Friday Night Bites / Capítulo 22

CAPÍTULO VEINTIDÓS

DALE UNA OPORTUNIDAD A LA PAZ

Se interrogaron a través de los auriculares en el viaje de vuelta a la Casa Cadogan, pero me mantuve tranquila, la presión en mi cabeza obligando a quedarme en silencio. Apoyé la frente contra el frío cristal de la ventanilla lateral y escuché como discutían la lucha, el e-mail, los acontecimientos en la historia de Peter, que podría haber provocado su deserción al lado de Celina. La pérdida de un ser querido. Una lucha con un cambiaformas. El poder innato de Celina.

El aguacero de lluvia comenzó justo cuando Ethan estacionó el Mercedes en el sótano. Malik nos recibió en la puerta.

“Ellos están aquí,” él dijo. “En la oficina. Los Breckenridges y los Maestros.”

Ethan asintió, y tomamos las escaleras al primer piso.

“Lo hiciste bien,” dijo tranquilamente, mientras doblábamos la esquina hacia su oficina.

Dije mis gracias. Luc se nos reunió en el pasillo, después de haber conducido de regreso a la Casa con Lindsey, justo cuando Ethan entró en su oficina.

La habitación estaba llena de vampiros y cambiaformas.

Nick, en pantalones grises y una seductora polo negra, estaba de pie con su (cortado)

“Lo dice el hombre quien recurre a la extorsión para solucionar sus problemas familiares,” Ethan señaló.

Dolor de cabeza o no, tuve que morderme una sonrisa. Quién sabía que tenía eso dentro?

“Tomen asiento, caballeros,” Ethan dijo, extendiendo su mano hacia la mesa de conferencias. Scott, Noah, y Morgan ya estaban allí. Después de que los Brecks se dirigieran al final de la habitación y tomaran asientos frente a los vampiros, Ethan tomó su silla en la cabeza de la mesa. Luc, Malik y yo, lo seguimos, y nos mantuvimos de pie.

“Gracias a todos por haber accedido a reunirnos,” dijo Ethan. “Como Malik sin ninguna duda les ha explicado, hemos identificado y anulado la supuesta amenaza contra Jamie Breckenridge.” Miró a Papa Breck, cuyos rasgos fueron estirados en un confuso fruncimiento de ceño. “Un vampiro en nuestra Casa cayó bajo la influencia de un sobrenatural con una reputación menos que estelar. Al hacerlo, fue convencido de emitir una falsa amenaza contra Jamie, mientras al mismo tiempo nos advirtió de una amenaza de los Breckenridges contra nosotros.” Ethan se detuvo, luego juntó sus manos sobre la mesa, entrelazando los dedos. “Su intención, según hemos entendido, era fomentar la animosidad entre los vampiros y cambiaformas.”

Le tenía que dar un punto a los Brecks. Ellos ni siquiera pestañaron por el hecho de haber sido señalados.

“Gracias al esfuerzo de nuestro cuerpo de guardias y a nuestra Centinela, hemos sido capaces de detener al vampiro,” Ethan continuó, “Ha sido excomulgado y se encuentra actualmente de camino hacia el Reino Unido para su sentencia, como se hace en nuestro caso. Quiero subrayar que no hay ninguna indicación de que cualquiera, vampiro u otro, de la Casa Cadogan u otra, se propone seguir adelante con la amenaza contra Jamie. Sin embargo, ya sea real o no, esta amenaza ha sido neutralizada.”

“Quién?” Nick preguntó. “Quién hizo la amenaza, y quién dio la orden?”

Ethan arqueó una ceja imperiosa hacia Nick, quien se arregló, sorpresivamente, de dar en respuesta una mirada igual de tenaz. “Sullivan, no puedes pensar que voy a tomar simplemente tu palabra en esto y alejarme. No después de lo que pasó mi familia.”

“Entonces quizá,” Ethan dijo, “podríamos llegar a un compromiso.”

Silencio, luego, “Estoy escuchando.”

“La información relativa a ambos, el perpetrador y la persona que creemos emitió las órdenes es muy valiosa para nosotros.” Unió sus dedos sobre la mesa, luego levantó la vista hacia Nick. “Dicho esto, en aras de la buena voluntad entre nuestras respectivas organizaciones, estamos dispuestos a considerar un trato. Vamos a proporcionarte esta información, si nos das la palabra que no saldrá de esta habitación. Que no será proporcionada a otros cambiaformas, a otros seres humanos, asesores, funcionarios, etc. Tampoco, por supuesto, será proporcionada a la prensa en cualquier forma.”

Nick ladró una carcajada y miró hacia otro lado antes de levantar nuevamente la mirada hacia Ethan. “Soy periodista. ¿De verdad esperas que esté de acuerdo con eso?”

“Espero que si estás de acuerdo con eso, no tendremos necesidad de seguir investigando por qué los Breckenridges en general, y Jamie concretamente, fueron marcados como blanco en este incidente en particular. No tendremos ninguna razón,” Ethan dijo, “para seguir investigando por qué tu familia estaba tan dispuesta de saltar en defensa del joven Jamie.”

Los orificios de su nariz se agrandaron. Evidentemente, incluso aunque no supiéramos los detalles, algo andaba mal con Jamie. “Chantaje, Sullivan?”

Ethan sonrió en respuesta hacia Nick, con dientes. “Aprendí del mejor, Breckenridge.”

La habitación se quedó en silencio.

“Acordamos,” Papa Breck dijo rompiendo el silencio, “en los términos que tu especificaste.” Cuando Nick abrió su boca para hablar, Papa Breck lo silenció con un dedo. “Cerraremos este trato, (cortado)

Ethan asintió. “En ese caso, todos ustedes son testigos de los términos del acuerdo que hemos alcanzado.”

Hubieron asentimientos alrededor del salón.

“Antes de que terminemos esta ridícula fiesta de amor,” Nick dijo, sarcasmo en su gruesa voz. “Podríamos llegar al meollo? Quién envió el e-mail?”

Ethan lo miró. “Peter,” dijo. “Uno de nuestros guardias de la Casa. En cuanto al instigador, tenemos pruebas circunstanciales, aunque solo circunstanciales en este punto, que el plan en sí fue inventado por Celina.”

“Celina?” Nick preguntó, ojos repentinamente grandes. Le di puntos ya que entendía que tener a Celina como un enemigo era causa de preocupación. “Cómo-”

“Ella fue liberada,” Ethan terminó fríamente, “Y ya que ella tiene asuntos pendientes,”-inclinó la cabeza hacia mí-“esperamos que regrese a Chicago. No tenemos, sin embargo, ninguna prueba de que tenga algo contra su familia. Ustedes parecieron haber sido elegidos debido a lo que eran, digamos, estratégicamente convenientes.”

“Qué evidencia tienen de que ella está involucrada?” Scott preguntó, su cabeza inclinada curiosamente hacia un lado.

“Los correos fueron enviados de una cuenta que creemos que es su alias. Y Peter confesó el echo,” agregó naturalmente.

Scott hizo un bajo silbido. “Esto no pinta bien. Para nada bien.”

La habitación se quedó en silencio. Morgan, sorprendentemente, se mantuvo en silencio, pero una mirada en su dirección mostraba un anormal color pálido en sus mejillas. Su ojos eran grandes, su mirada intensa y centrada (cortado)

“Bueno,” Papa Breck dijo, levantándose de su silla. “Creo que eso concluye el asunto.”

Nick interrumpió el silencio. “Espera-quiero decir algo.”

Todos miramos en su dirección.

“Chicago tiene tres Casas,” dijo. “Más que ningún otra ciudad en los Estados Unidos. Es aquí donde los vampiros anunciaron su existencia al mundo, y se está convirtiendo en el centro de la actividad vampírica en los Estados Unidos. Chicago es el lugar, el centro, de los vampiros Americanos.

“Sé sobre las raves,” Nick continuó, y la sala se quedó en silencio suficiente como para escuchar caer un alfiler. “Quizá tenía una excusa antes. Cuando todavía estaban en la clandestinidad, cuando los vampiros era un mito y personajes de películas de terror, tal vez era conveniente pretender que las raves no eran nada más que producto de la imaginación desbordada de algún solitario ser humano. Pero las cosas han cambiado. Ésta es su ciudad. El Presidio lo sabe. Los vampiros lo saben. Las ninfas lo saben. Las hadas lo saben.

“Los cambiaformas lo saben,” dijo bajo, gravemente, luego dirigió sus ojos azules a los míos. No sabía qué vi exactamente allí; No estoy segura si tengo palabras para el sentimiento. Pero era un pozo sin fondo de experiencia, de vida, de amor y de pérdida. La riqueza de la historia humana, o tal vez la historia de cambiaformas, y un mundo resultante-cansancio, el la profundidad de ella.

Nick se levantó y quedó de pie frente a la mesa, manos en sus caderas. “Limpien su maldita ciudad, o alguien más lo hará por ustedes.”

Con eso dicho, apartó la silla, y se alejó. Papa Breck lo siguió, los vampiros quedaron callados hasta que Luc los escoltó fuera de la habitación y la puerta se cerró de nuevo.

Ethan puso sus palmas sobre la mesa. “Y con eso,” dijo, “Creo que hemos resuelto esta crisis en particular.”

“No estoy seguro a cuanta resolución hemos llegado,” Dijo Scott, empujando su silla hacia atrás, levantándose y volviéndola a su lugar en la mesa de conferencias. “No estaba listo para una ronda con el Trib ni con Tate, pero estas noticias de Celina no son exactamente reconfortantes, tampoco. Quiero decir, buen trabajo por resolver esto con tanta rapidez, pero hubiera preferido que Peter hubiera actuado por su cuenta.”
“Aunque yo hubiera preferido que Cadogan no fuera el campo de reclutamiento de Celina,” Ethan dijo oscuramente, “Tomo tu punto más amplio. También propondría que nos mantengamos en contacto en caso que alguna información sobre el regreso de Celina a Chicago-o de cualquier plan futuro-salga a la luz.”

“Acordado,” Scott dijo.

“Acordado,” Noah dijo.

Todos miramos a Morgan. Todavía miraba ausentemente la mesa, dolor en sus ojos. Tal vez finalmente le había llegado al corazón la verdad sobre Celina-acerca de los estragos que estaba aparentemente dispuesta a causar. Eso no podría ser una pastilla fácil de tragar.

“De acuerdo,” dijo bajo finalmente.

Ethan se levantó y se acercó a la puerta de la oficina al igual que el resto de los vampiros. La abrió, ofreció un saludo de despedida cortés a Noah, Scott, y Morgan, y cuando Luc, Malik, y yo nos quedamos en la habitación, nos dijo que podíamos irnos.

“Creo que hemos tenido suficiente drama por varios días,” Ethan dijo. “Tómense la noche, disfrútenla. Hablaremos mañana al atardecer.”

Luc, Malik y yo sonreímos entre nosotros, le sonreímos a Ethan.

“Gracias, Jefe,” Luc dijo, y se dirigió a la puerta.

“Lo que él diga,” Ofrecí con una sonrisa canina, y lo seguí fuera.

Di la vuelta por la esquina del vestíbulo antes de que Morgan me llamara por mi nombre. Estaba de pie en el vestíbulo, con las manos en los bolsillos, una mezcla de ira y derrota en su expresión y su postura.

“Podemos hablar?”

Asentí con la cabeza, formándose en el estómago de repente un nudo en anticipación de la próxima batalla. Abrió la puerta, y yo lo seguí. La niebla se levantaba en la calle, una brisa fresca que soplaba a través de Hyde Park.

“Por qué no me lo dijiste?” Preguntó cuando llegamos a la acera, su voz incómodamente alta en la tranquilidad de la noche. “Sobre la amenaza, la historia? Podrías haber venido a mí con cualquiera de estas cosas. Podrías habérmelo dicho cuando estábamos en la casa de tus padres.”

Miré a mi alrededor, y me di cuenta que cualquier vampiro, cerca de las ventanas de la fachada podrían escuchar nuestra conversación, y tomé su muñeca. Lo conduje por la acera y por la puerta, luego a la esquina de la calle, que estaba vacía de reporteros. Tal vez estaban fundidos en la lluvia, como tantas malvadas brujas.

“Estaba actuando como Centinela,” le dije, cuando pareció que estábamos lo suficientemente lejos de los orejudos vampiros para tener un poco de privacidad. “Estos eran asuntos de Cadogan.”

Morgan cruzó sus brazos. “Eran asuntos de la Casa. Todos teníamos derecho a saber.”

“Derecho o no, esa era decisión de Ethan, no mía.”

“Estás posicionada como Centinela. Actúas de manera que sea mejor para tu Casa. Y lo que es mejor para tu Casa es tu decisión, no la de Ethan.”

No estaba en desacuerdo con ese sentimiento en principio, pero no se lo iba a admitir a Morgan.

“Incluso si era una decisión mía,” dije, “era mi decisión, no tuya. Entiendo que te hubiera gustado tener esta información, pero ese no es mi problema. No estoy posicionada como Centinela de la Casa Navarro.”

“Oh, creo que todos lo tenemos claro, Merit.” Su voz estaba llena de sarcasmo. “Es bastante obvio donde se encuentra tu lealtad.”

Ya estaba cansada de tomar golpes por el equipo, así que devolví el golpe. “Y tu lealtad no se encuentra con Celina?”

Un rubor de color carmesí cruzó sus pómulos.

“Mírame a los ojos y dime que tu Maestra no tomó decisiones que involucraban ‘asuntos de la Casa.’ Y si sabías algo, sobre lo que ha hecho o cuán completamente fuera de quicio está, seguramente no compartiste eso con el resto de nosotros.”

Frunció el ceño. “No sabía nada que hubiera puesto a nadie en peligro. Hice lo que pensé que era lo mejor.”

“Y yo hice lo que pensé que era lo mejor.”

“Sí, por consentir a Ethan.”

Rodé mis ojos. “Jesús, Morgan. Él es el Maestro de mi Casa. Qué quieres que haga? Que empiece una rebelión? Si estuvieras teniendo esta conversación con uno de tus Noviciados sobre desobedecer tus órdenes, todavía los inducirías a hacer un motín?”

Morgan sacudió su cabeza. “Esto es completamente diferente.”

Era mi turno para bufar en desdén, y levanté mis manos, alimentada por la total irritación de esta conversación. “Por qué es diferente?”

Esta vez, contestó con furia, en altas, rabiosas palabras. “Porque es Ethan, Merit-es por eso!”

Un trueno resonó en la distancia, un rayo de espectacular iluminación zigzagueante a través del cielo.

Lo miré fijamente, sentí la respuesta de mi propio corazón, y vi la repentina reducción de sus pupilas. “Él es mi Maestro. Y sé lo que crees. Dejaste muy claro lo que piensas.” Es lo que todo el mundo piensa, agregué silenciosamente. “Pero es mi Maestro, mi jefe, mi empleador. Punto.”

Morgan sacudió su cabeza, apartó su mirada. “Eres ingenua.”

Cerré mis ojos, puse mis manos en las caderas, y traté de contar hasta diez para no cometer vampirisinato aquí en una linda acera de la ciudad de Chicago, por la que trabajaron duro para mantenerla limpia de cenizas. “Piensas que no soy capaz de juzgar por mi misma si estoy teniendo una relación con alguien?”

Se volteó nuevamente hacia mí, y me miró con ojos que pulsaban, por un momento, plateados en los bordes. “Francamente, Merit, no.”

Me perdí el subtexto, el hecho de que había de nuevo un círculo alrededor de nosotros, y respondí con sarcasmo, ironía. “Qué quieres que diga, ya que no vas a creer lo que te digo? Qué estoy enamorada de él? Qué vamos a casarnos y comenzar a tener niños vampiro?”

“Los vampiros no pueden tener niños,” fue la única cosa que dijo, y la frialdad en su voz-el echo que todavía no había considerado el impacto del cambio en mí convirtiéndome en madre-apagó la llama de mi vela. Derrotada, bajé la mirada al piso, y cuando otro trueno resonó por Hyde Park, envolví mi cuerpo con los brazos.

“Qué estamos haciendo, Merit?”

Pestañeé, levanté la vista hacia él. “Me estabas insultando porque piensas que manejé mal los negocios de la Casa.”

La expresión de Morgan no cambió, pero su expresión se suavizó. “Eso no era lo que quería decir.” Descruzó sus brazos, metió sus manos en los bolsillos. “Me refiero a nosotros. Qué estamos haciendo?”

Me di cuenta que no podía contestarle.

En ese preciso momento, la lluvia comenzó a caer de nuevo, comenzó a verterse en las hojas, una cortina plateada que reflejaba la barrera emocional entre nosotros. La lluvia cayó dura y rápido y nos empapó en segundos.

No tenía una respuesta para esta pregunta, y él no habló, por lo que nos quedamos allí de pie, silenciosamente juntos, nuestro cabello apelmazado por el agua, gotas de lluvia rodando por nuestros rostros.

Las gotas colgaban de las pestañas de Morgan, y el brillo del agua parecía afilar sus ya esculpidos pómulos. Con el cabello pegado contra su cabeza, él lucía, pensé, como un guerrero anciano que había sido atrapado en una tormenta, después de la caída de un enemigo en la batalla final.

Excepto, que en este caso, el último guerrero de pie lucía . . . derrotado.

Minutos pasaron mientras estábamos allí en la lluvia, silenciosamente enfrentándonos entre nosotros.

“No lo sé?” Finalmente dije, tratando de darle a las palabras un tono de disculpa.

Morgan cerró sus ojos, y cuando los volvió a abrir, tenían una expresión fría de resolución. “Tú me quieres?”

Tragué, lo miré fijamente con ojos que sabía que eran anchos y con remordimiento, y me odié a mi misma por no ser capaz de contestar con toda la convicción que sabía que se merecía, “Mi Dios, sí, te quiero.” (eso no se lo dice, solo se lo imagina) Abrí mi boca para darle una media respuesta, luego la cerré, decidiendo considerar la pregunta honestamente.

Yo quería lo que la mayoría de las personas querían-amor, compañerismo.

Quería a alguien a quien tocar. Quería a alguien que me tocara.


Quería a alguien con quien reírme, alguien quien se ría conmigo, me reía a mí.

Quería a alguien que mirara y me viera. No mi poder, no mi posición.

Quería a alguien que dijera mi nombre. Que lo dijera, “Merit,” cuando fuera tiempo de irnos, o cuando llegáramos. Alguien que le quisiera decir a alguien más, con orgullo, “Estoy aquí con ella. Con Merit.”

Quería todas esas cosas. Indivisiblemente.

Pero no las quería de Morgan. No ahora. Tal vez era demasiado pronto después de mi conversión a vampiro para tratar tener una relación; tal vez nunca sería el momento correcto para nosotros. No sabía la razón de ello, pero sabía que no sentía el tipo de sentimientos que debería tener.

No le quería fallar, pero no le podía mentir. Así que respondí bajo, “Quiero quererte.”

Era como tomar el camino fácil, la respuesta más insultante que había oído, y había salido de mis propios inconstantes labios.

“Jesús Cristo, Merit,” murmuró. “Que manera de ser equívoca.”

“Merezco una respuesta mejor que eso. Tal vez no eres la que me la pueda dar, pero merezco una respuesta mejor.”

“Por qué querrías más de mí? Ni siquiera confías en mí.”

“Podría haber confiado en ti, si hubieras confiado en mi un poco.”

“Me extorsionaste para que saliera con vos.”

“Está bien, Merit. Está bien. Simplemente llamémosle por lo que es, cierto?” Me dio una última mirada de disgusto, luego se alejó. Lo dejé ir, lo vi caminar por la acera y bajo la lluvia hasta que desapareció en la neblina de la misma.

No sé cuánto tiempo me quedé en el medio de la calle, la lluvia corriendo por mi cara, preguntándome lo que había hecho, cómo me las arreglé para arruinar la primera potencial relación real que había tenido en años. Pero, ¿qué podía hacer yo? No podía fingir emociones que no sentía, y no era tan ingenua como para negar la conexión entre Ethan y yo, incluso aunque ambos lamentáramos la atracción. Ethan me había besado, había querido darme un beso, y yo lo había permitido. Lo que sentía por Morgan, por mucho que disfrutaba de su compañía, la atracción simplemente no era la misma.

Lamentablemente.

La lluvia amainó, luego se disipó, la neblina opacando el barrio. Aparté el cabello mojado de mis ojos y estaba preparada para regresar a la Casa cuando lo oí.

Click.

Click.

Click.

Click.

El sonido de tacones sobre el concreto.

Al  – (2 de diciembre de 2009, 8:19)  

OO!! que intrigaaa!! que pasaraaa!! :$
Muchas gracias traducturaa(luu)

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