Biting Cold - Capítulo IV


CAPÍTULO CUATRO

EN LO PROFUNDO

Cuando desperté la cama estaba vacía y las sábanas frías. Por un horrible momento pensé que su regreso había sido un sueño, una cruel invención de mi imaginación.

Pero la puerta de la habitación se abrió y Ethan entró con una taza en una mano y una cesta pequeña en la otra. Me miró y sonrió. “Sí que dormiste.”

Crucé las piernas y tiré hacia atrás mi cabello. “Debo haber necesitado el descanso.”

“Tus moretones se han ido pero estás pálida.”

Confesé. “No creo que haya dormido muy bien. Todavía tengo miedo de dejarte fuera de mi vista.”

“¿Porque podría desaparecer?”

Asentí.

“Desaparecer no tiene gracia,” dijo Ethan. “Realmente, la estaca vale la pena únicamente si me acierta. Para salvarte la vida dos veces,” agregó, por las dudas de que no recordara que me había convertido en vampiro y que había saltado frente a una estaca para salvarme.

Como si cualquiera de las dos cosas fuera algo que podría olvidad fácilmente.

Puse los ojos en blanco. “Te doy una semana para usar lo de la estaca en mi contra y luego se terminó.”

Sonrió satisfecho. “No demoraré una semana, Centinela.”

No me molesté en preguntar que estaba tratando de conseguir.

“Pero por ahora tenemos asuntos que atender y prefiero tenerte sin distracciones cuando llegue el momento”.

Sus ojos se volvieron plateados antes de volver al verde esmeralda otra vez. Un rayo de deseo se disparó a través de mi cuerpo, provocando piel de gallina en mis brazos y liberando magia al aire.
Ambos estábamos tensos, con nuestra reunión física claramente en mente, pero dejada al final de nuestras agendas debido a los, como él mismo dijo, asuntos pendientes.

Los asuntos de Mallory.

Cuando todo estuviera dicho y hecho—y Dios quiera que así sea—iba a patear su trasero por interrumpir mi tiempo con él, incluso aunque estuviera en deuda con ella por traerlo de regreso.

Ethan se sentó en el borde de la cama y me entregó la taza—la cual estaba hasta rebosar de sangre tibia—y la cesta. mi estómago gruñó amenazadoramente, y no perdí tiempo en beber la sangre mientras Ethan revolvía su bolsa.

Cuando la taza estuvo vacía, miré la cesta. Habían cuatro bizcochos dentro: de semillas, de arándanos; uno relleno con trozos de fruta, nueces y zanahorias; y uno de chocolate salpicado con trozos de chocolate blanco y negro.

Era una decisión fácil.

“¿Paige cocina?” Pregunté, tomando el bizcocho de chocolate de la cesta. Todavía estaba tibio.

“El Maleficio está generalmente en otro lado,” dijo Ethan. “Y, citándola, sólo hay unas cuántas actas de reuniones para transcribir. Aparentemente tiene tiempo. ¿Está rico?”

Me miró y yo ya estaba lamiendo el chocolate de mis dedos. “Tomaré eso como un sí. No pierdes el tiempo.”

“No cuando hay chocolate a riesgo de estaca.” Hice una mueca. “Lo siento. Probablemente debería borrar esa frase de mi vocabulario.”

“No lo hagas por mí,” río y agarró el bizcocho de arándanos.

“Sabes, alimentarme no es parte de tu trabajo. Soy perfectamente capaz de manejar mis propias comidas.”

Arqueó una ceja cuestionándome.

“Lo soy,” remarqué.

“No en el grado necesario para mantenerte saludable y ser capaz de manejar asuntos como este. Antes de que esto termine, estoy seguro que necesitarás cada onza de tu fuerza y todo el valor que hay en esa cabecita obstinada que tienes. Asegurarme de que estés bien alimentada lo hace más posible y hace que mi vida sea más fácil.”
Quise discutir con él pero no pude. Obviamente el hecho de que me hubiera analizado y encontrado un defecto era irritante. No quería que fuera consciente de que tenía defectos y mucho menos que me los señalara. Pero también era reconfortante. En vez de anotar el problema en su columna mental de “banderas rojas” había encontrado un modo de lidiar con él.

Qué cosa tan extraña y magnífica.

Terminó su propio bizcocho, luego me miró. “¿Qué?”

“Nada,” dije agarrando el bizcocho número dos.

Cuando la sangre y los bizcochos hubieron desaparecido, nos preparamos para la posibilidad de una batalla. No podíamos saber, por supuesto, si Mallory o Tate elegirían esta noche, mañana o en una semana a partir de ahora para buscar el Maleficio, pero ambos parecían lo suficientemente impacientes para forzar la situación más temprano que tarde.

Comprobé la hoja de la katana, asegurándome que el acero estuviera limpio y listo para la acción, luego me puse los pantalones de cuero de batalla, una camisa de manga larga para protegerme del frío y la chaqueta de cuero. Las prendas de cuero eran, irónicamente, regalos de Mallory de mi último cumpleaños. Parecía apropiado y triste que tomara las armas en su contra una vez más esta noche.

Cuando estuve lista, observé a Ethan vestirse—jeans y una chaqueta de cuero cubriendo su largo y delgado cuerpo—y recordé mi lista actual de cosas a hacer:

1. Detener a Mallory.
2. Detener a Tate.
3. Regresar lo más rápido possible a Chicago.
4. Ver a Ethan desnudo en circunstancias más propicias.
5. Repetir infinitas veces.

Las tareas cuatro y cinco eran, al igual que Ethan, seductoras. Pero por ahora, teníamos a una hechicera y algo más con lo que lidiar, así que me abroché la katana. Creyendo que estábamos listos para bajar, puse la mano en el picaporte pero Ethan me detuvo.

“Merit.”

Miré hacia atrás, las cejas arqueadas de forma interrogativa.

Avanzó tan rápido como un gato, se detuvo a escasos centímetros de mí y me miró con sus intensos ojos esmeralda.

Incluso vestido con jeans y chaqueta era tan hermoso, este guerrero rubio, con ferocidad en sus ojos y una espada a su lado.

“Ten cuidado.”

“¿Con qué?”

“Con esta misión.”

“Tanto como me sea posible,” prometí.

Mi tono era alegre, pero eso no fue suficiente para él. Puso una mano en mi brazo. “¿Y si representa una amenaza para ti?”

Lo miré, mi corazón desbocado repentinamente.

“Puede que sea una amenaza,” dijo Ethan. “Mallory ha realizado y realizará de nuevo magia que no tiene más propósito que herir a otros, incluyéndote a ti.”

La ferocidad en sus ojos hizo que se me formara un nudo en el estómago. Su actitud protectora era emocionante, pero me temía que no auguraba nada bueno para Mal.

“Si todo se reduce a ella o a ti…”

Guardé silencio por un momento. “¿Qué?”

No terminó la oración; no era necesario. Me estaba advirtiendo, disculpándose por lo que haría si—cuando—entrara en nuestras vidas otra vez. Pero yo no quería tener esta conversación.

“Es mi mejor amiga. Es prácticamente mi hermana.”

“Y te dejó inconsciente con su magia. Trató de destruir la tercer ciudad más grande del país, y trató de convertirme en su sirviente porque cree que liberar la maldad en el mundo es lo correcto”.

Me tragué el miedo y un repentino y fiero rayo de rabia hacia Mallory y me obligué a enfrentarlo. “No puedo dejar que la lastimes, Ethan.”

Su mirada se volvió fiera, y me levantó la barbilla con un dedo y pulgar. “Sé que la quieres. No lo dudo. Pero si todo se reduce a elegir entre ella y vos, ya tomé una decisión.”

“Ethan—”

“No,” sus verdes ojos cristalinos perforándome. “Tú eres mi elección. Ya te lo dije antes—eres mía, por sangre y hueso. No dejaré que ella se interponga, sin importar cuán enferma esté.”

Tal vez debido al pánico en mis ojos, su expresión se suavizó.

“No lo deseo,” dijo. “No quiero que todo se reduzca a eso. Pero ya tomé una decisión. Y así será.”

“No estamos haciendo esto para castigarla,” le recordé. “Esta es una misión de rescate. La encontraremos, la llevaremos a casa, sana y salva. Los tres sanos y salvos. Ella te trajo de regreso a mí, Ethan. No puedo perdonarla por lo que ha hecho, pero tampoco puedo olvidar eso.”

Me envolvió en sus brazos, y llevó su boca a la mía tan repentinamente que me dejó sin aliento. Luego tomó mi rostro entre sus manos y me besó con una insistencia que no dejó lugar a dudas de qué era yo para él.

Comenzamos como enemigos, Ethan y yo. Salvó mi vida pero no era capaz de aceptarme por quien era—ni yo a él.

Crecimos como colegas pero luchamos contra la atracción que sentíamos por el otro.

Y cuando estuve lista para ceder ante sus insinuaciones, dejó que el miedo tomara el control.

Dio su vida por mí y finalmente acepté la profundidad de mis sentimientos hacia él.

Y gracias a un milagro—un milagro realizado por una chica de pelo azul en su intento de destruir el mundo—regresó… y ella todavía era un obstáculo entre nosotros.

La voz de Paige resonó por las escaleras. “¡Estoy lista si ustedes lo están!”

Ethan retrocedió y frotó una mano por su barbilla. “Deberíamos bajar”.

Asentí en respuesta, sin saber cómo volver a empezar.

La preocupación pesaba en mi corazón. Nos reunimos con Paige en el primer piso. Lucía lista para trabajar en unos pantalones gruesos, botas negras y un corto abrigo a cuadros, con un gorro y orejeras a juego, sus rizos rojos brillando bajo él. Podría encontrarse sola aquí, pero esta chica se tomaba su trabajo muy enserio.

La seguimos fuera en el fresco aire otoñal. Era una hermosa noche para ser fines de noviembre, el aire era lo suficientemente frío como para ser refrescante en vez de entumecedor. Paige nos guió alrededor de la granja hasta el campo detrás de la misma, donde el césped era corto y amarillento. La luna brillaba alta y blanca en el cielo.

“Dime, Paige,” dije, “si eres la única aquí, ¿cómo mantienes un ojo en todo?”

“Tengo amigos. Puede que la pradera no tenga otros hechiceros, pero eso no significa que no haya supernaturales. También tengo pociones. ¿Has oído hablar del té de sueño? Yo inventé lo opuesto—un energizante mágico. Lo llamo el té despertador. Me da la energía para mantener un ojo en todo.”

“¿Era eso lo que estabas tomando antes?”

“No. Ese era un verdadero té del suelo. Me tomé el día libre ya que ustedes estaban aquí, también. Me hace sentir mejor el tener a alguien más en la casa, aunque estén inconscientes. Es la primera vez que he dormido en días.”

Me sorprendía que luciera tan bien con tan pocas horas de sueño. En cambio yo luciría como víctima de una plaga en un mal día de cabello. “Luces fantástica.”

“No todos somos vampiros con cutis eternamente jóvenes. Hacemos lo que podemos. Algunas veces lo hacemos con magia.”

Paige nos condujo por un camino trillado a través de un pequeño pastizal y por la apertura de una valla dividida en dos. El siguiente campo estaba surcado, los maizales se amontonaban a través del campo.

“¿Cultivas maíz?” Preguntó Ethan.

“Para mantener las apariencias,” dijo Paige. “Esta es la entrada al silo”. En el medio del campo, el cual tenía que tener trescientas yardas de largo, había un pequeño cubo de concreto. “Las puertas de la bodega están ocultas bajo la capa superficial del suelo.”

“Claramente la Orden eligió un lugar difícil de acceder,” dijo Ethan.

“Las fuerzas armadas lo eligieron primero. Estamos en el medio del campo,” dijo Paige. “Era el lugar ideal para la defensa de misiles, si quieres protegerte de forma máxima del enemigo.”

Caminamos por el suelo congelado hasta la entrada del silo, el cual no parecía ser más que una caja de concreto con una puerta de utilidad. Paige la abrió, revelando una pequeña plataforma de metal.

“Suban a bordo,” dijo Paige sacándose el gorro y dejando al descubierto una maraña de bucles rojos. El búnker está a treinta dos pies de profundidad. La plataforma está en un elevador de carga que nos llevará al fondo.”

La “plataforma” consistía en una plancha de metal corrugado—se podía ver directamente a través de ella—y unas barandillas.

Debajo nuestro sólo había oscuridad.

Paige se nos unió, luego apretó el botón rojo de una enorme caja de metal que colgaba a un lado de la barandilla. Lentamente y con un chirrido metálico, comenzamos a descender.

No era fan de los espacios oscuros y confinados. Podía sentir como mi pecho se estrechaba a medida que la claustrofobia se apoderaba de mí. La tenue luz que brillaba bajo nuestro no hacía mucho para disminuir la persistente sensación de perdición.

Luego de unos cuantos segundos, golpeamos el suelo. La plataforma se detuvo con una sacudida, revelado el final de un largo pasillo de hormigón.

“El sótano,” dijo Paige, “de accesorios de mujeres y prendas de punto.”

La seguimos fuera del elevador y dentro del pasillo, el cual estaba frío y en silencio a no ser por el zumbido constante de la maquinaria que no podíamos ver. El aire era cálido pero olía a humedad, como si el mismo aire hubiera sido reciclado desde que el silo fue construido. Las paredes eran de un brilloso verde pálido similar al de los hospitales y al de las oficinas anticuadas, y eran interrumpidas de forma intermitente por más puertas de utilería cerradas.

Paige las señaló a medida que las pasábamos. “Estos son los cuarteles. Cuando el silo estaba en funcionamiento, había personal las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Habían al menos dos hombres todo el tiempo—y para aquel entonces sólo eran chicos.”

“Que el cielo impida que las mujeres lanzaran accidentalmente un misil conducido por el Síndrome Pre-Menstrual.” Bufé.

“Precisamente,” Paige acordó secamente. “Somos lo suficientemente fuertes para parir niños pero no somos dignas de confianza cuando la seguridad nacional está en riesgo.”

“¿El misil todavía está aquí?” Preguntó Ethan.

“No. Fue removido cuando el silo fue dado de baja. Pero los tubos todavía están. Y eso es lo que nos es de gran ayuda.”

El pasillo terminaba en una enorme puerta corrediza de concreto. Paige la empujó lateralmente por los rieles.

“Este es el silo,” dijo en voz baja y nos condujo dentro.

La habitación era enorme, un círculo de hormigón con agujeros cavernosos en el medio del suelo. Paneles con miles de botones pequeños estaban alineados en consolas a lo largo de las paredes junto a brillantes advertencias de no tocar los botones sin autorización.

Tuve que apretar los dedos para evitar presionarlos simplemente para ver que podría suceder.

¿Y el agujero donde estuvo una vez el misil? Era lo suficientemente grande que tuve problemas para calcular mentalmente la magnitud del mismo. Me quedé junto a la barandilla que unía la brecha y miré hacia abajo. El eje estaba bien iluminado y estaba bordeado por soportes de acero que suponía eran para soportar el misil.

“El propio silo es de ciento tres pies de alto,” dijo Paige, su voz resonando en la inmensidad del lugar.

“Y estamos a unos treinta pies de profundidad,” dijo Ethan, “lo que significa que hay unos setenta pies de agujero bajo nosotros.”

“Correcto. El concreto tiene tres metros de grosor a ambos lados. Es prácticamente impenetrable.”

“Es alucinante,” dijo Ethan, mirando fijamente el abismo.

Ella señaló una escalera de metal al otro lado del lugar. “Hay pisos arriba y abajo. Ellos tienen tanques y más controles operativos.”

“¿Y el Maleficio?”

Se acercó a la barandilla y apuntó hacia abajo. “Está en el fondo en un pedestal, irónicamente, sólo ustedes pueden verlo.”

Miré hacia abajo. Efectivamente, pude ver su cubierta roja de cuero.

No brillaba, no vibraba ni emitía una vibración extraña. Estaba simplemente allí, ocupándose de sus propios asuntos, manteniendo en su interior el poder de destruir una ciudad y una amistad.

“Es el punto más seguro de las instalaciones—se debe atravesar seis puertas de concreto para alcanzarlo, asumiendo que encuentres el camino hasta aquí. Este lugar es un laberinto.”

Era difícil llegar a menos que pudieras volar directamente hasta abajo y agarrarlo. Gracias a Dios que los hechiceros no usaban escobas, aunque la imagen de Mallory en unos puntiagudos zapatos negros de bruja montando un palo de escoba contribuyó en animarme.

“Has hecho un trabajo magistral en dificultar el acceso,” dijo Ethan.

“No sólo involucra mantener a las personas fuera,” dijo ella. “Sino que también significa mantener el mal dentro. El mundo solía ser un lugar más cruel. Los hechiceros que crearon el Maleficio pensaron que estaban resolviendo un problema creativamente—encerrar y aislar el mal y todo sería color de rosas. Como resultó ser, un libro mágico es bastante traicionero.”

“¿Filtración del mal?” Pregunté.

“Sip,” dijo Paige. “El mecanismo no es perfecto. Sólo es el mejor mecanismo que tenemos, por lo tanto vale la pena protegerlo.”

“Se entiende,” dijo Ethan.

Mi estómago eligió ese momento para rugir descortésmente. En el espacio cavernoso del silo de un misil, no era exactamente un sonido bajo.

Ethan sacudió la cabeza. Paige sonrió. “Volvamos arriba, comenzaré a preparar una verdadera comida para todos. Ustedes pueden explorar la propiedad, analizar la disposición del terreno. Es una gran superficie—un kilómetro cuadrado, y está delimitada por las carreteras en los cuatro lados, por lo que si llegan a la grava, han ido demasiado lejos.”

Ethan asintió. “Gracias. Tener una idea del lugar puede ser útil.”

De eso no había dudas, pensé. La pregunta era, ¿cuándo?

La plataforma nos llevó de regreso a la superficie. Paige se despidió, se puso la gorra una vez más, y volvió a cerrar la puerta una vez que estuvimos fuera. Se había comenzado a levantar el viento y el aire era más hostil. Me abroché la chaqueta.

Paige caminó en dirección a la casa, una silueta solitaria en la vacía oscuridad.

“Me pregunto si está siendo castigada por la Orden—siendo enviada aquí sola,” dije. “Tienen fama de castigar a sus miembros.” O en el caso de Catcher, de echarlos de una vez y para siempre.

Ethan puso las manos en sus caderas y observó el campo vacío.

“¿Cómo si esta fuera una isla de brujas inadaptadas?”

“Algo así, sí.”

“Paige parece tomarse su trabajo enserio. No parece del tipo que recibe un castigo. Desafortunadamente, incluso aunque estuviera fingiendo, no estoy seguro de que lo notáramos. Estoy comenzando a dudar de que haya un sólo hechicero o hechicera con vida capaz de decir la verdad entera sobre algo.”

“¿Un poco amargo?”

“Y con una buena razón,” respondió. “Catcher estaba en negación. Simon resultó ser un idiota. Mallory es adicta a algo que tiene el poder de destruirla, y Paige ha sido apostada aquí sola. Ni la Orden ni sus representantes me inspiran confianza en este momento”.

Señaló una hilera de árboles al otro lado del campo.

“No hay mucha visibilidad por allí, y eso me incomoda. Echemos un vistazo.”

Mientras avanzábamos hacia la arboleda, el sonido del movimiento del agua se hizo más fuerte, y el crujido de las cañas de maíz dio paso al crujido de hojas muertas.

La arboleda, tal vez de unos cincuenta metros de profundidad de cada lado, bordeaba un pequeño y rocoso arroyo que fluía a la distancia. Los árboles eran viejos y retorcidos y sus ramas negras se alzaban hacia el cielo iluminado por la luz de la luna.

El invierno se encontraba a poca distancia, y si el súbito frío mordaz era una señal, no sería uno agradable. El aire se había vuelto lo suficientemente helado para aspirar el aire de los pulmones y traer lágrimas a los ojos.

“Se está volviendo más frío”, dije.

Ethan asintió. Me tomó la mano y seguimos la corriente en la tranquila oscuridad, luego atravesamos los árboles hasta el borde de otro campo. Éste estaba limitado por una valla y tenía un montón de vacas dispersas.

“Creo que prefiero el bosque a los campos vacíos,” dije. “Los árboles de algún modo parecen más seguros.”

“Supongo,” dijo Ethan en voz baja. Dejó caer mi mano y se frotó las sienes.

“¿Otro dolor de cabeza?”

Asintió, luego tomó mi mano otra vez. Habíamos avanzado sólo unos cuantos pasos antes de que apartara su mano y comenzara a frotar las manos sobre sus brazos.

“Cristo todopoderoso,” dijo.

“¿Ethan?” Pregunté dudosa. Era evidente que sentía dolor, pero no tenía ni idea de cómo ayudarlo. Y cuando me miró, el miedo en sus ojos hizo que mi sangre se congelara.

“¿Es Tate otra vez?”

Sacudió la cabeza.

“¿Es por el accidente? ¿Te golpeaste la cabeza?”

Trató de alcanzar un árbol cercano y abrazarlo con un brazo.

“Me dijiste que la necesidad que siente Mallory por la magia negra era incómoda. Irritante.”

Asentí, el miedo apretujando mi pecho.

“Creo que siento la picazón debajo de la piel.”

Mis ojos se agrandaron. “¿Puedes sentir lo que está sintiendo?”

Cerró los ojos y apretó los puños contra su frente como si estuviera reteniendo un grito. “Es exasperante. Como fuego bajo mi piel. Como si las cosas estuvieran mal.”

“¿Cuándo comenzó?”

“Recién. Esta es la primera vez... que esto ha sucedido.”

Pero ¿era cierto? El renacimiento de Ethan no había sido unicornios y arcoíris al principio. Había logrado caminar a través del humo y del fuego de regreso a mí, sólo para colapsar unos minutos más tarde.

“A medio camino, colaspaste. Caíste justo después de que ella te volvió a la vida.”

“No recuerdo eso”, dijo él.

Pensé por un momento, buscando algún hecho que uniera lo que había pasado entonces con lo que estaba sintiendo ahora.

“Caminaste por el césped. Jonah te vio primero.”

“¿Dónde estaba Mallory?”

“Inconsciente. Catcher la puso a domrir.” Ella se había desmayado, y luego él también. Hice un esfuerzo para mantener la voz firme. “¿Crees que estés conectado a ella de algún modo?”
Sacudió la cabeza. “No lo sé. Si el hechizo del familiar hubiera sido completado, definitivamente lo estaría. Pero no logró terminarlo.”

“Tal vez lo que logró hacer fue suficiente,” dije y los miedos comenzaron a aporrear mi cerebro. Por favor, pedí en silencio, por favor, no dejes que lo convierta en un zombie.

Apretó los ojos y soltó un gruñido, su rostro desencajado. “Duele. Si esto es lo que está sintiendo, lo entiendo. Entiendo el dolor.”

Sentí una repentina simpatía hacia ella—no por lo que había hecho, sino por los demonios contra los que tuvo que lucar en el camino. Ellos no excusaban su comportamiento, pero si esto era lo que ella sentía, sin duda lo explicaba un poco: mejor destruir el mundo antes de volverte completamente loca.

“Pero tú no lastimarías a otras personas para liberarte de ello,” le recordé en voz baja. “¿Por qué lo estás sintiendo ahora? ¿Puedes saber si está molesta? ¿Enojada?”

Abrió los ojos otra vez, su rostro todavía contraído por el dolor. “Tal vez. No lo sé. Pero creo que está cerca.”

Puse la mano en el pomo de mi espada y me abrí en busca de cualquier rastro de magia en el aire. Pero no había nada. Si estaba cerca, no lo podía saber. “¿Sabes dónde?”

Ethan sacudió la cabeza. Podía ver que estaba luchando para mantener la compostura, pero no dejaría que se rindiera o sucumbiera a lo que sea que se había apoderado de Mallory. Y me di cuenta que si él no podía superarlo—un vampiro de cuatroscientos años de experiencia lidiando con magia—¿cómo podríamos si quiera pedírselo a ella?

Levanté su mentón de modo que se vio obligado a mirarme. Y cuando recordé todos los discursos que alguna vez me dio, todas las charlas motivacionales que tuvimos, y el hecho que nunca me dejó renunciar o detenerme cuando se trataba de un problema demasiado grande.

“Ethan Sullivan. Tienes cuatroscientos años, has muerto y resucitado dos veces. Eres más fuerte de lo que ella es. Lucha. No dejes que una hechicera egoísta te ponga de rodillas.” Trató apartar la vista, pero lo sostuve con fuerza, verdugones rojos comenzaron a aparecer bajo mis dedos. Había sido un vampiro por menos de un año, pero era fuerte. Bien podría demostrarlo por una buena causa.

Estaba funcionando: cuando su mirada encontró la mía otra vez, había furia allí. Sus ojos habían cambiado de verde esmeralda a plata fundida, y estaba claro que no estaba contento con mi intento de intervención.

“Cuida tu tono, Centinela.”

Imitándolo a la perfección, arqueé una sola ceja. “Tú cuida tu tono, Sullivan. No permitirás que una niña te debilite. No es una vampiro. No es una predadora. Es una bruja.”

Gruñó desde el fondo de su garganta. Se estaba enojando por lo que supe que estaba en el camino correcto. Sólo se trataba de recordarle quién era.

“Eres un vampiro,” repetí. “El predador entre depredadores. Criatura de las noches oscuras y las lunas llenas. Pero has aprendido a sobrevivir en ambientes urbanos. Has aprendido a bloquear las sensaciones que no nesesitas. Mallory es una de esas sensaciones. Los sentimientos no son tuyos—son de ella. Así que aguántante, y bloquéalos.”

Tembló al luchar por el control, tratando desesperadamente separar lo que sentía él de lo que sentía ella.

Noté el momento en que lo recuperó—sus ojos volvieron a ser esquirlas verdes.

“Gracias,” dijo en voz baja, inmóvil de manera inusual por el esfuerzo de mantenerla a raya.

“De nada.”

Nos miramos durante un momento y algo pasó entre nosotros. Algo nuevo. Por meses, era yo quien había tenido que ser consolada por otros, y ahora lo estaba consolando a él... al menos hasta que un dolor agudo subió desde mi espinilla.

“¡Ouch!” Grité, mirando hacia bajo instintivamente—y quedando en shock.

Allí, a mis pies, dando golpecitos con el pie de forma impaciente, estaba un brillante uniformado… bueno, lucía como un gnomo de jardín. Gorra blanca. Zapatos achaparrados. Barba larga. Pantalones rojos y camisa verde. Del tipo que ves en el patio trasero de una persona. A excepción del mal humor. Lo cual era evidente.

“Si ustedes dos terminaron con su mierda acaramelada,” dijo, “¿podemos ir al grano?”

“Bueno,” dijo Ethan con una ceja levantada hacia el hombre a nuestros pies. “No esperaba esto.”

Traducido por Luu

Eliana Mora  – (14 de septiembre de 2012, 11:27)  

Me encanto >.< Muchas Gracias!!
Espero con ansias el próximo :)

besos

andrea_fenix  – (17 de septiembre de 2012, 17:59)  

jajaja que risa.... el duendecito: si ustedes dos terminaron con su mierda acaramelada....... gracias por el capi Luu :D muuuchas gracias :D

Jane Rose  – (17 de septiembre de 2012, 19:38)  

Gracias Luu espero que este el otro capitulo rápido, sin duda muero por mas y tengo que admitir que es la primera vez que hago esto de leer capítulos en Internet por lo general espero a que termine su traducción y luego descargarlos para así poder leerlos en mi laptop pero no puedo esperar por mas, así de simple.

Dyanna  – (18 de septiembre de 2012, 15:08)  

Gracias Luu!!!!

esta genial el capi!!!!

hermosa te moleste enviandot un correo al hotmail del blogg =)

besitos ojala lo puedas leer

Tamis  – (21 de septiembre de 2012, 12:36)  

Gracias por el capi!!! son geniales!

Mussol  – (23 de septiembre de 2012, 0:19)  

Mil gracias por la traducción!

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