez de realmente trabajar para resolver el problema.”

Kelley detuvo el video. “La alcaldesa tiene una circunscripción diferente,” ella dijo. “Y una visión de las cosas muy distinta.”

Lindsey hizo un sonido de acuerdo. “Una visión muy ingenua.”

“Como sea,” dije, “es la visión que le está dando a la ciudad. Y ellos le creen, ese es el por qué necesitamos encargarnos de esto.” Pero mientras miraba fijamente la imagen de nuestra nueva enemiga política ví algo incluso más perturbador. “Kelley agranda la imagen.”

Su expresión era de confusión, pero lo hizo. Y allí, detrás de Diane Kowalczyk, en toda su negra y fatigada gloria, estaba McKetrick.

“Ese es McKetrick,” dije señalándolo.

“Estás segura?” Kelley preguntó, inclinando su cabeza.

“Muy segura. Es difícil olvidar al hombre que te apuntó con un arma en la cara. Bueno, al hombre que lo ordenó a su matón que te apuntara en la cara, de todos modos.”

“Mierda,” dijo Kelley extrañamente. “Así que nuestro enemigo paramilitar se hizo amigo de un político.”

“Eso debería explicar de dónde salieron algunas de sus peores ideas,” Sugerí, mi estómago se congeló ante la idea, McKetrick y su odio tendrían legitimidad política en Chicago.

“Agrega eso a su hoja de información,” Kelley le dijo a Lindsey. “Kowalczyk tiene un aliado político, y él tiene suficiente poder para estar de pie en un podio a su lado.”

“Esta noche se pone aún mejor,” dije, luego miré a Kelley. “Y hablando de ideas horribles, veré a Tate, y tendremos una pequeña charla sobre el PG y lo que sucedió en Creeley Creek.”

“Está la posibilidad de que eso sea parte de su plan—que le haya mentido al PG para llevarte hasta allí.”

Eso reflejaba la preocupación de Jeff, y decidí que ambos tenían razón. “Estoy contando con eso,” dije. “Pero supongo que cuanto antes vaya, más rápido sabremos que se trae entre manos.”

“No creo que vaya a contarte su plan por las buenas,” dijo Lindsey.

“Lo sé,” estuve de acuerdo. “Después de eso, asumiendo que no use su poder para convertirme en una zombie descerebrada, iré a ver a la sirena.”

Kelley asintió. “Ve con Dios, Centinela.”

No estaba segura si Dios, en caso de que Él o Ella existiera, estaba enterado del drama en Chicago. Pero sólo por si acaso, recé. Eso no le haría daño a nadie.

Encontré un correo de voz esperándome cuando me dirigí arriba y en dirección a mi auto.

Era Jeff, con instrucciones. Debía encontrarme con Catcher y mi abuelo en el centro de policía cerca del lago, en una parte industrial de la ciudad llena de torres oxidadas y fábricas de ladrillo desmoronándose. No era exactamente un lugar acogedor para charlar con Tate, pero planteaba sin duda una amenaza menor que si hubiera sido encarcelado en el centro de la ciudad. Yo les había advertido a los oficiales de la policía que lo habían arrestado, que debían ser cuidadosos cuando lo llevaran a interrogar. No había oído ninguna historia sobre policías o guardias siendo engañados para cumplir su voluntad; tal vez ése era el por qué.

Tate definitivamente no era humano; él prácticamente lo había confesado. Aunque había drogado parcialmente a Celina Desaulniers para someterla, también había usado algún tipo de poder propio para logar su objetivo. Pero qué poderes? Y qué cantidad de ellos manejaba? Francamente, no teníamos idea. Eso no era exactamente reconfortante, pero qué podíamos hacer?

Cuando salí a la fría noche de otoño, fui asaltada por el sonido de los manifestantes. Había un montón de ellos afuera, llevando carteles prometiendo mi condenación eterna y gritando epítetos. Qué hacía que tales conductas humanas fueran aceptables?

Pero yo ya no era humana, así que la etiqueta vampira ganó. Incluso cuando me gritaban, conseguí no ofrecerles ningún gesto obsceno de camino al auto. La auto-satisfacción no disminuía el dolor.

Conduje en dirección al sureste, la dirección que Jeff me había dado me llevó a una camino de grava que terminaba en un portón de diez pies de altura y unido por cadenas.

Una ráfaga de aviso llenó repentinamente el aire, y una parte del portón comenzó a abrirse.

Dejando de lado el miedo y deseando que Ethan hubiera estado a mi lado, caminé dentro.

El portón rodeaba una serie de edificios de ladrillo—seis, de tamaños variados, establecidos sin patrón aparente. Supuse que comprendían una vieja planta de producción. Cualquiera que fuese su propósito, llevaban evidentemente vacíos por un tiempo.

Yo había visitado anteriormente a la oficina del Departamento de Policía de Chicago en el Loop. Los perpetradores que estaban allí no podrían tener mucha suerte, pero el lugar estaba bastante bien. Era nuevo, limpio y eficiente en la manera que un departamento de policía debía ser. Este lugar por otra parte, tenía un aire de desesperanza. Me recordaba a una foto que había visto de un edificio abandonado en Rusia, una estructura diseñada y construida para un tipo de régimen diferente, dejado sólo para pudrirse cuando la filosofía fue abandonada.

No podía imaginarme a Tate—acostumbrado a cosas lujosas y a comida de gourmet—entusiasmado por estar aquí.

Me volví con el crujido de las rocas a mi izquierda. Catcher y mi abuelo aparecieron en un carrito de golf. Catcher, de acuerdo con su personalidad agresiva, estaba conduciendo, aunque lucía como si no hubiera dormido desde la noche anterior. Mi abuelo se sostenía a la barra sobre su cabeza, con los nudillos blancos de la fuerza. Suponía que no estaba impresionado por la manera de conducir de Catcher.

“Aquí es dónde tienen a Tate?” Pregunté, saltando al asiento trasero del carrito. Catcher arrancó casi inmediatamente, girando en un círculo lo suficientemente cerrado que casi me caigo.

Lección aprendida, también agarré la barra.

“Hasta que sepamos más sobre qué o quién es,” mi abuelo dijo sobre el sonido chirriante del motor del auto de juguete y la grava, “tomaremos todas las precauciones.”

Estudié el paisaje a medida que avanzábamos, había desde basura y escombros hasta pilas de ladrillos caídos y carcasas de metal oxidadas que alguna vez debieron haber sido maquinaria de fábrica. “No pudieron encontrar un lugar más apartado del camino que éste?”

“Es la tercera ciudad más grande del país,” Catcher dijo. “Tomamos lo que podemos conseguir.”

“Lo cual es?”

“Un pedazo de tierra que la ciudad asumió cuando los antiguos dueños la abandonaron. Es una vieja fábrica de cerámicas,” mi abuelo dijo. “Solían formar y cocer los ladrillos y tejas aquí fuera.”

“Lo cual involucra un montó de edificios gruesos, aislados y a prueba de fuego,” Supuse.

“Precisamente,” mi abuelo dijo.

Condujimos (dos veces más rápido de lo que debe estar recomendado) alrededor del compuesto, dando vueltas hasta que hicimos una rápida y muy bacheada parada en un edificio con una larga fila de puertas amarillas que llevaban grandes números negros.

“Éstos eran los hornos a leña,” mi abuelo explicó mientras salíamos del carro.

“Interesante,” dije. Aunque ‘espeluznante’ fue lo que pensé.

Silenciosamente, los seguí por un estrecho camino al lado del edificio del horno, deteniéndome frente a un pequeño pero lindo edificio de ladrillo que estaba solo en el centro de un círculo hecho por el resto de los edificios.

El más pequeño no podía tener más de cuarenta metros cuadrados.

Guardias hadas estaban de pie en la puerta y en cada esquina, dejando pocas dudas sobre sus propósitos.

Mi estómago comenzó a revolverse a medida que la anticipación crecía. Miré a mi abuelo. “Él está allí?”

“Lo está. Ésta solía ser la oficina principal de la fábrica. Está dividida en dos habitaciones. Él está en una.”

El teléfono de Catcher sonó, lo sacó, lo miró y sonrió.

“No es momento para mensajes sexys, no es cierto?”

Puso sus ojos en blanco y me mostró la pantalla de su teléfono. Mostraba la foto de una habitación de ladrillos, vacía a no ser por una cama en el suelo y un pequeño fregadero a un lado.

“Es la celda de Tate,” explicó. “Ya que está fuera de su habitación, hice que la registraran.”

“Inteligente,” mi abuelo dijo.

“Lo hubiera sido si hubiera habido algo en ella,” Catcher dijo, guardando su teléfono de nuevo. “La habitación está vacía. Puede que no tenga una navaja, pero eso no significa que no tenga poder. Querrás entregar tus armas. No queremos que caigan en las manos equivocadas,” explicó. “Y si necesitas ayuda, estaremos justo afuera.”

Dudé, pero levanté la pernera de mi pantalón y saqué la daga de mi bota. La idea de jugar al gato y al ratón con Tate sin mis armas no me entusiasmaba, pero entendía el punto de Catcher. Si Tate conseguía desarmarme y tomaba mi daga, sería una amenaza más grande para mí, para las hadas o cualquier otro que intentara doblegar.

Catcher tomó la daga asintiendo, su mirada deslizándose sobre el grabado en el extremo.

“Vas a estar bien allí dentro, bebé? Estás segura de que necesitas hacer esto?” Mi abuelo preguntó. Había inquietud en su voz, pero no creía que estuviera preocupado por mí, más bien por Tate. Después de todo, si no hubiera sido por las maquinaciones de Tate, Ethan todavía estaría vivo.

Me llevó un momento considerar su pregunta. Honestamente, no sabía si él iba a estar bien. Sabía que necesitaba que habláramos. También sabía que él era peligroso. Aunque se había hecho pasar por un político preocupado por los intereses de Chicago, él había sido un capo de la droga y un manipulador. Había prácticamente guionado el drama que ocurrió en su oficina dos meses atrás.

El miedo y la ira se enfrentaban. Yo era lo suficientemente inteligente para tener miedo de quien Tate era y lo que era capaz de hacer. Sus motivaciones eran opacas pero sin duda egoístas, y no tenía duda de que me dejaría fuera de combate por diversión si le apetecía. Ese pensamiento provocaba un nudo de tensión en mi estómago.

Pero debajo del miedo había un centro de furia.

Furia provocada por el hecho de que Ethan había sido alejado de mí debido a la necedad de Tate de jugar a algún juego infantil. Furia debido a que Ethan se había ido y Tate todavía estaba vivo, a pesar de estar metido en esta prisión anacrónica. Furia debido a que no fui capaz de detener el juego de Tate antes de que hiciera su jugada final, y que incluso ahora estuviera tratando de socavar mi posición en la Casa.

Pero yo no era una niña, y no era Celina. No lo asesinaría por venganza, o para vengar la muerte de Ethan, o porque estaba enojada debido a que me lo había quitado. De qué serviría la violencia más que para ponerme a mí y a los míos bajo agua caliente?

No. Tate había causado drama suficiente, y no le daría la satisfacción de llevarme a la violencia. Esta noche, hablaríamos sobre el PG, y la tramoya que estaba haciendo. Si Dios quiere, cuando atravesara la puerta y mirara sus ojos de nuevo—era la primera vez que lo veía desde la noche de la muerte de Ethan—me mantendría amable, correcta y con ese lógico pensamiento en mente.

“Sí, necesito hacer esto,” Le dije a mi abuelo. “Tate no le mentiría al PG sin un plan, y quiero saber cuál es. La última vez fue demasiado tarde. No seré engañada por él de nuevo. Estaré bien,” agregué, cruzando mis dedos mostrándole que no le estaba mintiendo a él—o a mi misma.

Con una sonrisa de disculpa, sacó un paquete de seda color añil del bolsillo de su chaleco. “Esto podría ayudar un poco,” él dijo, sosteniéndolo en la palma de su mano y desenvolviendo la seda con la otra. Con tanto preludio—cuidadosa envoltura, forro de seda—me imaginé una chuchería más elegante que la que me mostró. Sobre el montón de seda había un rectángulo de tres pulgadas de largo de pesada madera granulada, el acabado tan pulido que brillaba. La mitad de la madera era de un tono más oscuro que la otra, como si las dos piezas hubieran sido fundidas y los bordes redondeados con cuidado en una forma fluida y orgánica.

“Qué es?”

“La llamamos ‘madera de prevención’” mi abuelo dijo. “Es una especie de bloqueador mágico. No estamos totalmente seguros de qué tipo de magia maneja Tate. Pero sumado a tu inmunidad al glamour, debería mantenerte a salvo de cualquier truco que trate de hacer.”

“Las hadas también lo llevan,” Catcher dijo.

Mi abuelo extendió su mano y sacó la madera de la seda. Era más cálida de lo que esperaba que fuera, y más suave al tacto. La madera había sido lijada cuidadosamente, dejándola lo suficientemente áspera para que todavía se sintiera como madera y no plástico. Cabía perfectamente en la palma de mi mano, las curvas situadas de tal modo que dejaban una suave depresión para mi pulgar.

En un extraño modo, era tranquilizadora, tangiblemente reconfortante del mismo modo que los rezos antes de dormir debían ser. Deslicé la madera en mi bolsillo, pensando que era mi deber mantener a Tate inadvertido de ella el mayor tiempo posible.

Mi abuelo asintió ante el gesto, luego volvió a doblar y guardar el rectángulo de seda. Con una mano en mi espalda, me acompañó hasta la puerta, desde donde las hadas me miraban.

“Estaremos justo afuera si nos necesitas,” mi abuelo me recordó.

“Bien,” dije, dejando salir un suspiro. “Estoy lista.”

Solamente el primer paso apestará, me recordé y me dirigí dentro.

Había un montón de personas hermosas que habían sido exitosas—actores, estrellas de rock, modelos. Pero había probablemente otro tanto que había derrochado sus dotes genéticos en drogas, crimen, lujuria, avaricia y otros pecados capitales.

Tate, desafortunadamente, correspondía a la última categoría.

Él había estado ascendiendo rápidamente la escala política, su inquietante buen aspecto ayudándolo a atraer a los votantes de Chicago. Pero no estuvo satisfecho con una carrera política meteórica. Cambió todo por la posibilidad de controlar a los vampiros de la ciudad, terminó en un traje naranja que no era ni cerca tan favorecedor como lo había sido su traje Armani.

Pero a pesar de todo, Seth Tate todavía lucía bien.

Estaba sentado en una mesa de aluminio, con una pierna cruzada sobre la otra, un codo apoyado en la silla, sus ojos alertas y examinando la habitación…y a mí cuando entré.

Parecía un poco más delgado desde la última vez que lo vi, sus pómulos eran un poco más prominentes. Pero su cabello era todavía oscuro y estaba perfectamente arreglado, sus ojos eran de un azul penetrante, su cuerpo delgado y malvado. Tate tenía la hermosura que venía acompañada e un golpe, y era una lástima que toda esa hermosa fuera a ser desperdiciada en esta solitaria parte de la ciudad.

Excepto por la parte de él siendo un bastardo asesino.

Había también un ligero aroma a limón y azúcar en el aire, el cual parecía estar siempre alrededor de Tate. No era desagradable—todo lo contrario. Simplemente no era el tipo de aroma que esperabas que un hombre de sangre fría como Tate.

El cosquilleo de magia en el aire, sin embargo, parecía ser muy apropiado. Ésta era solamente la segunda vez que era capaz de detectar la magia de Tate: él había hecho un gran trabajo escondiéndolo anteriormente. Odiaba su sensación: aceitoso, pesado, y antiguo, como el incienso que encontrarías en el santuario de una iglesia Gótica.

“Bailarina,” Tate dijo.

Yo había bailado cuando era más joven, y Tate me había visto en zapatos de punta y tutús. Tomó como sobrenombre, “Bailarina.” Por supuesto, ya que él era el hombre responsable de la muerte de mi amante y Maestro, no me entusiasmaba su uso de lo familiar.

“Prefiero Merit,” dije, tomando asiento frente a él. La silla de aluminio era fría y crucé los brazos sobre mi pecho, como forma de protegerme del frío pero también para protegerme de la magia en el aire.

Mientras tomaba asiento, la puerta de acero de la habitación se cerró con un retumbante thunk que sacudió un poco el lugar. Mi estómago se revolvió debido a los nervios.

Nos quedamos en silencio por un momento, Tate mirándome con concentración.

La presión en la habitación creció repentinamente, y el aroma se hizo más fuerte, suficientemente empalagoso y amargo como para hacer agua mi boca. La habitación parecía balancearse de un lado a otro. No era como cualquier otra magia que haya sentido. Ésta era una magia de otro calibre. De diferente época, tal vez. Como magia nacida en otro tiempo. En una antigua era.

Puse una mano en la silla debajo de mí para evitar caer y otra en el pedazo de madera en mi bolsillo. Mantuve la mirada fija en Tate, como una bailarina que lo hace durante una pirueta, para evitar marearse, y apreté la madera tan fuerte que temí que se convirtiera en astillas bajo mis dedos.

Después de unos cuantos segundos, el balanceo se detuvo y la habitación se quedó quieta otra vez.

Tate se dejó caer en la silla de nuevo y me frunció el ceño.

Ahí fue cuando me di cuenta de lo que estaba intentando hacer. “Acabas de intentar usar el glamour en mi?”

“Ineficazmente, por lo visto. Madera de prevención?”

Sonreí recatadamente y me concentré en mantenerme tranquila. No estaba segura si se debía a la madera o a mi resistencia natural al glamour, pero eso no se lo iba a decir. Deslicé la mano fuera de mi bolsillo nuevamente. “Una señorita nunca revela sus secretos.”

“Mmm,” dijo, removiéndose en su asiento. Cruzó sus brazos sobre su pecho y volvió a mirarme, con la cabeza inclinada a un lado, estudiándome. Cada vez que se movía, un poco de magia se cernía en el aire. A pesar de haberla ocultado en el paso, no parecía molestarse ahora. No estaba segura de si eso me hacía sentir mejor o peor.

“Me preguntaba cuándo me harías una visita.”

“Ya lo creo. Pero para ser honesta, he tenido un tiempo difícil decidiendo que hacer contigo.” Me incliné hacia delante y crucé mis manos sobre la mesa. “Debería comenzar culpándote por la muerte de Ethan? O por vos culpándome a mí por la muerte de Ethan y decirle al PG que mi intención era convertirme en la cabeza de la Casa Cadogan? O quizás debería empezar con tu mentira sobre mi padre? Tu me dijiste que él le pagó a Ethan para que me convirtiera en vampiro.”

“Obtuve eso de una muy buena fuente.”

Levanté mis cejas en forma de pregunta.

“Por supuesto,” contestó, “ella estaba bajo la influencia en ese momento…”

“Celina era difícilmente una fuente confiable de información. Especialmente cuando tú la estabas manipulando con magia.”

Tate puso sus ojos en blanco. “Tenemos que hablar de esto? Qué te parece preguntarme cómo he estado? O cómo es la vida aquí dentro? Somos tan frecuentes que no nos molestamos con las formalidades?”

“Tú fabricaste drogas, volviste a vampiros adictos a ellas, y provocaste las muertes de dos vampiros. Sin mencionar que me culpaste a mí por todo lo anterior. Por qué debería ser educada contigo?”

“Esa fue una muy mala semana,” fue todo lo que dijo.

El comentario era cruel, pero su tono era sincero. Tenía la sensación de que no estaba bromeando. Quizás él también tenía su propio drama mágico.

“Le dijiste al PG que yo orquesté la muerte de Celina y de Ethan así podría apoderarme de la Casa,” dije. “Ellos están buscando una excusa para echarme, y tú les estás dando las municiones.”

“No te has preguntado nunca cómo sería la Casa Cadogan si estuvieras a cargo? Y yo no dije que orquestaste sus muertes,” Tate dijo con gran naturalidad. “Dije que fuiste responsable de sus muertes. Y lo eres. Si Celina no te hubiera odiado, no habría lanzado la estaca. Si Ethan no hubiera tratado de salvarte, todavía estaría vivo. Y si tú no hubieras lanzado la estaca, Celina todavía estaría viva. Por lo tanto, eres responsable de sus muertes.”

Su voz sonaba tan natural, que era difícil saber si él creía lo que estaba diciendo o estaba tratando de provocar mi rabia. Pero me obligué a mantener la calma.

“Ese análisis omite tu papel, por supuesto. Si no hubiera sido por tus maquinaciones, nada de eso hubiera sucedido.”

Él levantó u hombro. “Tú tienes tu verdad; yo tengo la mía.”

“Sólo hay una verdad.”

“Eso es ingenuo, no es así? Merit, no pierdo nada insinuando que estuviste involucrada en sus muertes. Y si eso crea una duda razonable que apoya mi liberación, entonces que así sea.” Tate se inclinó hacia delante. “La pregunta real es, por supuesto, por qué estás aquí. Ya que no puedo imaginar que hayas viajado a esta parte de la ciudad en el medio de la noche para expresar tu desacuerdo con mi visión de los hechos.”
Él tenía razón. No era como si pudiera convencerlo de llamar al PG y se retractara de su historia; no lo haría, y ellos no le creerían de todos modos. Así que por qué estaba aquí? Qué esperaba lograr? Quería enfrentarlo sobre esa noche?

Quizás esto no tenía nada que ver con el PG. Quizás esto era sobre mí. Quizás temía que Tate estuviera en lo cierto, que la culpa de sus muertes no era atribuible por completo sobre él.

“Puedo oírte pensar desde el otro lado de la mesa,” Tate dijo. “Si la silenciosa mea culpa es lo mejor que puedes hacer, entonces no eres ni cerca tan interesante como imaginaba.”

“Dos vampiros están muertos.”

“Sabes cuántos seres han vivido y muerto desde los orígenes del mundo, Merit? Billones. Muchos billones. Y sin embargo, no tienes en cuenta la preciosidad de sus vidas, solamente porque no los conociste. Pero dos vampiros que han vivido más de su parte de años mueren, y los lloras hasta el suelo, por así decirlo?” Chasqueó su lengua. “Quién está siendo ilógico ahora?”

Me puse de pie y empujé hacia atrás mi silla. “Estás en lo cierto,” dije. “Tal vez sea egoísta llorar. Pero no me disculparé por ello.”

“Sabias palabras,” dijo.

Caminé hasta la puerta, luego me volteé y lo miré, el playboy en el naranja de convicto. “Tal vez, muy en el fondo, quería que me admitieras lo que has hecho y que le has mentido al PG. Tal vez quería que tomaras la responsabilidad de sus muertes.”

“No puede obtener la absolución de mí.”

“Lo sé.” Y lo sabía. Sabía que hablar con Tate no cambiaría nada, y no calmaría mi miedo secreto de que yo había sido la causa de la muerte de Ethan. Después de todo, si no hubiera sido por mí…

Había muchas verdades sobre los sucesos de esa noche, y Tate no podía aliviarme de la carga de mi propia culpa. Pero sabía—tan segura como de cualquier otra cosa—que yo había ido a su oficina para detener la propagación de las drogas, para ayudar a las Casas, y para ayudar a los vampiros de la ciudad. Cualquiera que fuera en última instancia la decisión del PG, yo sabía lo que había sucedido en esa habitación, y no sería juzgada por un crimen que no había cometido.

Miré a Tate, y sentí como se aliviaba un poco del peso en mi pecho.

Él sonrió. “Ahí estamos,” dijo, su voz un poco más profunda, sus fríos ojos azules brillando con placer. “Ahora volviste a ser interesante. Viniste porque no tienes miedo. Porque por más que creas que dependías de Sullivan, tú eres tu propia persona. Siempre supe eso de ti. Para mejor o peor, tu padre te convirtió en la mujer que eres hoy. Quizá fue frío. Pero eres independiente gracias a eso.”

Una ola de magia espesó el aire mientras hablaba, sonando como un mentor impartiendo sabiduría a su estudiante. Eso sólo me confundió aún más.

“Qué quieres de mí?”

Sus ojos brillaron. “Nada en lo absoluto, Merit, excepto que seas quien eres.”

“Lo cuál es?”

“Un adversario digno.” Quizás debido a la fría expresión de mi rostro, se recostó en su silla, una expresión de suficiencia en el suyo. “Y creo que disfrutaré de esta ronda en particular.”

Tenía la clara impresión de que yo no lo haría.

“No participaré de tus juegos, Tate.”

Él chasqueó su lengua. “No lo ves Merit? Los juegos ya comenzaron. Y creo que es mi turno de mover.”


Había algo reconfortante en la grava áspera bajo mis pies y el frío aire de otoño. El aire en la habitación había sido pesado, y la magia de Tate desconcertante. Tomé un par de respiraciones profundas y traté de apaciguar mi acelerado corazón.

Catcher y mi abuelo estaban de pie a unos cuantos metros del edificio y caminaron hacia mí.

“Te encuentras bien?” Preguntó mi abuelo.

Nos quedamos a treinta pies del edificio. Miré hacia él. Desde la distancia, lucía completamente inocuo—sólo un simple edificio de ladrillo que tiempo atrás había albergado tarjetas y facturas. Y ahora—contenía a un ser supernatural de origen desconocido.

“Estoy bien,” le dije. “Contenta de estar fuera de nuevo. Había un montón de magia allí.”

“Magia insidiosa,” Catcher explicó. “Rara vez la sientes hasta que es demasiado tarde. Averiguaste algo útil?”

“No. Jugó a ser tímido, aunque parecía creer realmente que yo era responsable por lo sucedido esa noche.”

Eso pareció ser suficiente para satisfacerlos a ambos. Silenciosamente, nos subimos al carro de golf y regresamos al portón. La brisa aumentando. Me acurruqué dentro de mi chaqueta, sin estar segura si se debía al invierno aproximándose o a la experiencia que me había enfriado hasta los huesos.

Como estaba dispuesto, fuimos al helipuerto donde mi abuelo me dirigió hacia el helicóptero para volar a la isla de Lorelei.

Mi abuelo, un miembro del Consejo de Crecimiento de Chicago, había luchado durante dos años para conseguir que instalaran un helipuerto en Streeterville, un área al norte de Chicago a lo largo de la orilla del lago, a pesar de las preocupaciones de que esa parte de la ciudad estaba demasiado ocupada con rascacielos para poder proveer un servicio de helicóptero seguro. Ese helipuerto fue últimas noticias durante los cuatro meses que les llevó a los políticos decidir si era un riesgo electoral vetar el helipuerto o permitirlo. Como era a menudo el caso cuando dinero estaba involucrado, el Consejo de Crecimiento de Chicago ganó, y el helipuerto fue instalado.

Estacioné en la calle frente al elegante edificio plateado que contenía la pista de aterrizaje y entré. Un guardia de seguridad tomó mi nombre y luego me envió a un ascensor.

Las puertas se abrieron en la última planta del edificio, un gigante círculo de asfalto con una “H” marcada en el centro. La piloto me saludó con una mano—la única forma en que podía comunicarse debido a los vientos fuertes y el ruido del pequeño helicóptero cuyos rotores ya estaban girando.

Me hizo una seña hacia la puerta, indicando que consiguiera los auriculares cuando entré. Asentí y corrí hacia ellos, agachándome más de lo que era probablemente necesario para evitar los rotores, pero para qué arriesgarse? Cuando ya me hube abrochado el cinturón de seguridad, y tuve los auriculares puestos, nos elevamos y la ciudad desapareció bajo nosotras.

Cuarenta y dos rugientes minutos más tarde, nos acercamos a la isla. No espere que fuera visible hasta que tocáramos la tierra, pero las luces del helicóptero rebotaron sobre algo blanco—las cáscaras de los barcos que habían sido conducidos a la orilla de la isla de la sirena.

Gracias a Dios que no vinimos en bote.

La isla estaba cubierta de árboles menos dos pequeños claros—uno que tenía una estructura, probablemente la casa de Lorelei y una pequeña área cerca de la orilla. Aterrizamos allí. La piloto apagó los rotores, y se quitó los auriculares.

“Esto es escalofriante,” ella dijo, mirando a través de la oscuridad, luego me miró. “Tengo que hacer otro vuelo en un par de horas. Crees que ese es tiempo suficiente para que hagas lo que necesites hacer?”

“Ciertamente lo espero,” dije, luego salté fuera del helicóptero. Regresé mi mirada a ella. “Si no regreso a tiempo para que te vayas, llama a mi abuelo y trae a las tropas.”

Ella rió como si estuviera bromeando.

Desafortunadamente, no lo estaba haciendo.

Un camino conducía a los bosques, y no pude evitar pensar sobre Dorothy y Caperucita Roja y todos aquellos quienes temieron esa caminata. Pero la piloto tenía un horario que cumplir, así que necesitaba ponerme en acción.

Dí un paso, luego otro, hasta que el claro desapareció detrás de mí y me vi rodeada por el bosque vivo y ruidoso. Toda clase de animales aún no dormidos para el invierno se arrastraron entre los arbustos y los árboles de encima del camino creaban un calado de luz de luna en el suelo.

Recordando que era una vampiro— y una depredadora con sentidos afilados—dejé que mis sentidos se liberaran. Mi visión nocturna se afiló. Pude oler la humedad del suelo y el débil almizcle de los animales en los árboles.

El humo acre y el olor de la verde y fresca resina se elevaba del camino hacia la que asumí era la casa de Lorelei. Alguien había estado cortando madera, tal vez.

La noche estaba viva con cosas que los humanos raramente verían o considerarían, un mundo entero que vivía mientras ellos eran inconscientes. Los asustaría, me pregunté, imaginar cuánto sucedía mientras ellos lo ignoraban?

Caminé por un poco menos de diez minutos. El camino se movió cuesta arriba, y emergí en una meseta que, durante el día, debía proveer probablemente una hermosa vista del lago. Consideré una buena cosa que mi padre no supiera que la propiedad existía; hubiera arrasado con la casa de Lorelei para crear un establecimiento de lujo.

La casa brillaba en el medio del claro. Era baja, con paredes que alternaban entre vidrio y largas franjas de madera. La casa se propagaba por la tierra como si simplemente hubiera crecido allí, como si pudiera desaparecer si simplemente te dabas vuelta el tiempo suficiente. Un camino de tierra apisonada llevaba a una gigante puerta de madera y asumí que ésa era la entrada principal.

Me quedé en el borde del bosque por un momento y saboreé la ironía. Minutos atrás tenía miedo de entrar a ellos. Ahora, temía salir. Seguro, yo era supuestamente inmune a la llamada de sirena de Lorelei, pero eso no calmaba exactamente mis nervios. Había visto los botes en la orilla. Qué había sucedido con sus capitanes?

En el silencio mientras esperaba, oí el canto por primera vez. Sonaba como un bajo canto de luto, cantado por una mujer con afinación perfecta y un tono sensual.

La sirena.

Cerré mis ojos y esperé un momento… pero nada sucedió. No me sentí obligada a acecharla, o de vivir el resto de mis noches inmortales en su isla. Aparte de sentirme un poco aturdida por la falta de sangre—debido al oportunismo de Frank—todo estaba bien.

Dejé salir un suspiro, caminé hacia la puerta y golpeé.

No más de un segundo después, una mujer robusta de unos cincuenta o sesenta años abrió la puerta, sus ojos se estrecharon. “Qué?”

Seguramente esta mujer, quien llevaba una remera y pantalones de corte estrecho que sostenía un plumero en una mano, no era la sirena del lago. Pero el canto continuó desde alguna parte de la casa, así que ésta no podía ser ella.

“Soy Merit. Estoy aquí para ver a Lorelei.”

Parecía indiferente a mis intereses, mirándome inexpresivamente.

“Soy una vampiro de Chicago,” le dije. “Necesito hablar con Lorelei sobre el lago.”

Sin más palabra, cerró la puerta en mi cara. Pestañeé sorprendida, luego me mordí el labio por un segundo, considerando mis opciones. Podía irrumpir en la casa, pero era una regla de etiqueta esperar a tener una invitación antes de entrar a la casa de alguien. No haría ningún bien si enojaba al espíritu del lago por romper el protocolo.

Alternativamente, podía hacer mi camino de regreso al helicóptero y decirle a la piloto que tenía gran cantidad de tiempo para llegar a su próxima cita.

Ya que ninguna de esas opciones solucionaría mi actual problema, decidí ir por la opción tres—tratar de reunir información.

Silenciosamente, crucé en puntas de pie el pequeño porche y miré a escondidas a través de una ventana.

Obtuve un breve vistazo de madera y piedra antes de oír una voz a mis espaldas.

“Ejem.”

Di un salto y me volteé para encontrar a la mujer que había abierto la puerta de pie detrás de mí con una expresión sospechosa y un alzado plumero amenazante.

“Hermosa casa,” le dije, enderezándome. “Solamente estaba curiosa sobre el diseño interior. Con la madera. Y el mobiliario.”

Me aclaré la garganta culpablemente. “Y eso.”

La mujer puso sus ojos en blanco, y ondeó el plumero como si fuera un compositor dirigiendo una orquesta. “He sido autorizada para invitarte a la morada de Lorelei, la sirena del lago. Bienvenida a su casa.”

Su invitación era seca, pero directa. La seguí dentro.

El interior de la casa había sido diseñado orgánicamente como el exterior. La ventana daba hacia una sala de dos plantas. Una de las paredes estaba hecha de redondas piedras del río, y un hilo de agua se escurría entre las rocas y dentro de un estrecho canal que atravesaba el medio de la sala, donde desaparecía del otro lado.

Una mujer con curvas estaba sentada en el suelo junto al canal de agua, metiendo sus dedos en él. Su cabello era oscuro y estaba atado en un moño, estaba vestida de manera sencilla en una reluciente remera gris y jeans, sus pies estaban desnudos. Sus ojos estaban cerrados, mientras cantaba bajo y claro.

Regresé mi mirada a la mujer con el plumero, pero habiendo hecho su deber ella se había ido.

“Eres Lorelei?” Pregunté en voz baja.

Ella dejó de cantar, abrió sus ojos y levantó su mirada hasta mí con ojos del color del chocolate. “Cariño, si estás en mi isla, sabes que sólo puedo ser una persona. Por supuesto, soy Lorelei.”

Su voz tenía el dejo de un acento español, y un montón de sarcasmo.

Reprimí una sonrisa. “Hola Lorelei. Soy Merit.”

“Hola, tú misma. Qué te trae por aquí?”

“Necesito hacerte algunas preguntas.”

“Sobre?”

“El lago.”

Sus ojos se estrecharon. “Crees que tuve algo que ver con el agua?”

“No sé lo hiciste o no,” admití arrodillándome al lado del canal así podría hablar al nivel de sus ojos. “Estoy tratando de descubrir que sucedió, y parecías un buen lugar dónde comenzar. No es sólo el lago, sabes. El río, también.”
Su cabeza se enderezó inmediatamente. “El río? Está muerto, también?”

Ni la pregunta ni la mirada de derrota en sus ojos me confortaron.

“Lo está,” dije. “Y el río y el lago están succionando todo el poder de Chicago. Las ninfas se están debilitando.”

Haciendo una mueca como si le doliera, Lorelei presionó sus dedos en sus sienes.

“No son las únicas. Siento como si hubiera terminado un turno de cuatro días y como si me hubieran golpeado por dos más. Débil. Exhausta. Mareada.” Ella levantó la vista hacia mí. “Yo no causé esto. Esperaba que las ninfas tuvieran la respuesta, que ellas se hubieran involucrado demasiado en algún tipo de magia desconocida, pero que la magia pudiera ser revertida.”

“Ellas pensaron lo mismo sobre ti.”

“Eso no me sorprende,” dijo secamente.

“No se llevan bien cierto?”

Ella ladró una risa. “Crecí cerca de Paseo Boricua. Nací y fui criada en Chicago por padres de Puerto Rico. Las ninfas no son exactamente un grupo sobre la diversidad. Ellas me ven como la extraña. Una intrusa en su lindo y pequeño mundo de magia.”

“Cómo es eso?”

Me miró con curiosidad. “Realmente no lo sabes, cierto?”

Sacudí mi cabeza y ella murmuró algo en español. “El lago se vuelve negro y la vampiro sale de su línea de seguridad,” ella dijo, luego me lanzó su propia mirada de disculpa. “No quise ofender.”

“No lo hiciste.”

Lorelei suspiró y hundió una mano de nuevo en el agua. Su expresión se relajó un poco, como si tocar el agua la calmara.

“Ser una sirena no es como ser una ninfa,” ella dijo. “Ellas nacen en sus roles; sus madres son ninfas, también. El poder de una sirena no funciona de ese modo.”

Señaló a la mesa al otro lado de la sala. Apoyado en ella había un oscuro disco de hierro, de seis pulgadas de diámetro. Había una escritura en él, pero estaba muy lejos para poder leerla.

“Piedra de Agua,” ella dijo. “La piedra de agua. La magia de la sirena se encuentra allí.”

Fruncí el ceño. “No entiendo.”

“Ser dueña de la piedra te convierte en la sirena del lago,” ella dijo. “Para activar su magia, debes solicitar la piedra, pero sólo acepta ciertos dueños. Una vez que es tuya, es tuya hasta que el próximo dueño aparezca.”

“Así que escogiste ser una sirena?”

Lorelei apartó la vista, mirando fijamente el agua. “Técnicamente, tenía la opción de aceptar la piedra y sus cargas, aunque mis opciones eran limitadas.”

“Y los botes en la orilla?”

Ella regresó su mirada con orgullo en sus ojos. “Elegí aceptar la piedra, pero trabajo las cosas de manera un poco diferente. Soy la sirena del lago, y tengo que cantar, pero elegí el lugar más aislado que pude encontrar. Rosa e Ian, mi esposo—ellos me ayudan a dirigir a los marineros de regreso a la tierra firme. No puedo hacer mucho sobre el daño de los barcos.” Ella sonrió un poco. “Pero todo el mundo tiene seguro.”

No me pude quejar de esa lógica. “Por cuánto tiempo has servido como sirena?”

“La Lorelei anterior a mí—todas tomamos el nombre para mantener el mito con vida—vivió por noventa y seis años. Por supuesto,” ella dijo con una creciente sonrisa, “ella tenía cuarenta y dos cuando se convirtió en sirena, así que ese no es un mal beneficio.”

Ya que creí que ayudaría, le ofrecí mi propia historia. “Fui convertida en vampiro sin mi consentimiento. Para salvar mi vida, pero no fue algo que planeé. Eso vino como sorpresa.”

Ella me miró con interés. “Así que sabes lo que es reescribir tu vida. Sopesar quien eras en contraposición con lo que te debes convertir.”

Pensé en todas las cosas que había hecho y visto en el último año—la muerte, el dolor, la dicha. Los comienzos… y los finales.

“Sí,” acordé en voz baja. “Sé lo que se siente.” Ese pensamiento me recordó mi propósito. “Lorelei, si tú no causaste esto, sabes quién lo pudo haber hecho?”

“Si las ninfas no están involucradas—si esto no fue causado por un espíritu del agua—entonces pienso que debes buscar en otros lados.”

“Tales cómo?”

Ella apartó la vista, culpa en su expresión.

“Lorelei, necesito saber. Esto no se trata sólo sobre las ninfas. Nuestras Casas están en peligro. Los humanos ya están culpando a los vampiros, y si esto empeora, puedo garantizar que se aprobará la ley de registración.”

“Sólo hay un grupo tan conectado como nosotros al mundo natural,” ella dijo finalmente. “Admiramos y reverenciamos el agua. El flujo de ella, el poder, su habilidad de limpiar y destruir.” Ella cerró sus ojos. “Ellos encuentran su poder en la tierra. Ellos la atesoran—los bosques, lo salvaje,”

Mi estómago se hundió. “Estás hablando de los cambia-formas?”

“La Manada está en Chicago, no es cierto?”

“Porque les pedimos que se quedaran. Ellos no harían esto.”

“Pensaste que atacarían tu Casa?”

Técnicamente, sólo un puñado de cambia-formas vengadores había atacado la Casa, pero entendí el punto. “Por supuesto que no.”

“No puedes hacer la vista gorda debido a quienes son o de lo que son capaz de hacer. Eres conciente de la química entre las ninfas y los cambia-formas?”

“Es difícil de pasar por alto.”

“Es debido a la química entre la tierra y el agua,” ella dijo. “Un tipo de unión elemental. Tal vez la enfermedad del agua se deba a que hay demasiados cambia-formas y ninfas en una ciudad.”

No es que tuviera una teoría mejor, pero parecía demasiado conveniente culpar a los cambia-formas, un grupo con el cual las ninfas y las sirenas tenían claramente una relación tempestuosa.

Repentinamente, un hombre caminó a través de la puerta principal, un puñado de leños cortados en sus manos.

A pesar del frío en el aire, llevaba jeans sucios pero estaba desnudo de la cintura para arriba, su torso mojado por el sudor. Sonrió y se mantuvo caminando a través de la sala hasta el otro lado de la casa.

Ropas sucias o no, era innegablemente hermoso. Era alto, y bien formado, con corto y ondulado cabello y barba de un día a lo largo de su cuadrada mandíbula. Tenía largas y oscuras cejas, y ojos profundos, labios redondos sobre una barbilla con hoyuelos.

Cuando desapareció a través de la puerta del lado opuesto de la habitación, regresé mi mirada a Lorelei. Ella sonrió conciente.

Ese por supuesto, es Ian. Hemos estado casados por cuatro años. Él me conocía antes de que me convirtiera en sirena, por lo que es inmune a las canciones. Fue lo suficientemente considerado para seguirme aquí al medio de la nada. Trato de aceptar mi destino con gracia.”

Tan pronto como dejó salir las palabras, puso sus manos en su frente y se inclinó, claramente dolorida. La mujer que había atendido la puerta entró apresurada a la habitación, murmurando palabras en español. Ella se inclinó al lado de Lorelei, y envolvió un brazo alrededor de sus hombros.

“Esté bien, niña,” ella dijo, y luego susurró más palabras en español que no pude entender.

Me puse de pie, tomando la pista. “Gracias por tu tiempo. No quiero ser más molestia.”

“Merit.” Regresé mi mirada. Lorelei había levantado su cabeza de nuevo, rastros de lágrimas visibles en sus mejillas. “Si esto no es solucionado pronto, será demasiado tarde.

Le prometí que haría todo lo que pudiera… y luego deseé haber hecho una promesa que pudiera mantener.

Salí fuera y caminé alrededor de la casa hasta el camino. Ian estaba fuera también, y el aire estaba lleno del aroma a resina fresca.

Con el hacha en mano, se puso de pie frente a un leño vuelto hacia arriba. Un segundo leño estaba puesto verticalmente sobre él. Llevó el hacha sobre su cabeza, los músculos saltando, luego lanzó el hacha hacia abajo. El leño se separó limpiamente, sus mitades idénticas cayendo al suelo. Ian puso otro leño sobre el tronco, luego levantó la vista. Su aliento era una nube debido al frío.

“Estás aquí por lo del lago?” preguntó, limpiando el sudor de su frente.

“Sí, de hecho.”

“Esto no es su culpa, sabes. Nada de esto. Ella lleva la carga de otra persona, y ahora está enferma—o peor—debido a esa carga.”

Balanceó su hacha nuevamente, luego partió el segundo leño en dos. “No la acusé de nada,” dije. “Solamente estoy tratando de descubrir que sucedió.”

Enderezó otro leño. “Entonces descúbrelo. Y si no lo haces, estaremos aquí en el fin del mundo.”

Sin ninguna buena respuesta a eso, regresé al helicóptero.

Traducido por Luu

Read more...

Drink Deep - Capítulo Cinco

CAPÍTULO CINCO
TORRES DE PAPEL


La biblioteca estaba en el segundo piso de la Casa, no muy lejos de mi habitación. Tenía dos pisos–el primero albergaba a la mayoría de los libros y una galería rodeada de una barandilla de hierro contenía a la otra colección. Era un desfile de tomos, todos en filas impecables, con cubículos de estudio y mesas hechas a la medida. Era mi hogar lejos del hogar (fuera de casa).

Entré y me detuve por un momento para respirar el olor a papel y polvo–los perfumes del conocimiento. La biblioteca estaba vacía de usuarios hasta donde podía decir, pero podía escuchar el chirrido rítmico de un carro de libros en algún lugar de los pasillos. Lo seguí hasta que encontré al vampiro de cabello-oscuro colocando libros con precisión mecánica. Lo conocía sólo como "el bibliotecario". Él era una fuente de información, y tenía cierta inclinación por dejar libros fuera de mi puerta.

Me aclaré la garganta para llamar su atención. Alzó la vista, los ojos entrecerrados, probablemente preparado para darme una lección sobre hacer ruido en la biblioteca. (Un conjunto de reglas dentro de la puerta advertía, entre otras cosas, que las pastillas para la tos eran necesarias para usuarios con la garganta irritada. El bibliotecario no quería interrupciones auditivas dentro de su dominio).

Pero cuando se dio cuenta de que era yo, levantó una mano y se agachó a la parte inferior de su carro. Apareció de nuevo con un montón de libros, que levantó hacia mí.

"Para ti", dijo. Analicé los títulos; eran, por desgracia, más libros de política de vampiros. Ya me había dado tantos de esos libros, que parecía difícil alcanzar el número real de libros escritos actualmente sobre política de vampiros. Éramos un grupo político, y al parecer nos gustaba meditar sobre esa obsesión en particular.

Pero era un hombre que me podía ayudar con mi problema actual, así que a caballo regalado no se le mira los dientes.

"Gracias", dije, y tomé los libros. "Una pregunta–¿qué me puedes decir sobre la sirena del lago?"

El bibliotecario hizo un sonido desdeñoso, y luego abandonó su carro para dirigirse al pasillo.

Dejé los libros en un espacio vacío sobre un estante y lo perseguí por el pasillo, crucé la sala hacia las escaleras que llevaban a la galería.

Lo seguí, las escaleras eran tan estrechas y empinadas que mi nariz estaba prácticamente en la parte posterior de sus rodillas. Cuando llegamos al segundo piso, pasó un par de filas antes de detenerse en un estante de libros de gran tamaño y deslizó uno.

Afortunadamente, este no era un tratado sobre política. Era un libro de arte, un catálogo de pinturas de hermosas doncellas pelirrojas cerca de los arroyos y charcos de agua.

"Estas son las ninfas y sirenas", explicó el bibliotecario, hojeando a través de algunas de las pinturas. "Las ninfas viven en los ríos. Las sirenas viven en los lagos. Son los seres sobrenaturales que rigen esas áreas. Ellos encarnan las esencias de los cuerpos de agua. Íntimamente ligada a ellos, parte de ellos."

"¿Y los trolls de Río rigen sobre las ninfas?"

"Muy bien, Centinela," dijo, luego frunció el ceño distraído. "No conozco las imposiciones sobre las sirenas. Ambos tienden a protegerse a sí mismos–excepto su extraña relación con los cambia-formas."

"Un barril de pólvora", sugerí.

"Una reacción química de algún tipo, sin duda. En cualquier caso, mientras que las ninfas y los cambia-formas tienen una conexión, las ninfas y sirenas definitivamente no. Lo llaman una cuestión de competencia. Las ninfas creen que los ríos son mejores que los lagos: el agua fluye constantemente, mueven el comercio, etcétera. Las sirenas creen que los lagos son mejores que los ríos. Tienen más volumen. Son mejores para la recreación, apoyan mas a la pesca".

"Lagos contra ríos parece un tema menor. Las ninfas se comportaban como que odiaban a Lorelei".

"No es un asunto menor cuando se es un ser sobrenatural ligado al agua. La naturaleza de este cuerpo de agua importa."

"¿Y si el agua está absorbiendo la magia de la ciudad?"

"Entonces tienes un problema que amenaza con desestabilizar aún mas las relaciones sobrenaturales en la ciudad".

Eso no era exactamente noticia. "Se supone que debo visitar mañana a Lorelei. ¿Qué debo esperar?"

El bibliotecario cerró el libro de arte otra vez y lo metió de nuevo al estante, luego caminó unos metros por delante, sacó unas hojas grandes de papel de un cajón ancho y plano. Pasó a través de ellos, después me señaló hacia adelante. Había seleccionado un mapa de la región de los Grandes Lagos, pero a diferencia de los mapas normales, sólo los cuerpos de agua estaban etiquetados.

"Se rumorea que La Isla esta forestada," dijo, señalando un punto verde en el centro del lago Michigan, "pero la casa tendrá que tener algún tipo de fuente de agua. Una piscina, una cascada, etc. El agua no sólo es importante para una sirena–es una necesidad."
"¿Acuarios?" pregunté. Me imaginaba un acuario del tamaño de una pared llena con un arcoíris de peces tropicales, o tal vez un estanque de carpas en el patio trasero.

El bibliotecario sacudió la cabeza. "Ningún acuario. Los espíritus del agua creen firmemente que los animales deben permanecer en sus hábitats naturales."

"¿Qué pasa con los puntos fuertes? ¿Debilidades?"

"Ambos relacionados con el agua. Tanto las ninfas y sirenas necesitan mantenerse en contacto relativamente cercano con el agua, ya sea geográfica o cronológicamente."

"Quieres decir, que pueden estar por un tiempo sin tocar el agua, o pueden ir un poco más lejos del agua, pero no por mucho tiempo."

Él asintió. "Exactamente. En cuanto a los poderes, están regulados por el agua, significa que pueden sentirla. Entienden su salud, sus problemas".

"Así que sí el río está contaminado, ¿lo sienten las ninfas?"

"Exactamente. Supongo que el agua contaminada las está afectando profundamente".

Asentí. "Están muy molestas. También están cada vez más débiles, y la proximidad al agua parece empeorar las cosas."

"Esas son malas noticias."

Estuve de acuerdo, pero aún no tenía una solución. "¿Algo más?"

"Las sirenas también tienen el típico poder de la mujer del agua." Él levantó las cejas sugestivamente.

"¿Seducir y capturar a los hombres? Sí, siento que estoy bastante segura sobre eso. Es por eso que estoy volando en solitario en este caso."

Con un guiño terminando-el-asunto, deslizó el mapa cerrando el cajón, y luego señaló de nuevo al estante de libros de arte. "Toma unos pocos de esos y hojéalos. Presta atención a las características de la mujer en la pintura. Sus expresiones. Su ropa. ¿Está portando armas?".

"Pero estos son libros de arte. ¿Son confiables?"

El bibliotecario resopló. "Todos los artistas tienen modelos, Merit. Si tú eres un espíritu del agua, ¿a quién deberías revelarte más que a un artista para hacerte inmortal? Solo mantén una cosa en mente."

"¿Cuál es?"

"Si tarda demasiado tiempo el regresar el agua a su estado normal, puede que no seas capaz de regresarlos del abismo."

No es que hubiera ningún tipo de presión.

***********
Pasé las siguientes horas haciendo lo que cualquier adulto maduro haría–esconderse en la biblioteca, así que no tendría que hacer frente al administrador-receptor. No es sólo que no quiera jugar a justificar-la-existencia con Frank–no quería jugar a justificar-la-existencia con el hombre a cargo de catalogar los fallos de Ethan.

Ese era un umbral que no quería cruzar–un puente entre mi vida con Ethan y mi vida sin él. No sólo emocionalmente, sino porque Ethan me había iniciado en su Casa y me enseñó a ser Centinela.

Frank, por su parte, era un intruso, una interrupción. Cuando me reuniera con él, ya no podría negar cuantas cosas habían cambiado en la Casa. Esa era una admisión que no estaba dispuesta a hacer.

Tampoco estaba lista para hablar de la noche en que Celina y Ethan habían sido asesinados. No creo que sea posible que Frank, un representante del PG, no mencionara mi papel en la muerte de dos vampiros Maestro. Había estado esperando el día en que el PG impusiera las muertes en mi puerta, echándome la culpa de lo que había sucedido a pesar de que Tate había estado controlando a Celina, y Celina había matado a Ethan. No tenía ganas de informarlo sobre esos eventos.

Así que estaba sentada en un escritorio en un escondite perfecto, un cubículo escondido detrás en el montón de filas hasta el fondo, casi completamente oculta a la vista.

Estaba examinando un libro de pinturas de la Casa de agua y notas de garabatos sobre las características de los espíritus cuando escuché el eficaz clip-clap de suelas de zapatos dirigiéndose en mi dirección.

Miré hacia arriba.

Helen, el enlace de la Casa para los nuevos vampiros y una matriarca para la Casa, quedó a la vista. Era muy exigente, estaba vestida para la noche con un conjunto gris combinado con tacones altos y pendientes clásicos en forma de “X” que tal vez costaban una fortuna. Desde que tenía la mirada fija en mí, supuse que estaba aquí en una misión.

"¿Sí?" pregunté.

"El Sr. Cabot está listo para hablar contigo. Por favor reúnete con él en la oficina." No esperó una respuesta, dio media vuelta y caminó hacia la puerta.

Ugh. Detenida.

Helen era del tipo que irradiaba sólo calor o frío, y en los canales no ofrecieron ninguna advertencia acerca de cuál podría ser la temperatura en cualquier día. Ella podía halagarte sobre un nuevo par de zapatos un día y tratarte como a un extraño al siguiente, apenas reconociendo tu existencia. Era un bicho raro, pero desde que no suelo interactuar con ella, no me preocupé demasiado por ello.

Frank, por otro lado, aparentemente la utilizó como a la chica de los recados.

Dejé caer mi frente sobre la mesa de la biblioteca, preparándome para una reunión que sabía que no iba a disfrutar. Después de un momento, cerré el libro, me levanté y acomodé la silla debajo de la mesa. Di al bibliotecario un guiño al pasar, después me dirigí a las escaleras y hacia la morada de Frank en el primer piso.

¿Por qué hice todas esas cosas? Porque a veces, sobre todo para los vampiros, el drama era inevitable. Y en esos días, una chica solo tenía que aguantar.

********
Por alguna razón, mi juego favorito cuando era niña había sido jugar a la escuela. Excepto que yo no pretendí dar una clase o ser estudiante. Jugué al director de la clase. Puse pegatinas de ¡GRAN TRABAJO! en tareas falsas. Escribí los nombres de los estudiantes y los registros de asistencia en los libros de la antigua clase. Organicé los papeles en montones, incluyendo talones de boletos y papeles con membrete del hotel de los viajes de negocios de mi padre.

No estoy segura de por qué, pero me encantaba el papel, las plumas, los marcadores y los sellos, todo tipo de material efímero. Como adulto, se tradujo en la apreciación de plumas de lujo y portátiles elegantes. Sin embargo, tan grande fue mi amor por el trabajo, que no era nada en comparación con el de Frank.

Había llenado la oficina de Ethan con mucho papel. Los árboles habrían llorado al verlo. La abundancia hizo preguntarme si Frank imaginaba que las pilas de papel son la fuente de algún poder secreto, como si su capacidad de acumular papel (amontonarlos en columnas ordenadas) eran las llaves del reino de Cadogan.

Estaba de pie en el umbral, mirando el bosque blanco, cuando Frank me saludó desde la mesa de conferencias que llenaba la mitad trasera de la oficina.

Él era atractivo, pero sus rasgos eran demasiado aristocráticos, como que el haber nacido en la riqueza los hubiera agudizado. Su cabello castaño era corto y cuidadosamente peinado. Vestía pantalones de color caqui y una camisa de vestir blanca fajada. Un reloj de oro caro estaba envuelto alrededor de su muñeca derecha. Supuse que si me asomaba debajo de la mesa me encontraría con mocasines marrones con flecos en la parte superior.

"Entra", dijo Frank. "Toma asiento".

Hice lo que me dijo, tomando la silla frente a él. No perdió el tiempo.

"Saliste de la Casa esta tarde por orden del Capitán de la Guardia para investigar el" –hizo una pausa para mirar abajo hacia una hoja de papel sobre la mesa-"incidente del Lago Michigan ¿volviéndose negro?"

"Sí," dije. "Debido a que la preocupación humana automáticamente culparía a las poblaciones sobrenaturales de la ciudad."

Solo hizo un sonido vago indicando que encontraba la idea ridícula. "Entiendo que previamente Darius ordenó que no te involucraras en asuntos de la ciudad."

"No es sólo un asunto de la ciudad si a los vampiros se les culpa", señalé. "Y eso provocó que fuera publicado antes que perdiéramos otro guardia. El equipo de guardias esta corto de personal, y soy la siguiente de la de la línea del SI para ayudar."

Él hizo aquel sonido de nuevo. "Merit, como sabes, he sido encargado por el PG para evaluar la estabilidad y la integridad de la Casa, tanto en términos de contabilidad financiera y de su personal. Al hacer esto, estoy entrevistando a todos los miembros de la Casa para entender mejor sus funciones." Se arrastró a través de algunos papeles, y luego sacó un documento en el que una foto mía había sido pegada.

Lo revisó por un momento, lo colocó de nuevo sobre la mesa y juntó los dedos sobre la mesa.

"Tu puesto es ser Centinela", dijo. Su voz tenía la clara impresión de desaprobación.

"Así es".

"Y ¿te convertiste en vampiro en abril de este año?"

"Sí." No vi ninguna razón para más detalles.

"Mmm", dijo. "Y fuiste nombrada Centinela en tu Iniciación, después de que hubieras sido un vampiro por una cuestión de, ¿que, esencialmente, una semana?"

"Aproximadamente".

"¿Estabas en las fuerzas armadas antes de ser Centinela?"

Él estaba haciendo preguntas a las que sin duda sabía la respuesta. No estaba confundido acerca de lo que yo había hecho antes de convertirme en Centinela; estaba reuniendo pruebas de la mala gestión de Ethan. Por desgracia, no pude encontrar una manera de evitar el juego.

"No lo estaba", le contesté. "Era una estudiante graduada que trabajaba en mi tesis doctoral en literatura Inglesa."

Frunció el ceño, fingiendo confusión. "Pero trabajas como Centinela–un guerrero de la Casa. Un protector. Sin duda, ¿Ethan habría llenado la posición con alguien capacitado y listo para asumir el reto?" Frank inclinó la cabeza, el ceño todavía fruncido, pero con un destello de ‘te atrapé’ en sus ojos.

Y ahora era el momento de elaborar... y lanzar de nuevo esta farsa que él estaba cometiendo.

"Estoy segura que has visto mi archivo. Estoy segura que sabes que soy una Medium Muy Fuerte, una Buena Estratega, y una Psíquica Fuerte porque puedo resistir el glamour. Era fuerte el día en que me hicieron vampiro, y sólo me he vuelto más fuerte desde entonces. He sido entrenada con la katana, tengo conexiones políticas y financieras a lo largo de esta ciudad, y soy lo suficientemente fuerte como para superar a Ethan en el entrenamiento. Estoy bien educada y tomo en serio el juramento que he dado a esta Casa. ¿Qué más quieres que haga?"

"No eres un soldado de infantería. No estas entrenada para el combate."

"Soy Centinela de la Casa, encargada de proteger a la Casa como a una entidad. No soy capitán de la Guardia de la Casa, y no es mi trabajo crear la estrategia militar. Lucho sólo como último recurso, cuando todas las demás opciones han fracasado. Descubrí que muchas personas dispuestas a saltar a la lucha por lo general tienen un motivo oculto para hacerlo."

Frank se sentó en la silla de Ethan, la frente apretada mientras consideraba su próxima jugada. "Tus vínculos con el alcalde Tate no hicieron nada para ayudar a esta Casa."

"El alcalde Tate tenía la intención de usar a los vampiros para sus propios fines. Él creó un imperio de drogas ilegales con el permiso de su oficina. No había nada que pudiera haber hecho para detener eso. Pero lo descubrí, y puse fin a eso. Y debido a mi trabajo, él no esta fabricando mas drogas o usándolas para controlar a los vampiros."

"Tu participación llevó a la muerte a dos vampiros Maestro".

Consideré una variedad de respuestas–lanzando un ataque; ofreciendo de nuevo pruebas de mi inocencia, que había hecho todo lo que pude; quejarse de la falta de apoyo del PG cuando las cosas iban mal en Chicago. Pero ignoré todas esas opciones.

Sabía que había bajado a esa habitación, y tenía también una idea bastante buena de lo que hizo el PG. Ellos pudieron apoyar a Celina, y podrían esperar a la asimilación tranquila de Chicago, pero no eran estúpidos. No iba a jugar su juego, y no iba a darles el álamo para estacarme.

"Estoy segura de que ha sido bien informado sobre lo que ocurrió en la casa del alcalde," dije amablemente. "¿Hay alguna información específica que necesitas que te proporcione?"

Frank me miró durante un largo rato. No, no me miró–me examinó. Me consideró, me evaluó, estimó qué era y qué podría ser capaz de hacer.

No sólo era un administrador de Casas. Él era un administrador de vampiros.

"Merit, voy a ser franco."

Tuve que morderme los labios para no hacer un comentario sarcástico sobre la forma inadecuada de su nombre.

"El PG existe para asegurar que ningún vampiro o Casa cambie el balance contra el resto de nosotros. La Casa Cadogan, sin embargo, es un niño en problemas. Tienes ya un demérito en tu archivo, lo que significa que sabes muy bien acerca de los sentimientos del PG sobre el caos que esta Casa ha causado".

Había "ganado" un demérito porque había intervenido en una pelea inducida-por-drogas que puso a la Casa Cadogan en primera plana. Fue una coincidencia que hubiera estado allí, pero el PG había estado buscando a alguien a quien culpar. ¿Y no era eso de lo que se trataba todo?

"Imagino que el PG no está contento con el hecho de que los vampiros estén ahora fuera del closet", admití. "Pero eso fue lo que hizo Celina. Ni Ethan ni la Casa Cadogan tuvieron algo que ver con eso. Si quieren culpar a alguien, hagan una visita a la Casa Navarro".

"Ah, pero no es como si yo pudiera hablar con Celina, ¿verdad?"

Mi pecho se estrujó, y lancé de regreso alguna hostilidad. "Desde que la estaqué después de que ella mató a mi Maestro, no. No se puede hablar con ella."

"Esa es tu versión de la historia, por supuesto."

El cabello de la parte de atrás de mi cuello se erizó. "¿Esa es mi versión de la historia? Eso es lo que pasó."

Frunciendo el ceño, Frank se revolvió en su silla. "Hemos recibido información de otros."

"¿De quién? Sólo había cinco de nosotros en la habitación, y dos de ellos están muertos."

Me miró por un momento, sólo el tiempo suficiente para que la lámpara se encendiera.

"Has hablado con Tate."

"Lo hicimos. Y dijo una historia interesante sobre ti irrumpiendo en su oficina, amenazándolo a él y a sus asociados. Según Tate, todo el drama que ocurrió fue que tu lo hiciste, las muertes son tu responsabilidad".

Pedí prestado un Ethanismo y arqueé una ceja burlona a Frank. "Interrumpí a Tate por refugiar a un fugitivo y controlar a Celina con drogas y magia. Celina trató de matarme." La siguiente parte fue difícil de decir y difícil de admitir. "Ethan saltó delante de la estaca para salvarme, pero Celina seguía llegando, y la maté en defensa propia."

"Eso suena terriblemente conveniente para mí. ¿Supongo que no tienes ninguna inclinación por ascender en la cadena de mando de la Casa?"

Me tomé un momento para serenarme, y luego miré a Frank otra vez. "No tengo ningún interés en ser el Maestro de la Casa Cadogan."

"Eso no es lo que insinuó Tate. Sugirió, en efecto, que tenías un plan específico para lidiar con el resto de la jerarquía de la Casa."

Mi sangre hirvió. Seth Tate y yo sin duda intercambiaríamos algunas palabras. "Tate mintió, y no tengo nada más que respeto por Malik. Tate es el único con un plan secreto. Y con todo respeto, la muerte de Ethan pasó hace dos meses. Si tuvieras alguna duda legítima sobre los acontecimientos de esa noche, el PG tendría que estacarme o excomulgarme ahora".

La expresión de Frank se endureció, sus ojos arrasando en disgusto. Señalaría su engaño, desafiándolo a mostrar sus cartas. Él era un representante del PG, pero pensaba que tal vez todavía tenía pocas pruebas en mi contra, Ethan, y la Casa.

"El PG actuará como lo considere apropiado".

Como nunca antes, tuve una repentina empatía por Jonah, Noah y todos los demás involucrados en la Guardia Roja. Esa era precisamente la actitud contra la que estaban luchando–el sentido de que el PG era infalible, y el hecho de que no había otro control sobre su poder.

"Estoy segura de eso," dije.

Frank apretó la mandíbula por un momento antes de volver su atención a la pila de papeles delante de él. Los recogió y colocó juntos, luego se deslizó a un lado, a otra torre de papel. “El PG se muestra muy preocupado por las acciones de esta Casa. Bajo mi autoridad, funcionará como estaba destinada–como una de las doce Casas. No será un espectáculo de sí misma. ¿Se entiende?"

"Perfectamente".

"Hablaremos de nuevo", me aseguró, y agitó una mano desdeñosa.

Tomé eso como mi señal para salir; me puse de pie, eché hacia atrás la silla y me dirigí hacia la puerta.

"Merit".

Como lo hice en otras tantas ocasiones, miré desde la puerta de la oficina que había sido de Ethan. Pero la habitación, con sus torres de papel e intruso ignorante, era diferente.

"De una forma u otra", dijo Frank, "la verdad saldrá".

"Eso espero", dije. "Realmente lo espero."

*******
El amanecer estaba en camino, pero el sol aún no había salido. Encontré los libros que había dejado en la biblioteca fuera de mi puerta, por lo que los llevé a mi habitación. El hambre me atormentaba, la comida thai me dejó con ganas de comer, así que deambulé por la cocina para tomar algo que fuera apetitoso de lo que Frank había permitido.

Por curiosidad, comprobé también la nevera, que por lo general estaba completamente abastecida con sangre. Esta vez, sólo había tres tristes bolsas de Blood4You en el estante superior. El hecho de que Frank pensara que era sólo para privar a los vampiros de sangre–hacerlos conscientes con cada respiración de cuánto estaban en deuda con él–me llenaba con un exceso de ira. Era francamente sádico.

Carcomí mis labios, consideré saltar sobre una de las bolsas. Mi hambre aún no había surgido, pero estaba empezando a corroer mi pecho. También iba a enfrentarme a la sirena del lago mañana, y sólo Dios sabía lo que podría implicar. Necesitaba sangre–pero odiaba tomar un poco de otra persona. Por otro lado, un Centinela loco-por-sangre no iba a ayudar a nadie.

Cogí una bolsa de la nevera y me dediqué a saciar mi otra hambre. Abrí de un tirón una caja al azar e hice una mueca ante la escena. Tal como Lindsey lo había predicho, todo a la vista estaba lleno de bondad orgánica y sin una sola saturación o hidrogenación.

"Miserable, ¿no?"

Miré detrás de mí. Margot, chef principal de la Casa, estaba en la puerta con una expresión adusta. Llevaba el blanco chef y zapatos de goma, su elegante corte de pelo negro brillante, más corto en la parte de atrás que de adelante, el flequillo en pico descansando entre sus felinos ojos de color ámbar. Sus ojos, sin embargo, parecían un poco llorosos, y estaban marcados debajo de unos círculos oscuros.

¿Era ese un efecto del racionamiento de sangre?

"Miserable", estuve de acuerdo.

Margot empujó un carro pequeño a la cocina, con los estantes superior e inferior cargados de bocadillos saludables y el tipo de vegetales crujientes que sólo sabían bien cuando se ahogaban en un cremoso aderezo de eneldo.

Sé que yo no era un modelo para la alimentación saludable. Pero había sido cuidadosa sobre mi peso toda mi vida. Ahora, debido a mi metabolismo vampiro, no podía ganar una libra. Consideré eso un reto.

"Me gusta cocinar," dijo ella, abriendo un armario y llenando las estanterías, "y disfruto de mis frutas y verduras, pero eso no quiere decir que no me gusten los carbohidratos envueltos en plástico de vez en cuando."

"Estoy segura que piensa que está haciendo lo correcto."

Margot se detuvo, una mano sobre una bolsa de bocadillos de fruta seca natural que probablemente sabrían como a espuma de poliestireno, y me miró. "¿De verdad crees eso?"

"Por desgracia, sí. Creo que él realmente piensa que está haciendo las cosas correctas para el PG."

Ella bajó la voz. "Tal vez entonces es con el PG con el que debemos discutir."

Hice un sonido en acuerdo.

Margot surtió el gabinete, luego abrió la puerta del refrigerador. "No es mucha sangre", dijo, frunciendo el ceño mientras miraba por encima de las bolsas que habían quedado.

"Racionamiento, supongo."

"Debes tener razón. Está reducido el suministro de nuestro Blood4You en un cuarenta por ciento".

"Creo que está esperando a que alguien se pierda," predije silenciosamente. "Que alguien vaya detrás de un humano, o volverse loco de hambre delante de las cámaras".

"Así él puede probar al PG los defectos de la Casa. Convencerlos de dejarlo a él para siempre."

Asentí. Margot y yo compartimos una mirada de preocupación, antes de que repentinamente se iluminara.

"En realidad, podría haber un poco de algo para levantarte el ánimo," dijo, arrodillándose para cavar alrededor del estante inferior del carro. Cuando se puso de pie otra vez, ella tenía una caja brillante en sus manos.

"¡Mallocakes!" Susurré, mis ojos probablemente se iluminaron como velas romanas. No me habría sorprendido si mis colmillos hubieran descendido de pura emoción. Los Mallocakes eran mis bocadillos-pastel favoritos para deleitar, barras de chocolate de bondadoso relleno esponjoso con crema de malvavisco.

"Contrabando", corrigió ella, luego sacó la tira de papel de la caja y sacó un Mallocake. Con mucha reverencia, me lo entregó. "Sólo soy lo suficientemente valiente como para colar estos una caja a la vez," dijo ella en voz baja, ocultando la caja de nuevo en la confusión del estante inferior. "Pero todos necesitamos un poco de algo para pasar el día. Y si esto es lo que se necesita, que así sea. Encuéntrame cuando necesites una solución."

Y así empezó todo, pensé, la primera ola de una revolución contra la opresión, luchada con jarabe de maíz y chocolate.

"Te lo agradezco", dije. "Y tu secreto está a salvo conmigo."

Margot rodó su carrito por el pasillo. Me dirigí a mi habitación y bebí la sangre de inmediato. Me quedé mirando el Mallocake en mi mano por un momento, pero al final lo metí en un cajón. Habría un momento, sin duda, en que lo necesitaría aún más que ahora.

Chicago–en especial con los vampiros–sólo parecían funcionar de esa manera.


Traducido por Hishiru (Chelo)

Read more...

Drink Deep - Capítulo Cuatro


CAPÍTULO CUATRO
CHICAGO DA; CHICAGO QUITA


Así que, resulta que cada cuerpo de agua tiene su propio protector. Había ninfas de termas y ninfas de fuentes, ninfas oceánicas y ninfas de cataratas. Y eran las sirenas, no las ninfas, quienes controlaban los Grandes Lagos.

En Chicago, las ninfas del río tenían control sobre el río y sus afluentes. Loreley, la sirena del Lago Michigan, controlaba la marea y el caudal del lago. Ella era la única habitante de una isla de tres kilómetros cuadrados en el medio del agua, que de otro modo estaría desierta.

Pero lo más importante era que las ninfas la odiaban. Nos dieron una chillona charla de veinte minutos de largo sobre sus defectos, una evaluación sobre su desempeño. Reduje la lista a sus más grandes defectos:

1- Lorelei hizo un pacto con el diablo (quien vivía en la isla con ella)
2- Lorelai era una proveedora de magia negra, incluyendo hechizos negros y maldiciones.
3- Lorelei comía bebés (humanos y de otras especies) y
4- Lorelei sólo usaba ropa negra, tenía una tendencia gótica y era una friki antisocial (francamente, el tipo de chica que un grupo de lindas y pechugonas ninfas odiarían).

Tenía una imagen mental de Lorelei bastante clara—ayudada por haber leído demasiados cuentos de niños y novelas de horror siendo adolescente—como una vieja jorobada envuelta en tela negra en mal estado, de pie sobre el lago en una posición no muy diferente a la de Alanna. Brazos extendidos, nariz escarpada sobre los labios cruelmente retorcidos, ofreciendo conjuros para matar al lago por alguna razón aún no determinada.

Sin embargo, plantar esa imagen en mi cerebro pareció tranquilizar a las hermosas chicas, quienes estaban abrazándose ahora, ajustando sus hojas y limpiando sus lágrimas en una gigante fiesta de abrazos.

Sinceramente, fue difícil conservar la atención de los chicos. Una pequeña aclaración de garganta hizo el trabajo.

“Podemos hacerle una visita,” Jonah sugirió.

Para ser honesta, esa idea no me emocionaba. Desafortunadamente, este problema era más grande que mi malestar. Las ninfas se estaban debilitando, y sólo Dios sabía cómo les estaba yendo a los otros supernaturales.

“Es probablemente una buena idea,” mi abuelo dijo, “incluso aunque haya una pequeña chance podría hacer una diferencia. Y no recuerdo que haya ningún medio de comunicación allí fuera, así que no es como que pudiéramos simplemente llamarla.” Me miró, con una pregunta en sus ojos.

Suspire. “Por qué yo?”

“Porque tú eres la mujer,” Catcher dijo.

Me tomó un momento poder formular una respuesta. “Disculpame?”

“Es una sirena,” Catcher dijo. “Atraer a los marineros hasta la muerte? Cantando canciones lo suficientemente hermosas para hacerlos llorar? Atrapándolos en un éxtasis eterno?”

Jonah abrió los ojos grandes como platos, lo que hizo que yo pusiera los míos en blanco.

“Y eso hace que mi visita sea una mala idea porque…?”

“Porque no regresarías,” Catcher dijo secamente. “Ella estaría mágicamente obligada a seducirte, a atraparte, y estarías atascada en el limbo de la sirena por el resto de tus días inmortales.”

“De nuevo, realmente no me estoy sintiendo disuadida.”

“Te sentirás disuadida cuando olvides comer y beber porque no puedes soportar estar fuera de su presencia. Morir de hambre no es una linda manera de irse.”

“Bien,” Jonah dijo con una mueca. “Ese es un mejor argumento.”

“Y es por eso que enviaremos a Senos McGee.”

Lentamente giré mi cabeza para mirar a Catcher. “En serio. Ustedes son, qué, doce ahora?”

“El punto es, que los hombres no visitan a una sirena con un propósito. Ella no tiene opción más que seducirlos, y eso no nos ayudará realmente a profundizar con los problemas mágicos.”

“Entonces supongo que eso lo confirma,” estuve de acuerdo. “Mis senos y yo iremos. Pero no estoy loca por la idea de ser enviada en un bote en esa agua. Alguna idea sobre el transporte?”

“Yo me encargaré de eso,” mi abuelo dijo. “Haré algunas llamadas y veré si puedo encontrar algún piloto de helicóptero dispuesto a visitar una isla desierta sobre un lago teñido con magia. Por supuesto, habrá papeleo así que será recién mañana cuando podamos actuar.”

“Y mientras tanto?” Pregunté, mirando al grupo. “Qué hacemos en cuanto al lago?”

La pregunta alteró a las ninfas de nuevo. Cuando Jeff se arrodilló para acariciar en la espalda a la ninfa más cercana, ella se volteó, envolvió sus brazos alrededor de él y comenzó a sollozar con un dramatismo impresionante.

“Bien hecho, vampiro.” Catcher murmuró.

“Era una pregunta legítima,” dije. “Todavía tenemos una crisis—y ya que no podemos viajar esta noche, un día entero pasará antes de que podamos hablar con la sirena sobre ello.”

“El primer paso es establecer a las ninfas tierra dentro,” Jeff dijo por encima del hombro de la ninfa que abrazaba. “Lejos del agua y lo que sea que esté sucediendo allí. Quizás eso las ayude aretener algo de fuerza mientras tanto.”

Eso aumentó el llanto.

“Lo sé, cariño,” dijo, palmeando su espalda con afecto fraternal. “Pero necesitamos dejar que el lago sane, cierto?”

Ella inclinó su cabeza mientras sollozaba, pero mantuvo su férreo agarre sobre Jeff.

“Coordinaré el traslado,” Catcher dijo. “Tal vez las hadas hospeden a algunas de ellas esta noche.”

“Los Breckenridges tienen una gran casa en Naperville, pero poner a los cambia-formas y a las ninfas juntas probablemente no sea una buena idea.”

En el momento justo, vi como la mano de la ninfa se escabullía por el trasero de Jeff y le daba un buen apretón. Él gritó y educadamente la apartó, pero ella sonrió para nada arrepentida. No estaba segura de si ella no sabía que Jeff tenía novia—o simplemente no le importaba.

“Eso sería un ‘no’ para los Brecks,” Catcher se quejó.

“Que vamos a hacer con los humanos?” Jonah dijo, mirando a medida que más filas de personas se movían hacia el lago para obtener un vistazo. “Van a enloquecer.”

No los podía culpar. Tratándose de sucesos paranormales, éste era definitivamente desconcertante, y golpeaba algo cercano a nuestros corazones.

Chicago se curva alrededor del lago, y el río corre a través del corazón de la ciudad. Ellos están unidos, y los humanos verían esto inevitablemente como una violación paranormal a esa conexión. No ansiaba en absoluto las protestas.

“Trabajaré algunos puntos para discutir con la Alcaldesa Kowalczyk,” mi abuelo dijo, “aunque sólo Dios sabe como explicaremos estos.”

“Concéntrate en la parte acerca de cómo esto no es el Apocalipsis,” sugerí, pero un escalofrío de miedo todavía apretaba mi pecho. “Y trata de asegurarte de que no culpen automáticamente a los vampiros. Tenemos suficiente de lo que encargarnos.”

Palmeó mi espalda. “Solucionaremos el problema, haremos una pequeña investigación. Ustedes niños vayan a casa. Sé que están cortos de personal en la Casa. Te llamaré cuando arregle lo del transporte.”

Asentí, aunque odiaba no hacer nada en un proyecto. Sentarme y anticipar lo que vendría no era exactamente mi pasatiempo favorito. Para mantenerme ocupada, hice una nota mental de comprobar la biblioteca de clase mundial de la Casa; si había alguna información por ser encontrada sobre nuestra recluida sirena, la biblioteca la tendría.

Me despedí de Jeff (todavía enredado con la ninfa) pero llevé a Catcher a un lado para una actualización. “Cómo va el estudio?”

Catcher rodó sus ojos. “Me dijo que su nivel de estrés sólo ha sido superado históricamente por la ‘Presentación Meisner-Moxner’, lo que sea que fuere.”

Hice una mueca. Meisner-Moxner era una compañía de productos para el hogar, para la cual Mallory, una ex ejecutiva administrativa, había pasado dos semanas seguidas preparando una campaña arrasadora, sólo para ser dicha tres días antes de la presentación que su jefe “sólo no lo estaba sintiendo.”

Las siguientes setenta y dos horas involucraron una falta de sueño de proporciones masivas inducida por la cafeína. Mal se encadenó a su escritorio, sobreviviendo a base de soda dietética, bebidas energizantes y una euforia creativa que luego describió como “épica.” Cuando todo estuvo dicho y hecho, la agencia se llevó el acuerdo y ella durmió por dos días sin parar.

La campaña Meisner-Moxner pasó a la historia de la publicidad como uno de los lanzamientos de productos para el hogar más exitoso del siglo. Desafortunadamente, Junior Moxner gastó el nuevo dinero de la compañía en mujeres y cocaína, y Meisner-Moxner Home Brands, Inc. se declaró en banca rota poco tiempo después. Mallory durmió otros dos días de corrido luego de enterarse.

Así que si su preparación para el examen se acercaba a Meisner-Moxner, lo sentía por Mallory… y por Catcher.

“Dios te bendiga, hombre. Pero al menos Simon recibe la peor parte del estrés. Ya que él la ve durante la parte de la prueba, quiero decir.”

La expresión de Catcher se aplanó. “Estoy seguro que él esta viendo mucho de ella.”

Sus ojos entrecerrados tenían todas las características de un novio celoso. Pero cómo era posible? Este era Catcher. Con su paquete de seis abdominales y su ridículo cuerpo y brillante portador de magia. Quien emanaba rudeza. Tal vez lo había malinterpretado.

Tal vez sólo no le gustaba Simon. Me había parecido antes, pero la curiosidad mató al gato, no al vampiro, así que insistí.

“Hay mala sangre entre tú y Simon?” Pregunté.

“No confío en él.”

Cuando no dio más detalles, casi pregunto si se refería a que no confiaba en Simon con Mallory, pero lo pensé mejor. Catcher era un hombre, y sugerir que estaba celoso no sería bueno.

En cambio, le di un golpe de apoyo en la espalda. “Cuando todo esto termine, compraré tragos para ti y tu nueva flamante y oficial hechicera.”

Catcher gruñó algo que no entedí, pero asumí que era algo relacionado con su odio por la Órden. Él había sido excomulgado y no podría haber sido fácil para él observar a Mallory luchar tan duro para obtener la membresía. Lo que Chicago da, Chicago quita.

Nos despedimos de Catcher, y Jonah y yo nos dirigimos de regreso a nuestros autos.

“Sé que estás triste por no poder visitar a la sirena mañana,” ofrecí.

“Clinicamente deprimido,” estuvo de acuerdo. “Crees que su pollera sea más corta que las de las nifas, o quizás un poco más larga?”

Puse mis ojos en blanco, pero no pude evitar sonreír. Él era gracioso. Pero no contribuiría en lo que estaba segura era ya un ego saludable.

“Ya que hemos terminado efectivamente por esta noche, quieres agarrar un bocado?”

Probablemente hizo la pregunta de una manera puramente platónica, pero igualmente provocó que pánico revoloteara en mi pecho. Por otro lado, la cena me daría una oportunidad para preguntarle a Jonah sobre su relación con mi abuelo. Habiendo aprendido que mi padre había tratado de sobornar a Ethan para convertirme en vampiro, yo estaba entendiblemente desconfiada sobre las relaciones de los vampiros con los miembros de mi familia.

“Me dirás cómo conoces a mi abuelo?”

“Probablemente. Cómo te sientes acerca de lo picante?”

“Picante como una explosión nuclear, o picante como la salsa de supermercado?”

“La que prefieras. El mundo es tuyo.”

“Debería decir que no. Tú me vendiste completamente.”

“A qué te refieres?”

“Les dijiste que fui golpeada con un taco.” Ser rebanada por una imitación de Jimmy Choo no había sido exactamente mi mejor momento como Centinela de Cadogan. No veía la necesidad de difundir la noticia.

Fingió sorpresa. “Merit, querías que le mintiera a tu abuelo?”

“Eso depende de por cuánto lo has conocido.”

Desafortunadamente, no mordió la carnada. “Quid pro quo. La cena primero, luego los detalles.”

Suspiré, sabiendo que había sido vencida. “Bien. Pero quiero la verdad.”

“Oh, obtendrás la verdad, Merit. Obtendrás la verdad.”

De algún modo, eso no me hizo sentir mejor.

La Mansión Tailandesa estaba ubicada en el medio de un centro comercial, una tintorería por un lado y una cadena de pizzerías en el otro.

Una campana en la puerta sonó cuando entramos. “El Paso” de Marty Robbins sonaba en una pequeña radio colocada en el mostrador de cristal al lado de un Buda de oro, de una antigua caja registradora y de un cubo de plástico lleno de mentas.

El interior del restaurante no era la gran cosa, las paredes estaban pintadas del color del concreto y llevaban una mezcla aleatoria de pósters de películas de 1970. Éstos estaban mezclados con carteles hechos a mano advirtiéndoles a los clientes de no estacionar en los espacios pertenencientes a la tintorería o intentar pagar con algo que no fuera efectivo. El plástico no era el nuevo negro en la Mansión Tailandesa.

“Ésta es la mejor comida tailandesa en Chicago?” Pregunté.

“Confía en mí,” Jonah dijo, luego asintió a una pequeña moza de cabello oscuro quien le sonrió gratamente, luego asintió cuando él señaló a una mesa vacía.

Tomamos asiento, luego comprobé el menú escrito a mano cubierto de plástico. Había algunas pocas traducciones, pero la mayoría de las palabras no estaban en inglés, lo cual supuse que era una cosa buena en un restaurante tailandés. “Vienes seguido?”

“Más de lo que debería admitir,” dijo. “No estoy atacando a la cafetería de la Casa Grey, pero a Scott le gustan las comidas de fácil preparación. Hemos tenido comidas enteras que eran beige.”

Me imaginé un plato de pan, puré de papas, tartas rellenas y pastel. “No es que haya nada de malo en eso.”

“En ocasiones, no. Pero un vampiro con gusto por la vida necesita más variedad.”

“Y tú eres un vampiro con gusto por la vida?”

Se encogió de hombros modestamente. “El mundo tiene un montón para ofrecer. Hay un montón para explorar. Me gusta tomar ventaja de eso.”

“Así que la inmortalidad es útil, entonces?”

“Podrías decirlo.”

Una mesera con largo y oscuro cabello caminó sobre la alfombra verde del restaurante en sus zapatillas blancas. “Están listos?”

Jonah me miró, y cuando asentí, ofreció su órden.

“Pad tailandés con camarones.”

“Cuán picante esta noche?”

“Nueve,” dijo, luego entregó su menú. Con su transacción completa, ella me miró.

Asumí que el nueve era en una escala del uno al diez. Me gustaba la comida picante, pero no ordenaría un nueve en un restaurante que nunca investigué. Sólo Dios sabía cuán caliente podía ser su nueve.

“Lo mismo para mí. Qué tal un siete?” Pedí, pero la mesera me miró apenada.

“Has estado aquí antes?”

Miré entre ella y Jonah. “Um, no.”

Sacudiendo su cabeza, ella tomó mi menú. “Un siete no. Puedes tener un dos.”

Con esa declaración, se volteó y desapareció a través de la cortina en la habitación trasera.

“Un dos? No estoy segura de cómo no sentirme insultada por eso.”

Rió bajito. “Eso es sólo porque no has tenido un dos todavía.”

Tenía mis dudas, pero no tenía mucha evidencia para continuar. Y hablando de evidencia faltante. . .

“Muy bien, tiempo de quid pro quo. Cómo conoces a mi abuelo? Sé que fuiste amigo de Charlotte. Me lo dijiste antes. Es ésa la conexión?” Charlotte es mi hermana mayor. También tengo un hermano, Robert, quien seguía los pasos de mi padre en cuanto a negocios.

“Conocí y conozco a Charlotte,” Jonah dijo. “Te conocí a ti también.”

Me quedé completamente en blanco. “Cómo me conociste?”

“Yo llevé a Charlotte al baile de graduación.”

Me congelé en mi asiento. “Que hiciste qué?”

“Yo llevé a Charlotte a su último baile formal.”

Cerré mis ojos, tratando de recordar. Había estado en casa durante las vacaciones de primavera y había sido testigo de la crisis de Charlotte cuando tuvo una pelea con su entonces novio y actual esposo, Major Corkburger (sí, es enserio). Ella había ido con un chico llamado Joe al baile en cambio.

La lámpara se encendió.

“Oh, mi Dios,” exclamé, señalándolo. “Tú eras ‘Joe’! Ni siquiera te reconocí.”

Joe había sido una fase rebelde muy corta. Lo vi un par de veces luego del baile. Un mes después, Charlotte y Major regresaron juntos, y Joe desapareció.

“Tenías una permanente,” le recordé. “Y la llevaste al baile vestido con unas de esas sudaderas de capucha hechas de alfombras.”

“Recién había llegado de la Ciudad de Kansas.” Dijo como si eso explicara su conjunto, como si la ciudad de Kansas fuera un país extranjero con una cultura completamente diferente. “El ritmo era diferente allí, incluso para los vampiros. Un poco más lento.”

“Y Charlotte te presentó a mi abuelo?”

Podía ver el rubor de Jonah incluso en la oscuridad. “Sí. Para molestar a Major, supongo. Yo estaba terminando uno de mis títulos. Esta hermosa joven se me acercó en el campus un día y me invitó a salir.” Se encogió de hombros. “No es como si fuera a decirle que no. Y cuando nos reunimos con Noah, tú no tenías idea de quien era.”

Eso explicaba por qué Jonah había tenido tal actitud la primera noche que nos encontramos cerca del lago. “Es por eso que estabas irritado conmigo,” dije. “No porque pensabas que era como Charlotte, sino porque pensaste que te había olvidado.”

“Tú sí me olvidaste, y no eres tan diferente a Charlotte como te gustaría creer.”

Comencé a protestar, pensando que quería molestarme acerca de la sociedad o las marcas de lujo o los inviernos en Palm Beach, ninguno de los cuales me interesaba. Pero antes de asumir nada, le dí el beneficio de la duda y pregunté. “Por qué soy como Charlotte?”

Sonrió. “Porque eres leal. Porque ambas valoran a sus familias, incluso aunque las definan de manera diferente. Sus niños y Major son la suya. Tu Casa es la tuya.”

No siempre fue de ese modo, pero no podía no estar de acuerdo con él. “Ya veo.”

Unos pocos minutos más tarde, nuestra mesera regresó con dos humeantes pilas de fideos.

“Nueve,” ella dijo, colocando un plato frente a Jonah. “Y dos,” dijo, dejando un plato idéntico frente a mí.

Removí el envoltorio del par de palillos y levanté la vista hacia Jonah con anticipación. “Estás listo?”

“Y tú?” Me preguntó divertido.

“Estaré bien,” le aseguré, tomando una maraña de fideos y brotes de frijoles. Mi primer mordizco fue enorme. .. y me arrepentí inmediatamente.

“Dos” era aparentemente un eufemismo para “Infierno llameante.” Mis ojos se humedecieron, el calor creciendo de un fuego lento en la parte trasera de mi garganta a una tormenta de fuego en la punta de mi lengua. Podría haber jurado que llamas estaban saliendo disparadas de mis oídos.

“Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios. Caliente,” dije antes de agarrar mi vaso de agua y bajarme la mitad de él de un solo trago. “Ése es un dos?” Pregunté con voz ronca. “Eso es una locura.”

“Y tú querías un siete,” Jonah dijo tranquilamente, comiendo su plato de fideos como si estuvieran bañados en nada más que salsa de soja.

“Cómo puedes comer eso?”

“Estoy acostumbrado.”

Tomé otro mordizco y mastiqué rápidamente, apenas disfrutando el sabor, sobre todo tratando de tragarlo antes de que el condimento me alcanzara.

La mesera se acercó nuevamente, con una jarra de agua en la mano. Rellenó el vaso de Jonah, luego me miró. “Dos?”

“Todavía muy picante,” admití, tomando medio vaso más de agua. “Qué hay en él? Pimientos tailandeses?”

Encogiéndose de hombros, la mesera rellenó mi vaso nuevamente. “La cocinera las planta en su jardín. Muy picantes.”

“Muy, muy, picantes.” Estuve de acuerdo. “La gente en verdad ordena el diez?”

“Clientes antiguos,” dijo. “O por un desafío.”

Habiendo dicho eso, se alejó con su ahora vacía jarra.

Miré a Jonah con ojos aguados por las especias. “Gracias por no desafiarme a comer el diez.”

“Eso no habría sido correcto,” Jonah dijo, llevando unos cuantos fideos a su boca. Una fina línea de sudor apareció en su frente, y comenzó a boquear.

“Creía que el calor no podía alcanzarte?” Pregunté con una sonrisa de satisfecha.

Limpió su frente con la parte trasera de su mano, luego me sonrió. “No dije que no fuera picante. Sólo que estaba acostumbrado. La inmortalidad apenas vale el problema si no hay desafío.”

Yo no era positiva, pero sospechaba que no estaba hablando sobre la comida. Tomé otro bocado y me concentré en la picazón.

“Cuéntame sobre Ethan.”

Perpleja, levanté la vista. “Discúlpame?”

Indiferente, se encogió de hombros y tragó más fideos. “Me dijiste que no estaban juntos. Eso puede ser verdad, pero no creo que esa sea la historia entera.”

Lo observé por un momento, sonriendo mientras masticaba, mientras decidía qué contarle. Mi tiempo con Ethan había sido tempestuoso. Más paradas que comienzos, y esas paradas habían sido traumáticas. Ethan se había ido antes de que nuestra relación tuviera una oportunidad para florecer, pero eso no hacía al dolor más fácil de soportar—o explicar.

“Tuvimos momentos juntos,” dije. “No éramos exactamente una pareja—aunque creo que lo podríamos haber sido si él no hubiera…” No pude hacerme terminar la oración.

“Si Celina no hubiera hecho lo que hizo,” Jonah terminó amablemente.

Asentí.

“Él significaba un montón para ti.”

Asentí de nuevo. “Sí, así era.”

“Gracias por contarme,” dijo.

Él dejó el asunto, pero todavía tenía la sensación de que estaba preguntando algo más. Y su sutileza no hizo que le resto de nuestra cena fuera menos incómoda. Mantuve la conversación en movimiento (y ligera) hasta que pagamos y nos dirigimos de regreso a nuestros autos. Allí fue cuando él llegó al corazón de ello.

“Tenías sentimientos por Ethan,” dijo. “Eran cercanos y eso afectó tu percepción de la Guardia Roja. Pero sabes ahora que el PG no está siempre del lado bueno y correcto. La Casa Grey sabe quien se equivoca sobre Celina, y sobre la muerte de Ethan. El PG debería haberte apoyado con lo que estabas haciendo en Chicago, y en vez de ofrecerte ayuda cuando surgió lo de V, ellos lo ignoraron y te culparon por las repercusiones. La lucha de la GR no es contra las Casas; es contra el PG.”

“Hice un juramento.”

“Trabajar con nosotros para asegurarte de que el PG no destruya tu Casa apoya ese juramento.”

Consideré su respuesta en silencio. Tenía un punto; el PG no era amigo de la Casa Cadogan. Por otra parte, no era unirme a la Guardia Roja todavía un bofetón en el rostro de Malik? Un acuerdo de trabajar por detrás suyo incluso aunque se supone que fuera por el “bien mayor.”

“Por qué?” Pregunté.

Él frunció el ceño. “A qué te refieres con, por qué?”

“Por qué quieres que me una a la GR? Cuál es el beneficio? Nosotros ya sabemos que el PG es egoísta y que se concetra más en las apariencias que en el trabajo real. Nos dejan lo difícil a nosotros y todavía nos culpan después del hecho, así qué cual es el punto? La membresía no cambia nada, excepto arriesgar que nos claven a una pared si nos descubren.”

“Nos?”

Regresé mí mirada a él, no me emocionaba la sonrisa autosatisfecha que se extendía por su rostro.

“Dijiste, ‘nos,’ “señaló.

“Fue un giro de la frase. Sabes lo que quise decir.” Traté de mantener mi tono indiferente, pero tenía razón. Jonah y yo estábamos trabajando juntos—habíamos estado trabajando juntos—para mantener la Casa segura.

Ya era un miembro implícitamente?

“No, Merit, no lo sé,” contestó. “Sé que acabas de confesar que ya consideras estar haciendo el trabajo de la GR.” Se paró frente a mí y bajó la vista. “Quieres saber por qué deberías unirte? Porque por primera vez en tu vida, tienes un compañero. Tendrás a alguien de tu lado, a tu entera disposición, listo para servirte y asistirte en lo que le sea asignado.”

Estaba equivocado sobre eso. Cuando Ethan estaba vivo, yo había tenido un compañero.

“Ya estoy trabajando contigo,” señalé.

“Me tienes porque no tienes una mejor opción. Si Ethan todavía estuviera aquí, o si hubiera un guardia extra en tu Casa, seguirías ese camino.”

No podía no darle la razón.

“Pero aquí viene lo bueno,” dijo. “Por primera vez en tu vida, se te será ofrecida la elección. Fuiste conducida inconcientemente a la Casa Cadogan. Fuiste nombrada Centinela sin tener otra opción.”

Bajó su cabeza, sus labios casi rozando mi oído. El movimiento era íntimo, pero no se sentía sexual. Jonah no estaba intentando atravesar mis defensas—estaba demostrando cuán cercanos nos habíamos vuelto. “Estarás escogiendo servir.”

Él estaba en lo cierto. No había tenido la opción en ese momento, pero me la estaba dando ahora. Podía admitir que era un argumento poderoso. Él aparentemente lo sabía también, porque sin más palabras, se enderezó y se alejó.

“Eso es todo?”

Miró hacia atrás. “Eso es todo. Esta decision, Merit, es toda tuya.”

En el momento en que se metió en su auto y condujo lejos, suspiré. Guardia Roja o no Guardia Roja, ésa era la cuestión.


Ya que el lago todavía seguía negro e inmóvil, no estaba entusiasmada con el reporte que le tendría que dar a Kelley cuando regresara a la Casa. Pero al menos teníamos un plan, si alguien en Chiago podría conseguir un helicóptero, ese era mi abuelo.

Cuando estacioné en la Casa, los manifestantes cantaban más fuerte y eran más grandes en número, sus carteles prometiendo incluso más fuego infernal y condena que lo usual. “Apocalípsis y “Armagedón” aparecían en unos cuantos carteles pintados a mano, tal como había temido.

Y para hacer honesta, no podía culparlos completamente. Ni siquiera yo estaba segura de por qué el lago se había vuelto negro y había comenzado a absorber magia, así que suponía que el final del mundo estaba en la lista de posibilidades. En el final de la lista, pero en la lista de todos modos.

Los manifestantes no eran los únicos acechando. Habíamos sido tema de imagen (y dinero) para los periodistas hambrientos por un tiempo; un grupo de fotógrafos generalmente acampaba en una esquina cerca de la Casa. Esta noche, sin embargo, había nuevos camiones alineados en la calle y reporteros esperando para ver a los malvados vampiros. Cualquier cosa que fuera mal en esta ciudad y fuera de naturaleza remotamente paranormal los conducía directamente a nuestra puerta. Era un buen argumento para exponr al resto de los supernaturales de Chicago, aunque fuera solamente para quitarnos de los focos.

Los periodistas, a los que le resultaba familiar gracias a la historia de la Encoletada Vengadora y mis patrullajes por los terrenos de Cadogan, me pidieron que me detenga. No quería apoyar sus esfuerzos por el periodismo sensacionalista, pero supuse que sus teorías solamente empeorarían si los ignoraba. Así que caminé hacia el centro de un grupo de periodistas y ofrecí un saludo silencioso.

“Noche dura, no es cierto?”

Algunos rieron; otros comenzaron a gritar preguntas.

“Los vampiros envenenaron el lago?”

“Es éste el comienzo del final de la ciudad de Chicago?”

“Es ésta la primera plaga?”

Tuve que hacer un esfuerzo para mantener mi expresión neutral y no poner los ojos en blanco debido a sus preguntas. Que no tuviera las respuestas lo hacia más fácil.

“Esperaba que ustedes me lo dijeran!” Dije, ofreciendo una sonrisa ligera. “Nosotros estamos tratando de descubirlo.”

“Esto no fue creado por los vampiros? Por un hechizo mágico?”

“Los vampios no hacemos hechizos.” Recorrí con la mirada al grupo de hombres frente a mí. “Quizás fue Matthew aquí quien volvió el agua negra.”

La multitu rió pero las preguntas continuaron llegando. “Créanme,” dije, levantando mis manos, “queremos que el lago regrese a la normalidad tan rápido como ustedes, y estamos tratando de averiguar lo sucedido exactamente como todo el resto del mundo en Chicago. El problema es que nosotros no lo hicimos, así que estamos teniendo problemas descubriendo por donde empezar.”

“Merit, es éste el comienzo del Apocalipsis?” Soltó un reportero en el fondo.

“Definitivamente espero que no. Pero si tengo que morir, espero que sea en Chicago con una salchicha en mi mano. Cierto?”

Seguro, estaba siendo condescendiente, y estoy segura que algunos de los chicos de la prensa lo notaron. Pero qué más podía hacer? Si no mantenía la atención lejos de los vampiros, las cosas se volverían muy muy sucias rápidamente. Con preguntas llenando el aire detrás de mí, dije adiós con la mano y entré a la Casa, compartiendo una mirada de ojos blancos con las hadas en el portón cuando pasé a su lado.

Sentí una punzada mientras me preguntaba que les hubiera dicho Ethan, siendo un maestro estratega de las relaciones públicas. Yo no era él, pero esperaba haber hecho lo suficiente para mantener las cosas calmas por un poco más de tiempo.

Me dirigí inmediatamente a la Sala de Operaciones; Kelley y Juliet eran las únicas guardias allí. Ambas levantaron la vista cuando entré, pero sus expresiones se ensombrecierón luego de ver mi rostro.

“No hubo suerte?” Preguntó Kelley.

“No mucha,” dije, tomando asiento al lado de Kelley en la mesa de conferencias. “Las ninfas del río están sufriendo, y definitivamente no tuvieron nada que ver con el problema. Han señalado con sus pequeños y bien cuidados dedos a Lorelei, la sirena del lago. Ella vive en una isla en el medio del lago. La oficina del Ombud está haciendo los arreglos para el transporte, pero no será hasta mañana. Espero que ese sea un sólido comienzo.”

Kelley frunció el ceño y asintió. Al igual que cualquier gerente, imaginaba que quería que la crisis fuera conducida y solucionada así podría continuar con el siguiente problema en mano—ya sea tratar con la escasez de guardias o el receptor en la Casa.

“Si eso es lo mejor que puedemos hacer, es lo mejor que podemos hacer,” Kelley dijo. “No le quita presión a la Casa, pero no aprobaría el enviarte al medio del lago cuando está por amanecer en unas pocas horas.”

Le conté a Kelley sobre los planes de mi abuelo y mi discusión con los periodistas fuera.

Kelley lucía repentinamente cansada, y me pregunté si estaba cansada de tanto drama, o si las restricciones de sangre de Frank estaban comenzando a cobrar su precio. La comida tailandesa había apagado mi apetito, pero podía sentir el hambre de sangre deslizándose por mi mente, esperando el momento para atacar. Hice una nota para comprobar la cocina en busca de una bolsa de BloodYou.

“Hacemos lo que podemos,” Kelley dijo. “Esto es todo lo que podemos hacer. Trabajaremos en el problema y recemos por poder salir de él antes de que la próxima crisis nos golpee.

“De acuerdo con eso,” Juliet dijo desde su estación de computadora.

Kelley suspiró. ”Y hablando de cosas desagradables, tú eres la siguiente en la lista de entrevistas de Frank.”

“Viva,” dije con cero entusiasmo. “Estoy deseando eso.”

“Puedo asignarte a pasar el resto de tu noche en la biblioteca, investigando a la sirena del lago para obtener una idea de sus fortalezas y sus debilidades. Después de todo, sería una negligencia de mi parte enviarte a la isla sin estar preparada. Y si estuvieras detrás de las estanterías, quizás Frank no sea capaz de encontrarte…”

Sonreí agradecida. “Escurridiza. Aprecio eso.”

“No es de escurridiza. Sólo quiero usar las herramientas a mi disposición. Y justo ahora, tú eres mi herramienta. Te necesito investigando este problema y manteniendo a los humanos fuera de nuestra espalda. Ser interrogada por un utencillo del PG no nos va a ayudar en el preoceso.”

Se puso de pie y caminó hasta su escritorio, luego se sentó detrás de su computadora.

“Encuentra lo que puedas, e infórmame luego sobre lo que aprendiste.

La saludé y me dirigí escaleras arriba nuevamente.

Traducido por Lu

Read more...

  © Diseño LuxLune by JenV 2010

Back to TOP