Hard Bitten - Capítulo II

CAPÍTULO DOS

UN PUÑADO DE VAMPIROS


Salir de la Casa Cadogan solía ser toda una hazaña, mayormente debido a que involucraba evitar la irritación de los periodistas en la esquina, quienes estaban esperando para tomarnos fotos. Ahora era realmente peligroso.

Ambos estábamos en trajes negros (el uniforme Cadogan oficial) y en el Mercedes convertible negro de Ethan, un rápido coche que aparcaba en el sótano debajo de la Casa. Condujimos por la rampa que lleva al nivel del suelo, luego esperamos mientras que una de las hadas posicionada en la verja la abriera. Una segunda estaba de pie frente a la rampa, su cautelosa mirada en los protestantes que comenzaban a moverse en nuestra dirección.

Nos detuvimos en la calle. El hada en la verja la cerró nuevamente, luego se unió a su compañero al lateral del coche. Avanzamos lentamente mientras los humanos comenzaban a reunirse a nuestro alrededor, con velas en sus manos. Se movían sin hacer ningún sonido, sus rostros inexpresivos, al igual que zombies. Su silencio era completamente desconcertante. Eso era peor, creía yo, que si estuvieran gritando epítetos anti-vampíricos u obscenidades.

“Al parecer nos han visto,” Ethan murmuró, su mano izquierda en el volante, su derecha en la palanca de cambios.

“Sí, lo hicieron. Quieres que salga?”

“Por mucho que aprecie la oferta, dejemos que las hadas manejen esto.”

En ese instante, las hadas tomaron las puntas, cada una en una puerta. “Les pagamos, cierto? Por la seguridad?”

“Lo hacemos,” Ethan dijo. “Aunque, como ellos detestan a los humanos más de lo que nos detestan a nosotros, es probablemente una tarea que la hubieran hecho gratuitamente.”

Así que las hadas odiaban a los vampiros, pero odiaban más a los humanos. Algunos humanos odiaban a los vampiros y si hubieran sabido lo que eran las hadas, probablemente los hubieran odiado también.

Y los vampiros? Bueno, los vampiros eran como políticos. Queríamos ser amigos de todos. Queríamos ser queridos. Queríamos capital político para poder comerciarlo después por beneficios políticos. Pero seguíamos siendo vampiros, y sin importar cuán políticos o sociales podríamos haber sido, todavía éramos diferentes.

Bueno, la mayoría de nosotros, de todos modas. Ethan a menudo remarcaba que yo era más humana que la mayoría, probablemente debido a que había sido una vampiro solamente por unos cuantos meses. Pero mirando a los protestantes, me sentía un poco más vampiro que lo usual.

Los protestantes miraban las ventanas, sosteniendo sus velas en dirección al coche como si la cercanía de la llama fuera suficiente para hacernos desaparecer. Afortunadamente, el fuego no era más peligroso para nosotros de lo que lo era para los humanos.

Ethan mantenía ahora ambas manos en el volante mientras maniobraba cuidadosamente el Mercedes a través de la multitud. Avanzábamos un paso a la vez, los humanos pululando en una nube tan espesa que no podíamos ver la carretera adelante. Las hadas caminaban a nuestro lado, con una mano en el techo del pequeño rodado como miembros del Servicio Secreto en una caravana presidencial. Nos movíamos lentamente, pero nos movíamos.

Y mientras nos movíamos, pasamos a dos adolescentes quienes estaban de pie de mi lado del auto, sus brazos unidos-un chico y una chica. Eran tan jóvenes, y estaban vestidos con shorts y sudaderas, como si hubieran pasado el día en la playa. Pero sus expresiones contaban una historia diferente. Había odio en sus ojos, un odio tan intenso para unos chicos de dieciséis años. La chica tenía manchas de rimel debajo de sus ojos como si hubiera estado llorando. El chico miraba a la chica, su odio para mí, quizá impulsado por su amor ciego por ella.

Con una rapidez desapacible, comenzaron a cantar juntos. “No más vampiros! No más vampiros! No más vampiros! Una y otra vez gritaron el mantra, fanatismo en sus voces, como ángeles listos para herir.

“Son tan jóvenes para estar tan enojados,” Dije en voz baja.

“La ira no es solamente para los ancianos,” Ethan señaló. “Incluso los jóvenes pueden enfrentar la miseria, la tragedia y convertir la tristeza en odio.”

El resto de la multitud pareció encontrar a los adolescentes inspiradores. Una persona a la vez, se hizo eco del canto hasta que la multitud entera se hubo unido, un coro de odio.

“Váyanse del barrio!” gritó una humana cerca del auto, una mujer delgada de cincuenta o sesenta con largo cabello gris, quien usaba una remera y unos pantalones caqui. “Regresen del lugar de donde vinieron!”

Miré de nuevo hacia delante. “Yo soy de Chicago,” murmuré. “Nacida y criada.”

“Pienso que tienen un dominio más sobrenatural en mente,” Ethan dijo. “El infierno, quizás, o alguna dimensión paralela, habitada solamente por vampiros y hombres-lobo en cualquier caso, lejos de los humanos.”

“O tal vez nos quieren en Gary en vez de en Chicago.”

“O eso,” estuvo de acuerdo.

Me obligué a mirar hacia delante, bloqueando la vista de sus rostros en la ventana, deseando poder hacerme invisible, o de alguna manera poder fundirme en la tapicería y evitar la molestia de escuchar a los humanos gritar cuánto me odiaban. Dolía, más de lo que hubiera creído posible, estar rodeada de gente que no me conocía pero que estaría feliz de oír que me había ido y que no estaba más, contaminando su vecindario.

“Se vuelve más fácil,” Ethan dijo.

“No quiero que se vuelva más fácil. Quiero ser aceptada por lo que soy.”

“Desafortunadamente, no todo el mundo aprecia tus finas cualidades. Pero están esos que sí lo hacen.”

Pasamos una familia-padre, madre y sus dos jóvenes hijos-sosteniendo una pancarta pintada a mano que decía HYDE PARK ODIA A LOS VAMPIROS.

“Ahora, para eso,” Ethan se quejó. “Tengo poca paciencia. Hasta que los niños no tengan edad suficiente para sacar sus propias conclusiones sobre los vampiros, deberían ser inmunes a la discusión. Ellos ciertamente no deberían tener que soportar el peso de los prejuicios de sus padres.”

Asentí y crucé mis brazos sobre mi pecho, encerrándome en mi misma.

Después de unos cien metros, los protestantes eran menos, la necesidad de reprendernos aparentemente disminuyó mientras nos alejábamos de la Casa. Con el espíritu desinflado, nos dirigimos al noreste hacia Creeley Creek, donde estaba ubicado en el Chicago histórico, el barrio Prairie Avenue.

Miré en dirección a Ethan. “Hemos pensado en una campaña o algo para hacer frente al odio? Anuncios de servicio público o foros para que nos conozcan? Algo que nos ayude a que se den cuenta que no somos el enemigo?”

Sonrió. “Nuestra Directora Social está trabajando de nuevo?”

Como castigo por retar a Ethan a una lucha-aunque hubiera estado sufriendo de una división de personalidad en el momento- me nombró la Directora Social de la Casa. Pensó que era el correcto castigo para una chica que pasaba más tiempo en su habitación que llegando a conocer a sus compañeros vampiros. Tengo que admitir que era un ratón de biblioteca-había sido una estudiante graduada de literatura inglesa antes de ser cambiada-pero había estado haciendo incursiones. Por supuesto, el ataque de los cambia-formas puso freno a mis planes de una barbacoa para lograr una mezcla social.

“Sólo soy una vampira Noviciada tratando de pasar la noche con un poco menos odio. Seriamente-podría ser algo para considerar.”

“Julia está en ello.”

“Julia?”

“La directora de marketing y relaciones públicas de la Casa.”

Huh. Ni siquiera sabía que teníamos una de esas.

“Tal vez podríamos celebrar un sorteo por los lugares de los Iniciados el próximo año,” sugerí. “Hacer que los humanos se interesen en ser un vampiro Cadogan?”
“I’ve got a golden ticket,” Ethan comenzó a cantar, luego soltó una risita.


“Algo como eso. Por supuesto, si abres un lugar para el público, probablemente aumentes las posibilidades de añadir un saboteador a la Casa.”

“Y creo que estamos bastante completos en el departamento de saboteadores últimamente.”

Pensando en los dos vampiros traidores que la Casa había perdido desde que me uní, asentí. “Totalmente de acuerdo.”

Debería haber tocado madera, para ofrecer un poco de protección contra la mala suerte que había causado por hablar sobre sabotaje. . . porque repentinamente lucía como si los protestantes se hubieran anticipado.

Nuestros faros rebotaron en dos SUVs que estaban aparcadas diagonalmente en el medio de la calle, seis hombres fuertes frente a ellas, todos llevando camisetas negras y pantalones cargo.

“Espera,” Ethan gritó, tirando del volante con un chirrido de goma quemada.

El auto se inclinó hacia la derecha, girando como un reloj hasta que quedó perpendicular a las SUVs.

Levanté la vista. Tres de los hombres corrieron a nuestro alrededor, armas en sus cinturas, rodeando el auto antes de que Ethan pudiera alejarse de la barricada.

“Esta situación no me enloquece,” Murmuré.

“A mí, tampoco,” Ethan dijo, sacando su celular y tipiando teclas. Asumí que estaba pidiendo refuerzos, lo cual estaba bien por mí.

“Militares?” Le pregunté a Ethan, mi corazón latiendo salvajemente.

“Es improbable que oficiales militares se acerquen a nosotros de esta manera. No cuando hay medios significativamente más fáciles y con menos daños colaterales potenciales.”

“Independientemente de lo que sean, asumo que son anti-vampiros.”

Dos de los tres hombres frente al auto desenfundaron sus armas, se acercaron a nosotros y abrieron las puertas.

“Fuera,” dijeron al unísono. Hice un inventario mental-tenía mi daga, pero no mi espada. Esperaba no necesitarla.

“Anti-vampiros de hecho,” Ethan murmuró, luego lentamente levantó sus manos en el aire. Hice lo mismo.

Tranquila, Centinela, dijo telepáticamente. No digas nada en voz alta a menos que sea absolutamente necesario.

Tú eres el jefe, respondí.

Todo evidencia lo contrario. Las palabras eran silenciosas, pero el bufido fue obvio.

Salimos a la oscura calle de Chicago. La vibración en el aire-el zumbido de acero que podía sentir luego de que mi katana hubiera sido templada con sangre-era intenso. Estos chicos, quien sea que fueran, estaban bien armados. Con nuestras manos en el aire, sus armas apuntando nuestros corazones, fuimos escoltados frente al Mercedes. Como vampiros, nos curábamos lo suficientemente rápido para que las balas nos pudieran hacer daño. Una estaca de madera al corazón, sin embargo, haría el trabajo sin lugar a dudas.

Ahora que lo pensaba, sus armas no lucían exactamente fuera de lo normales; lucían como unidades de medida, con la boca un poco más ancha que esas en el arsenal de la Casa.

Es posible modificar un arma para que dispare estacas de madera? Le pregunté a Ethan.

Preferiría no averiguarlo, contestó.

Mi estómago se revolvió por los nervios. Me había acostumbrado al hecho de que mi trabajo involucraba violencia, usualmente perpetrada por locos paranormales en contra de los míos y de mí misma. Pero estos no eran paranormales. Estos eran humanos armados quienes aparentemente creían estar fuera del alcance de la ley, quienes creían que tenían la autoridad para detenernos y retenernos a punta de pistola dentro de los límites de nuestra propia ciudad.

El tercer hombre frente a nosotros-grande y fornido, piel marcada por el acné y corte militar-dio un paso adelante.

Míralo, resonó la voz de Ethan en mi cabeza.

Díficil no ver a un tanque humano dirigiéndose en mi dirección.

“Piensan que no sabemos lo que le están haciendo a nuestra ciudad?” Tanque preguntó. “Nos están matando. Merodeando en la noche, sacándonos de nuestras camas. Atrayéndonos, luego bebiendo de nosotros hasta que nada queda.”

Mi pecho se aprieta al escuchar sus palabras. Definitivamente yo no había hecho ninguna de esas cosas, ni conocía a ningún otro vampiro que sí lo hubiera hecho, no al menos desde que Celina Desaulniers, la mala chica vampiro de Chicago, había desaparecido de escena. Pero Tanque parecía muy convencido de que estaba diciendo la verdad.

“Yo no te he hecho nada a ti,” Le dije. “Nunca te conocí, y tú no sabes nada de mí excepto que soy un vampiro.”
“Zorra,” murmuró, pero su cabeza giró hacia atrás cuando la puerta trasera de la SUV a mano izquierda se abrió. Dos pies embotados golpearon el pavimento, seguidos por otro hombre en el mismo uniforme negro. A diferencia de los otros, éste era lindo, con largos y grandes ojos y altos y anchos pómulos, su cabello oscuro perfectamente peinado. Con sus manos detrás de su espalda, caminó hacia nosotros mientras Tanque cerraba la puerta de la SUV.

Supuse que Nuevo Chico era el que estaba a cargo.

“Sr. Sullivan. Srta. Merit,” él dijo.

“Y usted es?” Ethan preguntó.

Nuevo Chico sonrió ampliamente. “Pueden llamarme. . . McKetrick.” La pausa lo hizo sonar como si recién hubiera decidido el nombre. “Estos son algunos de mis amigos. Compañeros creyentes, si así se quiere.”

“Sus modales dejan mucho que desear.” El tono de Ethan era inexpresivo, pero magia rabiosa salpicaba el aire.

McKetrick cruzó sus brazos sobre su pecho. “Encuentro ese insulto bastante cómico, Sr. Sullivan, viniendo de un intruso en nuestra ciudad.”

“Un intruso?”

“Nosotros somos humanos. Ustedes son vampiros. Si no fuera por el resultado de una mutación genética, ustedes serían como nosotros. Y eso los hace aberraciones en nuestra ciudad, invitados no deseados. Invitados que tendrían que cuidar sus modales y continuar su camino.” Su tono era una cuestión de hecho, como si no acabara de sugerir que éramos aberraciones genéticas que necesitábamos irnos de la ciudad.

“Ruego que me perdones,” Ethan dijo, pero McKetrick levantó una mano.

“Vamos,” dijo, “Sé que me entiendes. Pareces ser un hombre inteligente, al igual que tu colega aquí. Al menos por lo que sabemos sobre sus padres.”

Mis padres-los Mertis-eran los nuevos ricos de Chicago. Mi padre era un inversionista de bienes mencionado en los diarios en una base diaria. Inteligente, pero implacable. No éramos cercanos, lo cual me hacía mucho menos entusiasta por saber que estaba siendo juzgada en base a su cobertura de prensa narcisista.

No dejes que te moleste, Ethan dijo silenciosamente. Tú sabes quien eres.

“Tus prejuicios,” dijo en voz alta, “no son nuestro problema. Sugerimos que bajes las armas y continúes tu camino.”

“Que continúe mi camino? Eso es verdaderamente generoso. Como si tu especie simplemente fuera a continuar su camino sin traerle a esta ciudad una guerra supernatural?” Sacudió su cabeza. “No, gracias, Sr. Sullivan. Tú y los tuyos necesitan empecar, irse y acabar de una vez.”
“Yo soy de Chicago,” dije, atrayendo su atención hacia mí. “Nacida y criada.”

Levantó un dedo. “Nacida y criada humana hasta que cambiaste de bando.”

Casi lo corrijo, casi le digo que Ethan me había salvado de un asesino contratado por Celina, que me trajo de nuevo a la vida luego de haber sido atacada. Podía decirle también que sin importar los retos que enfrentara como vampiro, Ethan era la razón por la que todavía respiraba. Pero no creía que McKetrick se emocionara por saber que casi había sido asesinada por un vampiro-y que había sido cambiada sin consentimiento por otro.

“Sin respuesta?” McKetrick preguntó. “No es de extrañar. Dados los estragos que tu ‘Casa’ ya ha ocasionado a Chicago, no estoy seguro si yo hubiera objetado, tampoco.”

“Nosotros no precipitamos el golpe a nuestra Casa,” le dije. “Fuimos atacados.”

McKetrick inclinó su cabeza hacia nosotros, una sonrisa confusa en su rostro. “Pero deben reconocer que ustedes lo provocaron. Sin ustedes, no hubiera habido violencia.”

“Todo lo que queremos hacer es ocuparnos de nuestras cosas.” McKetrick sonrió magnánimamente. Él no era un hombre poco atractivo, pero esa sonrisa-tan calmada y confiada-era terrible por ello.

“Eso me viene bien. Simplemente lleven sus cosas a otra parte. Como debe estar claro ahora, Chicago no los quiere.”

Ethan congeló sus rasgos. “No has sido elegido. No has sido designado. No tienes derecho de hablar en nombre de la ciudad.”

“Una ciudad que ha caído bajo su hechizo? Una ciudad finalmente despertando de su desviación? Algunas veces, Sr. Sullivan, el mundo necesita un profeta. Un hombre que pueda ver más allá del momento, que vea el futuro, y que entienda lo que es necesario.”

“Qué es lo que quieres?”

Él rió. “Queremos nuestra ciudad de regreso, por supuesto. Queremos la partida de todos los vampiros de Chicago. No nos importa a donde vayan-simplemente no los queremos aquí. Espero que eso se haya entendido?”

“Vete a la mierda,” Ethan dijo. “Tú y tus prejuicios.”

McKetrick lucía decepcionado, como si verdaderamente esperara que Ethan viera el error de sus modos.

Abrió su boca para responder, pero antes de que pudiera hacerlo, lo oí; cortando a través de la noche como un rugiente trueno, el sonido del caño de escape. Miré detrás de mí y vi los focos-una docena en total-moviéndose como flechas hacia nosotros.

Motocicletas.

Comencé a sonreír, ahora sabiendo a quién había contactado Ethan con su celular. Éstos no eran simplemente motociclistas; ellos eran cambia-formas. El calvario había llegado.

Las tropas miraron a su líder, no seguros sobre que hacer a continuación.

Ellos atravesaron la oscuridad como tiburones en cromo. Doce gigantes, brillantes, motos de rodado bajo, un cambia-forma en cada una- musculosos y vestidos en cuero, listos para la batalla. Y podía dar fe de la parte de la batalla. Los había visto luchar, sabía de lo que eran capaces, y el cosquilleo que levantaba el aire detrás de mi cuello probaba que estaban bien armados.

Corrección-once de ellos eran musculosos y estaban vestidos en cuero. La duodécima era una morena pequeña con una masa de largo y ondulado cabello, recogido actualmente detrás de una gorra de béisbol de los Cardenales. Fallon Keene, la única hermana entre los seis hermanos Keene, nombrada alfabéticamente por Gabriel hasta Adam, quien había sido removido de la manada Central Norteamericana y enviado a los brazos amorosos de una Manada rival luego de que él matara a su líder. Nadie había oído de Adam desde que ese intercambio había sucedido. Dado su crimen, asumía que esa no era una buena señal.

Asentí hacia Fallon, y cuando ella ofreció en respuesta un rápido saludo, decidí que podría vivir con su pobre elección sobre lealtades de béisbol.

Gabriel Keene, Líder de la Manada, conducía la motocicleta al frente, su cabello marrón besado por el sol recogido en una coleta en su nuca, sus ojos ámbar escaneando la escena con lo que parecía tener una mala intención. Pero yo sabía mejor. Gabriel evitaba la violencia a menos que fuera absolutamente necesario.

No le temía a ella, pero no la buscaba.

Gabriel aceleró su moto con un giro de su muñeca, y como magia, los hombres de McKetrick retrocedieron hacia sus SUVs.

Gabe llevó su mirada hacia mí. “Problemas, Gatita?”

Miré hacia McKetrick, quien estaba escaneando las motos y a sus conductores con una nerviosa expresión. Suponía que sus bravuconadas contra los vampiros no se extendían a los cambia-forma. Después de un momento pareció recuperar su compostura e hizo contacto visual con nosotros nuevamente.

“Ansío continuar con esta conversación en un momento más apropiado,” McKetrick dijo. “Estaremos en contacto. Mientras tanto, manténganse lejos de los problemas.” Con eso, entró de regreso en la SUV y el resto de sus tropas lo siguieron.

Sentí decepción. Casi deseaba que hubieran sido lo suficientemente ingenuos para hacer un movimiento, solamente para poder disfrutar viendo a los Keenes golpearlos al olvido.

Con un bramido de silenciadores personalizados, las SUVs chillaron en acción y condujeron lejos. Que lástima que no fuera para siempre. Revisé las chapas, pero estaban en blanco. O conducían sin registros o habían quitado las chapas por su pequeña charla introductoria.

Gabe miró a Ethan. “Quién es G.I. Joe?”

“Dijo que su nombre era McKetrick. Se imagina a sí mismo como un vigilante anti-vampiros. Quiere a todos los vampiros fuera de la ciudad.”

Gabe chasqueó su lengua. “Probablemente no sea el único,” dijo, mirándome. “Los problemas parecen encontrarte, Gatita.”

“Como Ethan puede verificar, no tengo nada que ver con esto. Estábamos conduciendo hacia Creeley Creek cuando golpeamos la barricada. Nos sacaron con armas de fuego.”

Gabe rodó sus ojos. “Solamente los vampiros encontrarían en eso una limitación en vez de un reto. Son inmortales, después de todo.”

“Y preferimos continuar de ese modo,” Ethan dijo. “Las armas parecían modificadas.”

“Con forma anti-vampiros?” Gabriel preguntó. “No me sorprende. McKetrick parecía de ese tipo.”

“Y mi espada está en la Casa,”le señalé a Gabriel. “Dame treinta y dos pulgadas de acero cubierto y me encargaré de quien quieras.”

Rodó sus ojos, luego aceleró su moto y miró hacia Ethan. “Se dirigen a Creeley Creek?”

“Lo hacemos.”

“Entonces los escoltaremos. Suban al coche y los conduciremos hasta allí.”

“Les debemos una.”

Gabriel sacudió su cabeza. “Considéralo como una ficha menos de la cuenta que le debo a Merit.”

Él había mencionado esa deuda antes. Yo todavía no tenía idea qué era lo que me debía, pero asentí de todos modos y regresé al Mercedes.

Me deslicé dentro del auto. “Dijiste que las hadas detestaban a los humanos. Justo ahora, siento que ‘detestar’ no es una palabra lo suficientemente fuerte. Y luce como si pudiéramos agregar un problema más a la lista.”

“Ese parece ser el caso,” dijo, encendiendo el motor.

“Al menos continuamos siendo amigos de los cambia-forma,” dije, mientras enfocábamos la señal de PARE frente a nosotros, los cambia-forma haciendo un escudo en forma de V alrededor del auto.

“Y oficialmente enemigos de los humanos nuevamente. Algunos de ellos, de todos modos.”

Mientras nos movíamos por la calle y finalmente comenzábamos a ganar velocidad, con nuestra escolta de cambia-formas a nuestro lado, me volteé hacia la carretera y suspiré.

“Deja que los buenos tiempos comiencen.”


Traducido por Lu

Camila  – (8 de mayo de 2011, 17:19)  

muchas gracias chicas!, casi había olvidado donde quedó la historia. Muchas gracias por la rapidez, apenas a salido en inglés!

sandi russell  – (8 de mayo de 2011, 23:25)  

sii! gracias* nos hacen mui felices :D

Elena –   – (9 de mayo de 2011, 13:06)  

Muchiiisiimas graciias!!!estuvo gnial el kapiii!!!!espero k suban mas prntito..las kiero :DD

Java Carrera  – (10 de mayo de 2011, 17:57)  

muchas gracias! vengo recien terminando de leer el tercer libro y esperaba con ansias este 4, espero que los otros cap esten listos pronto, y nuevamente muchas gracias!! :D
Java

marisol –   – (11 de mayo de 2011, 15:13)  

muchaaaaas graciaaaas excelente chicas lu y chloe son lo maximooo :D

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